En realidad tiene cierto sentido -aunque un poco paganamente se aparte
del auténtico fin del Camino-, el terminarlo en los agrestes
acantilados de Finisterre, que es como lo llamaban los romanos, o
Fisterra, que es como ahora dicen los gallegos; pero, bueno, digámoslo
como lo digamos, lo cierto es que durante mucho tiempo ese punto fue
considerado el Fin de la Tierra, y si digo que tiene cierto sentido
acabar ahí el Camino, es porque me da la impresión que este recorrido
tan largo, tan duro y tan especial, no se hace únicamente por y para
la religión católica o cualquier otra religión cristiana, sino para
vivir una experiencia puramente espiritual que forzosamente debe
terminar donde todo termina.
Por lo que sé, a lo largo del Camino de Santiago te encuentras muchas
personas que van andando con sus mochilas, y entre esas personas las
hay de todas las razas, culturas y religiones, y a todas ellas les une
un algo inexplicable que sin duda va más allá de lo que todos nosotros
entendemos como religión, y me da la impresión que mi bisnieta tiene
la misma percepción que yo.
Esta es su carta:
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¡Hola, abuelo!
Aquí estoy...con mi espalda apoyada en el faro del fin del mundo,
donde el mar se traga al sol de una forma espectacular. Hoy no creo
que se me logre verlo ya que el cielo esta nublado y el mar de un
tenebroso que asusta. Las olas chocan rabiosas contra las rocas, me
recuerdan a esas gentes a las que les encanta arrojar palabras y más
palabras para hacer daño y mas daño... Si los que reciben esas
amonestaciones fuesen como estas rocas, otro gallo cantaría... ¿Ves?
Debemos aprender de la naturaleza y ser tan duros como las rocas que
repelen el agua haciendo que ésta vuelva a su origen. Habrá quien
piense que el agua erosiona, pero yo más bien diría que pule o, mejor,
que perfecciona. Bien es sabido que del que discrepa se aprende, y se
aprende sobre todo a desarrollar la ecuanimidad. De maestros está el
mundo lleno. Pero dejará las reflexiones filosóficas para otro día y
me centraré en contarte mis triviales y humildes experiencias. Llegué
esta mañana a Finisterre, precioso pueblo marítimo que, si te acercas
a su faro, parece enclavado en el fin de la tierra. Lo primero que
hice al llegar fue ir a la playa do Mar de Fora, ya que en este lugar
es donde, para muchos, realmente termina el Camino de Santiago. Aquí
el peregrino se despoja de sus ropas y se da un baño; se trata de un
rito con el que pretende deshacerse de lo material que le ha estado
acompañando a lo largo del Camino para, de esa forma, renacer a una
vida más espiritual. Normalmente la ropa que ha estado usando durante
el trayecto se quema en una hoguera en la misma playa; ya sabes que el
fuego purifica... Y precisamente en esa playa estuve con dos chicos
que acababan de realizar la ceremonia; la hoguera todavía ardía y me
ayudó a entrar en calor. A los muchachos les vi felices, como si se
hubiesen quitado un peso de encima. "Esperemos -me dijeron- que este
nuevo ropaje que llevamos tarde en impregnarse de toda la negatividad
que nos rodea" "De vosotros depende -comenté- Sólo tenéis que lograr
que el espíritu se eleve sobre la materia; eso es lo que se debe
aprender cuando se hace el Camino. No olvidéis que es lo único
verdaderamente vuestro y que nadie os lo puede quitar, la materia en
cambio es perecedera y fácil de extraviar" Me despedí de ellos y ahora
estoy escribiéndote desde el faro; cuando vuelva a Finisterre entraré
en la Iglesia para ver el famoso Cristo de Finisterre; es una visita
que hago siempre que vengo. Algo que no puedo explicar me lleva a ese
bello rincón lleno de magia y paz.
Besos.
Tu bisnieta.
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El bisabuelo Antolín.
http://blogbisabueloantolin.es.kz/
"El bisabuelo Antolin" <bisabuel...@gmail.com> escribió en el mensaje
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