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Message from discussion Opinión de un jurista sobre el caso catalán.

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        Mon, 12 Nov 2012 11:09:52 -0800 (PST)
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Date: Mon, 12 Nov 2012 13:07:20 +0100
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Siempre he creído que la pretensión real de los partidos nacionalistas 
reside en la creación de un Estado propio independiente, aunque se tra
te de una independencia relativa, porque en le mundo actual nadie es ab
solutamente independiente. En Eurooa, al día de hoy, la independencia-
equivale a depender, en mayor o menor medida, directamente de Bruselas.
En esto consistiría la pretensión del nacionalismo en Cataluña, y, tal
vez, en el País Vasco si se confirman sus aspiraciones soberanistas. Por
ello, cuando leí las declaraciones de Jordi Pujol, el antiguo presiden
te de la Generalidad, sosteniendo que "ahora" votaría independencia pe
ro no lo hubiera pensado hace tres o cuatro años, me pregunté si se tra
taba de una mera postura electoralista o podía contener algo de verdad.

España es el resultado de agregar dos modelos de Estado: el central de
Castilla y el compuesto de Aragón. En mi opinión, Cataluña nunca fue
Estado sino unidad integrada en el Estado compuesto del Reino de Aragón.
Pero eso no quiere decir que no existiera una realidad cultural catala
na, y en cierta medida una realidad política catalana, un Derecho pú-
blico catalán que afectaba al modo de integrarse dentro del Estado, --
léase Reino de Aragón.

El Derecho público catalán fue derogado al inaugurar la dinastía Borbón
en España con Felipe V. No se consiguió el designio de su abuelo de fu
sionar España y Francia, pero el rey francés implantó en nuestro país el
modelo jurídico político de Francia, que no fue en modo alguno un Estado
compuesto. Recordemos que la conquista del Languedoc se hizo a sangre y
fuego y sin el menor miramiento ni concesión. Al día de hoy, por ejem-
plo, en el Rosellón el único idioma oficial es el francés y cualquier
documento en catalán carece de validez jurídica. Allí la población cata-
lanoparlante no pasa, creo, del 3-5%.

Asumiendo este proceso, sería posible concebir el nacionalismo catalán
como un intento de recuperar el Derecho público derogado por la dinas-
tía borbónica. Es decir, retornar a un Estado compuesto, pero en lugar
del Reino de Aragón se trataría ahora del Reino de España. En este senti
do es creíble que, tras la Constitución de 1978, el objetivo del nacio
nalismo catalán no fuera la independencia total, sino la integración
compuesta, retornando a los orígenes con las matizaciones derivadas de
los nuevos tiempos que nos tocan vivir. Quizás por este designio, algu
nos sostienen que la restaturación borbónica de 1978 fue consentida y
aplaudidad por el nacionalismo catalán.

Ahora bien, para que el Reino de España pudiera funcionar como verdadero
Estado compuesto se necesitaba que los atributos propios del Estado só-
lo residieran en el reino (Estado) y no en las unidades que lo componen.
Y de estos atributos resultaban esenciales las fronteras, que definían
la soberanía territorial, el idioma oficial, la soberanía monetaria, la
soberanía de producción jurídica general, la soberanía tributaria, ade-
más, claro de las Fuerzas Armadas, himno, bandera y otros símbolos.

Pues bien, al integrarse en la UE se produce un profundo debilitamiento
del concepto de frontera en términos jurídicamente operativos, se ha ce
dido la soberanía monetaria por la existencia del euro, se encuentra --
muy limitada la soberanía tributaria por los condicionantes europeos y
en general se reduce sensiblemente la soberanía de producción normativa
general, dado que las normas de Bruselas se integran ope legis en el Or
denamiento español. Los demás símbolos tienen ya un valor mas afectivo
que de otro orden.

En esta conformación jurídico-política, es muy difícil que España pudie
ra volver a cumplir el modelo de Estado compuesto anterior a 1714-15.
Precísamente por ello advertí en su día, sin éxito alguno, que con inde
pendencia de las cuestiones económico/financieras, el euro podría repre
sentar una fuerza expansiva de los nacionalismos emergentes o re-emergen
tes en España, por lo que-pensaba-antes de ceder soberanía monetaria de
beríamos disponer de una estructura del Estado más cohesionada y ausente
de pretensiones independentistas de todo orden, incluida la versión dul
ce del Estado compuesto.

Pues bien, ahora estamos en la situación crucial en la que nos encontra
mos y es necesario entender que el debate del llamado pacto fiscal cata
lán se presenta realmente en torno al último reducto posible, aunque --
bien limitado del Estado: la soberanía tributaria. ¿Qué se pretende?
Pues recuperar para Cataluña la soberanía que antes residió en el Estado
compuesto. Si una unidad del Estado compuesto asume la soberanía tribu
taria, es obvio que ya no contribuye más que por decisión voluntaria,
paacionada si se quiere, al postulado de la solidaridad dentro del Esta
do. Si la balanza fiscal es lo decisivo, la solidaridad interregional
se desvanece como categoría que limita el principio de autonomía inter
na. Si se acepta, sentamos un principio para que, una vez asumida la so
beranía tributaria, la negociación con el Estado compuesto se plantee
en términos de igualdad y desde ese mismo instante el Estado deja de
ser compuesto para tratarse de dos Estados. Por ello es posible, y has
ta creíble, que si no se hubiera producido la Unión Europea en su con
foguración actual, el nacionalismo catalán sólo pretendiera recuperar
el modelo de Estado compuesto. Pero en estas circunstancias, ese plan
teamiento me parece que ha mutado conceptual y políticamente, incluso
aunque sus actores no lo hubieran explicitado de manera rotunda, y has
ta ni siquiera incipiente. La dinámica de los acontecimientos tiene
vida propia, aunque sus protaognistas a veces lo ignoren. Por ello es
posible que ayer no hubiera votado Pujol independencia. Pero no tengo
duda de que la votsría un segundo después del pacto fiscal por el que
recuperara la soberanía tributaria.

La cuestión es: ¿caminamos hacia un modelo de Estado compuesto en la
UE? De ser así, es posible que algunos se pregunten: qué ganamos per
teneciendo a ese Estado compuesto de manera indirecta, a través de Es
paña, y qué perdemos y qué ganamos si lo hacemos directamente por no
sotros mismos, al modo en el que en su día Cataluña se integró en Ara
gón. Sería algo así como si la UE fuera para Cataluña el viejo Aragón.
Siempre he dicho que acometer movimientos políticos de calado sin --
atender a la realidad subyacente en cada uno de los Estados puede con
ducir a consecuencias indeseadas para muchos, aunque deseadas para al
gunos. Sobre todo para las oligarquías, porque no olvidemos que el Es
tado compuesto de Aragón fue sobre todo un triunfo de las oligarquías
locales que siempre han sabido manejar las realidades culturales y--
los sentimientos colectivos del modo más útil para sus intereses.

                                         MARIO CONDE

LA GACETA, 11/11/12.

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