Miguel Crispín Sotomayor. 24.01.09
Hace unos minutos acabé de leer el No. 168 de la revista literaria
Isla Negra, que edita desde Italia el poeta argentino Gabriel
Impaglione, en la que éste dedica “algunas líneas de respuesta a
ciertos ilustres intelectuales europeos consternados por tanta palabra
genocidio en la poesía de las ultimas revistas”.
Escribe Gabriel:
“A sus elegantes señorías, los intelectuales europeos que han tenido
la gracia de escribirnos cartitas lamentando el encendido verbo de
condena a la masacre del estado sionista israelí en Palestina.
La edulcorada “intelectualidad que frecuenta las salones elegantes es
seria y correcta.
Suele codearse con las ilustres señorías que ocupan los sillones
importantes, desde donde sacan a relucir sus índices también elegantes
y firman con lapiceras a fuente brillantes, suaves, importadas de no
sé donde, importantes documentos, contratos por ejemplo de entrega en
nombre de los sacros intereses de la Patria. O bombardeos atroces
sobre la humanidad, se encuentre donde se encuentre.
La intelectualidad que colabora -desde sus lentejuelas de mostrar en
las fiestas- en las revistillas de todas partes, que piensa por
nosotros, digiere por nosotros la realidad del mundo y nos la explica
con la voz del amo.
La intelectualidad que se consterna con la poesía que dice lo que se
debe decir, que se consterna por la voz de los poetas que carecen de
hilos de moverse en el escenario, que se consternan por los versos que
saltan a oponerse a los misiles.
Los intelectuales que prefieren no hablar de genocidio, pues no es
palabra elegante, de salón elegante, y es de muy mal gusto hablar de
genocidio cuando se esta comiendo.
Los intelectuales que escriben cartas poderosas, que hacen tremar
pantallas y casillas de correo con sus cartas poderosas, importantes,
vigorosamente alineadas a la voz del amo.
Los intelectuales que confunden “tufillos antisemitas” con condena al
sionismo genocida y al imperialismo genocida y a las dictaduras
genocidas y a los holdings económicos genocidas (porque también
explotar y matar de hambre es genocidio).
Los intelectuales ensillonados, encorbatados para la ocasión,
laureados tantas veces que ya no hay lugar en el estudio elegante para
otro diploma: a) no entienden un comino de lo que pasa; b) no quieren
entender un comino de lo que pasa; c) les pagan muy bien para
desentenderse de lo que pasa.
Los intelectuales graves, emperifollados de palabras novedosas,
rigurosos con la cita en las peluquerías, modernos (como cierta
izquierda europea, que casi es lo mismo que decir cierta derecha
mundial), escriben cartitas a Isla Negra, preocupados porque nuestra
misión de promover y difundir poesía se vea intoxicada de versos
demoníacos afganopalestinianos venezolanocubanoides boliviatorianos
farabundeanosandinistas, versos iraquiatenienses, terribles versos de
botas embarradas de floresta y campo. Versos Antibloqueos, versos
antiguantanAmèrrrrica.
Y les digo que no se equivocan caballeros de la pluma elegante y el
best sellers a mano.
Isla Negra es una Casa de Poesía, y la POESIA no entra en ningún salón
a repetir de memoria lo que viene ordenado. La POESIA no se mancha de
lentejuelas ni calla. La POESIA hace saltar su puño consternado
delante de la injusticia, delante de las solapas elegantes que callan,
delante de la prepotencia y la masacre. Jamás cómplice de la muerte. Y
cuando grita genocidio: grita genocidio!”
Es horrible, decir que se repite muchas veces la palabra Genocidio.
Habría que preguntar a esos señores: ¿Cuántas veces debía tocar por
cada asesinado en Gaza? ¿Tocará la mitad de una vez por cada niño?
¿Tocará alguna vez por cada anciano o cada mujer? ¡Digan señores,
ustedes que conocen tan bien las reglas del debe y el haber y de las
proporciones!
Hace más de un siglo José Martí, Apóstol de la independencia de Cuba,
escribió:
“No hay espectáculo, en verdad, más odioso que el de los talentos
serviles”.
“La cobardía y la indiferencia no pueden ser nunca las leyes de la
humanidad”.
“El egoísmo es el mal del mundo”.
Lo siento Gabriel, despídete de aparecer en cualquier antología y
jamás esperes un premio que te saque de apuros económicos o reconozca
tus méritos literarios. Tú, como mis otros amigos poetas, tampoco
tendrás el Nóbel. Pero para ti y ellos, Martí dijo: “Todo es gozo
cuando se pelea por la luz del mundo”.