Unos trillan y otros beldan con sus estruendosas máquinas de manivela,
mientras los viejos dejamos pasar el tiempo sentados a la sombra del
árbol, y la chiquillería corre entre las parvas y la mies que se
extiende en círculo a su alrededor.
Recuerdo muy bien que sobre esa hora había dos sucesos de gran
importancia en el pueblo: El regreso del pastor con las cabras y la
llegada del coche de línea.
En aquella época, a primera hora de la mañana, el pastor hacía un
recorrido por todas las calles del pueblo para ir recogiendo las
cabras que cada vecino le dejaba en custodia a cambio de cierto
peculio semanal. Por entonces, cada familia tenía una o dos cabras que
le surtían de leche, cuyas cabras había que sacar del corral antes de
que llegase el pastor. Después, aquel hombre, por lo general humilde,
recorría durante todo el día las cunetas de los caminos y los
pastizales de la dehesa para que el rebaño se alimentase. Siempre
regresaba a las siete de la tarde. Más o menos como el coche de línea.
El coche de línea, igual que el pastor, también salía todos los días a
primera hora hacia la capital, parando por los pueblos, con el fin de
facilitar a los vecinos sus gestiones y compras en la ciudad, e
igualmente regresaba en torno a las siete de la tarde para acabar
descansando, en feliz aparcamiento, en las eras, concretamente en el
interior de una vieja tenada reconvertida en garaje.
Los niños esperaban ansiosos la llegada de ambos acontecimientos
diarios. En el caso del pastor, para ocultarse del chivo que siempre
acompañaba a las cabras, y que, por alguna razón, se había ganado una
injusta fama de ser agresivo con los chiquillos. Los niños, para huir
del peligro, en cuanto oían las esquilas del rebaño se ocultaban entre
los contrafuertes que adornan las paredes exteriores de la iglesia
nueva, con la ansiedad añadida de que en ese justo momento también
llegase el coche de línea, porque mientras que el regreso de las
cabras les suponía cierto temor, la llegada del coche de línea era
toda una alegría.
Cuando los niños intuían que el coche de línea estaba a punto de hacer
su aparición, iban a su encuentro por la estrecha carretera, llena de
baches y parches, y, en el momento en que el coche de línea llegaba a
su altura, echaban a correr detrás de él acompañándolo hasta el
garaje. Entonces, todos los que estaban en la plaza del árbol, junto a
la iglesia, se acercaban allí para ver quién había ido a la capital y
qué noticias traía.
Coches de línea y pastores, viajeros y cabras... Son sólo recuerdos.
Nada más.
El bisabuelo Antolín.
http://blogbisabueloantolin.es.kz/
La verdad es que no acabo de entender la relación que encuentras entre
el sexo y las cabras... ¿De verdad tú sí ves alguna relación entre
ambas cosas? Pues si es así, sinceramente no lo entiendo. Me gustaría
que me lo explicases.
Y si a ti te gusta que te cuenten cosas de sexo, no te preocupes
porque en mis recuerdos hay de todo. Ya te contaré, ya...
Un saludo.
Son recuerdos, no memoria, yo también tengo esos recuerdos pero cuando
hago memoria la imagen no es tan bucólica sino mucho más dura, ahora
bien, lo que "recordamos" mejor es que éramos jóvenes, y eso diluye que
es un pasado que no sé a tí, pero a mí ahora y a mi edad, no me gustaría
volver a vivir.
Tiberio.