Otra cosa que me llamaba mucho la atención de este niño de 14 años,
eran los costales que tiene por huevos. Así acostado boca arriba, con
las piernas abiertas, los testículos le reposaban sobre la cama,
inmensos. Por la delgadez extrema de su cuerpo, y por lo grandes que
los tiene, descansaban fácilmente sobre el colchón. Este mocoso no
tiene "partes nobles", sino "partes groseras y grotescas". Tiene los
genitales de un garañón, no de un adolescente. La naturaleza le restó
cerebro y musculatura y se los mandó a la entrepierna.
La curiosidad le ganaba a mi cachondez. Por momentos lo revisaba
genitalmente, más por admiración hacía lo raro de sus cosas, que por
la calentura que sentía. Lo que me sacó de mi trance científico, fue
un quejido de mi sobrinito, acompañado de una secreción abundante que
le salió de la punta del camotón que tiene. Era un goterón de baba
preseminal que se le deslizó por el lado izquierdo de la mandarria y
se desprendió a media verga, descolgándose en el dorso de mi mano. Al
ver como le seguía saliendo esa miel, se la exprimí y acerqué mi boca
a la cabezota para probar un poco. Con mi lengua esparcí el siguiente
chorrito por toda la cabezota y chupetié de su agujero el resto,
empezando una buena mamada en toda forma. De esas que yo sé darles a
los hombres desde muy niña y que los hace volar al cielo. Dándoles
gusto con mi boquita mamadora y frágil, he vuelto locos a muchísimos
machos que casi se desmayan cuando los tengo entre mis labios.
No se si ya se la habrían mamado antes a Martincito. Su mamá sólo me
dijo que lo ayudaba a descansar, pero no aclaró si sólo con su mano.
El caso es que a los 5 minutos de estarle dando una de mis mejores
mamadonas, dedicada en serio, se vino. La presión de su venida no fue
escandalosa, como las que recuerdo de su papá; más bien fue tranquila,
pero abundante en serio. La leche le empezó a salir del agujerito con
calma, como si fuera sangre de una herida, como una gran hemorragia
amarilla, al ritmo de los latidos del corazón. Uno tras otro, tras
otro y tras otro, los amarillentos borbotones de mocos abandonaban su
cuerpo, inflamando sus huevotes de manera deliciosa, como si
estuvieran ya, desde ese momento, produciendo más, reponiéndose en ese
mismo instante. Probé un poco y el resto lo dejé fluir libre, sobre
mis manos, embadurnándomelas todas. Estaban ricos, agridulces y
espesos, muy espesos, pero su aroma era fuertísimo. Esto me hizo
recapacitar sobre la conveniencia de dejarlo que me cogiera. Tal vez
la lentitud de su descarga y la baja presión de sus orgasmos, se
debiera a la espesura del esperma, y eso, si mi experiencia no me
fallaba, se debe a la abundancia de espermatozoides que tiene la leche
del nene.
Yo no traía condones y ni caso tenía preguntarle a Martincito si
tendría uno entre sus cosas, tal vez ni siquiera habría visto uno en
la vida. No me quería arriesgar a quedar encinta de mi sobrino, ya
había dos hijos del incesto en la familia, para qué engrosar la lista.
Y como yo tenía varios meses sin sexo, de seguro mis órganos
reproductores estaban muy sensibles, y aunque hubiera hecho que me la
sacara cuando le llegara, con la pura baba preseminal, me hubiera
embarazado debido a la abundancia de vida que tiene en los huevos, qué
caso tenía arriesgarse.
Le limpié bien el garrote con la sábana, diciéndole que la tenía muy
bonita y rica, no se le bajó para nada, le siguió tan parada como
antes, como manguera de motor de carro, bien gorda y torcida. Me puse
de pie, acariciándole la cara de caballito que tiene, acicalándome las
enaguas y dispuesta a retirarme, pero él se sentó en la cama y me
metió las manos por debajo de la falda, y desesperado me acariciaba
las piernas y me agarraba de las nalgas tratando de meter su cara en
mi chocho, para besarlo por encima de mi tanga color azul pardo. Lo
calmé y le dije que qué era lo que quería hacerme. Me respondió con un
hilo de voz que besarme ahí y le dije que se calmara, que debía ser
paciente. –¿Aquí me quieres besar, hijito?, le pregunté con mi
vocecita cachonda, mientras me echaba la falda del vestido para arriba
y hacia atrás, mostrándole completos mis muslones y el centro de mi
pequeña tanguita, que sólo cubría mi vagina. Sólo asintió con la
cabeza, sin despegar sus ojos del manjar de reyes que tengo allí,
manjar que sé muy bien desde niña, como exaspera a los hombres... y
hasta a las mujeres.
Me eché un par de pasos hacía atrás y me volteé de espaldas a él,
enseñándole la curva de mi culito y mis rotundas nalgas, apenas
tapadas en su parte alta por mi calzoncito; con los zapatos de verano
de altos tacones que traía, se me paraba mucho el culo y el encuarte
se me veía muy alto. Me le volví a poner de frente y separé mis
piernas un poco, 40 centímetros, tal vez. Corrí la tanga a un lado y
le mostré mi completamente depilada vagina, pasándome un dedo y
metiéndomelo a la boca, a chupármelo sin dejar de verlo a los ojos. Él
se estaba jalando el garrote con calma, viendo como le enseñaba mi
puchita, ya le estaba babeando otra vez y la traía muy hinchada, rica.
Nos masturbamos al mismo tiempo, mirándonos mutuamente. Yo le devoraba
con los ojos el portento de salchichón gruesísimo que se zarandeaba
impúdico ante mí, sabiendo que me llamaba mucho la atención ese
fenómeno genital que tiene, y él no separaba ni un segundo su mirada
de mis muslos y mi pequeña vagina, a pesar de tanto hombre que me he
pasado por ahí. Así es, tengo la pepita muy chiquita, no tengo para
nada una raja de sandía, como he visto algunas, no, yo la tengo
pequeñita y muy coqueta, por eso me la depilo totalmente en una
clínica; no me rasuro, se ve muy feo, me quito todo el bello con láser
y cremas, para que se vea muy apetecible, como dulce caro, pequeño
pero delicioso. A pesar que ya me han metido verdaderos torpedos, como
el de Mi Amorcito y los hombres que él mismo me ha traído, mi puchita
sigue pequeña y apretada, como de niñita. Parece un clavelito color de
rosa.
Me temblaban las piernas, me sentía demasiado excitada y le dije
nerviosa: –Ven, Martín, ven gateando y cómete a tu tía, ¿no quieres?,
mira qué ricura, mi´jo. Se puso de rodillas y gateó como bebe hacía
mí, batallando un poco con los pantalones enredados en sus piernas.
Cuando llegó a mí, me metí dos dedos en la vagina, hasta los nudillos,
y los saqué empapados de mi miel y se los metí en la boca, los chupó
como si fueran un biberón, cuando me quiso meter la cara en la pepa,
di un paso hacía atrás, y otro, y otro, atrayéndolo detrás de mí, como
puerco tras la vasija de comida. Hasta que ya no hubo espacio y quedé
recargada en la puerta del cuarto, me dejó de seguir como perro, con
la legua de fuera, viendo atormentado, como me abría la vagina como
libreta, enseñándole mis sonrosados interiores, húmedos y resbalosos.
Ahí me abrí por completo de piernas y le hundí la cara en mi vulva a
que me la comiera toda. Le dije que me quitara los calzones y me los
rompió de un lado, no quería perder tiempo mi sobrinito ni para
agarrar aire. Cuando más duro me estaba mamando la vagina, tocaron a
la puerta donde yo estaba recargada de pie, y él hincado entre mis
piernonas. Era Rosa su mamá: -Ya está la cena, vénganse a la mesa. –Ya
está cenando tu hijo, le contesté con la voz agitada. –¡Ándale
cabrona!, me respondió, a ver ábreme tantito. Le abrí la puerta y
asomó sólo su cabeza y vio a su hijito de rodillas entre mis muslos
sorbiéndome ruidosamente la vulva. –¡Hay mendiga!, no me lo vayas a
ahogar, mira cómo lo tienes. –No veo que esté sufriendo mucho, le dije
con los ojos brillantes y somnolientos, de lo caliente que me estaba
poniendo su hijo –Nombre, que va a estar sufriendo, si le encanta a mi
hijito comer mujer. –Ah, vaya, o sea que a ti también te ha comido,
¿verdad? –Huy sí, tú crees que se va a aguantar, te digo que salió
igual al padre de caliente, pero a ti se le nota que te está
disfrutando más que a mí, mira como se ahoga entre tus piernotas, sí
pos si estás bien buena, hermanita, está feliz mi´jito.
En eso sentí como me venía un orgasmo marca diablo. Saqué a mi
hermana, bueno saqué su cabeza del cuarto, y cerré la puerta con mi
espalda. Me puse en las puntas de mis pies y lo metí de cara los más
que pude en mi vagina. Sentía como su lengua me invadía completamente
la pepa, moviéndose furiosamente por dentro de mí. Me quería saborear
toda por adentro, desesperado, como todos. Lo agarré del cabello y me
vine como energúmena en su boca. Mi orgasmo fue total y placentero,
era el primero en muchas semanas. Después de un rato ya mi sobrino
estaba totalmente metido debajo de mí, sentado en el piso con su cara
mirando toda hacia arriba, y yo me mecía abierta de piernas sobre sus
labios, dándole hasta la ultima gota de mis jugos. Martín ni las manos
metía, las tenía en el suelo, apoyando su peso, las mías estaban
enredadas en sus cabellos, dirigiendo su cara desde mi culito hasta mi
vagina, pasándome todo su rostro por las entrepiernas,
embadurnándosela toda con mi gelatina. Mirando desde arriba como
seguía con la lengua de fuera, saboreando completa esa parte de mi
cuerpo, la más íntima y escondida.
De repente sentí como me revoloteaba su lengua por la colita, sentí
riquísimo. Detuve mi vaivén sobre su rostro y lo dejé que se
concentrara en mi culito con su larga lengua. Yo misma me abrí las
pompas con las manos, para que no batallara tanto, soy muy carnosa de
nalgas y sin mi ayuda no podría llegar tan allá, a mi fundillo. Me
metió la mitad de la lengua y me estremecí, me vino otro orgasmo y se
me ocurrió encajarme su tolete chueco por allí, así no habría riesgos
de embarazo. Lo saqué de entre mis nalgotas y lo recosté sobre el piso
y me puse en cuclillas encima de él. Agarré su vergonona dura, pesada,
chueca y gorda, como auricular de teléfono público antiguo, y me la
fui metiendo por el culo, despacio; le tenía algo de miedo a la
joroba. Por tanta saliva que me había embarrado cuando me mamaba el
culo, pasó fácil la cabezota, y empezó a invadirme el tronco de pirul
que tiene el mocoso. Cuando llegué a la protuberancia le di más
despacio, y con calmita fue pasando la "panza" de la verga, por mi
dilatado esfínter.
Cuando me la metí toda, clarito sentía como me desfiguraba por dentro
todo el ano. La sentía muy de lado en mi vientre, ¡como nunca!, sentía
como la traía por un costado; era una nueva sensación, satisfactoria y
emocionante.
Ni por mucho puedo decir que tenga el culo cerrado, Mi Amorcito y los
hombres que me ha traído me han gozado hasta el cansancio por allí. A
veces, en nuestras aventuras mas descocadas, viajando por el país, me
ha traído 2 amigos ocasionales así como él, bien vergudos, y entre los
tres me han sonado toda la noche por el culito. Ellos, todos, duermen
un rato, yo no, siempre alguno me está usando analmente, mientras otro
me ensarta por delante, hasta que amanece. Para nada soy una virgen de
la cola, pero Martincito me la distendía como hace años no lo sentía.
Montada sobre él, me desabroché el vestido y me levanté el brassier
para darle mis pechos en la boca, a chupar tetas, esto fue el acabose
para el pobre niño. No aguantó mucho, sólo uno 5 ó 6 minutos
comiéndose unos pechos de porcelana y se empezó a venir. En cuanto
sentí el primer chorro me le separé, para qué quieren que hubiera
estado cagando mocos toda la noche, con la gran cantidad que echa y
con la textura tan espesa que los tiene. Sentí cada centímetro de su
retorcido machete salir de mi culito; como si fuera de nalgas por una
sinuosa carretera, detectaba la curva peraltada que tiene en el camote
mi sobrinito, riquísimo. Allí lo dejé tirado en el suelo, mirando cómo
le brincaba y se le estremecía la vergota en cada chorro de semen que
a borbotones le salían de la tremenda cabezota, y anotando mentalmente
la compra de condones en cuanto fuera al pueblo, para gozármelo por la
vagina, en nuestro próximo encuentro. No pensaba irme sin sentir esa
rareza bien metida en mi útero, calándome hasta mi ovario derecho,
rozándomelo con el glande. Agarré mis calzoncitos rotos, me arreglé en
lo que pude la ropa y el cabello, y me encaminé a la salida del
cuarto.
Ni con todo esto se le bajó la erección. Cuando salía por la puerta
volteé a verlo y ya se la estaba jalando otra vez, ahí tirado donde lo
dejé masturbándose como si no se hubiera venido dos veces en media
hora. Cabrón muchacho, por eso está tan flaco y medio menso, por tanta
puñeta. O tal vez será por la revoltura de sangres iguales, hemofilia
se llama, ¿verdad?
Me metí a la regadera y me cambié de ropa. Me fui a la mesa con Rosa y
después de la cena nos pusimos a beber tequila y a platicar. Papá y
Javi no habían llegado todavía.
Sin mucho preámbulo me preguntó qué tal se había portado su bebé y le
respondí que tenía razón, que sí le había heredado al primo sus
cualidades. No le quise decir que me la había metido por la cola, no
sé, se me hizo gacho contarle. Yo le pregunté si ella se lo había
cogido. Al principio me lo negó, pero con los tequilas al rato lo
aceptó: -No pues para que te lo niego, mana, sí me lo cogí ya, me
confió, es que mi pobre niño es demasiado ardiente, tiene la
sexualidad muy desarrollada y me da lástima verlo así, sufre mucho el
pobrecito con esas cosotas que le dio la naturaleza, quién más lo
puede ayudar sino su madre. Además ni creas que para mí es un
sacrificio, tiene una trancona deliciosa, te deja bien satisfecha.. –Y
no temes quedar preñada por él?, avienta demasiada leche y muy
concentrada, pregunté. –No, siempre uso condón. Ya no quiero saber
nada de maternidad, tanto con mi marido, como con Pepe y ahora mi
hijo, siempre uso condones. Aunque a Martín no le duran, como tiene el
chile muy chueco los aguanga o los rompe y se los tengo que estar
cambiando, pero créeme, vale la pena, te deja la vagina zumbando, rico
que está mi hijo, Maricarmen. ¿No te lo cogiste? –No, por lo mismo, no
traigo condones. –Ah, pos horita te doy una caja, para lo que se te
ofrezca, me dijo. –Oye, ¡pero cómo le gusta comer vagina, ¡qué
bárbaro!, ¿pues desde cuándo le das de la tuya?, pregunté. –Desde que
tenía 8 años. Era muy curioso, siempre se me metía debajo de las
faldas o en la cama iba y se metía entre las cobijas y se colaba entre
mis piernas, sentía sus manitas frías recorrerme los calzones y sus
deditos acariciándome la papaya.
¡Desde los 8 años!, ¿cómo ven a mi sobrinito?: –Una vez lo dejé hacer
divertida, a ver hasta dónde llegaba. Con mi esposo, su padrastro, a
mi lado bien dormido. Fingiendo que estaba dormida, me abrí de piernas
y me dio una santa mamada el escuincle!, que me hizo venir bien rico.
Desde chiquillo traía la libido muy alta mi´jo, como que eran
cualidades natas en él. Así estuvimos, por las noches llegaba al
ataque y me dejaba bien chupada la pepa. Luego ya lo hablé con él, una
vez que traía regla y no me dejé que me comiera, y le dije que no lo
fuera a divulgar con nadie, que eso no estaba bien, que no lo
platicara, que lo iba a dejar hacerme eso pero que fuera muy discreto;
así estuvimos un tiempo. Lo malo fue que una vez lo sentí entre mis
piernas, y de repente me dormí con él mamándome la vagina. Me desperté
cuando me fijé que ya no me comía y que lo voy viendo con la verga de
Emilio mi esposo, bien metida en la boca y el otro maldito, con sus
manotas en su cabecita, metiéndosela hasta la garganta, maldito perro.
Me di una santa encabronada, casi lo acuso con papá, ya ni la chinga.
Por eso puedo hacer lo que quiero con Paco y con mi hijo, desde
entonces lo tengo amenazado. No me puede decir nada, ya me halló
cogiendo con el primo varias veces, y si mi´jo llega por la noche
quejándose de la erección que le duele, me lo cojo en mi cama con
Emilio a nuestro lado, me vale madre, a mi Martín que no le duela
nada, el otro infeliz no me importa. Mi hijo a veces hasta me pone de
nalgas, empinada y me la zumba un buen rato, hasta que descansa se va,
y el Emilio se hace el dormido, ¿qué más le hace?; y no puede hacerme
nada, porque si le digo a papá que hizo que Martín le mamara la verga
lo mata al estúpido. Olvídate, donde papá sepa que le quisieron hacer
joto a su nieto, para qué quieres.
Sí era cierto, mi padre nunca hubiera perdonado semejante afrenta. Le
hubiera cortado la verga a machetazos al cabrón de mi cuñado. –Y
entonces, a Martín no le gustan los hombres, ¿o agarra parejo?, le
pregunté a Rosa. –No, mana. Mi hijo es machín. Sólo fue esa vez. No
sé, para que te lo niego, si fue Emilio el que lo hizo que se la
chupara, o Martín al verlo dormido, en su inocencia, se le prendió del
garrote y el otro mendigo se dejó, no sé. Pero me asusté mucho y le
empecé a echar más ganas con mi hijo, para que le gustaran las viejas
y no los hombres. Me desnudaba delante de él y le enseñaba las
diferencias de los cuerpos del hombre y la mujer y le decía que para
él era más rica una mujer que un hombre. Y pos si horita no estoy nada
mal, pues hace 4 ó 5 años, estaba mejor. –Pues con esas enaguotas y
esos blusones no se ve que estés muy bien que digamos, le dije mirando
los faldones que traía desde que llegué días antes. –Estas son ropas
para el trabajo, cómo quieres que ande muy arreglada aquí, respondió. –
Y así andas siempre? Pues te ves fatal, no sé de donde me dices que
todavía estás muy bien. –A que la chingada, espérame, horita vengo, me
dijo y se levantó. Yo ni le pregunté a dónde iba, supuse que a traerme
algunas fotos.
A los 15 minutos regresó, casi no la reconocí. Se había cambiado y
maquillado. Además se soltó el cabello y se peinó bien. Traía un blusa
amarilla, de manga corta a la cintura, enseñando ombligo. Una
minifalda negra, muy corta a media pierna y muy apretada, sin medias y
con zapatos de moda de tacón muy alto y cerrados. Se veía muy buenota
mi hermanita. De los pechos no es nada espectacular, pero las caderas
y las piernonas son para parar el tráfico. Desde los 13 años, en que
Paco la desquintó, se empezó a poner así, yo creo que por el garrote
que mi primo tiene, como que le expandió las caderas. Tiene las
piernas espectaculares, larguísimas, muy torneadas y llenitas, y las
nalgas bien paraditas, puedes poner una taza de café allí, como si
fuera repisa y no se cae. Es de esas mujeres de torso muy corto y de
piernas muy largas, ¡hermosa que está Rosa a sus 35 años!. –Quiubo? No
me creías. Así me pongo cuando salgo con Paco a coger o cuando mi´jo
trae ganas, ¿qué tal?, toma te traje los condones, me dijo extendiendo
su mano con una caja de ellos y dándose una vueltecita para que la
viera bien. –No, pues de veras estás muy buena, mana. Tu hijo se ha de
ahogar ahí en medio de tu largas piernas, le dije imaginándome a
Martincito entre las portentosas piernotas de su madre. –Huu, si lo
vieras, se emociona bastante mi´jo. De acá no hay mucho (refiriéndose
a sus senos), pero de acá, mira- se levantó con algo de esfuerzo la
faldita, pues le quedaba untada y me enseño una tanga de hilo dental
de infarto, color blanco y semitransparente, mostrando orgullosa un
culo hermoso y duro y unos muslones in equitativos con respecto a su
tronco- aquí se vuelven locos mi Martín y mi Paco, hijo y padre, cómo
ves, mana?
En eso estábamos, cuando llegaron papá y Javier del pueblo. Nos
preguntaron que si íbamos a salir, al ver a Rosa tan arreglada lo
supusieron. Les dijimos que no y se sentaron a beber tequila con
nosotras. Las miradas de papá y mi hermano eran muy insistentes hacia
nosotras. Yo me había puesto unos shorts algo cortos y apretados y un
top sin tirantes y sin sostén, con unas calzaletas de taconcito,
abiertas. Rosa no cuidaba cómo se le subía la faldita al estar sentada
y les daba un espectáculo divino con sus muslos y su mini tanga
transparente y yo sin enfado subía mis brazos sobre mi cabeza,
mostrándoles mis tetitas y mis finas axilas, también depiladas con
láser. Sudaban los dos al tener de cerca de ese par de yeguas, se les
notaba muy calientes y excitados con nosotras. Estuvimos platicando y
exasperándolos hasta tarde y nos fuimos cada quien a su habitación. Yo
ya iba algo borracha y me puse mi pijama para dormir y un pedacito de
rollo sanitario entre las piernas, andaba muy mojada, me calenté mucho
con las miradas de Javier y papá.
En sueños sentía como me tocaban las tetas y me jaloneaban el pantalón
del pijama hacia abajo, en la penumbra reconocí a papá, hincado en el
piso y con mi seno izquierdo en su boca, chupándolo fuerte, como él se
lo hacía a las mujeres. Me desperté por completo y le pregunté qué me
hacía, sólo se sacó mi pezón de la boca para decirme que esa noche sí
le iba a cumplir, que tenía 20 años esperando a metérmela y que ahora
se lo iba a cumplir, y se fue sobre mi tetita, a chupármela de nuevo.
Me desabroché la camisa y le agarré la cabeza mientras me mamaba con
desesperación las tetas, me deslicé el pantalón y me quité los
calzones y el papelito y le agarré la mano para que me metiera un
dedote, sin dejar de darle pecho. No tenía caso discutir con él, y sí
era cierto, estaba pendiente con él desde que me fui, a los 13 años y
11 meses, cuando le rogué llorando que no me fuera a penetrar con su
monstruosidad, que se esperara a que cumpliera los 14, y ya no le di
oportunidad de hacérmelo.
Además esa noche en particular, necesitaba una muy buena verga.
Después de varias semanas sin sexo y con la sesión anal que tuve con
Martín, necesitaba un palito con un hombre que me hiciera sentir, que
me hiciera ver estrellitas, y quién mejor que el salvaje de mi padre.
Con esa locura de verga que tiene y con lo fuerte que trata a las
mujeres, ¿quién mejor que él esa noche? Además ya no tenía 14 sino
treinta y tantos años, y ya no le temía a su gordísimo animal, sino
todo lo contrario...
Continuará....
== Para los amables lectores que lo han pedido, mi eMail es:
m_carm...@yahoo.com.mx. Se los había prometido desde el ultimo de
la serie ¿Seré una Perra?, pero en el primero de esta serie se me
olvidó anotarlo. Espero sus comentarios.
saludos