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El legado de la tradición
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las cosas claras  
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 More options Feb 13, 11:14 am
From: las cosas claras <farredo...@hispavista.com>
Date: Wed, 13 Feb 2008 08:14:58 -0800 (PST)
Local: Wed, Feb 13 2008 11:14 am
Subject: [las cosas claras] El legado de la tradición

A lo largo de la historia el ser humano ha ido aprendiendo y
descubriendo qué conductas son adecuadas para adaptar el entorno a sus
necesidades y para no equivocarse al hacer uso de su libertad. Para
ello ha hecho la selección de aquellas conductas que ha comprobado que
son beneficiosas y ha descartado aquellas otras cuya experiencia habría
sido negativa, alimentando así un legado común que se ha transmitido de
generación en generación, de padres a hijos, familiarmente, al que
denominamos cultura.La cultura, originariamente transmitida de modo
oral debido al reducido número de individuos que conformaban las
primitivas comunidades humanas, así como por sus escasos contenidos,
fue paulatinamente conservándose en documentos escritos a causa del
crecimiento de conocimientos –tantos, que peligraba su conservación en
la simple memoria- y del aumento de la población. Así comenzó la
Historia.Referida a cualquier aspecto relacionado con el modo de
desarrollar la vida humana (gastronomía, agricultura, ganadería,
industria, etc.), la cultura alcanza su más profunda sabiduría, no en
el aspecto técnico, sino en aquello que el hombre aprecia por encima de
cualquier otra cosa: la consecución de la felicidad. El camino del
hombre hacia la felicidad no es nada fácil, bastaría observar la
cantidad de gente que no ha logrado ser feliz. En parte este camino no
es fácil, porque se encuentra lleno de bifurcaciones a causa de esa
característica del ser humano que es la libertad.La cultura ha
acumulado y transmitido unas reglas morales, antes asentidas como de
sentido común, por ser común –universal- su reconocimiento, reglas que
orientan la elección de la libertad. Muchos hombres y mujeres han
comprometido su vida –a veces hasta la muerte- por descubrirlas y
conservarlas en beneficio de las generaciones futuras.Ninguna función
debería ser más importante en una sociedad que la de conservar,
aprender a interpretar y transmitir su legado cultural –la tradición-
que dejaron sus antepasados más o menos directos. Precisamente se ha de
cuidar mucho, pues gracias a este acopio de saberes prácticos y
teóricos, la sociedad encuentra un peldaño desde el que tomar impulso
para seguir creciendo y conoce, sin tener que probarla, cuál es la
piedra en la que puede tropezar y cuáles son los daños que produce esa
caída.¿Dónde está la cultura de nuestra sociedad de hoy? ¿Dónde se
conserva? Sin duda en las familias, donde se transmite de modo
espontáneo y duradero, con la fuerza del prestigio moral, los
conocimientos fundamentales para la supervivencia y los criterios para
no ser desdichados en nuestras elecciones. Y en los libros, donde se
escribe todo aquello relacionado con lo que otros ya han vivido
(Historia), ya han pensado (Filosofía), o ya han sentido (Arte,
Literatura...). Evidentemente, reconocer lo que otros nos enseñan exige
un cierto grado de confianza y de humildad. Sin embargo, cuando el
legado ha sido donado por gente de fiar, hasta el punto de haber dado
su vida por conservarlo (tantos padres y madres de familia, militares,
investigadores, mártires y santos, etc.) rechazar su doctrina de plano
o intentar comenzar de nuevo no tienen más explicación que la soberbia
y un criticismo furibundo disfrazado de un falso espíritu crítico.El
que desdeña la tradición, desconfía. El que desdeña la tradición cae en
la trampa de querer probar esa piedra en la que otros ya han caído.En
estos tiempos, parece que ser progresista es sinónimo de rechazar la
tradición y luchar por su destrucción. La doctrina de siempre es
etiquetada como moral de otros tiempos, y los clásicos son condenados
al rincón de la erudición y el elitismo. Parece que la educación quiere
prescindir de las humanidades, y la Filosofía y la Literatura son
desplazadas por los conocimientos de índole técnica e instrumental,
relacionado con el pensamiento lógico matemático. Un Gobierno que
dirija al país por este camino lleva a la sociedad –bajo la bandera del
progreso, curiosa paradoja- hacia su “deseducación” en el terreno del
la moral y costumbres, es decir, en el aprendizaje de la buena elección
el hombre volvería al origen de los tiempos, a una época donde todo
conocimiento heredado habría sido olvidado, ocultado o destruido. No
obstante, en esta nueva Edad de Piedra moral, el hombre contaría con
los medios más ricos que la técnica humana haya jamás conocido, un
instrumento esta nueva ciencia, que en manos de un ser como el nuevo
hombre que se pretende, podría irremediablemente volverse contra su
propio autor.Me pregunto, pues, si no será este el momento de releer
esos libros como Un mundo feliz de Huxley o el Fahrenheit 451 de
Bradbury. Quizá estos libros conserven una enseñanza que aún nos podría
ser de provecho en estos tiempos modernos.

--
Posted By las cosas claras to las cosas claras at 2/13/2008 08:11:00 AM


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las cosas claras  
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 More options Feb 13, 11:16 am
From: las cosas claras <farredo...@hispavista.com>
Date: Wed, 13 Feb 2008 08:16:48 -0800 (PST)
Local: Wed, Feb 13 2008 11:16 am
Subject: [las cosas claras] El legado de la tradición

A lo largo de la historia el ser humano ha ido aprendiendo y
descubriendo qué conductas son adecuadas para adaptar el entorno a sus
necesidades y para no equivocarse al hacer uso de su libertad. Para
ello ha hecho la selección de aquellas conductas que ha comprobado que
son beneficiosas y ha descartado aquellas otras cuya experiencia habría
sido negativa, alimentando así un legado común que se ha transmitido de
generación en generación, de padres a hijos, familiarmente, al que
denominamos cultura.La cultura, originariamente transmitida de modo
oral debido al reducido número de individuos que conformaban las
primitivas comunidades humanas, así como por sus escasos contenidos,
fue paulatinamente conservándose en documentos escritos a causa del
crecimiento de conocimientos –tantos, que peligraba su conservación en
la simple memoria- y del aumento de la población. Así comenzó la
Historia.Referida a cualquier aspecto relacionado con el modo de
desarrollar la vida humana (gastronomía, agricultura, ganadería,
industria, etc.), la cultura alcanza su más profunda sabiduría, no en
el aspecto técnico, sino en aquello que el hombre aprecia por encima de
cualquier otra cosa: la consecución de la felicidad. El camino del
hombre hacia la felicidad no es nada fácil, bastaría observar la
cantidad de gente que no ha logrado ser feliz. En parte este camino no
es fácil, porque se encuentra lleno de bifurcaciones a causa de esa
característica del ser humano que es la libertad.La cultura ha
acumulado y transmitido unas reglas morales, antes asentidas como de
sentido común, por ser común –universal- su reconocimiento, reglas que
orientan la elección de la libertad. Muchos hombres y mujeres han
comprometido su vida –a veces hasta la muerte- por descubrirlas y
conservarlas en beneficio de las generaciones futuras.Ninguna función
debería ser más importante en una sociedad que la de conservar,
aprender a interpretar y transmitir su legado cultural –la tradición-
que dejaron sus antepasados más o menos directos. Precisamente se ha de
cuidar mucho, pues gracias a este acopio de saberes prácticos y
teóricos, la sociedad encuentra un peldaño desde el que tomar impulso
para seguir creciendo y conoce, sin tener que probarla, cuál es la
piedra en la que puede tropezar y cuáles son los daños que produce esa
caída.¿Dónde está la cultura de nuestra sociedad de hoy? ¿Dónde se
conserva? Sin duda en las familias, donde se transmite de modo
espontáneo y duradero, con la fuerza del prestigio moral, los
conocimientos fundamentales para la supervivencia y los criterios para
no ser desdichados en nuestras elecciones. Y en los libros, donde se
escribe todo aquello relacionado con lo que otros ya han vivido
(Historia), ya han pensado (Filosofía), o ya han sentido (Arte,
Literatura...). Evidentemente, reconocer lo que otros nos enseñan exige
un cierto grado de confianza y de humildad. Sin embargo, cuando el
legado ha sido donado por gente de fiar, hasta el punto de haber dado
su vida por conservarlo (tantos padres y madres de familia, militares,
investigadores, mártires y santos, etc.) rechazar su doctrina de plano
o intentar comenzar de nuevo no tienen más explicación que la soberbia
y un criticismo furibundo disfrazado de un falso espíritu crítico.El
que desdeña la tradición, desconfía. El que desdeña la tradición cae en
la trampa de querer probar esa piedra en la que otros ya han caído.En
estos tiempos, parece que ser progresista es sinónimo de rechazar la
tradición y luchar por su destrucción. La doctrina de siempre es
etiquetada como moral de otros tiempos, y los clásicos son condenados
al rincón de la erudición y el elitismo. Parece que la educación quiere
prescindir de las humanidades, y la Filosofía y la Literatura son
desplazadas por los conocimientos de índole técnica e instrumental,
relacionado con el pensamiento lógico matemático. Un Gobierno que
dirija al país por este camino lleva a la sociedad –bajo la bandera del
progreso, curiosa paradoja- hacia su “deseducación” en el terreno del
la moral y costumbres, es decir, en el aprendizaje de la buena elección
el hombre volvería al origen de los tiempos, a una época donde todo
conocimiento heredado habría sido olvidado, ocultado o destruido. No
obstante, en esta nueva Edad de Piedra moral, el hombre contaría con
los medios más ricos que la técnica humana haya jamás conocido, un
instrumento esta nueva ciencia, que en manos de un ser como el nuevo
hombre que se pretende, podría irremediablemente volverse contra su
propio autor.Me pregunto, pues, si no será este el momento de releer
esos libros como Un mundo feliz de Huxley o el Fahrenheit 451 de
Bradbury. Quizá estos libros conserven una enseñanza que aún nos podría
ser de provecho en estos tiempos modernos.

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Posted By las cosas claras to las cosas claras at 2/13/2008 08:15:00 AM


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