
El bienestar, o el secreto de la felicidad, no es otra cosa que la tranquilidad. No se encuentra en el ascenso laboral que le dieron este mes, ni siquiera está en el aumento de sueldo que ello conlleva; se encuentra, precisamente, en su mente.
En la habilidad para no dejarse afectar por nada. ¿Cuántas personas se han pasado la vida dedicadas a un trabajo y al final del camino descubren que, realmente lo que menos las hizo felices fue ese empleo? La vida es muy corta y vale la pena vivirla en vez de conformarse con simplemente respirar.
Las diferencias
Existir: Ver
deportes por televisión
La escena se repite a medida que crecemos, en edad y
en medidas. O, para ser más exactos, en gordos, si hablamos de ellos, o en
curvas, si nos referimos a ellas: control remoto en mano, la infaltable cerveza,
la prominente barriga y esa falta de ánimo que aburriría a una ostra.
Vivir: Practicar algún deporte. Nada que nos haga sentir más vitales y que justifique mejor nuestra existencia que tener como sana costumbre practicar algún deporte, así este sea uno menos convencional como golosa, jacks, billar o, incluso frisbee o freestyle. El caso es que para poder decir que se vive realmente, hay que dejar a un lado la pereza, salir de casa y sudar un poco la gota gorda.
Existir: Regalar flores por compromiso con un tarjeta hecha a máquina en la floristeria.
Vivir: Sembrar flores. O alguna planta, un árbol, un arbusto, o algo que le sirva para propagar la vida de la que usted también ha disfrutado, para las generaciones que le seguirán.
Existir: Contar los tres chistes de salón que se sabe de memoria y que, entre otras, tiene anotados en un papelito dentro de la billetera, así sean pésimos.
Vivir: Es inventarse un buen chiste o atreverse a contar en público alguna anécdota graciosa en la que el que mete la pata es usted. Es aprender a no tomarse las cosas tan en serio. A burlarse de uno mismo y, de ahí en adelante, de todo lo demás.
Existir: Conformarse con escuchar todo el día la misma emisora para ver si, por alguna casualidad del destino, ponen esa canción que tanto le gusta. Comprar CD’s piratas de mala calidad y aguantarse la versión "rayada" de su música favorita para ahorrarse unos soles y, de paso, cometer un delito.
Vivir: Si el presupuesto alcanza, claro está, es comprar música con cierta frecuencia. Mejor dicho, estar dateado sobre lo que se escucha en el mundo.
Vivir es comprar el CD original tan sólo para tener el placer de leer y hasta aprenderse la letra de su canción favorita para así poder cantarla en alguna fiesta, o a todo pulmón mientras va camino al trabajo.
Es también, no sólo conformarse con tener la música de su artista favorito, sino dejar la pereza, adquirir buenos asientos e invitar a su pareja al concierto.
Existir: Es pasearse con tarjeta de crédito platino y no sacarla sino en caso de emergencia. Mejor dicho, para impresionar, solamente. En la mente de este mezquino espécimen sólo ronda una frase: "Si lo pongo a tantas cuotas, cuánto será que pago de interés?".
Vivir: Es usar la tarjeta de crédito a tope si es preciso, para satisfacer algún antojo o algún gusto, sin importar cuál. Es tener como filosofía de vida: "Después veo cómo hago".
Existir: Es tener la misma pareja durante 5 años y no decidirse a comprometerse en serio. Es decir, a casarse, rejuntarse, o algo que se le parezca. Es, como se dice popularmente: el que ni lava, ni presta la batea.
Vivir: Es conocer a su pareja ideal, sin tantas pretensiones. Con cosas tan simples como: huele bien, tiene un buen sentido del humor y vive en mi misma ciudad, con eso ya tiene.
Atreverse además a lanzarse a la aventura de consolidar una relación seria y, por qué no, hasta casarse y tener hijos. En definitiva, es dejarse de tanto temor y ¡atreverse a amar!
Existir: Ir a todas las fiestas a gorrear trago y a tratar de levantarse a las novias de sus amigos.
Vivir: Es organizar las fiestas y no dejarse bajar la novia de ningún amigo.
Existir: Consumir lo necesario para no morir de hambre. Es medirse en calorías, presupuesto y tiempo..."no puedo, no tengo tiempo". Siempre comer en casa por la tacañería.
Vivir: Es comer cada vez como si se tratara de la última cena. Como si cada salida fuera una aventura en donde la misión será descubrir nuevos olores y nuevos sabores para su paladar.
No preocuparse por el precio, sobre todo si la comida es buena y la compañía mejor. Y cuidarse pero sin traumatizarse, o a los demás, contando calorías.
Existir: Llegar a su casa tarde del trabajo y negarse a salir a la calle, porque al día siguiente tiene que madrugar. Renegar del jefe, de los horarios y del trabajo en general pero conformarse y no atreverse a cambiar nada.
Vivir: Decidir que a su trabajo, sea cual fuere, le va a sacar el jugo, y que, aún cuando necesita de él para subsistir, lo encuentra divertido.
Existir: Trabajar por el sueldo y soñar con las vacaciones remuneradas para quedarse nuevamente en casa, aburrido como una anchoa, porque supuestamente está agotado de tanto trabajar.
Vivir: El que llega a su casa y, en vez de quejarse por el cansancio, se le sale de repente una frase como: "no puedo creer que me estén pagando por divertirme tanto".
Existe aquel que les da demasiada trascendencia tanto a sí mismo como a su carrera.
Vive quien considera que la única carrera que vale la pena correr, es precisamente una pero contrar el reloj para que no se le acabe el tiempo antes de terminar de hacer todo lo que quiere hacer en esta, su vida.
Terra - (El Tiempo - Colombia)
Que se encuentren bien, contentos y en paz
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El ADN y los Nombres Divinos

Sesión de Enseñanza de la Academia Investigación Original de Nuestro 'Código-Dios' Genético de acuerdo a las Claves de Enoc®.
El Futuro del Entendimiento Científico y Popular de lo Sagrado
La conexión entre el ADN y el Nombre Divino de Dios (YHVH o YHWH) se remonta a más de 30 años atrás en el trabajo de El Libro del Conocimiento: Las Claves de Enoc® y de investigadores médicos que han trabajado con esta información.
Los Nombres Divinos son, generalmente, reconocidos como los Nombres bíblicos y extra bíblicos de Dios usados en los escritos de los pensadores proféticos a lo largo de los siglos que trajeron una senda superior de servicio a lo que era considerado un mundo profano. En la enseñanza bíblica y kabalista la estructura del cuerpo humano surgió de la pronunciación de la Palabra Divina.
El Libro del Conocimiento: Las Claves de Enoc® (1973, 1975, 1977) establece una correlación de este Nombre Divino como la clave que está detrás del código de trascripción de las letras químicas que desarrollan el cuerpo humano. En 1973, mientras estaba en la Universidad de California, Hurtak llegó a comprender que existía una conexión entre las asociaciones lingüísticas y genéticas en las Letras que conforman el nombre de Dios en el Hebreo Bíblico (YHVH). Elaboró una tabla de recursos genéticos usando el Código del Nombre Divino en un arreglo triple de letras, incluyendo el "inicio" y el "alto" en la codificación de las letras para cada una de las secuencias de los aminoácidos y los ácidos nucleicos.
Este trabajo fue presentado, de manera selectiva, ante la Academia de Parapsicología y Medicina en Junio de 1973 por el Dr J.J. Hurtak y fue publicado en su libro El Libro del Conocimiento: Las Claves de Enoc, traducido en diez idiomas desde entonces, como una matriz para la interrelación entre el lenguaje y la genética en el uso del nombre de YHVH. En cuanto a los códigos de combinación del ADN que conforman los muy complejos aminoácidos, El Libro del Conocimiento: Las Claves de Enoc®, Clave 202, delinea al código del ADN como una serie de matrices.
La primera y fundamental matriz cúbica consiste de las permutaciones del Tetragrámaton, las cuatro letras en Hebreo que se traducen como Yahweh (Yod- Heh-Vav-Heh). Esta matriz se denomina 'Palabra-Espíritu'. La tabla 'Palabra-Espíritu' se conforma de las tres letras del Nombre Divino que, en varias combinaciones, crean las 64 celdas. Aunque el Nombre Divino se escribe con cuatro letras, utiliza sólo tres del alfabeto (Y-H-V, con la H repetida), tal como el ADN o el ARN tienen cuatro nucleótidos como "letras" pero solamente se leen tres a la vez para formar el codón que codifica los aminoácidos de nuestro cuerpo.
El Nombre Divino no es estático, al igual que las secuencias del ADN, y se puede volver a combinar para diferentes funciones (V-H-Y-H-Y-V-H-H-V, etc). Se nos dice en Juan 1.1: "En el principio era la PALABRA, y la PALABRA estaba con Dios y la PALABRA era Dios", y cita un acto creativo con la PALABRA que proviene del Divino Yod-Heh-Vod-Heh como el código Dios dentro de la creación. Después de la primera y fundamental tabla "Palabra-Espíritu", finalmente, continúa la secuenciación para conformar la tabla matriz de los nucleótidos del ADN que, a su vez, codifican las secuencias de los aminoácidos mientras que las otras caras del cuadrado (cubo) adicionan otras secuencias matemáticas y sonoro vibratorias.
Ha tomado varias décadas de investigación poder comprender la vastedad de los mecanismos codificadores del ADN humano. A principios de 1970 los investigadores que trabajaban con La Academia para la Ciencia Futura confirmaron la existencia de un verdadero "código" en el nivel de nuestra estructura genética que co-evoluciona la vida de acuerdo a un plan evolutivo superior.
Esto desafía la inherente indeterminación del mundo físico mismo y muestra niveles superiores de simetría y equilibrio, es decir, un mundo no dominado originalmente por la llamada teoría del caos. Puesto de manera simple, existe un proceso triple o trinitario que imprime las instrucciones genéticas de la secuencia de aminoácidos gobernados por la interacción de las tres letras del Nombre Divino- YHV- usadas para crear los veinte aminoácidos básicos.
Entiendan que el código genético humano, por un lado, es la 'tabla de instrucciones' única de funcionamiento del genoma humano con la gran variedad de instrucciones en la evolución del cuerpo humano validada por la investigación y el descubrimiento científico. Den un paso más y entiendan que en las enseñanzas místicas de las escrituras sagradas (el textus receptus en Occidente) el mismísimo manual de instrucción para el cuerpo humano en la forma de las moléculas de ATP es sostenido por la Palabra de Dios como un alfabeto de instrucción biofísica para los ingredientes sustentadores del bio-traje que arropa a cada persona como una biocomputadora.
El Libro del Conocimiento: Las Claves de Enoc® da a entender que hay un patrón preexistente del ADN arriba que se refleja abajo en la organización del material dador de vida, estableciendo un homomorfismo. El Código Divino de "letras" opera como un mecanismo disparador de codificación y re-codificación y muestra la dependencia sensible de toda la vida humana en las condiciones iniciales del lenguaje vibratorio que existe en otro plano de realidad parafísica.
En suma, la relación entre el código lingüístico del Nombre Divino y las partes celulares de la estructura humana puede ser vista en cuanto a la forma-onda del ADN de una cierta frecuencia vibratoria que compone la biocomputadora humana a través de 64 áreas celulares de una compleja matriz.
El Código Divino es el mecanismo codificador comunicado a través de rangos de micro señales, donde el vínculo vibratorio forma la "materia genética" dentro de las células como un patrón de flujo de energía Divina. El cuerpo es visto como un bio-traje de luz (lightware; n. de t. programa de luz) que opera vía un lenguaje de luz bioquímica que da millones de instrucciones por segundo. La identidad de cada individuo se alberga en este laberinto interno de letras químicas que equipa al genoma completo con el mecanismo anímico de la vida.
Únicamente podemos salir de la inconciencia y entender las instrucciones codificadoras superiores al seguir el hilo de la vida en las letras de los Nombres; la persona que ha perdido este hilo se pierde en el laberinto del cuerpo y la mente. Una persona así es impotente porque construye su torre hacia el cielo con promiscuidad mental, fijándose sólo en los ladrillos y en las partículas de su cuerpo y no en la fuente del biotransductor. Los secretos que constituyen el "pegamento" que mantiene juntos los ladrillos quedan olvidados y hasta desatendidos por la arrogancia del intelecto.
En la Academia hemos usado Nombres Divinos específicos de Dios que han sido compuestos lingüísticamente para estados superiores de creatividad, particularmente, el nombre principal del Padre Eterno Divino (YHVH y sus permutaciones). Más específicamente, hemos encontrado las reacciones generadoras de energía que se producen al cantar o pronunciar un Nombre Divino como mantra, junto con la energía de la música pueden incrementar el flujo de energía en ciertos individuos y demostrar, por un proceso de retroalimentación, que la salud corporal depende de las enzimas apropiadamente conformadas y concentradas que, a su vez, dependen de un ADN y un ARN sanos en el núcleo de nuestras células.
No sólo las resonancias musicales actúan como disparadores de nuestros estados de ánimo, la investigación demuestra que cuando se le aplican diferentes frecuencias al cuerpo no sólo se producen células que combaten infecciones, sino que el sonido o ciertas frecuencias específicas podrían usarse directamente para destruir bacterias invasoras. Tanto sus vibraciones sonoras como los Nombres Divinos deben ser usados con sabiduría y entendimiento, en cuanto a la profundidad y enfoque de cada Nombre y Letra, para la alabanza del Dios Viviente y Su servicio, ya que, particularmente, existe la tentación de usar el Nombre para obtener poder o poder material.
Los Nombres de Dios NO deben ser usados para mejorar el estado financiero u obtener beneficios materiales.
Los Nombres de Dios no deben ser usados o invocados por razones vanas, ni deben ser usados para una aplicación puramente individual, ni deben ser usados, exclusivamente, como un medio para sintonizarse al Divino.
Los Nombres son sólo un pequeño componente del holismo más grandioso de la Sabiduría que debe incorporar oración, estudio, meditación, enseñanza y sabiduría en un modo de vida santo.
Durante muchos siglos de tradición los Nombres Divinos fueron usados cuidadosamente por sacerdotes, rabinos, místicos y estudiosos de las religiones para servir a las necesidades de la condición humana sin recibir reconocimiento personal o recompensa monetaria por hacer el trabajo de Dios para Su gloria.
Cada Nombre Sagrado ilustra un poder o atributo de Dios. Por ejemplo, ABBA (Padre), YAHWEH (El Dios de Israel) y EL EL ELYON (El Dios Más Alto) tienen diferentes nombre/naturalezas y, sin embargo, son el mismo Dios.
Creo que las diferencias en el nombre/ naturalezas de Dios son la razón de la existencia de grandes y diferentes religiones tales como el Judaísmo y el Cristianismo.
Los diferentes nombres/naturalezas son también la razón de que existan diferentes denominaciones: Hinduismo, Budismo, Catolicismo, Bautistas, Metodistas, Judíos Ortodoxos y hasta Musulmanes. Cada grupo le da forma a su propio sistema de creencias (ethos) basándose en su propio concepto particular de uno o múltiples nombre(s)/ naturaleza de Dios.
Pensamos que esta es la razón primordial de que, como comunidad humana, no nos llevemos muy bien y esperamos que dentro de poco cambiemos para mejorar con el uso más grandioso del poder y la resonancia que está detrás de los múltiples Nombres de Dios.
En resumen, el propósito que está detrás de los Nombres Divinos es una carta de amor de instrucción y habilitación para llevar a cabo buenas obras, incrustada en la estructura humana célula por célula, para poder compartir en un compañerismo ecuménico para un futuro positivo que nos lleve de nuevo hacia la onda de Luz.
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Última actualización Friday, April 28, 2006
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