VUESTRAS HIJAS E HIJOS.
Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Son hijos y las hijas de la Vida, deseosa de perpetuarse.
Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y aunque están a vuestro lado, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis cobijar sus cuerpos, pero no sus almas.
Porque sus almas viven en la casa del porvenir que está cerrada para vosotros, aun para vuestros sueños.
Podéis esforzaros en ser parecidos a ellos, pero no busquéis hacerlos a vuestra semejanza.
Porque la vida no se detiene ni se distrae con el ayer.
Gibran Khalil Gibran.
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Te
alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey,
y bendeciré tu Nombre eternamente;
día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande
es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!
Cada
generación celebra tus acciones
y le anuncia a las otras tus portentos:
ellas hablan del esplendor de tu gloria,
y yo también cantaré tus
maravillas.
Ellas
publican tus tremendos prodigios
y narran tus grandes proezas;
divulgan
el recuerdo de tu inmensa bondad
y cantan alegres por tu victoria.
El
Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.
Que
todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que
anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
Así
manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para
siempre.
Salmo 145.
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QUIERO HACER CON MI VIDA UNA ORACIÓN (Mt 27,38; Mc 15,27; Lc 23,29-44; Jn 19,26-28) Por: Emma-Margarita R. A.-Valdés
Quiero hacer con mi vida una oración, agradecer tus gracias y tus dones, pedirte, mi Señor, que me perdones, y poner a tus pies mi corazón.
Yo quiero compartir tu redención, basar en tu verdad mis ilusiones, servirte diligente en tus misiones y, al final, merecer tu bendición.
Eres mi amor, mi amigo, mi cobijo. Como al ladrón, que tu bondad bendijo, condúceme hasta el Reino de tu Padre.
Oye el ruego que humilde te dirijo, dile a María: Ahí tienes a tu hijo. Y dime: hijo, ahí tienes a tu Madre.
Emma-Margarita R. A.-Valdés (Del libro "Versos de amor y gloria" |
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