| NUNCA ES TARDE PARA SENTIRSE PLENAMENTE
VIVO | ||
Por favor, deténgase. Deje de correr. No importa que no nos
conozcamos. Siéntese. No se asuste. Sé que la espiritualidad no le
interesa, porque me lo acaba de decir. No importa. La vida nos está
regalando la oportunidad de compartir un instante. Puede que le resulte
extraño. Lo comprendo. En unos momentos sabremos por qué el destino cruzó
nuestros caminos. Aprenda a confiar. Respire profundo. Sienta la vida. Su
universo y el mío son convocados a un mágico encuentro.
Si considera que hablando desahogará su tensión, lo escucho... Tiene
razón. No está acostumbrado a que lo pare un desconocido por la calle y le
pida que se siente a dialogar. Estamos viviendo tiempos raros, ¿no? Podría
robarle o intentar golpearlo si estuviese resentido por mi mala suerte.
Quédese tranquilo, mi locura es sana. Sé que mis comportamientos son
atípicos, pero disfruto abriendo mi corazón.
No se aleje. La sensibilidad no tiene que ver con asuntos sexuales.
No se deje confundir por la mente. Abra también su corazón y podremos
hablar el mismo lenguaje. Nos comunicaremos más allá de las palabras.
¿Cree que será menos hombre por eso? Sentir es lo que impide que veamos al
otro como un medio para alcanzar nuestros fines, es lo que nos impulsa a
renovar la confianza en que nunca es tarde para empezar de nuevo, es lo
que facilita que el amor brote sin pausas y la esperanza siga
latiendo.
Espere. No se vaya. Aunque corra más rápido el día no le alcanzará.
La sensación de aceleración que está experimentando no se debe a que esté
envejeciendo. Pregúntele a los jóvenes, comparten la misma impresión. El
día se acortó para todos. Por más que en cada jornada el reloj marque
igual cantidad de minutos, la sensación es que el día tiene sólo 16 horas,
por eso nunca nos alcanza. Busque en internet sobre la resonancia Schumann
y entenderá lo que le digo. Quizás descubra que no corre porque esté
apurado, sino porque siente que la vida se le escapa.
Míreme a los ojos. Preste atención. Escúcheme con todo su ser: si
siente que la vida se le esfuma, ¿por qué sigue negándose a cumplir con
sus anhelos más profundos?. Las limitaciones están dentro nuestro. Deje de
jugar al pobre de mí. Crezca. Asuma su poder co-creador. Llame de regreso
a la voluntad y a la actitud positiva, dígales que no está dispuesto a
dejar morir sus sueños. Anúncieles que está de pié y con la firme
determinación de emprender su obra más preciada, ser feliz. Así me
gusta... Sus ojos están brillando. Su rostro se ilumina. Un ángel le está
dibujando una cálida sonrisa, déjesela para siempre. Sienta la tibieza de
sus lágrimas. Relájese. Experimente la sanación de su cuerpo
emocional.
Ahora lo sabe. No era difícil. Sólo tenía que animarse a cambiar.
¿Vio que no perdió su hombría por abrir el corazón? Sí, sonría, usted ya
no es el mismo. Acaba de renacer. Agradezco la oportunidad de presenciar
la transformación de un hombre en un HOMBRE. De ahora en más, a donde
quiera que vaya, marcará la diferencia. Su vibración ayudará que otros
anhelen vivir en paz y comprendan la importancia de sentirse en armonía.
Aunque le cueste asimilarlo, este encuentro no fue casual. Nada está
librado al azar. La sincronicidad agendó esta cita. La vida quería
enseñarle que la espiritualidad no consiste en vestirse de blanco, saber
recitar un mantra o en decir de memoria una oración religiosa, sino en
abrir el corazón para sentir. Vuelvo a agradecer. Ser testigo de la luz
que libera el espíritu cuando vuela renueva mi confianza en la
existencia.
No lo demoro más. Ojalá dentro de muy poco lo vea, sentado en este
mismo banco de la plaza, hablando con un desconocido. Quiera Dios que se
atreva a dar el paso que marcó la diferencia. Ahora comprendo mi
enseñanza. ¿Quiere saber cuál fue el paso? El que hizo que me acercara a
usted, movido por mi corazón, venciendo mis temores y prejuicios. Para
todos comienza un nuevo año, para usted comienza la vida. Gracias por
ayudarme a crecer. Siempre recordaré este mágico
encuentro. |
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"El corazón de la existencia"
(Por Julio Andrés Pagano)
10 de Septiembre, 2007
Cataratas de mensajes
negativos alteran tu campo áurico. Frases y más frases destructivas menoscaban
tu vibración. Cuesta mantenerse equilibrado en medio de las contradicciones. La
atmósfera está saturada de preocupación y desconsuelo. ¿Me podés escuchar?
Necesito que silencies el ruido de tu mente. Quiero invitarte a que vayamos
hacia dentro. Viajemos, juntos, hacia el corazón de la existencia.
Tantos ruidos desarmónicos no sólo ensordecen, sino también distraen
nuestra atención y nos bloquean, fue por eso que te pregunté si me podías
escuchar. Sin querer, nos vemos envueltos en oscilaciones anímicas que nos
marean y conducen a estados de inconsciencia que creímos trascender. ¿Comprendés por qué te invito a que vayamos hacia dentro?
Vamos a recordar.
Aquí conversaremos en calma. ¿Cuánta diferencia, no? Esa bella y apacible luz, que nos está envolviendo con amor, es la misma que muy pronto se sentirá en la superficie de la Tierra, a medida que más personas conecten son su verdadera esencia y se expresen desde su centro, de manera unificada. Respiremos profundamente. Impregnemos nuestro ser con la energía sanadora del silencio que mora en esta profundidad. Dejemos que las tensiones se desvanezcan. Disfrutemos de esta paz.
Prométeme que cada vez que me veas aturdido, por la desesperante confusión que impera en la periferia, me traerás hasta acá, sin dudarlo tan siquiera un instante. Nada se compara con este paraíso interno, por donde fluye el cautivante río de la consciencia. Acá me siento pleno, al igual que vos, por eso quiero darte las gracias por haberme acompañado.
Seríamos más que egoístas si no hiciéramos el esfuerzo de ayudar a que otros ingresen, conscientemente, a disfrutar de esta sublime frecuencia. Sé que conocés muy bien este lugar inmaculado, pues es aquí donde nuestros espíritus se reúnen a celebrar y danzar de alegría. Este es el espacio que conecta todos los corazones, sin distinción, y sincroniza nuestro sentir. Cada uno lo llama del modo que más le resuena. A mí me gusta decirle... el corazón de la existencia.
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