Por Jascha
En estos últimos días, me ha tocado la sincronía de conversar con personas que me han contado lo que esperan conseguir de su camino espiritual, unos me manifestaron sus intenciones de obtener algunas habilidades extraordinarias, como realizar viajes astrales, despertar sus condiciones clarividentes y cosas de ese estilo, otros me contaron que deseaban logros en el plano material, tales como cerrar negocios, resolver un juicio o comprar una casa. Incluso una persona me contó que se sentía algo desilusionada de la espiritualidad, pues sus deseos no se cumplían de la forma en que le gustaría que lo hiciesen.
Sin ánimo de querer desvalorizar los logros mencionados por lo demás muy respetables, escucharlos me ha hecho reflexionar, respecto a qué es lo que yo espero conseguir del camino espiritual que estoy recorriendo.
Sin duda todos tenemos deseos, necesidades insatisfechas, cosas que añoramos, ya sean estás bienes materiales, habilidades extraordinarias, capacidad de sanarnos u otras.
En mi caso, este maravilloso camino espiritual, vino a regalarme la paz interior que por tantos años anhelé y que tanto extrañé. Si he de ser honesta, en términos concretos mi vida no ha cambiado mucho, pero lo que sí ha cambiado radicalmente es mi capacidad de disfrutar lo que tengo.
No he adquirido habilidades especiales, aunque algunos piensen que conversar con mi Ser Superior es algo extraordinario, yo insisto que es algo tan natural como respirar, sólo que nos hemos olvidado de hacerlo, no es necesario cumplir requisitos ni ser “especial”, sino sólo entender que desde la mente no recibiremos las respuestas que buscamos y permitirnos escucharlas desde nuestro interior.
Nuestro Ser Superior no es un ser que nos viene a mostrar su superioridad, sino que por el contrario nos viene a recordar nuestra superioridad, no respecto a los demás, sino respecto a la pobre apreciación que tenemos de quienes somos. Cuando comprendemos nuestra superioridad, podemos escoger conectarnos con la alegría de vivir como si cada día fuese un presente que la existencia nos da.
¿Es todo en mi vida como yo quiero? Si he de ser honesta, debo confesar que me es bastante difícil definir lo que deseo, pues un día quiero una cosa, otro día otra, a veces respecto a un tema deseo algo, pero en referencia a otro tema, deseo algo completamente opuesto. Ni siquiera sé si mis circunstancias son como yo quiero, lo que si sé es que mi mayor anhelo y logro es aprender a amar mi vida y sentirme en paz con lo que la existencia me provee como experiencia.
Son tantas y tantas las bendiciones que hay en mi vida, que sería imposible enumerarlas, como estoy segura son incontables las bendiciones que hay en tu vida, entonces a qué objeto detenerme a prestar atención a aquellas partes que con mi escasa visión considero poco favorables, cuando quizás tengan una intención que no soy capaz de detectar y terminarán siendo una bendición o fuente de un valioso aprendizaje.
Para mí el mayor logro de mi camino espiritual, no ha sido tener tal o cual logro, sino que: ¡He aprendido a disfrutar!
¿Qué espero para el futuro?: seguir aprendiendo a complacerme de toda y cada una de las circunstancias que la existencia me regale, incluidas aquellas que definimos como dolorosas o poco afortunadas, en la certeza y claridad de que todo lo que me sucede tiene un sentido que pronto descubriré y que se ensamblará con esas bendiciones que sí soy capaz de reconocer, llenándome una vez más de esa maravillosa sensación de sentir que todo es PERFECTO como ES.
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Por Jascha
Como todos me he pasado la vida, buscando algo en la existencia que me permita entender el sentido de este caminar, no siempre alegre ni divertido y que a veces parece estar lleno de tanto afán.
Como todos, busco y busco sin hallar, hasta que por fin comprendo que no hay nada de que encontrar, pues todo lo que pudiera buscar, está allí en ese espacio infinito que es mi interior sagrado, siempre dispuesto su verdad a revelar.
A partir de ese momento, llena de alegría y plenitud, continuo mi caminar pero esta vez sin buscar, simplemente disfruto la alegría de avanzar hacia ningún lugar. En ocasiones me detengo y miro con preocupación a mis compañeros de ruta que no paran de buscar, sin comprender que no hay nada que encontrar. -Lastima por ellos, me digo, se están perdiendo la alegría de disfrutar este camino sin igual.
Pero un día, la tentación acecha, me distrae y me vulnera, -aquí afuera, me grita, -aquí afuera está eso que tanto te afanas por lograr, me detengo y le creo. Mis ojos se enfocan buscando “eso” externo que me dará tanta felicidad.
Salgo de mi interior, ilusionada y me lanzo a incursionar, al principio la promesa parece cumplirse y me llena de ilusoria y animada banalidad. No atiendo las señales, ni escucho los susurros de mi interior que me invitan a regresar, me dispongo nuevamente a experimentar el juego de la dualidad.
Subo y bajo, en un tobogán emocional. Pasa un día, pasan dos, pasa otro, ya no sé, y me comienzo a marear, se me olvida disfrutar, heridas olvidadas comienzan a supurar, intentado protegerlas, daño a otros en mi revolotear, avergonzada me detengo a reflexionar.
Pero sólo un momento, pues no soy la misma que inició su peregrinar, esa que buscaba sin parar, ya conozco ese lugar donde no hay nada que buscar. Sin deseos de detenerme a sollozar, lamiendo mis heridas, me sacudo y sin más, vuelvo a mi interior, feliz de regresar, atrás queda la dualidad. Lamento mucho si mis aleteos marchitos golpearon a alguien en mi experimentar, -lo siento, te amo, repito sin cesar.
De vuelta al hogar, despliego mis alas doradas en la conciencia que no saben dañar.
Bendigo la oportunidad que la existencia me acaba de regalar, comprender que soy una más en este caminar, humildad es el regalo que esta experiencia me da.
Quizás saldré aún muchas veces más a jugar con esa predictible dualidad, que tanto nos tiene que enseñar, pero ya no me importa, pues tengo la certeza de poseer las llaves de mi refugio personal, aquél donde habita mi divinidad.
Mucho se ha dicho, mucho se ha escrito sobre la importancia de vivir en el Aquí y Ahora, en tiempo presente.
Pareciera que mientras más se escribe al respecto y mientras más se repite sobre el tema, más ingeniosos se vuelve la mente a la hora de crear mecanismos que te alejen del presente precioso.
Es muy fácil detectar tu capacidad de estar en el Aquí y en el Ahora, pues en ese instante se manifiesta tu divinidad, lo que es lo mismo que conectarte con tu alegría y paz interna.
Todo aquello que te aleja de la plenitud que habita en ti, ya sea llevándote a un mundo de preocupaciones, de ensoñaciones, de lamentaciones, de programaciones, no viene de tu divinidad sino que lo genera tu incapacidad de este anclado en el presente.
Recordar lo que ya fue y elucubrar sobre lo que será, son quizás las formas más directas de salirse del presente. Pero existen otras mucho más sofisticadas, todas ellas mecanismos egóticos, basados en focalizarte en lo que no te gusta de tu realidad. Cuando pones tu atención en lo que no te gusta de tu vida actual, lo que estás haciendo es: o bien comparar con hechos del pasado que sí te agradaron, o bien, imaginar hechos del futuro que sí te gustarán y te pierdes la posibilidad de disfrutar.
Cuando estás en el presente: no hay juicio, sólo hay experiencia; no hay comparación, sólo se vive lo que ES; no hay ensoñación, pues estás despierto; no hay lamentación, hay aceptación; no hay preocupación, hay confianza; no hay programación pues hay entrega.
Tu divinidad que Soy Yo en ti, se deleita mostrándote las maravillas que tu vida te regala, te sopla al oído esas bendiciones que podrán pasar desapercibidas a los demás, pero no a ti.
Ante ti se revela un mundo dorado, con personas sonrientes, donde el canto de los pájaros es la melodía que te acompaña, donde en cada experiencia hay un aprendizaje que te maravilla, donde tu creatividad fluye sin obstáculos, donde la magia es posible, donde el amor hacia ti mismo es una realidad.
Ese mundo maravilloso esta Aquí y Ahora esperando que lo descubras, sólo requiero de tu voluntad para develártelo.
No te recrimines a ti mismo, cuando te des cuenta de lo poco que permaneces en este estado, simplemente ríete, respira profundo, agita tu cabellera y cuando lo desees, retoma alegre la senda del único camino que te muestra la verdadera naturaleza de tu Ser.
En el Aquí y en Ahora se encuentra el presente precioso de tu esencia divina, que Soy Yo que eres tú y que te musita al oído que todo es perfecto.
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