2012-02-06-abpnoticias-Antonio Leal-gramscimania-
Aspectos que
destacan en la búsqueda de Gramsci entre los jóvenes de hoy es seguramente que
su elaboración se inscribe en una corriente que coloca de relieve el factor de
la subjetividad, de la espiritualidad, de la ética, de la estética,
estableciendo un nuevo nexo entre sujeto y objeto, entre medio y fin, que
permite descubrir en ellos profundas categorías que no fueron parte de la
tradición marxista clásica.
El pensamiento de Antonio Gramsci parece
estar de regreso en la reflexión de muchos líderes estudiantiles que han
encabezado las protestas en Chile el año 2011. Esto ocurre también en otros
lugares del mundo donde se habla por parte de los jóvenes de las revueltas con
soltura de “hegemonía”, “sociedad civil”, “catarsis” y otros términos que forman
parte del léxico gramsciano. El interés por descubrir el pensamiento de Gramsci
se liga a la nueva subjetividad surgida como efecto de la crisis de la economía
internacional dominada por el modelo neoliberal, por los efectos de la
globalización y el impacto de la revolución digital en las
comunicaciones.
Aspectos que destacan en la búsqueda de Gramsci entre los
jóvenes de hoy es seguramente que su elaboración se inscribe en una corriente
que coloca de relieve el factor de la subjetividad, de la espiritualidad, de la
ética, de la estética, estableciendo un nuevo nexo entre sujeto y objeto, entre
medio y fin, que permite descubrir en ellos profundas categorías que no fueron
parte de la tradición marxista clásica.
Muchos estudiosos han calificado
a Gramsci, Bobbio entre ellos, como el “teórico de la superestructura”. Esta
calificación es útil pero reductiva ya que Gramsci es el teórico del bloque
histórico y siempre subraya el significado de la interrelación entre ambas
esferas, es más, se siente incómodo en esta definición, va mas allá y establece
que el propio proceso productivo es necesario enmarcarlo no solo en la visión de
la economía sino también en el de la filosofía de la praxis. Dicho esto, lo
cierto es que Gramsci reconceptualiza y reubica formulaciones filosóficas y
políticas anteriores para determinar un nuevo escenario cultural.
Desde
el punto de vista metodológico, Gramsci supera una forma de aproximarse a
los problemas que fue típica de una parte de la izquierda marxista: ver la
realidad filtrada por un conjunto de pre-supuestos más que como un proceso de
descubrimiento de las novedades. Gramsci es un crítico implacable de las
tesis reconstituidas, de los “objetivismos” y de los “determinismos” económicos
que caracterizaron una parte importante de la elaboración del marxismo
clásico.
El busca desentrañar el saber, el conocimiento, a partir de los
procesos y de las complejidades analíticas que detrás de ellos se encierran.
Pero, además, busca establecer la supremacía de la razón para comprender la
conflictualidad, las contradicciones, los aspectos globales, la visión de
conjunto de los fenómenos y su proyección, la creación de una voluntad
colectiva como base de la hegemonía en sus diversas fases, que es justamente lo
que permite pensar la “gran política” que es el verdadero objetivo filosófico de
Gramsci.
Son notorias las novedades y la flexibilidad de los instrumentos
en las categorías gramscianas y la forma no definitiva con que cada una de ellas
son presentadas por Gramsci.
La primera está constituida por la
dialéctica entre estructura y superestructura, por la importancia de las
culturas nacionales, por la fuerza de la subjetividad colectiva, por la acción
política de las masas. La segunda, está constituida por la supremacía de la
política y por la constitución de los subalternos como fuerza no solo dominante
sino dirigente. Nace la valoración de la irrupción de las masas en la historia
que se transforman en protagonistas de la construcción de lo nuevo. El tercer
núcleo es la constitución de una nueva visión, no catastrofista, de las crisis
endógenas del capitalismo y de sus eventuales salidas.
Otro aspecto que
subyace dentro de la originalidad del pensamiento gramsciano es su realismo
historicista como una visión integral de la vida y de la política ubicada en una
consideración de los procesos singulares, nacionales, en los cuales las clases
subalternas construyen su hegemonía.
Por ello es que el realismo
histórico de Gramsci, en los Cuadernos de la Cárcel, se liga a Maquiavelo, a su
consideración de la autonomía de la política e introduce las consideraciones del
florentino dentro de su filosofía de la práctica inspirada en Marx, lo cual se
constituye en una inspiración en la creación de la concepción del bloque
histórico. Es la ética, a su vez, lo que permite a Gramsci, en esta proficua
relación teórica con Maquiavelo, no subsumirse solo en la política como táctica
en la configuración de su estrategia.
Es la polémica con el
antipositivismo lo que impulsa a Gramsci a concebir la realidad, sea natural que
política, como continuamente modificable por la cultura, por la voluntad, por la
conciencia, por la acción, lo cual permite colocar la subjetividad en el centro
de la elaboración gramsciana.
Por ello la visión sobre la ideología deja
de ser en Gramsci un factor negativo o neutro y se transforma en un factor
positivo. Es el propio Gramsci quien señala “que un potencial error en la
consideración del valor de las ideologías se debe al hecho de que se da el
nombre de ideología tanto a la superestructura necesaria de una determinada
estructura como a las elucubraciones arbitrarias de determinados individuos. El
sentido peyorativo de la palabra se ha hecho extensivo, y eso ha modificado y
desnaturalizado el análisis teórico del concepto de ideología”.
Lo
interesante es la originalidad de Gramsci y de su elaboración, la forma como
este coloca caminando de pie el marxismo después de su paso “ruso” y lo traslada
a occidente, creando o reinterpretando un conjunto de categorías políticas y
filosóficas construye una verdadera ciencia política y una teoría del estado, de
la superestructura, completamente nueva dentro del marxismo y mas allá de
él.
La supremacía de la Política como idea fuerza resume mejor que
ninguna el aporte del gran pensador sardo a la filosofías y a la política.
Cierto, Aristóteles y Maquiavelo, liberan la política y Gramsci repite en
su obra la expresión del filósofo griego del hombre como “animal político”. Para
Aristóteles, que visualizó y determinó antes que nadie la autonomía de la
política, la politicidad era natural – pasiva. Para Gramsci, más de dos milenios
después, el hombre es esencialmente político porque en “la actividad para
transformar y dirigir conscientemente a los demás hombres realiza su
“humanidad”, su “naturaleza humana”. Este pensamiento de Gramsci lo dice todo
respecto del peso de la subjetividad humana, de la construcción de identidad y
de la realización personal ligada a las transformaciones sociales y
políticas. Y es eso lo que en fondo hoy está en las
calles.