Google Groups no longer supports new Usenet posts or subscriptions. Historical content remains viewable.
Dismiss

(IVÁN): FELIZ DÍA DE LA MADRE 2010 A TODOS: (israel.shabbatshalom,shamash.shabbatshalom)

0 views
Skip to first unread message

valarezo

unread,
May 12, 2010, 7:44:29 PM5/12/10
to

Sábado, 08 de mayo, año 2010 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica

(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)

(FELIZ DÍA DE LA MADRE A TODOS. En este Día de la Madre honoramos su
presencia e influencia muy especial y hasta singular en nuestras
vidas, por todos los rincones de la tierra. Le damos gracias a nuestro
Padre celestial, por darnos un ser tan querido por nuestros corazones
y, además, capaz de amar grandemente a todos sus hijos e hijas que
nuestro Padre celestial le concede para cuidarlos y levantarlos en la
vida, por el poder de su nombre salvador.

Además, le damos gracias a nuestro Padre celestial por cada una de
ellas, especialmente por la nuestra, la única de nuestros corazones,
desde el momento que nos concibe en su vientre materno para enseñarnos
a amar grandemente por vez primera, en nuestras vidas y para la
eternidad también. En ella conocimos nuestro primer amor, para amar
todas las cosas buenas de la vida, como amar grandemente con su
Espíritu Santo a nuestro Padre celestial y a su Hijo amado, por
ejemplo, en esta vida y en la eternidad también, eternamente y para
siempre.

Sin su amor materno, quizás no se encendería jamás la flama del
verdadero amor que nos lleva a nuestro Señor Jesucristo, para entrar
en la presencia santa de nuestro Padre celestial y aprender a amar de
verdad todas las cosas buenas y justas de la vida, en la tierra y
hasta más allá de la eternidad venidera, sin duda alguna. Por ello,
sobre su ceno y en sus brazos, conocimos el calor de la seguridad que
nuestro Padre celestial nos concede día a día al amarnos grandemente
como a sus ángeles fieles y gloriosos del cielo, pero únicamente por
medio de su Hijo Jesucristo.

Y es éste amor de madre, el cual nuestro Padre celestial añora tener
sólo para Él de parte de cada uno de nosotros, para hacer cosas
gloriosas como las que hace con sus ángeles en el cielo a cada hora de
sus vidas celestes, por ejemplo. Ciertamente que como éste amor
original de nuestros corazones por nuestras madres no hay otro después
de él, sólo el amor eterno y antiguo de nuestro Padre celestial y de
su Hijo Jesucristo, el cual jamás se terminara en la eternidad sino
que crecerá para conocer nuevos horizontes de nuestra nueva vida
infinita del nuevo reino de los cielos.

Por eso, nos dice en su palabra sagrada nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, como Hijo de Dios, por ejemplo: el que ama a padre o madre
más que a mí no es digno de mí, y el que ama a hijo o hija más que a
mí no es digno de mí tampoco. Por cierto, este es el gran valor
sobrenatural que nuestro Padre celestial le da al amor único de
nuestra madre, para que nosotros le amemos a él mucho más que a
nuestras madres o padres, en esta vida y en la venidera también,
eternamente y para siempre, para gloria y para honra infinita de su
nombre muy santo.

TENGAN TODOS UN FELIZ DÍA DE LA MADRE, en estos días y por siempre, en
el nombre glorioso de nuestro Señor y salvador Jesucristo. ¡Amén!)

(La siguiente Carta del cielo la escribí para las madres del mundo
entero, para que la lean con sus hijos e hijas delante de nuestro
Padre celestial y de su Espíritu Santo, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo. Y todas las madres que ya están en la eternidad, también
la están pasando muy feliz con nuestro Padre celestial alrededor de su
árbol de la vida eterna, en el reino angelical, para comer y beber por
siempre de las nuevas glorias infinitas de su Dios y Fundador de sus
nuevas vidas celestes, nuestro Padre celestial, ¡El Todopoderoso!)

EL CORDEL SOBRE JERUSALÉN ES EL CORDÓN UMIBILICAL DEL MESSIAS:

Yo me vuelvo con compasión hacia Jerusalén como nunca antes,
manifiesta el SEÑOR a todo su pueblo santo y escogido por Él mismo,
desde mucho antes de la fundación del cielo y la tierra. Pues en ella
será edificada mi Casa de Oración Eterna para las naciones, y el
cordel (el cordón umbilical sangriento) será tendido sobre Jerusalén
para perdón, salud y bendición sin fin de todo aquel que cree en su
corazón y así confiesa con sus labios el nombre salvador de su Gran
Rey Mesías, ¡el Rabino Yeshua jaMashíax!

Por ello, de nuevo se rebosaran sus ciudades por la abundancia del
bien que desciende del cielo, como lluvia copiosa, como del árbol de
la vida, para que abunde también la paz, el gozo, la felicidad, la
compasión y el amor eterno en el corazón y el alma viviente de cada
hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones. Puesto que, la
bendición de nuestro Padre celestial será inicialmente para su ciudad
santa y sus pueblos de todas las razas, familias, linajes, tribus,
ciudades y reinos de la tierra, para que donde haya tinieblas entonces
sea luz por doquier, alumbrando así cada paso de sus habitantes como
de los que van en busca del SEÑOR cada día de sus vidas.

Y todo esto será para bien eterno, para gloria y honra infinita de su
nombre muy santo, el cual tiene que brillar grandemente en el corazón
de todos sus hijos e hijas, como en el corazón de los ángeles del
reino de los cielos, desde el día de su creación por el poder sublime
de su palabra viva. Infaliblemente, el nombre santísimo de nuestro
Padre celestial tiene que brillar grandemente en el corazón de su
Rabino Yeshua jaMashíax, el Hijo de David, y así también en el corazón
de cada uno de sus hijos e hijas, de los cuales salieron de su corazón
santísimo moldeados en sus manos santas en su imagen y conforme a su
semejanza celestial.

Pues, por esto nuestro Padre celestial entrega no solamente a su Hijo
amado, como el Rabino Yeshua jaMashíax para Israel y las naciones,
sino que también entrega junto con él muchas bendiciones sin fin del
Espíritu Santo de su nombre glorioso, el cual tiene que ser exaltado
por todos sus hijos e hijas así como los ángeles lo hacen grandemente
siempre. En la medida en que, su ciudad santa brillara grandiosamente
ante todas las naciones de la tierra, cuando su nombre santísimo sea
conocido desde el corazón glorioso de su Rabino Yeshua jaMashíax, su
Hijo amado, para que las multitudes brillen también con su nombre
glorioso en sus corazones eternos, para miles generaciones venideras.

Y sólo así habrá luz sobre la tierra y ya no más tinieblas como antes,
como cuando Satanás y sus ángeles caídos se rebelan inicialmente en
contra del nombre sagrado de su unigénito, en el corazón de los
malvados de la tierra, por ejemplo, para que no haya conocimiento del
Dios Santo, sino sólo tinieblas y violencia por doquier. Ciertamente,
nuestro Padre celestial manifiesta compasión sobre Jerusalén, su
ciudad santa, porque no solamente su Rabino Yeshua jaMashíax, como el
Hijo de David, vive en ella para vivir cada mandamiento de cada
palabra, cada letra, cada tilde y cada significado eterno del Espíritu
Santo de los Diez Mandamientos, sino también para expandir su gloria
infinita grandemente por toda la tierra.

Para que éste Espíritu Santo de sus mandamientos llegue y toque
grandemente el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de todas las
naciones y así ya no vivan más bajo el poder del pecado de transgredir
siempre su palabra sagrada, sino para que la vivan en sus corazones y
en su diario vivir completamente cumplida y glorificada. Ya que, el
que vive cumpliendo y glorificando por siempre el Espíritu Santo de
los mandamientos de nuestro Padre celestial y de su Rabino Yeshua
jaMashíax como el Hijo de David, entonces es digno de recibir no
solamente el nombre santo de su Dios y Creador, sino también sus
muchas bendiciones sin fin cada día de su vida e infinitamente.

Ya que, con nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, viviendo en nuestros
corazones como el Santo de Dios, entonces ya no vivimos más en las
tinieblas mentirosas de Satanás y de su serpiente antigua, sino que
vivimos en la vida santa y fructífera de su unigénito, su amor sin
igual, como el árbol de la vida eterna de todos nosotros para la
eternidad. Por eso, nuestro Padre celestial hace que su Rabino Yeshua
jaMashíax nazca como su unigénito, cinco millas al sur de Jerusalén,
en un lugar llamado Efrata, lleno del Espíritu Santo de vida eterna
llega a nosotros, la cual seria vivida inicialmente por él mismo en
Jerusalén y por todo Israel, y así también para toda la tierra
posteriormente por sus hermanos.

Además, nuestro Padre celestial hace que su Hijo amado nazca del
vientre virgen de la hija de David, lleno del Espíritu Santo de los
mandamientos, para que no solamente cumpla y glorifique grandemente su
palabra sagrada, sino también para que su nombre santo se riegue por
todo Israel y por todas naciones de la humanidad entera, para
reconciliación eterna. Porque la venida de nuestro Señor Jesucristo,
como el Gran Rey Mesías de Israel, no solamente se manifiesta como el
Rabino Yeshua jaMashíax, prometido inicialmente a los patriarcas de
Israel, sino también para que el nombre santo de nuestro Padre
celestial nazca para quedarse para siempre en Israel, para fin del
pecado y el comienzo de nuestras vidas celestiales.

Porque de esta manera nuestro Padre celestial no solamente establece
su Casa de Oración santa para las naciones, sino que también entrega
para siempre su nombre santo para que sea exaltado grandemente por
todo Israel y las naciones también en nuestros días y para siempre en
la eternidad venidera, del nuevo reino angelical. Por eso, era
necesario que el Espíritu Santo de nuestro Padre celestial entre
inicialmente en el vientre virgen de la hija de David, para que a los
nueve meses no solamente nos dé el cuerpo con los huesos, carne y
sangre santa de su Jesucristo, para que viva los mandamientos de la
Ley sin jamás transgredirlos, sino mucho más aún.

Pues, en el día que nuestro Señor Jesucristo nace del vientre virgen
de la hija de David, entonces rompe la virginidad de su madre
biológica, haciendo que su sangre expiatoria salpicara sobre su cuerpo
santificado, para que no se contaminara jamás por el pecado y la
rebelión de Israel y del hombre pecador de toda la tierra. Por lo
tanto, cuando nuestro Señor Jesucristo nace del vientre virgen de la
hija de David, rompiendo así su virginidad en el día de su nacimiento
singular, entonces fue su misma sangre purificadora la que lo recibe
en el mundo en que vivimos cada día de nuestras vidas humanas en todas
las naciones, empezando en Israel, para salvación eterna.

Y es precisamente esta misma sangre santísima y expiatoria, la cual lo
despide de entre nosotros en el día de su crucifixión, muerte,
resurrección y ascensión de regreso al Padre celestial que está en el
cielo, para convertirse eternamente y para siempre en nuestro sumo
sacerdote de cada día, para abogar por nuestras necesidades en todo
momento. En otras palabras, en el día que nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax nace en Belén de Efrata como el Hijo de Dios, entonces nace
entre todos sus hermanos y hermanas de las doce tribus de Israel, el
nombre santísimo y sumamente todopoderoso de nuestro Padre celestial,
para quedarse para siempre entre todas las familias de las naciones de
la tierra.

Es decir, también para que el nombre santo de nuestro Padre celestial,
como nunca antes, entonces entre en nuestros corazones para perdón,
protección, salud, bendición y salvación eterna, para que de esta
manera lo que es tinieblas se vuelva luz por toda la tierra y para
siempre en la nueva eternidad venidera, de su nuevo reino angelical.
Porque la verdad es que todo aquel que cree en su corazón y así
confiesa con sus labios el nombre sagrado de nuestro Gran Rey Mesías,
el Rabino Yeshua jaMashíax como el Hijo de Dios o el Hijo de David,
por ejemplo, entonces está recibiendo en su vida el nombre glorioso y
sobrenatural de nuestro Padre celestial para salvación eterna.

Además, nuestro Padre celestial nos entrega a su Hijo amado lleno de
su nombre santísimo en su corazón y en su sangre omnipresente y
santificadora, para no solamente destruir todas las artimañas
mentirosas de Satanás y de sus malvados de siempre, sino también para
darnos todas las cosas que necesitemos en nuestro diario vivir. Porque
la verdad es que en nuestro Señor Jesucristo reina por siempre el
Espíritu Santo del nombre glorioso y sublime de nuestro Padre
celestial, para destruir nuestras tinieblas de problemas,
dificultades, enfermedades y hasta muertes eternas de los nuestros y
hasta de nuestras amistades también, en toda la tierra, para que toda
vida sea luz al fin e infinitamente.

Para que con el tiempo la tierra ya no siga siendo tinieblas por culpa
del pecado de Adán y de sus retoños, sino luz de la nueva vida
infinita manifestada entre los hombres de la humanidad entera, por el
nacimiento del nombre santo de nuestro Padre celestial, en el día del
nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Israel, de seguro. Porque la
verdad es que en el día que nuestro Señor Jesucristo nace del vientre
virgen de la hija de David, entonces en aquel mismo día nace entre
todos los hombres por vez primera, el nombre santísimo de nuestro
Padre celestial; algo que jamás había sucedido antes en el mundo
entero, ni así en el cielo con los ángeles, por ejemplo.

Por lo tanto, en el día que nuestro Señor Jesucristo nace en Belén de
Efrata, no solamente recibimos nuestro nuevo cuerpo glorioso lleno de
vida eterna y bendiciones sin fin, sino que también entra a nuestra
vida humana en toda la tierra el nombre santísimo de nuestro Padre
celestial, para quedarse con nosotros como nuestro único Dios eterno,
para siempre. Porque con el cuerpo, huesos y sangre santificadora de
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Padre celestial nos entrega
en su Hijo Jesucristo su misma vida gloriosa a cada uno de nosotros, y
ésta es una vida santísima por la cual jamás quebranta el Espíritu
Santo de los mandamientos ni menos el nombre sagrado de nuestro Padre
celestial.

Entonces nuestro Rabio Yeshua jaMashíax entra al mundo como el Hijo de
David, lleno del Espíritu Santo de los mandamientos y del nombre
sagrado de nuestro Padre celestial junto con el pan de vida y el vino,
de la sangre reparadora del holocausto eterno, para perdón y vida
eterna llena de salud y de bendiciones sin fin, para siempre. Porque
es precisamente éste pan de vida y éste vino del cielo, lo que nos da
a comer y beber del Espíritu Santo del nombre glorioso y sobrenatural
de nuestro Padre celestial, en el paraíso, en la tierra y así también
será por siempre en La Nueva Jerusalén santa y grandiosa del cielo.

Así fue como el nombre sagrado de nuestro Padre celestial nace en
Belén de Efrata, en Israel, para que sea grandemente glorificado por
todos los hombres, mujeres, niños y niñas de todas las familias de las
naciones, empezando en Jerusalén primeramente, por cumplimiento de la
Escritura, para que Satanás muera al fin y su Rabino Yeshua jaMashíax
viva perpetuamente. Además, nuestro Padre celestial hace todo esto con
Israel y sus familias, empezando con la familia de David de la tribu
de Judá, porque nuestro Rabino Yeshua jaMashíax es el Hijo de Dios, el
Santo de Israel y el templo del nombre santísimo de nuestro Padre
celestial, para establecerse en Israel como la Casa de Oración para
todas las naciones.

En verdad, en el cielo y en la tierra, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax
es la Casa de Oración de nuestro corazón y de nuestra alma viviente,
para acercarnos a nuestro Padre celestial en perfecta santidad y
reverencia delante de su presencia santísima, para que oiga nuestras
oraciones, peticiones, ruegos e intercesiones de cada día. Firmemente,
nuestro Señor Jesucristo es nuestro verdadero templo de oración
delante de nuestro Padre celestial, para que su nombre santísimo
siempre actúe en favor de cada uno de nosotros antes las artimañas
terribles e engañadoras de Satanás y de sus ángeles caídos, en todos
los lugares de la tierra.

Por eso, nuestro Padre celestial nos ordena que aceptemos y amemos a
su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, como su Hijo
amado, para que su nombre santísimo se glorifique y siempre esté en
favor de nosotros cuando nos acerquemos a Él con todas las peticiones
de nuestros corazones de cada día, y así no nos falte ningún bien
jamás. Y esto será en oración, por ejemplo, para pedir por nuestro
bienestar, por el bienestar de los nuestros y hasta de nuestras
amistades también; porque la verdad es que nuestro Padre celestial
desea que nuestras bendiciones eternas de cada día no solamente sean
para nosotros, sino para nuestras amistades, en todos los lugares de
la tierra, sin duda alguna.

Así pues, es como nuestro Padre celestial va no solamente a expandir
la gloria de su nombre santísimo en todos los lugares más recónditos
de las naciones, sino también que tocara la vida de muchas gentes,
para salvarlos de la ira venidera del castigo eterno del fuego del
infierno, para los desobedientes y rebeldes a su pan del cielo. Y el
pan del cielo que nuestro Padre celestial nos da abundantemente cada
día es, de modo definitivo, su Rabino Yeshua jaMashíax, su unigénito,
para que nos dé de comer y así también nos dé de deber de su vino de
vida eterna, su sangre santísima en donde está nuestra verdadera vida
de todos nosotros junto con su nombre santísimo.

Además, ésta comida que nuestro Rabino Yeshua jaMashíax nos da a comer
y beber es su mismo cuerpo santísimo, su vida antigua y celestial, su
sangre santísima del holocausto perpetuo, la cual lo recibe en el día
de su nacimiento del vientre virgen de la hija de David y, luego, lo
despide en el día de su crucifixión y muerte. Ciertamente, ésta sangre
es sumamente bendita, la cual recibe al Gran Rey Mesías del vientre
virgen de su madre en el día de su nacimiento, luego lo baña
nuevamente en sangre para despedirlo de entre nosotros sobre lo alto
del monte santo de Jerusalén, y nos sigue protegiendo y bendiciendo
igual hoy en día, con todos sus poderes de salvación eterna.

Por lo tanto, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, como el Hijo de David,
no es solamente el Hijo de Dios, sino que también es el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo entero con su carne, con sus huesos
y con su sangre santísima y santificadora, llena de la vida celestial
de cada uno de todos nosotros. Entonces éste pecado que nuestro Señor
Jesucristo desciende del cielo para quitarlo del mundo entero,
empezando en Israel, es la vida pecadora de cada carne, de cada hueso,
de cada sangre del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de la
humanidad entera, para que la tierra deje de ser tinieblas y pase al
fin a ser luz.

En verdad, ésta es la renovación del cuerpo y espíritu humano de todos
los seres creados en las manos de nuestro Padre celestial, para que
lleven su imagen y vivan conforme a su semejanza celestial en la
tierra y así también en el nuevo reino venidero, por ejemplo, de su
Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo. En otras palabras, nuestro
Padre celestial envía a su Rabino Yeshua jaMashíax como su Hijo amado,
para que quite la carne, los huesos y la sangre pecadora de Adán y Eva
en cada uno de nosotros de todas las naciones, familias, linajes,
tribus y reinos de la tierra, para que ya no vivamos más como Satanás,
sino sólo como Él mismo.

Porque nuestro Padre celestial nos crea inicialmente para vivir para
Él y más no (para vivir) para nadie más, como Satanás y sus malvados
de siempre, por ejemplo, en todas las naciones de todos los tiempos de
la humanidad entera. Además, la única manera en que nuestro Padre
celestial podía alcanzar su propósito divino en cada uno de nosotros,
empezando con Adán y Eva, por ejemplo, ya sea en el paraíso o en la
tierra en que vivimos, seria si su Rabino Yeshua jaMashíax desciende
del cielo para seguir siendo nuestro árbol de la vida, aunque estemos
muertos en pecado aún.

Por eso, era indispensable que nuestro Padre celestial dejara que a su
Rabino Yeshua jaMashíax lo crucificaran sobre todo lo alto del monte
santo de Jerusalén, para cumplir con toda verdad y justicia infinita
prometida a los patriarcas antiguos y así colmarnos de vida eterna,
llena de bendiciones sin fin cada día, para cada uno de nosotros y
para siempre. Porque la verdad es que como Adán y Eva no comieron del
fruto del árbol de la vida en el paraíso, en el día que nuestro Padre
celestial les ordena que lo hagan así, para bendición y salud eterna,
entonces tenían que hacerlo sobre el monte santo de Jerusalén al fin,
y esta vez para toda la eternidad venidera.

Porque ellos ni sus retoños podían regresar al paraíso para comer del
fruto de la vida, ya que una vez que cualquiera que lo rechaza en el
cielo no tiene una segunda oportunidad para retractarse de su error:
pero en la tierra si, el hombre y la mujer si pueden retractarse de su
error para retomar del fruto de vida, para siempre. Por esta razón,
Adán y Eva como palos cruzados y muertos sobre lo alto del monte santo
de Jerusalén tenían la opción obligada de recibir el fruto de vida
eterna, y esta vez con clavos y sangre santísima sobre sus cuerpos
inertes, para volver a la vida eterna, y así también sus retoños por
todas las naciones, comenzando por Israel.

Y sólo así Adán y Eva se desconectaron del cordón umbilical de Satanás
y de la serpiente antigua, para reconectarse esta vez al cordón
umbilical del árbol de la vida eterna, nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, el Hijo de Dios, para volver a vivir en el paraíso, y esta
vez para siempre, sin duda alguna. (Hoy en día, Adán y Eva viven
felices en el paraíso y ya no en la carne, huesos y sangre enferma y
contaminada por las mentiras de Satanás y de su serpiente antigua,
sino que viven en el mismo cuerpo del Hijo de Dios, como de su carne,
huesos y sangre santísima para sentir y vivir la salvación cada día.)

Porque solamente comiendo del fruto del árbol de la vida, su Rabino
Yeshua jaMashíax, creyendo en nuestros corazones y confesando su
nombre salvador como el Hijo de Dios, entonces vamos a abandonar la
carne, los huesos y la sangre pecadora y enferma de Adán y Eva, para
ser reemplazada por nuestra verdadera carne, huesos y sangre
celestial, ¡la de nuestro Jesucristo! Y ésta es la verdadera manera de
vivir nuestras vidas en la tierra, como en la tierra de Israel
obediente a Jesucristo, por ejemplo, o como en La Nueva Jerusalén
santa y gloriosa del cielo, para entonces vivir la felicidad sin igual
de la gloria y honra de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo
rodeado perpetuamente de sus huestes angelicales.

Por eso, cuando nuestro Padre celestial nos ve desde el cielo en el
paraíso o sobre toda la tierra, entonces nos está viendo en la carne,
huesos y sangre rebelde y pecadora a Él y a su Rabino Yeshua
jaMashíax, su Hijo amado, para seguir siendo rebeldes como Adán y Eva
delante de Él y para siempre en la eternidad. Además, nuestro Padre
celestial no nos crea en su corazón santo y con sus manos gloriosas,
para que nosotros llevemos su imagen y su semejanza celestial en
rebelión y pecado eterno, sino para que seamos sus hijos e hijas como
su Jesucristo en el paraíso, en la tierra y así también en La Nueva
Jerusalén santa del cielo.

Por lo tanto, nosotros vivimos en un cuerpo humano exacto al de Adán y
Eva, como en el día que pecan al comer del fruto prohibido del árbol
de la ciencia del bien y del mal, por ejemplo, del cual jamás podemos
escapar para vivir lejos de las mentiras y enfermedades de Satanás y
de su serpiente antigua del paraíso. Sin embargo, si nosotros mismos
reconocemos en nuestros corazones y confesamos con nuestros labios el
pecado de Adán y Eva delante de nuestro Padre celestial, entonces
estamos rechazando el fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien
y del mal, para comer y beber por siempre del fruto del árbol de la
vida, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Ahora, al comer y beber del fruto del árbol de la vida cada uno de
nosotros, en oración y fe, en nuestros millares, de todas las
familias, razas, pueblos, linajes, ciudades y reinos del mundo entero,
entonces estamos reemplazando el fruto prohibido que vive en nuestros
cuerpos para mal, por el fruto de vida eterna para bien, ¡nuestro
Señor Jesucristo! Y es así como nuestro Padre celestial, por los
poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo, entonces puede con cada
uno de nosotros reemplazar no solamente el fruto prohibido por el
fruto de la salud eterna, sino que también reemplaza nuestra carne,
huesos y sangre pecadora por la de su Rabino Yeshua jaMashíax, su
unigénito, para vivir la felicidad eterna desde ya.

Por eso que cada vez que comemos y bebemos del fruto del árbol de la
vida, en oración y fe, delante de nuestro Padre celestial, entonces
poco a poco, pero seguro, vamos cambiando de cuerpo y sangre de Adán y
Eva por el cuerpo santísimo e infinitamente milagroso y sobrenatural
de nuestro Señor y salvador Jesucristo, ¡el Santo de Israel! Para ya
no más vivir en pecado y rebeldes delante de nuestro Padre celestial y
de su árbol de la vida eterna, sino que viviremos en amor eterno, paz,
gozo, santidad, equidad, verdad, prosperidad, justicia, compasión y en
bendiciones de muchas cosas gloriosas de cada día de nuestras vidas y
hasta que finalmente regresamos al paraíso, para quedarnos para
siempre.

Por eso, nuestro Padre celestial se vuelve con compasión eterna hacia
Jerusalén para bendecirla y edificarla, pero no con cosas perecederas
de este mundo sino con las cosas de la vida eterna del reino
angelical, su Rabino Yeshua jaMashíax, para que sea nuestra fuente de
perdón, vida y salud eterna por toda la tierra y para muchas
generaciones venideras. Pues, en ella se manifiesta gloriosamente la
Casa de Oración de nuestro Padre celestial, porque en su día nuestro
Señor Jesucristo nace del vientre virgen de la hija de David, para
nacer bañado en sangre bendita, como en el inicio de un holocausto
infinito desde su nacimiento, el cual jamás tendrá fin delante de
nuestro Padre celestial, eternamente y para siempre.

Pues, es nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, el Santo de Israel, el que
se instala sobre todo lo alto de Jerusalén, como el cordón umbilical
sangriento para entregar bendición, salud y salvación sin fin a cada
hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las naciones de la humanidad
entera. Pues es su vida y sangre santísima la que nos da vida y salud
cada día de nuestras vidas en el paraíso, en la tierra y así también
para la eternidad venidera de La Nueva Jerusalén celestial, para jamás
volver a vivir del cordón umbilical de Adán y Eva, sino la del Rabino
Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor y salvador Jesucristo!

Y si, hoy en día, hay muchos por toda la tierra viviendo del cordón
umbilical de Adán y Eva, entonces están sufriendo males que no
deberían sufrir más, porque nuestro Señor Jesucristo desciende del
cielo para injertarnos a su cordón umbilical que nos da de su pan y
vino de vida eterna, para no sufrir ni morir más, para siempre. Por
ello, vivir cada día conectado al cordón umbilical sangriento, el cual
nuestro Padre celestial tiende con amor eterno sobre Jerusalén, para
perdón, para salud, para bendición y salvación eterna, verdaderamente
es para no volver a vivir jamás la vida pecadora de Adán y Eva, en la
tierra y así también en La Nueva Jerusalén santa y perfecta del
cielo.

Sin duda, éste es el cordón umbilical lleno de vida eterna, del cual
una vez que sale del vientre virgen de la hija de David, para darnos a
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax como el Santo de Israel, jamás se
desconecta del Espíritu humano del hombre, empezando por todo Israel y
así también por todas las naciones de la tierra. Además, nuestro Padre
celestial lo hace así con Israel y las naciones en su día, para que
dejen de vivir en tinieblas del pecado y de la rebelión terrible hacia
su fruto de vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, y más bien vivan
conectados por siempre a la luz de la nueva vida eterna, de su nuevo
reino angelical y universal.

Para que así nuestro Padre celestial ya no vea más al hombre en la
carne, huesos y sangre pecadora de Adán y Eva, sino para que lo vea
cada día y para siempre en la carne, huesos y sangre perfecta y
santificadora de su árbol de la vida eterna, nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, ¡el Santo de Israel y de las naciones! Por amor a su nombre
santo, nuestro Padre celestial aún no remueve su cordón umbilical de
su unigénito, nuestro Señor Jesucristo, alzada sobre lo alto del monte
santo de Jerusalén, para que todo aquel que crea en su corazón y así
confiese con sus labios el nombre salvador de su Rabino Yeshua
jaMashíax, entonces tenga salud eterna desde ya.

Además, esto de estar conectado al cordón umbilical de salud y de vida
eterna, en verdad, es la felicidad infinita de nuestro Padre celestial
y de sus huestes angelicales cada día de sus vidas santísimas del
reino de los cielos, para que cada uno de nosotros también la
disfrutemos en la tierra, y sin Satanás desde hoy y para siempre.
Porque desde el día en que Adán y Eva creen a las mentiras de la
serpiente antigua del Edén, entonces cada uno de nosotros, crea o no,
está conectado, por inicio, no solamente al cordón umbilical de Adán y
Eva sino también de Satanás y de su serpiente mentirosa, para seguir
sufriendo males de problemas, dificultades, enfermedades y hasta
muertes terribles.

Pero, desde el momento que comenzamos a creer en nuestros corazones y
así confesamos con nuestros labios el nombre salvador de nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, entonces nos desconectamos automáticamente
del cordón umbilical de Adán y Eva, para ser conectados al cordón
umbilical de la salud y la vida eterna de nuestro Señor Jesucristo,
para vivir sólo la felicidad infinita cada día. Hoy, no esperes más,
conéctate al cordón umbilical de nuestro Señor Jesucristo, para que
empieces a vivir desde ya la bendición y la felicidad eterna de una
nueva vida infinita de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo,
la cual sólo te hará bien a ti y a los tuyos a cada hora de tu vida
por toda la tierra.

Porque vivir conectado al cordón umbilical de nuestro Señor
Jesucristo, entonces estás conectado a la vida angelical de nuestro
Padre celestial y de su Espíritu Santo, para recibir a cada hora tus
derechos y privilegios celestiales que te pertenecen a ti, por inicio,
desde el día en que fuiste formado en las manos de nuestro Hacedor,
para que seas su retoño infinitamente. Ciertamente, la compasión de
nuestro Padre celestial te seguirá siempre, porque crees en tu corazón
y confiesas con tus labios su obra sobrenatural que hace por ti
milagrosamente, al desconectarte del cordón umbilical de Adán y Eva,
para conectarte inmediatamente por medio del renacimiento de su
Espíritu Santo al cordón umbilical de su Jesucristo, para vivir tu
vida postreramente sin Satanás.

Y una vida sin Satanás, realmente, es una vida sumamente gloriosa a
cada hora de tu vida hasta más allá del infinito; ahora imagínate
vivir conectado a tu verdadero cordón umbilical del Hijo de Dios,
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, será una vida tan gloriosa en la
tierra y así también en la eternidad, sin duda, para que vivas
infinitamente feliz. Tu felicidad te la entrega nuestro Padre
celestial por la compasión que siente por Jerusalén, para que ya no
vivas más agobiado por Satanás y sus mentiras de siempre, sino para
que vivas feliz como los ángeles del cielo, los cuales sirven y adoran
a su Rabino Yeshua jaMashíax como su Hijo amado, ¡el Santo de Israel
para la eternidad!


El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo
dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá:
‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.

SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.

CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó”.

QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.

SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.

SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.

OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.

NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.

DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.


http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?playertype=wm%20%20///


http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx


http://radioalerta.com

0 new messages