(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
(PEACE AND PRAYERS ON SEPTEMBER 11th. On this remarkable day, we
present in prayer before our heavenly Father the sudden departure of
so many of our fellow citizens that went to work on this historic
Tuesday to make a living in the Twin Towers, and they never came home
to their loved ones and friends, because of the misguided ideas of few
strong-willed strangers. Indeed, few individuals with precious living
souls within their inner beings and loved ones at home as well to
return to, unfortunately they did not know what they were doing as
they placed their lives upon the altar of terrorism thus to take away
the lives of so many innocent that they probably never knew or ever
met face-to-face.
They all passed into eternity with the most terrible violence
possible; most of them entered into eternal glory to continue to eat
and drink from the fruit of life, our continuous atoning-blood
sacrifice over our heavenly Father's merciful-altar, Jesus Christ of
Nazareth, while others craved as ever to eat and drink from him, so
they may quench their hunger and thirst forever. These days, our
heavenly Father wills that every one may find peace and eternal life
within the precious and glorious life of His beloved Son Jesus Christ
of Nazareth, so they may eat and drink from him the manna of angels,
and our only food for eternal life on earth and in heaven, so they may
live and never die forever.
In our prayers, we also remember respectfully before our heavenly
Father in His Son's name all the victims of terrorism in America and
around the world too, so He may bless kindly their loved ones and
friends left behind with blessing from heaven and from all over the
earth, so they may continue to enjoy life until Kingdom come.
Honestly, the quietness of terrorism is peace for every one everywhere
around the world these days and in heaven too for angels, so let us
hold firm to the Holy Spirit of faith in our Lord Jesus Christ,
because he is our only Savior and Prince of Peace for our entire lives
on earth and in paradise as well. Amen!)
CON YESHUA (JESUCRISTO) SE CAMINA CON EL ESPÍRITU SANTO SIEMPRE:
¡Nuestro Señor Jesucristo es nuestra fortaleza permanente, porque sólo
él es el Espíritu de salud, protección y vida eterna en cada uno de
todos nosotros, en nuestros millares, de todas las familias de las
naciones de toda la tierra! Además, él tiene poder para hacer nuestros
pies ligeros como de venado para hacernos caminar por todas las
alturas a pesar de estar caminando en tierra firme.
Ciertamente que este es el camino santo, por el cual nuestro Señor
Jesucristo desciende inicialmente del cielo y con poderes especiales
departe de nuestro Padre celestial, para enseñarnos a vivir cada día y
para siempre el Espíritu Santo de Sus Diez Mandamientos cumplidos y de
su nombre sumamente glorioso e infinitamente todopoderoso. En este
camino santo, el enemigo de nuestras almas vivientes no pude poner un
pie sobre él jamás, porque está ungido por el Espíritu Santo de Dios,
para que los que pasen por él entonces se gocen grandemente en cada
momento de sus vidas de sus ricas y abundantes bendiciones del cielo y
de toda la tierra.
Sinceramente, esto es de gozarse a cada instante de sus dones
sobrenaturales de grandes maravillas, milagros y hasta señales
escondidos en su Espíritu Santo, para sanar nuestras vidas de muchos
males terribles y hasta de la amenaza constante del ángel de la
muerte, por ejemplo, con el fin de que nuestros días sean por siempre
protegidos para prosperidad eterna. Por cuanto, el deseo de nuestro
Padre celestial es de que cada hombre, mujer, niño y niña de todas las
familias de las naciones prospere delante de su presencia gloriosa con
la ayuda idónea de los dones sobrenaturales de su Espíritu, ya que
para amarle y servirle a él entonces necesitan ser investidos de poder
sobrenatural desde lo alto.
Por ello, nuestro Padre celestial ha hecho que su Hijo amado, nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, sea nuestra fortaleza de cada día en toda la
tierra y así también para siempre en su nuevo reino angelical, como en
La Nueva Jerusalén santa y perfecta del cielo, por ejemplo, en donde
todos viven infinitamente llenos de gozo y de felicidad celestial.
Pues es ésta fuerza invisible la que nos ayuda y bendice siempre,
protegiéndonos de todos los enemigos terribles de nuestro Padre
celestial y de su Espíritu Santo, por ejemplo, para que jamás perdamos
ninguna de sus bendiciones santísimas de cada día.
En verdad, desde el día en que aceptamos al Señor Jesucristo en
nuestros corazones como el Rabino Yeshua jaMashíax de nuestro Padre
celestial, entonces su SHEKINAK (la presencia del Mesías) está siempre
con cada uno de nosotros y de los nuestros también, como familiares y
hasta amistades, para protegernos del calor del sol y de las noches de
bajas temperaturas. Por eso cuando Satanás y sus malvados de siempre
ven la nube celestial de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax sobre
nosotros, protegiéndonos de su mala presencia y de sus malvados
seguidores, entonces huye asustado enormemente para no volvernos a
molestar más con sus muchas mentiras y males escondidos de siempre,
por ejemplo.
Además, Satanás huye de nosotros asustado para no volver más a nuestro
lado como antes, porque cuando ve la nube celestial de nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, entonces está viendo al Santo de Israel protegiendo
a cada uno de nosotros como sus hermanos y hermanas de la antigüedad o
como a sus mismos ángeles en el reino celestial, por ejemplo. Y es
precisamente éste Santo antiguo de Israel quien no solamente lo
derrota terriblemente en Egipto, en las aguas del mar Rojo y luego en
el desierto hostil, sino que también derrota grandemente a la muerte,
para que sus mentiras no vuelvan hacer daño a ninguno de los hijos de
Dios ni menos a sus promesas gloriosas e infinitamente verdaderas.
Visto que, la buena promesa de nuestro Padre celestial no solamente es
de perdonarnos siempre por medio de la sangre bendita del Holocausto
imperecedero de su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo,
sino también de llenarnos de su Espíritu Santo para que llevemos por
siempre sus mandamientos cumplidos y su nombre santísimo e
infinitamente glorioso y salvador en todos nosotros. Dado que, todo
aquel que camina por éste camino sumamente santo e infinitamente
todopoderoso, lleno de milagros y de grandes maravillas continuamente,
entonces estará ya caminando por las alturas del más allá, como del
mismo reino angelical o La Nueva Jerusalén santa y perfecta del cielo,
por ejemplo, para vivir bendecidos siempre delante de los suyos y
hasta amistades también.
Por esta razón, nuestro Señor Jesucristo le ora a nuestro Padre
celestial abiertamente, diciéndole, por ejemplo: Padre santo que estás
en los cielos protege a todos estos tus siervos en el nombre salvador
que mismo me has dado, porque ellos no son de este mundo así como yo
tampoco no soy de este mundo. Cuídalos celosamente en el nombre
santísimo que me has confiado grandemente como tu Hijo amado, para ser
conocido por siempre como tu consagrado Rabino Yeshua jaMashíax, para
que ellos no caigan más en las trampas de Satanás sino que vivan por
siempre protegidos por amor eterno a tu mismo nombre santísimo e
infinitamente todopoderoso, en los cielo y en la tierra.
Y desde entonces acá, nuestro Padre celestial solamente tiene la
obligación de salvaguardar y de bendecir grandemente a cada instante a
cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de Israel y de
las naciones, si tan sólo invocan el nombre sagrado de su Hijo amado
sobre sus vidas, nuestro Señor Jesucristo, ¡nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax! Porque la predicación de éste evangelio santo y antiguo, el
cual Abraham, Isaac y Jacob conocieron inicialmente de la misma boca
del Rabino Yeshua jaMashíax como el Rey Melchisedec, por ejemplo, es
que siempre los cuida celosamente a cada instante de sus vidas y hasta
que finalmente entraron a la gloria celestial, por tanto es poder para
todos nosotros también actualmente.
Entonces las mismas palabras de amor y de bendiciones eternas, las
cuales nuestro Padre celestial pronuncia en su día para los patriarcas
de la antigüedad con mucho amor en su corazón santísimo,
verdaderamente también es para nosotros en toda la tierra, para que lo
conozcamos y amemos solamente a él, por medio de su Rey Melchisedec o
Yeshua jaMashíax, por ejemplo. Por eso cada uno de nosotros debe de
caminar ya por éste camino santo y antiguo, para que colme nuestras
vidas grandemente de muchas bendiciones gloriosas, las cuales están
esperando por nosotros ansiosamente entrar en él ya, es decir, en el
caminar de Dios y de su Jesucristo, para bendecirnos grandemente como
jamás hemos sido bendecidos en todas nuestras vidas.
Ciertamente que en éste camino santo y antiguo, de nuestro Padre
celestial y de su Rabino Yeshua jaMashíax, está colmada de bendiciones
milagrosas y maravillosas, como jamás podremos imaginárnoslo en
nuestras mentes y corazones, porque vienen a nosotros con nuestros
nombres escritos en ellas desde los primeros días de la eternidad, por
ejemplo, para bendecirnos en nuestros días poderosamente. Por esta
razón, nuestro Padre celestial desea ya que cada uno de nosotros
regrese a nuestro camino antiguo del paraíso, por ejemplo, para
caminar paso a paso cada uno de los pasos antiguos no de Adán y Eva,
sino los de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, porque solamente él es
nuestro verdadero hermano quien nos cuida y bendice grandemente a cada
instante.
En verdad, éste es el camino antiguo del reino angelical, el cual
Lucifer deja de transitar por él con su tercera parte de los ángeles
caídos, porque se rebela obstinadamente en contra del fruto del árbol
de la vida eterna, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para pecar
mortalmente en contra de él mismo y de todos los que lo siguen
siempre. Además, nuestro Padre celestial concibe inicialmente al
hombre y luego a la mujer, para que caminen por éste camino antiguo
del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, en esta vida y en
la venidera también, eternamente y para siempre, para que no vivamos
más para el mal de Satanás sino para el bien eterno de su Hijo amado.
Por eso nuestro Padre celestial hace que su Rabino Yeshua jaMashíax
sea nuestra fortaleza a cada hora de nuestras vidas delante de él y
hasta de Satanás y de sus mentiras escondidas en Adán y Eva, por
ejemplo, para que así él mismo liberarnos infinitamente del mal eterno
con el fin de que regresemos instantáneamente a nuestras vidas
originales del paraíso. Porque nuestro primer hogar es el cielo, en
donde todos sus seres muy amados, como ángeles, arcángeles, serafines,
querubines y demás seres santísimos habitan con él y en perfecta
comunión con su fruto de vida eterna, su Hijo amado, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, para sólo conocer el amor, la verdad y la santidad
celestial por los siglos de los siglos.
Entonces el dolor mayor de nuestro corazón no son nuestros pecados y
sus efectos dañinos en nuestras vidas cotidianas por toda la tierra,
sino el ausentismo de nosotros de no estar con los que verdaderamente
nos aman en el cielo, por ejemplo, y estos son en sus millares de
ángeles, pero primeramente nuestro Padre celestial y su Hijo
Jesucristo. Por eso, cada vez que sentimos dolor en nuestro espíritu
humano, sin que nosotros comprendamos jamás de dónde viene y hasta con
quejas indescifrables muchas veces, es porque se levantan desde lo más
profundo de nuestros corazones, sin duda alguna, será pues por no
vivir en tierras santas del reino angelical, como en donde nacimos en
el día de nuestra creación.
Por ello, nuestro Padre celestial conociendo nuestro estado
espiritual, de ver que no estamos viviendo en tierras santas, como en
las que nos concibe de él mismo y nos da vida en abundancia, en el día
de nuestra formación en su imagen y conforme a su semejanza celestial,
entonces nos da su mismo camino santo a caminar fielmente por la
tierra. Además, éste camino santísimo no es de la tierra sino del
cielo, por donde todos sus seres muy amados transitan por él con gran
poder y autoridad de milagros, maravillas y hasta de prodigios
increíbles en todos los lugares del reino angelical y de la tierra
también, para que los suyos sean protegidos constantemente de los
males de Satanás.
Porque ante todo para nuestro Padre celestial y su Hijo amado, después
de su gran amor antiguo para con cada uno de todos nosotros, en
nuestros millares, ya sea en los cielos o por toda la tierra, en sí,
es nuestra protección personal; lo demás no importa, porque él mismo
nos la puede suplir en cualquier momento y abundantemente. Por eso la
importancia de éste gran camino celestial, el cual nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax desciende del cielo para entregárnoslo a cada uno de
nosotros, en nuestros millares, de todas las razas, familias, linajes,
pueblos, ciudades y reinos, para que caminemos por él seguros de
nosotros mismos en nuestros corazones de que nuestro Padre celestial
mismo nos ama fiel y eternamente.
Y es precisamente en éste amor celestial que transita a cada hora de
nuestras vidas por éste camino antiguo de nuestro Padre celestial, de
su Hijo amado y de su Espíritu Santo, en el cual no solamente
renacemos del Espíritu Santo al invocar su nombre salvador, sino que
también somos bendecidos a cada momento y hasta la eternidad venidera.
Por eso es muy bueno dejar que nuestro Rabino Yeshua jaMashíax sea
parte de nuestras vidas a cada instante, invocando su nombre glorioso
y sumamente todopoderoso para que comience a enriquecer nuestras vidas
grandemente y así también la de los nuestros, para que no caigamos
jamás en las mentiras crueles de Satanás y de sus malvados de
siempre.
Porque la verdad es que nuestro Padre celestial nos ama grandemente
desde mucho antes que nos concibiera en su imagen y conforme a su
semejanza celestial, para que seamos sus retoños por toda la tierra y
así también en La Nueva Jerusalén santa y perfecta del cielo, en donde
nos seguirá amando grandemente como jamás nos lo podremos imaginar.
Porque la verdad es también que el amor antiguo de nuestro Padre
celestial es tan grande y profundo como el mismo universo y sus
distantes estrellas que parecen no tener principio ni fin, por
ejemplo, para seguir amándonos y bendiciones a cada instante de
nuestras vidas en la tierra desde ya y para siempre en la nueva
eternidad celestial.
Por ello, cada vez que nosotros invoquemos a nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax no solamente somos perdonados para renacer de los poderes
sobrenaturales del Espíritu Santo, sino que también nuestros nombres
son inscritos en el libro de la vida eterna para vivir
sobrenaturalmente fortalecidos cada día de nuestras vidas y hasta que
finalmente entramos a la gloria y paz infinita del cielo. Por esta
razón, nuestro Señor Jesucristo nos dice hoy en día también como se lo
dio a conocer a los antiguos, por ejemplo, asegurándoles de que él es
el camino, la verdad y la vida; y nadie puede jamás ver al Padre
celestial sin él.
Por esta razón, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax es lo más importante
de nuestras vidas por toda la tierra en estos días y en la eternidad
venidera de la vida eterna de La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del
cielo, para seguir amando y sirviendo a nuestro Dios y Creador, pero
siempre por medio de su fruto de vida, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Porque para ver a nuestro Padre celestial y Creador de nuestras almas
vivientes, primeramente tenemos que llegar a él por medio de su camino
santo, conociendo siempre la verdad de su nombre bendito y de sus
mandamientos cumplidos y, además, debemos estar fortalecidos
grandemente por su Jesucristo para verle a él tal cual como él es para
nosotros, para siempre.
Hoy en día, la SHEKINAH (la presencia de nuestro Señor Jesucristo)
espera abrigarte para que el sol no te fastidie con su calor ni las
heladas de la noche te molesten tampoco, porque nuestro Señor
Jesucristo ha dicho que desea abrigarte como la gallina abriga a sus
polluelos debajo de sus alas, para que vivas protegido y prospero
infinitamente. Entonces cuando ésta nube celestial te abriga,
verdaderamente serás feliz delante de nuestro Padre celestial y de su
Espíritu Santo, para que empieces a disfrutar las bendiciones
infinitas de maravillas y de milagros sin fin de vivir protegido
debajo de las alas y los pies gloriosos de nuestro Señor y salvador
Jesucristo.
Y es precisamente ésta fortaleza en estos días que desciende del cielo
como el maná de nuestro Señor Jesucristo, la cual no solamente vence
las mentiras y sus problemas de dificultades, enfermedades y hasta
muertes terribles, sino que nos llena firmemente de la misma vida
eterna, la cual nos brinda a cada hora grandes bendiciones de paz y
prosperidad sin límite.
(Carta del cielo):
SÍGUEME:
Nuestro Señor Jesucristo te dice hoy en día: "Sígueme". Inicialmente,
nuestro Padre celestial envía a su unigénito, cómo el Rabino Yeshua
jaMashíax muy esperado por Israel desde los tiempos de Abraham, Isaac
y Jacob, porque él seria quien los sacaría de este mundo liberados de
todo pecado y de todo juicio eterno, para entrar desde ya a la nueva
vida infinita, de La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo.
Y para que nuestro Rabino Yeshua jaMashíax naciese en Israel cómo
nuestro guía e Hijo de Dios, entonces tenía que primeramente su
Espíritu Santo entrar en el vientre virgen de la hija de David, para
empezar una nueva vida santísima no solo en Israel, sino también en
todas las naciones de todos los tiempos. Es así, cómo nuestro Padre
celestial nos da fielmente y con mucho amor eterno esa vida eterna
llena de milagros y maravillas sin fin para cada uno de todos
nosotros, para seguirla y vivirla todos los días de nuestras vidas, en
la tierra y así también en su nuevo reino angelical.
Entonces cuando entra el Espíritu Santo en el vientre de la joven
virgen hebrea, realmente entra cómo la luz sobre el Sinaí para dar
abundante vida eterna a todos, para que el hombre renazca no de la
carne de Adán y Eva, sino de la carne sagrada, huesos santos y sangre
gloriosa y llena de vida del Cordero de Dios. Además, nuestro Padre
celestial hace todas estas cosas grandiosas inicialmente con su
primogénito en la vida de la virgen hebrea, para no solamente entrar
en la vida del hombre del mundo, con los poderes de su Espíritu Santo,
sino también para establecer su vida santísima así cómo la establece
inicialmente con su árbol de la vida, en el paraíso.
En vista de que, en el día de nuestra creación individual cómo hombres
y mujeres, por ejemplo, entonces nuestro Padre celestial nos crea en
su imagen y conforme a su semejanza celestial, porque nos concibe
espiritualmente hablando, es decir, que nacimos de él, por los poderes
sobrenaturales de su Espíritu Santo, para ser sus retoños legítimos,
para siempre. Así es, nuestro Padre celestial nos pare milagrosamente
en el reino de los cielos y delante de sus huestes angelicales con los
poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo, porque nacimos
directamente de su misma imagen para ser hechos conforme a su
semejanza celestial tal cual cómo su Hijo amado, nuestro primer
hermano, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Entonces así salimos de nuestro Padre celestial, por los poderes
sobrenaturales de su Espíritu Santo para seguirlo a él siempre a
través de su unigénito, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax; por eso,
nuestro Señor Jesucristo nos dice, hoy en día, así cómo se lo dice
adelantadamente a sus apóstoles, discípulos y demás gentes de Israel y
de la humanidad entera: Síganme. Y el seguir a nuestro Señor
Jesucristo, a través de los días de nuestras vidas por toda la tierra,
en verdad es vivir en milagros uno tras otro, porque es nuestro Padre
celestial quien nos bendice muy alegre y con mucho amor de Padre en su
corazón santísimo, desde los lugares más altos y recónditos del
cielo.
Además, el seguir a nuestro Señor Jesucristo cómo Señor y salvador de
nuestras vidas, delante de nuestro Padre celestial, es seguirlo a él
desde el comienzo de su vida mesiánica en Israel, y esto es con el
nacimiento del vientre virgen de la joven hebrea, para vivir desde
ahora mismo como si estuviéramos en el cielo, gozando ya felicidades
interminables. Francamente, con éste nacimiento milagroso de nuestro
Señor Jesucristo que entra en la vida del hombre por vez primera cómo
el Hijo de David, entonces renace también con él cada hombre, mujer,
niño y niña de todas las familias de las naciones, comenzando con Adán
y Eva, por ejemplo, para volverles a dar vida y en abundancia, para
siempre.
Por todo ello, éste es un nacimiento muy santo y pertenece a todos
nosotros, en nuestros millares, de todas las razas, familias, linajes,
tribus, pueblos, ciudades y reinos de la tierra, porque éste
nacimiento virgen del Hijo de Dios en el mundo entero, en verdad es el
camino a la eternidad sin comienzo ni fin. Por eso, cuando el Espíritu
Santo de Dios entra en nuestras vidas al invocar el nombre sagrado de
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, cómo el primogénito de nuestro Padre
celestial, entonces estamos naciendo del vientre virgen de la joven
hebrea, por los mismos poderes sobrenaturales en los cuales nuestro
Señor Jesucristo entra al mundo del hombre en su día, por ejemplo.
Entonces podemos decir que cada uno de nosotros renace del vientre
virgen de la virgen escogida por Dios mismo para ésta gran obra
sobrenatural para que todo hombre, mujer, niño y niña renazca por los
poderes sobrenaturales de su Espíritu nuevamente, y esta vez para
entrar a la vida eterna del nuevo reino angelical; por eso, es bueno
seguir a Jesucristo siempre. Es decir, también que con éste nacimiento
virgen de nuestro Señor Jesucristo del vientre virgen de la hija de
David, nuestro Padre celestial nos está dando una nueva vida que no
tiene comienzo ni fin, cómo la de él mismo o la de su Hijo Jesucristo,
por ejemplo-y para que todo esto sea nuestro, entonces tenemos que tan
sólo creer.
Creer, porque era necesario que Adán y Eva volvieran a nacer después
de pecar y no de la voluntad del espíritu humano, sino del Espíritu
Santo, para que su nombre santísimo y así también Sus Diez
Mandamientos sean grandemente glorificados al fin, en la tierra y en
el cielo, para derrotar para siempre a Satanás y a su reino malvado.
De otra manera, nuestro Padre celestial no puede empezar su nueva vida
infinita en ningún hombre de toda la tierra cómo Adán y Eva
inicialmente en el paraíso, es decir, si no comen primeramente del
fruto del árbol de la vida, el cual está lleno del Espíritu Santo de
sus mandamientos glorificados y de su nombre sobrenatural e
infinitamente maravilloso.
Ya que, es en éste Espíritu Santo de nuestro Padre celestial, en el
cual cada uno de nosotros vuelve a nacer para volver a tener la
oportunidad no solamente de vivir en el reino angelical o en La Nueva
Jerusalén celestial, sino que también para conocer grandemente su
nombre santísimo y sus maravillosos mandamientos eternamente
glorificados y milagrosos por siempre. Por ello, desde antes de la
creación de las cosas, nuestro Padre celestial envía su Espíritu
Santo, para que se regase sobre el mundo entero, con el fin de
subyugar a cada una de las profundas tinieblas de Satanás y de sus
ángeles caídos, para que la luz de su Hijo amado comenzase a verse
desde el cielo sobre la tierra.
Puesto que, nuestro Padre celestial tenía planeado crear al hombre y
luego trazar el camino santo, por el cual él caminaría todos los días
de su vida y hasta que por fin entre a su nuevo reino celestial, pero
convertido, por los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo, en
uno de sus hijos, así mismo cómo su Hijo Jesucristo actualmente, por
ejemplo. Dado que, todo aquel que entre en su nuevo reino angelical,
entonces no podrá jamás entrar en él pecadores cómo Adán y sus
retoños, sino únicamente con la carne santa, con los huesos intactos y
sangre santísima y expiatoria de su Rabino Yeshua jaMashíax, para que
al fin le sirvan infinitamente en espíritu y en verdad de su Espíritu
Santo.
En la medida en que, es necesario amar y adorar grandemente a nuestro
Padre celestial en la tierra con los hombres así cómo en el cielo con
sus millares de ángeles, pero siempre todos llenos del Espíritu Santo
de su nombre glorioso y de sus mandamientos infinitamente glorificados
en la vida de su Rabino Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Por eso, es necesario el nuevo renacimiento del Espíritu Santo de todo
hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones,
empezando por Israel mismo con el primer nacimiento virgen del Hijo de
David, para salir de este mundo en que vivimos en la carne sagrada,
huesos inquebrantables y sangre eterna de La Nueva Jerusalén
celestial.
Por esta razón, nuestro Señor Jesucristo cuando se manifiesta a sus
discípulos de persona a persona, entonces les dice simplemente:
Síganme. Porque solamente él pude enseñarle a cada uno de ellos, en
sus millares, cómo salir de esta vida pecadora y mortal de Adán y Eva,
para regresar al paraíso o a La Nueva Jerusalén celestial, sin la
mentira y maldad eterna de la serpiente antigua y de Satanás, para que
al fin se reencuentre en su vida con su felicidad perdida.
Por ello, nuestro Señor Jesucristo les decía a sus apóstoles y así
también a las multitudes de Israel, hebreas y gentiles, por ejemplo,
cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo así, asegurándoles, de
que sólo él es el camino, la verdad y la vida, para regresar al
paraíso y ver cara a cara a nuestro Padre celestial. Y fuera de él no
hay otro camino, verdad y vida eterna posible en la tierra ni menos en
el más allá, en donde el hombre pueda encontrar su regreso al cielo y
a las manos de su Creador, nuestro Padre celestial, de quien en su día
lo forma con sus manos en su imagen y conforme a su semejanza
celestial.
Efectivamente, éste es el camino santísimo y muy antiguo, por cierto,
mucho más antiguo de todo lo creado por nuestro Padre celestial cómo
el reino angelical y sus ángeles fieles con sus muchas cosas
gloriosas, por ejemplo, el cual nos lleva a cada hora de regreso a
quien nos concibe en el día de nuestra creación espiritual en el
cielo. Puesto que, cuando nuestro Padre celestial nos dice en su
escritura que nos crea, realmente está diciendo que nos pare en su
imagen y conforme a su semejanza celestial, para que seamos de pies a
cabeza cómo su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor y salvador
Jesucristo, para empezar a vivir la vida eterna con sus bendiciones
eternas y desde ya.
Porque así cómo Eva sale de la quinta costilla de Adán en el día de su
creación, así pues también cada uno de nosotros, en nuestros millares,
de todas las razas, familias, linajes, pueblos, ciudades y reinos sale
de la imagen y semejanza de él, para ser igual que su Hijo Jesucristo
para siempre, y todo para su nuevo reino angelical. Entonces nuestro
Padre celestial engendra al hombre y luego a la mujer, en su imagen y
conforme a su semejanza celestial no tanto para que sea uno más de sus
ángeles fieles en el reino de los cielos, sino para que sea uno más de
sus hijos legítimos cómo su mismo Hijo amado, ¡nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax!
Porque nuestro Padre celestial crea inicialmente muchos ángeles,
arcángeles, serafines, querubines y demás seres santos del reino
angelical, pero jamás tiene hijos propios, por ejemplo, cómo su Hijo
Jesucristo; y éste es el vació del corazón de nuestro Padre celestial
de tener muchos ángeles, pero sólo un Hijo legitimo, Jesucristo-pues
entonces engendra al hombre, llenado ese vació para posteriormente
tener muchos hijos. Por esta razón, nuestro Padre celestial empieza a
procrear hombres y mujeres, pero conforme a la imagen y semejanza
celestial de su árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, para que
le amen y así le sirvan infinitamente por los poderes sobrenaturales
del Espíritu Santo de sus mandamientos glorificados y de su nombre
sumamente prestigioso y todopoderoso, para siempre.
Y, además, nuestro Padre celestial nos echa inicialmente al paraíso en
su imagen y conforme a su semejanza celestial, para que seamos de pies
a cabeza tal cual cómo su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax,
porque solamente él está lleno de su Espíritu Santo de su nombre
glorioso y de sus mandamientos glorificados. En otras palabras,
nuestro Padre celestial nos pare inicialmente en sus manos santas en
su imagen y conforme a su semejanza celestial, para que seamos
convertidos en sus hijos legítimos, con tal sólo creer en nuestros
corazones y confesar con nuestros labios el Espíritu Santo de su
nombre salvador y de sus mandamientos glorificados, nuestro Señor
Jesucristo, para vivir eternamente benditos.
Por eso, nuestro Señor Jesucristo nos llama a que le sigamos cada día
de nuestras vidas por toda la tierra, porque somos sus hermanos y
hermanas cómo en la imagen y conforme a la semejanza de nuestro Padre
celestial, tal cual cómo él mismo lo es desde siempre, su Hijo amado,
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, eternamente y para siempre. Y esto es
realmente en toda la vida del reino angelical, y desde mucho antes de
la creación de todas las cosas en el más allá, para que en un día como
hoy, pues entonces podamos convertirnos en sus hijos legítimos e hijas
legitimas para siempre, y con tan sólo creer para vivir la felicidad
infinita y gloriosa desde ya.
Porque nuestro Padre celestial desea que todos los hombres, mujeres,
niños y niñas vuelvan a nacer del Espíritu Santo de su nombre salvador
y de sus mandamientos glorificados, por medio de su Hijo Jesucristo,
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que la tierra se transforme en
un paraíso terrenal, para gloria y honra infinita de su nombre
sumamente prestigioso. En otras palabras, en el día que nuestro Padre
celestial nos hecha en la tierra santa del cielo en su imagen y
conforme a su semejanza celestial, entonces nos estaba constituyendo
en sus hijos legítimos, para que seamos de pies a cabeza cómo su Hijo
amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, lleno de su Espíritu Santo
eternamente y para siempre.
Podemos decir también que cuando nuestro Padre celestial nos presenta
en sus manos santas, entonces nos estaba comisionando para que seamos
igual que su Hijo Jesucristo de pies a cabeza, con el fin de que
seamos llenos del Espíritu Santo de su nombre prestigioso y de sus
mandamientos infinitamente glorificados, para la nueva vida eterna
venidera de su nuevo reino angelical. Porque la verdad es que cuando
nuestro Padre celestial nos materializa en sus manos santas, entonces
nos presenta a sus ángeles cómo sus hijos legítimos e hijas legitimas
para que vivamos con él infinitamente en el nuevo reino angelical tal
cual cómo su Hijo amado siempre vive con él desde siempre, con el fin
de alcanzar nuevas glorias eternas.
Por ello, cada uno de nosotros es una copia exacta de nuestro Señor
Jesucristo para seguirlo por siempre, porque somos sus retoños
legítimos desde el comienzo de nuestras vidas en el reino angelical,
para que en un día como hoy, por ejemplo, entonces regresemos a él,
pero llenos del Espíritu Santo de sus mandamientos gloriosos y de su
nombre sobrenatural. Por esta razón, nuestro Señor Jesucristo
desciende del cielo, para decirle personalmente a todo hombre, mujer,
niño y niña de todas las familias de las naciones, empezando por
Israel, por supuesto, de que tienen que seguirle a él cada día de sus
vidas, porque todos ellos nacieron espiritualmente de nuestro Padre
celestial para ser igual que él de divino y bendito infinitamente.
Por lo tanto, cada uno de nosotros, en nuestros millares, es una copia
exacta de nuestro Señor Jesucristo no solamente para ser hijos
legítimos e hijas legitimas de nuestro Padre celestial en la tierra y
así también en La Nueva Jerusalén del cielo, sino que también podremos
amarle y servirle grandemente lleno del Espíritu Santo de su nombre y
mandamientos gloriosos. Es decir, que cada uno de nosotros tiene el
potencial de amar y servir a nuestro Padre celestial
sobrenaturalmente, y esto es de la misma manera que nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax siempre le ama y le sirve a él cómo su unigénito,
desde la naciente antigua eternidad y hasta nuestros días, para seguir
alcanzando nuevas glorias eternas nunca vistas aún.
Porque en la tierra, aunque esté inundada de las tinieblas de Satanás
y de sus ángeles caídos y hasta de almas perdidas, por culpa de las
mentiras de Satanás y de la serpiente antigua en la vida de Adán y
Eva, por ejemplo, entonces podemos tener el Espíritu de amor para
servir y alcanzar grandes glorias y honras para nuestro Dios. Por eso,
cuando regresemos al reino de los cielos, como al lugar en donde
nuestro Padre celestial nos engendra inicialmente con sus manos, para
que seamos por siempre su imagen y conforme a su semejanza celestial,
entonces entenderemos que somos igual que Él y su Hijo Jesucristo,
para jamás volverlo a olvidar para siempre en la eternidad venidera.
Es decir, también que cuando regresemos a nuestro lugar de nacimiento
celestial, entonces nos daremos cuenta de que somos una copia exacta
de nuestro Padre celestial y de su Hijo Jesucristo, porque nos veremos
cara a cara, para llevar por siempre en cada uno de nosotros, a
nuestro Padre celestial y a su Hijo Jesucristo, clavados en nosotros
para siempre. Por esta razón, cuando nuestro Señor Jesucristo tuvo la
primera oportunidad de decirle al hombre de la tierra: "Sígueme,
entonces lo hizo con una gran convicción sobrenatural de hermano
divino a hermanos terrenales, para que regresen todos juntos a su
familia y a su hogar celestial, en el más allá, en donde su Padre los
espera con gran amor y paciencia".
Entonces nuestro Señor Jesucristo lo hizo todo con gran amor de
hermano primogénito en su corazón santísimo, para no solamente
consolar su alma herida por la maldad antigua de Satanás y su
serpiente del Edén que mintieron mortalmente a Eva primero y luego a
Adán, para que mueran perdidos, sino para enriquecer nuevamente la
felicidad de nuestro Padre celestial. Porque en el día que Adán peca
delante de nuestro Padre celestial en el paraíso al comer del fruto
prohibido, del árbol de la ciencia del bien y del mal, entonces
nuestro Dios queda herido en su corazón santísimo, al vernos morir
delante de su presencia santa por culpa de la mentira mortal de
Satanás y de su serpiente abominable.
Además, esto fue algo muy doloroso para nuestro Padre celestial ver a
sus hijos legítimos en sus millares, empezando por Adán y Eva,
perdidos y lejos de él, por culpa de las mentiras de Satanás y de su
serpiente malvada; éste dolor de nuestro Padre celestial fue tan
profundo cómo el dolor de su Hijo amado clavado sobre el madero
sangriento. Por eso, nuestro Padre celestial envía a su Hijo amado al
mundo, para que él sea nuestro guía por toda la tierra y aún más allá
del infinito también, para que regresemos a nuestro hogar celestial y
no nos volvamos a perder jamás delante de nuestro Dios y de su
Espíritu Santo, por culpa de la mentira de nadie.
Porque nuestro Padre celestial está decidido a cambiar nuestra mentira
de Satanás por la verdad de su Hijo Jesucristo, nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, en cada una de nuestras vidas, para que así volvamos a
nacer del Espíritu Santo de su nombre glorioso y de sus mandamientos
eternos, para seguir siendo limpios, puros y felices en toda su nueva
eternidad venidera. Por esta razón, es muy importante seguir a nuestro
Señor Jesucristo cada día de nuestras vidas, porque no solamente él es
el Hijo de Dios y hermano mayor para cada uno de nosotros, sino que
también es nuestra propia imagen y semejanza delante de nuestro Dios
en la tierra y así también en el reino angelical, eternamente y para
siempre.
Así es, nuestro Señor Jesucristo es nuestra imagen y semejanza humana
en la tierra y en el cielo, delante de nuestro Padre celestial y de su
Espíritu Santo, para recordarle a él y a sus santos ángeles, de que
cada uno de nosotros surge de él, en el día de nuestra nuestro
nacimiento celestial, para ser sus hijos legítimos infinitamente. Por
eso, nuestro Señor Jesucristo nos ama grandemente a cada uno de
nosotros, en nuestros millares, de todas las familias de la tierra, y
esto es de la misma manera que Él mismo siempre ama a nuestro Padre
celestial cómo desde la temprana eternidad, por ejemplo, para jamás
dejarlo de amar por los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo.
Por consiguiente, es necesario el Espíritu Santo en nuestras vidas de
cada día, porque con el Espíritu Santo de nuestro Padre celestial,
entonces estamos conectados a él cómo hijos legítimos e hijas
legitimas para seguir amándolo grandemente cómo tal y así jamás perder
ninguna de sus ricas bendiciones, para nuestras vidas por toda la
tierra y en la nueva eternidad celestial. Por ello, el Espíritu Santo
de Dios tiene que entrar en nuestras vidas milagrosamente y con poder,
de la misma manera que entra en Abraham, Isaac y Jacobo, por ejemplo,
por mencionar tan sólo unos cuantos de tanto millares de ellos a
través de los tiempos y las edades, de la vida de toda la tierra y
hasta nuestros días también.
Por cuanto, es por medio, o con la ayuda idónea y sobrenatural, del
Espíritu Santo de Dios es que vamos no tan solamente a renacer de
nuevo para entrar en el más allá con la carne correcta, los huesos
inquebrantables y sangre expiatoria y sumamente santísima, sino que
podremos también conocer profundamente el nombre de Dios y sus
mandamientos intensamente gratificantes. Porque si nosotros cumplimos
con el Espíritu Santo del nombre santo de nuestro Padre celestial y de
sus mandamientos gloriosos, por medio de su Hijo Jesucristo, al creer
en él, convocando su nombre en cada una de nuestras oraciones,
entonces tendremos grandes riquezas que disfrutar de nuestro Padre
celestial para siempre, en toda la tierra y en el cielo.
Por eso, todos tenemos que mutar de nuestras carnes pecadoras, huesos
quebrados y sangre enferma y llena de muerte eterna de Adán y Eva, por
la de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, y todo esto es posible, hoy en
día, creyendo en nuestros corazones y confesando con nuestros labios
el Espíritu salvador de nuestro Señor Jesucristo para resucitar a la
vida eterna ya. Por esta razón, nuestro Señor Jesucristo les decía a
las multitudes de Israel, además de sus apóstoles y discípulos, que le
siguieran a él a cada hora de sus vidas y hasta aún más allá del fin
de las cosas, porque sólo en él está el Espíritu Santo del nombre
glorioso de Dios y de sus mandamientos glorificados para bendición
eterna.
Dado que, el que le sigue a él sinceramente cómo el Hijo de Dios,
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, entonces está caminando realmente sus
mismos pasos de vida y de salud eterna, los cuales jamás fueron
creados sino que siempre existen desde mucho antes de los primeros
días de la eternidad antigua y hasta nuestros días, por ejemplo.
Porque el seguir al Señor Jesucristo, en verdad es entrar ya a la vida
eterna de lleno, la cual está llena de grandes santidades antiguas y
sumamente gloriosas y desconocidas aún por los ángeles más santos del
reino de los cielos, porque no tiene comienzo ni fin alguno en todos
nosotros, para siempre.
Pues éste es el camino santísimo de nuestro Padre celestial, por el
cual cada uno de nosotros tiene que ser injertado milagrosamente, en
un momento de fe y de oración, para salud y para vida eterna, por
medio del Espíritu Santo de la única fe salvadora de nuestro Señor
Jesucristo, el Santo de Israel y de la humanidad entera. Y, además,
éste es un camino glorioso y sumamente santísimo lleno a cada hora de
milagros, maravillas y de prodigios en los cielos y por toda la tierra
también, para bendecir sobrenaturalmente a cada hombre, mujer, niño y
niña de todos los que aman a nuestro Padre celestial por medio de su
Hijo amado, ¡nuestro Señor y salvador Jesucristo!
En verdad, éste es un camino tan santo como ningún otro, en el cual
solamente nuestro Padre celestial, su Hijo amado y su Espíritu Santo
siempre transitan a través de los tiempos y de las edades increíbles y
remotas de la eternidad antigua, en donde ni aún los ángeles conocen
nada de nada, ni mucho menos Lucifer y sus ángeles rebeldes. Además,
éste es el camino santo, en el cual está establecida profundamente la
vida eterna de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo y,
efectivamente, nos lleva paso a paso de victoria en victoria, hacia la
vida infinita del nuevo reino angelical, para jamás volver a sufrir
las mentiras malvadas e inhumanas de Satanás y de sus adeptos de
siempre.
Por tanto, nuestro Padre celestial desea que cada uno de nosotros
entre ya a éste glorioso camino, por donde solamente él y su Hijo
amado con su Espíritu Santo de su nombre glorioso y de sus
mandamientos glorificados siempre transitan día a día y para siempre
en la eternidad venidera de su nuevo reino angelical, cómo La Nueva
Jerusalén santa del cielo. Por eso, todos los que son nacidos de la
carne pecadora, huesos quebrados y sangre enferma y moribunda de Adán
y Eva jamás podrán pisar tierra santa, sino sólo los que renacen del
Espíritu Santo, para que caminen por siempre en sus nuevas vidas de
carne santa, huesos inquebrantables y sangre expiatoria y llena de
vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Porque en el día que nuestro Padre celestial nos engendra en su imagen
y conforme a su semejanza celestial, en verdad nos estaba formando
para que seamos sus hijos legítimos e hijas legitimas así cómo nuestro
Señor Jesucristo es su Hijo amado, desde siempre y hasta nuestros
días, sin duda alguna. Visto que, cada uno de nosotros sale
inicialmente del cuerpo santo de nuestro Padre celestial en el día que
nos da a luz, así cómo Adán da a luz en su día a Eva, por ejemplo,
porque ella sale directamente de su quinta costilla, para que sea su
esposa y madre de la humanidad entera y para siempre en el infinito.
Pues nuestro Padre celestial nos engendra en el día de nuestra
manifestación individual, en la tierra santísima del reino de los
cielos, para que seamos exactamente cómo él mismo y su Hijo amado,
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, por ejemplo, para que le amemos
grandemente y así le sirvamos en su mismo Espíritu Santísimo para
siempre. Hoy, cada uno de nosotros es hijo legítimo e hija legítima de
nuestro Padre celestial, porque él mismo nos concibe, por así decirlo,
en el día de nuestro nacimiento espiritual en el reino angelical y de
entre sus muchos ángeles gloriosos como testigos fieles, para que
seamos su imagen y su semejanza celestial, en la tierra y en el cielo,
eternamente.
Además, ésta imagen y semejanza celestial de nuestro Padre celestial,
en cada uno de nosotros de todas las familias de las naciones, son tal
cual como la de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, delante de su
presencia santísima, para vivir por siempre su misma vida sumamente
perfecta y gloriosa, gozando a cada hora de sus muchas riquezas
infinitas. Por lo tanto, cada uno de nosotros es un hijo de Dios, en
la tierra y así también inicialmente en el reino de los cielos, tal
como siempre nuestro Señor Jesucristo ha sido a través de las edades
su primogénito y su Gran Rey Mesías de ángeles y de la humanidad
entera, para al fin vivir infinitamente en perfecta santidad.
Por eso, nuestro Padre celestial envía a su Espíritu Santo
inicialmente a que se regara sobre toda la faz de la tierra (Gn. 1:2),
para subyugar a todas las profundas tinieblas de Satanás con el fin de
que, en su día, nuestro Señor Jesucristo descendiese del cielo para
ser Rey, salvador y guía de todos los hombres de las naciones.
Entonces hoy más que nunca tienes que seguir a nuestro Señor
Jesucristo, porque él es el camino, la verdad y la vida, por la cual
nuestro Padre celestial traza sobre toda la tierra desde la
antigüedad, para que sus retoños que él mismo engendra en el cielo,
cómo tú mismo, por ejemplo, pues vivan bendecidos y hasta que regresen
a él ya.
Pero el que rehusa caminar por éste camino santo y glorioso, entonces
muere; porque nuestro Padre celestial lo traza inicialmente por medio
de su Rabino Yeshua jaMashíax en la tierra, no para que tropecemos en
él, sino para que caminemos fielmente por él, ya que éste camino es
desde la eternidad hasta la eternidad, para complacer gloriosamente a
nuestro Padre celestial. Históricamente, nuestro Padre celestial jamás
desea la muerte de nadie, sino que todos vivan felices con él, pero
siempre caminando por su camino santo y antiguo desde la eternidad y
hasta la eternidad, el cual nuestro Señor Jesucristo nos ofrece
cuando, dice claramente: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie
puede ser salvo jamás, sin mí.
Reiteradamente, nuestro Padre celestial no desea la muerte de nadie
jamás, en esta vida y en la venidera también, cómo en el infierno o el
lago de fuego, por ejemplo, ni mucho menos en su nuevo reino angelical
o en La Nueva Jerusalén santa y grandiosa del cielo. Sin embargo, cómo
afirma la escritura: el pecador será trasladado al infierno y así
también todas las naciones que se olvidan de Dios (Sal 9:17), y del
camino santo y antiguo de su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor y
salvador Jesucristo, por el cual nuestro Padre celestial libera con
grandes señales a Israel de su cautividad eternal.
Si, así es, éste es el camino, la verdad y la vida, por el cual
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax cómo el Cordero de Dios libera a
Israel de Egipto por los poderes sobrenaturales de su sangre
expiatoria y santísima, para que pase el mar Rojo y así también el
desierto hostil hasta entrar finalmente a la tierra prometida. Es
decir, también que cuando el pecador recibe al Señor Jesucristo en su
corazón como su salvador personal, entonces sale de su cautiverio
opresor para pasar el mar Rojo con un gran bautismo divino y así
también por el desierto de su vida de cada día y hasta finalmente
entra a La Nueva Jerusalén celestial, en donde todo es amor
interminable.
Por esta razón, es bueno siempre seguir a nuestro Señor Jesucristo
cada día de nuestras vidas por toda la tierra, porque su camino santo
avanza siempre hacia la tierra del nuevo reino angelical y lejos del
infierno, para que jamás suframos hambre y sed de Dios, en esta vida y
en la venidera de su Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo. En
verdad, siguiendo a nuestro Señor Jesucristo cada día de nuestras
vidas, entonces estamos viviendo milagros, maravillas y prodigios
increíbles, de los cuales resuelven automáticamente nuestros
problemas, dificultades y hasta enfermedades rebeldes, para que ya no
suframos más sino que vivamos la vida santa y eternal de nuestro Padre
celestial y de su Espíritu Santo.
Visto que, nuestro Padre celestial nos engendra inicialmente en el
reino de los cielos, para que vivamos felices cómo su Hijo amado
siempre vive con él y sus huestes angelicales desde el día de la
creación del reino angelical, para que todo sea lleno de su Espíritu
Santo para milenios de generaciones por venir, en la nueva eternidad
celestial. Porque su Espíritu Santo no solamente es nuestra nueva vida
infinita, en la cual nacimos espiritualmente en el reino de los cielos
con Adán y Eva, por ejemplo, sino que también es el Espíritu Santo del
nombre sobrenatural y todopoderoso de nuestro Dios y de sus
mandamientos sumamente glorificados en la tierra y para siempre en la
nueva eternidad celestial.
Y es a ésta nueva eternidad, a la cual vamos todos nosotros, de una
manera u otra, pero siempre con el Espíritu Santo de nuestro Señor
Jesucristo, para regresar a nuestra vida eterna, en la cual nacimos en
el cielo cómo Adán y Eva, por inicio, sino que también seremos
infinitamente de pies a cabeza cómo su Jesucristo, ¡nuestro salvador
celestial! Pues para esto nuestro Padre celestial nos engendra
inicialmente en el reino angelical, para que seamos sus hijos
legítimos con todos los derechos de disfrutar su vida sumamente
gloriosa e infinitamente honrada, para que vivamos en ella cómo si
jamás hayamos nacido pecadores, sino que siempre hemos existido cómo
él o cómo su mismo Hijo amado, ¡nuestro Rabino Yeshua jaMashíax!
Entonces nuestro Padre celestial no solamente desea en estos días
perdonarnos infinitamente, para que vivamos una vida saludable delante
de su presencia santísima, sino que también desea restituirnos a
nuestra primera gloria celestial, en la cual nacimos de él, en el día
que nos forma en sus manos santas en su imagen y conforme a semejanza
celestial, cómo si jamás hubiésemos pecado. En otras palabras, nuestro
Padre celestial con sus poderes sobrenaturales desea que cada uno de
nosotros regrese al cielo y a su lado santo, cómo si jamás le
hubiésemos ofendido o abandonado, sino que cómo si nosotros mismos
hayamos vivido perpetuamente cómo su Hijo Jesucristo a su lado, desde
el inicio de la eternidad y hasta siempre, por ejemplo.
Pues éste es su amor de Padre para con cada uno de nosotros, de todos
los hombres, mujeres, niños y niñas de todas las familias de las
naciones de todos los tiempos, para que regresemos a él en el cielo:
limpios, puros y libres de todo pecado y maldad tal cual cómo su Hijo
amado, por ejemplo, ¡nuestro Señor Jesucristo! En este mundo, ser hijo
de Dios, por la fe depositada en nuestro Señor y salvador Jesucristo,
es en verdad: paz, salud, protección, prosperidad y vida eterna llena
de grandes bendiciones del nuevo reino angelical, para vivir cada hora
de nuestras vidas infinitamente felices y grandemente bendecidos, para
gloria y honra de nuestro Padre celestial y de su nombre grandemente
venerado.
De lo contrario, si no seguimos a nuestro Señor Jesucristo cada día de
nuestras vidas por toda la tierra, entonces estamos viviendo grandes
peligros de enemigos conocidos y hasta de aquellos que viven
escondidos y solamente se los ve cuando logran sus maldades de robar,
matar y destruir, y, en muchos casos, no se los ve nunca. En verdad,
no seguir al Señor Jesucristo, en este mundo en que vivimos todos
nosotros, es tan peligroso cómo el mismo infierno o cualquier
holocausto infernal, para jamás conocer en nuestros corazones cada una
de las bendiciones eternas, de las cuales nuestro Padre celestial nos
entrega a diario por medio de su Rabino Yeshua jaMashíax, para vida,
paz y salud eterna.
Seguir a nuestro Rabino Yeshua jaMashíax cómo el Hijo de Dios, cómo el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y cómo el sumo sacerdote
del hombre delante de nuestro Padre celestial es, verdaderamente,
regresar al paraíso para retomar nuestra vida eterna, abandonada por
nosotros mismos en el paraíso, por culpa del pecado de Adán y Eva.
Seguir al Señor Jesucristo es volver a las manos santas de nuestro
Padre celestial, de donde salimos en el día en que él nos engendra
milagrosamente, no para que seamos ángeles, arcángeles, serafines,
querubines o seres santos y especiales del reino angelical, sino para
ser de pies a cabeza cómo su Hijo amado, ni más ni menos, ¡nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax!
Hoy en día, cada uno de nosotros es una copia exacta de nuestro Señor
Jesucristo caminando por todos los lugares de la tierra, para
encontrarnos con él cuandoquiera cómo nuestro hermano primogénito, con
el fin de conocerlo cara a cara a él, cómo el Rabino Yeshua jaMashíax
de nuestro Padre celestial y de nuestras nuevas vidas infinitas, sin
duda alguna. Por ello, cuando lo aceptas cómo tu hermano antiguo del
paraíso, entonces te estás aceptando a ti mismo y, aún mucho más que
todo esto, en verdad, estás reconociendo a nuestro Padre celestial
cómo el que te engendra en el día de tu creación en sus manos santas
en el reino angelical, para que vivas infinitamente muy feliz.
Por eso, aceptar al Señor Jesucristo en nuestros corazones cómo
nuestro hermano primogénito del Padre celestial, entonces nos estamos
aceptando a nosotros mismos para reencontrarnos con la vida eterna, la
cual abandonamos en el paraíso, en el día que Adán y Eva fueron
engañados por las mentiras mortales de Satanás y de la serpiente
antigua. Naturalmente, es bueno seguir a nuestro Señor Jesucristo,
para regresar a nuestro Padre celestial y al mismo día y hora cuando
nos engendra, para que seamos por siempre la imagen y conforme a la
semejanza celestial de su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor
Jesucristo, para vivir por siempre felices, en paz, protegidos,
prósperos y llenos de bendiciones sin fin.
Y si verdaderamente sigues al Señor Jesucristo cómo tu Señor y
salvador personal, por todo lo que hizo por ti sobre los árboles
cruzados de Adán y Eva sobre el monte santo de Jerusalén, derramando
su sangre expiatoria y salvadora para borrar tus pecados, entonces
serás reconocido cómo el hijo de Dios, en la tierra y en el cielo,
para siempre. Infaliblemente, esto significa que serás perdonado de
todos tus pecados y tu nombre escrito en el libro de la vida eterna;
además, los ángeles del cielo te respetaran para seguir amándote cómo
hijo de Dios y así la misma tierra, en donde naciste, te reconocerá
cómo tal también, para entregarte las bendiciones y privilegios que te
pertenecen legalmente para siempre.
En definitiva, lo único que tienes que hacer en estos días, es tan
sólo creer en tu corazón y confesar con tus labios a nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, para que nuestro Padre celestial te reconozca cómo
su hijo amado, y así también la tierra con sus cielos y universo
increíble igualmente te reconozcan para bendecirte grandemente, para
siempre en la eternidad. Si, sigue al Señor Jesucristo todos los días
de tu vida y postreramente te darás cuenta de todo lo bueno que
nuestro Padre celestial siempre será contigo y los tuyos, para que
vivas en paz y protegido constantemente, por su sacrificio continuo
del cielo, para que todo te vaya bien por donde sea que vayas, en la
tierra y en la eternidad.
Visto que, en el cielo está un sacrificio continuo de sangre sumamente
santísima que siempre vigila por ti, la cual le pertenece legalmente a
cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones
de todos los tiempos, pero primeramente a nuestro Señor Jesucristo,
porque él nació de ella del vientre virgen de la hija de David.
Además, nuestro Señor Jesucristo nace de ella para ser el Hijo de
Dios, el primogénito de todos los hombres, el Cordero Escogido, el
sumo sacerdote y salvador eterno de nuestras almas vivientes, para que
en su día derramarla sobre los árboles cruzados de Adán y Eva y así
darte vida en abundancia, en la tierra y en el cielo, para siempre.
Por eso, hoy más que nunca, tienes un sacrificio santísimo de sangre
gloriosa y grandemente todopoderosa sobre el trono de nuestro Padre
celestial en el cielo, para borrar tus pecados para siempre, para que
jamás mueras, sino que vivas saludable para seguir el sacrificio
continuo cada día de tu vida y para siempre en la eternidad celestial.
En verdad, seguir a nuestro Señor Jesucristo cada día es seguir la
sangre santísima y expiatoria, la cual borra nuestros pecados y nos da
vida eterna llena de paz y con bendiciones sin fin, de las que nos
enriquece la vida para vivir felices e infinitamente saludables, en la
tierra y así también en La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del
cielo.
Éste sacrificio continuo que siempre seguirás cada día de tu vida
jamás te será infiel, porque tiene poderes y autoridades
sobrenaturales para perdonar, sanar, proteger y sobre todo enriquecer
tu vida y la de los tuyos también y hasta de tus amistades, sean
quienes sean en todos los lugares de la tierra, para que nuestro Padre
celestial sea glorificado grandemente. Hoy en día, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax te habla con autoridad dada a él por el Padre
celestial, para decirte una vez más: Sígueme; porque te conviene
llevar cada día de tu vida las ricas bendiciones de perdón, salud,
protección, prosperidad y de la llenura del Espíritu Santo de la
felicidad eterna, del único sacrificio continuo de Israel y de las
naciones.
Dado que, el seguir al Señor Jesucristo es abandonar la mentira de
Satanás y sus muchos ímpetus de problemas, dificultades, enfermedades
y hasta muertes crueles del más allá, como el infierno y el lago de
fuego (la segunda muerte del alma perdida), por ejemplo. Por ello, el
seguir al Señor Jesucristo es lo mejor que puedes hacer en tu vida en
estos días y para siempre en la eternidad venidera del nuevo reino
angelical, como La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo, para
que vivas rodeado de ángeles protectores y de sus muchas ricas
bendiciones sobrenaturales, para cultivar tu vida grandemente y para
siempre.
(Carta del cielo):
YESHUA (JESUCRISTO) ES LUZ QUE ALUMBRA TU OSCURIDAD SIEMPRE:
Oh Dios y salvador nuestro por la gloria a tu nombre ayúdanos ya; por
amor a tu nombre santísimo y salvador, libéranos y perdona nuestros
pecados, porque moriremos en nuestras tinieblas si tu nombre no nos
ayuda. Señor Rabino Yeshua jaMashíax, sin tu nombre viviendo en
nuestros corazones no somos nada sino sólo tinieblas delante de tu
presencia gloriosa, listos para ser lanzados al fuego eterno del más
allá: donde los impíos descienden a cada hora perdidos en sus delitos
y pecados, porque no te conocieron jamás.
Dale gloria y honra a tu nombre santísimo una vez más y sin medida
alguna, para que sanen nuestros corazones y almas vivientes te adoren
eternamente y para siempre, almas nuestras que creaste en el día de
nuestra creación, en tus lugares más santos del reino de los cielos.
Acuérdate de cada uno de nosotros cada vez que te acuerdes de tu
nombre muy santo y salvador, para que nos liberes de nuestros propios
males y de los males escondidos de nuestros enemigos y así la gloria
de tu nombre santísimo se incrementara cómo en el cielo con tus
ángeles fieles y seres muy santos y especiales.
Bendícenos ya, Señor nuestro, porque cada una de nuestras bendiciones
moran en los poderes y autoridades sobrenaturales de tu mismo nombre
santísimo e infinitamente glorioso, en la tierra con los hombres y en
el cielo con tus ángeles fieles y sumamente prestigiosos, para que
seas al fin exaltado por siempre entre las naciones por tu gran amor y
bondades interminables. Señor nuestro, levanta tu nombre santísimo
sobre nuestras vidas, para que sea sol alumbrante sobre nuestras
tinieblas y así nuestros males desaparezcan por completo con Satanás,
para que ningún mal se vuelva a enseñorear de nuestras vidas en la
tierra ni menos en el paraíso, cómo sucedió con Adán y Eva cuando
creyeron a la mentira en contra de Jesucristo.
Por eso, para protección de nuestras almas vivientes ante todo mal de
Satanás y de cada uno de sus secuaces no hay nada mejor que invocar el
mismo Espíritu Santo del amor antiguo de tu nombre glorioso e
infinitamente todopoderoso, el cual habita en perfecta santidad en el
corazón y en la sangre expiatoria de tu Rabino Yeshua jaMashíax,
¡nuestro Señor Jesucristo! Danos, Señor nuestro, esa dicha gloriosa y
todopoderosa de tener tu nombre santísimo reinando desde lo alto sobre
nuestras almas vivientes, para que las mentiras con sus maldades
crueles de Satanás y de sus ángeles caídos mueran, y así amarte y
servirte grandemente cada día de nuestras vidas, alcanzando nuevas
glorias de honras y poderes sobrenaturales nunca antes conocidos.
Por ello, nuestras almas vivientes aman ciegamente tu nombre
santísimo, Padre celestial, el cual nos protege a cada hora con el
Espíritu Santo del amor santísimo y antiguo entre tú y nuestro Señor
Jesucristo, para jamás seguir sufriendo los males terribles de
Satanás, sino vivir por siempre protegidos por el Espíritu Santo del
amor antiguo a tu nombre bendito y libertador. Porque nuestro Señor
Jesucristo es el templo sagrado del Espíritu Santo de tus Diez
Mandamientos cumplidos y nombre glorioso y eternamente temible, para
perdonar, sanar, proteger y salvar para siempre a cada alma del
hombre, de la mujer, del niño y de la niña de Israel y así también de
cada una de las naciones.
En tu nombre santísimo confiamos, Padre celestial, porque es sol a
nuestras vidas que quema con su luz las tinieblas de nuestras almas
vivientes, cómo las tinieblas de las mentiras malvadas de Satanás y de
sus ángeles caídos que hicieron creer a Adán y Eva que podían comer
del fruto prohibido del bien y el mal eterno. Pues, por éste nombre
glorioso e infinitamente temible en el cielo por ángeles y así también
por Abraham, Isaac y Jacob, fue realmente por el cual Moisés sube al
Sinaí, para encontrarse con la luz redentora de Israel, es decir, su
sacrificio supremo y continuo en la tierra y en el cielo, nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, para huir del mal eterno.
Y es ésta luz la que alumbra nuestras vidas de cada día y con mayor
fuerza que el sol, si tan sólo creemos en nuestros corazones para
confesar con nuestros labios, delante de la presencia santa de nuestro
Padre celestial y de sus huestes angelicales, la verdad antigua e
infinitamente gloriosa de tu Rabino Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor y
salvador Jesucristo! Porque Moisés cuando veía a la distancia la luz
del fuego que ardía, pero que no quemaba ni hacia daño a nada en su
derredor, sino que permanecía en su lugar firme y estable hasta que él
se acercarse con sus ovejas a su salvador celestial, entonces creyó
para encontrarse al fin, con el sacrificio cotidiano de todo Israel,
¡nuestro Señor Jesucristo!
Ésta fue la primera predicación de la luz, del nombre santísimo y
salvador de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax hacia los descendientes de
Abraham, Isaac y Jacob, el cual Moisés oye y ve milagrosamente por vez
primera y al fin entiende en su corazón la salvación del sacrificio
continuo no solamente para su alma viviente, sino también para Israel
de siempre. Pues éste es el nombre de nuestro Padre celestial, el cual
le confía a su Rabino Yeshua jaMashíax para entregárselo a Moisés y
así también a Israel y a las naciones de toda la tierra, para que
creyeran en él, para bien eterno de cada uno de sus hijos e hijas.
Aquí, no solamente Moisés ve por vez primera la luz que alumbra el
nombre salvador de nuestro Padre celestial, sino que también alumbra
paso a paso su salvación hacia una nueva vida infinita en tierras
gloriosas e infinitamente santas del más allá, y ésta es La Nueva
Jerusalén santa y gloriosa del cielo. La ciudad moderna de Dios, en
donde todo es amor porque el espíritu de vida que la habita es el
mismo Espíritu Santo de sus mandamientos y de su nombre glorioso y
todopoderoso, para darle gloria y honra a él a través de sus ángeles y
así también de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de las
naciones.
Además, mientras Moisés pensaba por la liberación eterna, la luz del
nombre santísimo de nuestro Padre celestial brillaba cada vez más a
través del corazón y de la sangre expiatoria del cuerpo santo del
Cordero de Dios, nuestro holocausto duradero de sangre salvadora en
nuestros días, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que Israel sea al
fin salvo de sus tinieblas perpetuamente. Dado que era necesario que
Israel saliese de Egipto libre de todo pecado y oscuridad en su
corazón, por los poderes sobrenaturales del nombre asombroso de
nuestro Padre celestial y de su Cordero salvador, para que entre por
el camino escondido del mar Rojo y del desierto, el cual lo llevaría a
cada hora hacia la nueva tierra prometida del cielo.
En verdad, después de Moisés haber visto cara a cara el ángel del
SEÑOR, el cual ardía grandemente con su luz santísima del nombre
bendito de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, entonces
jamás se aleja de su lugar santísimo sobre la altura del Sinaí y hasta
que Moisés liberara milagrosamente a Israel del poder de sus enemigos.
Ya que, desde lejos el nombre santísimo de nuestro Padre celestial, el
cual es el nombre de su Rabino Yeshua jaMashíax, alumbraría desde lo
alto del Sinaí cómo una nube de fuego sobre el campamento israelí para
que no se mueran en las noches heladas, y sombra por el día para que
el sol no los queme mortalmente, por ejemplo.
En verdad, estos días eran días de gloria a cada hora, porque el
nombre santísimo del Rabino Yeshua jaMashíax era grandemente honrado
no solamente por Moisés sino también por muchos en todo Israel; por
ello los milagros, maravillas y prodigios en los cielos y en la tierra
se podían ver claramente, y las naciones temían a Israel por todo
ello. Días gloriosos eran estos, porque el nombre santísimo de nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor y salvador Jesucristo, estaba
en su lugar santo del Sinaí o en las alturas de Israel, para que
Israel sea luz a las naciones con el fin de que sean liberados también
del poder terrible y engañador de Satanás y de sus mentiras crueles y
abominables.
Por lo tanto, el nombre santísimo y todopoderoso de nuestro Padre
celestial tenía que permanecer sobre lo alto del Sinaí y en su mismo
lugar, en donde Moisés habla cara a cara con el Rabino Yeshua
jaMashíax, el Hijo de David, para entonces comenzar a liberar a
Israel, del poder de sus pecados y de sus enemigos crueles, para
siempre. Para que al fin salgan de la tierra de su esclavitud antigua,
hacia la tierra prometida del Hijo de Dios, nuestro sacrificio
supremo, para que en su día ellos también, así cómo Moisés, entonces
hablen con el Rey Mesías cara a cara de todas las cosas que nuestro
Padre celestial desee que conozcan de él y de su nuevo reino
sempiterno.
Pues ésta es la gloria infinita de nuestro Padre celestial, de que su
nombre santísimo y temible sea conocido grandemente por todo Israel,
empezando con Moisés, desde sobre todo lo alto del Sinaí, y esto es
más alto que todas las tinieblas de Satanás y de sus malvados
seguidores de siempre, por ejemplo, para protección y salvación
eterna. Con el fin de que desde las alturas del monte empezar a obrar
grandemente nuestro Padre celestial con su nombre santísimo:
maravillas, milagros y prodigios grandiosos, para que Israel sea
liberado de sus pecados y de su muerte segura en la tierra y en el
infierno también, para que no mueran nunca sino que sigan viviendo
para él y su eternidad.
Mientras tanto, el nombre sagrado de nuestro Padre celestial jamás
baja de su lugar santísimo del Sinaí, y esto no solamente no fue desde
el día que Israel sale libre de su cautiverio egipcio hacia tierras
escogidas por Dios mismo y su Cordero celestial, sino que permanece
sobre las alturas del Sinaí hasta que Israel vence gloriosamente el
desierto y sus hostilidades. Porque era necesario que Israel venciese
el desierto hostil y traicionero, para que al fin entre a la tierra
prometida, en donde nacería del vientre virgen de la hija de David, el
dador de la vida eterna, nuestro sacrificio continuo; porque sin él,
entonces Israel no es nada en el mundo entero ni menos en el nuevo
reino angelical.
Por esta razón, por amor a su nombre santísimo, nuestro Padre
celestial establece formalmente a su Jesucristo cómo Rey y Señor de
todo Israel desde el comienzo, para que Israel sea grande entre las
naciones y luz para todas ellas, para que no mueran nunca en las manos
malvadas de Satanás y de sus seguidores malvados y mentirosos de
siempre. Milagrosamente, Israel vence todos sus obstáculos, porque no
solamente Moisés habla cara a cara con el Hijo de Dios sobre todo lo
alto del Sinaí, cómo el sacrificio continuo, sino también porque la
luz del nombre glorioso de nuestro Padre celestial permanece sobre su
lugar santo, en el cual Moisés tuvo que remover sus sandalias para
entonces hablar con Dios mismo.
Porque era necesario para Moisés no solamente ver la luz del nombre
santísimo de nuestro Padre celestial desde grandes distancias, sino
que él mismo tenía que hablar cara a cara con el que lleva por siempre
éste nombre glorioso en su corazón y en su sangre santísima, salvadora
y expiatoria para todos los pecados de la humanidad entera, ¡nuestro
Señor Jesucristo! Por lo tanto, es éste sacrificio supremo y sumamente
santo que con su sangre expiatoria nos da la luz brillante del nombre
todopoderoso de nuestro Padre celestial, para perdonar nuestros
pecados, sanar nuestras heridas, bendecirnos con grandes milagros,
maravillas y prodigios, para que nuestros cuerpos y espíritu humano
siempre disfruten de las bondades de su Espíritu Santo y abundancias
celestiales.
Y, desde entonces acá, el nombre santísimo de nuestro Padre celestial
tiene que permanecer sobre todo lo alto de nuestras vidas, así cómo
permaneció sobre lo alto de la vida de Moisés y de Israel, para
escapar del pecado y de su cautiverio inacabable, en la tierra y en el
más allá también, cómo el infierno y el lago de fuego. Por esta razón,
cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones
deberían preguntarse, por ejemplo, en estos días, ¿Dónde está entre
nosotros el nombre santísimo de nuestro Padre celestial y Fundador de
nuestras almas vivientes?
Sabemos que está en el cielo con Dios y sus ángeles fieles. Pero,
¿estará entre nosotros hoy en día, para liberarnos de tantos males y
así al fin bendecirnos a cada hora para que no nos falte ningún bien
jamás, en la tierra y en la eternidad? Porque si no sabemos cómo
Moisés, por ejemplo, inicialmente que el nombre de nuestro Padre
celestial está brillando sobre lo alto del Sinaí, desde su lugar
santísimo del corazón y de la sangre expiatoria del Rabino Yeshua
jaMashíax, porque sólo él es el templo de Dios, entonces no podremos
escapar jamás las tinieblas de nuestro cauterio del pecado y la
muerte.
Por eso es que Satanás abusa de nosotros, entregándonos sus problemas,
dificultades, enfermedades y hasta amenazas de muertes increíbles en
la tierra y en el más allá también, cómo en el infierno y el lago de
fuego, por ejemplo, (mundos terribles de las tinieblas que nos
atormentan con amenazas de destrucción y muerte cada día). Porque para
nosotros poder vencer al mundo y sus tinieblas de muerte eterna,
entonces el nombre santísimo de nuestro Padre celestial tiene que
tomar su lugar de gloria y de honra eterna sobre todo lo alto de
nuestras vidas, cómo en el caso de Israel y Moisés, por ejemplo,
brillando gloriosamente sobre lo alto del Sinaí para subyugar todas
las tinieblas cautivadoras.
Entonces lo que Moisés veía cuando ardía la zarza desde lejos sobre el
Sinaí, verdaderamente él estaba viendo con sus propios ojos el
sacrificio continuo del Rabino Yeshua jaMashíax, sangrando
profusamente cómo el árbol que le da vida, salud, prosperidad,
protección y salvación eterna a Israel y a todo aquel que invoque el
nombre santísimo de nuestro Padre celestial, ¡Yeshua jaMashíax! Porque
es éste nombre antiguo de nuestro Padre celestial entregado
especialmente a su Hijo amado, visto que, es el Padre quien le pone
nombre al Hijo, para que sus ángeles sean benditos en el cielo y así
también cada hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones,
empezando por Israel mismo: porque la promesa de salvación es de
Israel inicialmente.
Así pues también sobre todo lo alto de nuestras vidas, el nombre
santísimo de nuestro Padre celestial tiene que ser levantado
fielmente, y esto es sólo posible creyendo en nuestros corazones y
confesando con nuestros labios el nombre glorioso de nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para que su nombre
santísimo tome poder y control sobre nuestras vidas. Puesto que, sólo
así todos los poderes sobrenaturales de las tinieblas de Satanás y de
sus seguidores malvados de siempre podrán ser destruidos a cada hora,
visto que es la luz que emite el nombre de nuestro Padre celestial
desde el corazón y la sangre expiatoria de su Jesucristo lo que vence
las tinieblas, para apagarlas por completo y para siempre.
Pues ésta es la luz que brilla sobre todo el mundo, predicándoles a
los hombres, mujeres, niños y niñas de todas las familias de las
naciones, de que tienen que volver a nacer y no de la carne, huesos
quebrados y sangre enferma de sus antepasados, sino la del Espíritu de
nuestro Señor Jesucristo, para que tengan desde ya vida eterna. Porque
la verdad es también que es la invocación del nombre santísimo de
nuestro Padre celestial que no solamente con lleva cada una de
nuestras bendiciones de cada día de milagros, maravillas y prodigios
en los cielos y en la tierra, para vivir nuestras vidas normales,
libre de Satanás, sino que también levanta los muertos de sus tumbas
para siempre.
Porque cuando nuestro Padre celestial llame al fin a todos los muertos
de sus tumbas, pues ellos responderán únicamente al nombre sagrado de
su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para pararse
delante de su presencia santa con carne y tendones en sus huesos y
sangre viva corriendo por sus corazones y venas de todo su cuerpo y
espíritu humano. Porque muy pronto, cada tumba de toda la tierra, y de
los que están debajo de las aguas de los mares y ríos también, tendrá
que entregar a sus muertos, en el nombre sagrado del Rabino Yeshua
jaMashíax, para que se paren delante de nuestro Padre celestial y de
su Cordero inmolado, inmolado victoriosamente por sus pecados y
tinieblas mortales.
Éste será un día glorioso para muchos que amaron y honraron sobre todo
lo alto de sus vidas el nombre glorioso y sublime del Rabino Yeshua
jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, cómo el Hijo de Dios, Cordero de
Dios y sumo sacerdote de nuestras almas vivientes en la tierra y en el
cielo para entrar a la gloria eterna desde ahora. Sin embargo, habrán
otros que no podrán retener sus vidas, por culpa de sus muchos delitos
y pecados, en contra del fruto del árbol de la vida, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, los cuales perderán su salvación eterna para
descender a su muerte segunda, el infierno y el lago de fuego del más
allá, para jamás volver a ver la vida.
Por ello, era necesario que nuestro Señor Jesucristo naciera del
vientre virgen de la hija de David, para darnos la carne santa, los
huesos inquebrantables y su sangre expiatoria llena de salud eterna,
con el fin de él mismo levantar el nombre santísimo de nuestro Padre
celestial sobre todo lo alto del monte santo de Jerusalén, para fin de
todas las tinieblas. Y sólo así sobre lo alto del monte santo de
Jerusalén, entonces no solamente liberar a cada hombre, mujer, niño y
niña de Israel y de las naciones, sino también levantarse hacia el
Padre celestial una vez más para darnos la tierra prometida, La Nueva
Jerusalén santa y gloriosa del cielo, para vivir la felicidad eterna
desde ya y para siempre.
Porque sólo en esta tierra santa del nuevo reino angelical es que
somos felices infinitamente con nuestro Padre celestial, su Hijo
amado, su Espíritu Santo y sus millares de ángeles gloriosos, cómo los
que conocen el nombre prestigioso y temible desde sus corazones santos
para amarlo y alabarlo por siempre con salmos con sus labios, por
ejemplo. Por ello, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax les decía
abiertamente a todos, de que todo aquel que cree en su corazón y así
confiesa su nombre salvador con sus labios, entonces vuelve a nacer
una vez más delante de su presencia santa para llevar por siempre su
misma carne santa, sus huesos inquebrantables y su sangre expiatoria y
santísima para vivir eternamente.
En otras palabras, el que cree en él en su corazón y así confiesa su
nombre santísimo con sus labios, entonces en el día final su nombre
glorioso lo levantara a la vida eterna, para ya no vivir más en la
carne, huesos quebrados y sangre enferma de Adán y Eva, sino en la de
él mismo para salud eterna. Y sólo así podremos ser convertidos en
hijos de luz para nuestro Padre celestial que está en el cielo, en vez
de seguir siendo hijos de las tinieblas para el infierno: porque el
nombre santísimo de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax está alumbrando
sobre todo lo alto de nuestras vidas de cada día por toda la tierra,
para un nuevo nacimiento eterno.
Por eso, en su día el rey David quiso también levantar una casa para
el nombre santísimo de nuestro Padre celestial, el nombre glorioso de
su Rabino Yeshua jaMashíax, pero nuestro Padre celestial no se lo
permitió jamás. Porque David había derramado mucha sangre en sus
batallas que él tuvo en servicio a nuestro Padre celestial y su nombre
santísimo por todo Israel y fuera de ella también, derribando así a
muchos ejércitos enemigos que se oponían a que la luz santísima del
Hijo de Dios se regara por toda la tierra para bien eterno de futuras
naciones.
Sin embargo, nuestro Padre celestial le promete a David que uno de sus
hijos levantaría un templo para que su nombre santo habite en él, y
éste era el rey Salomón. Por lo tanto, Salomón en su día empieza la
gran obra de edificar un templo especial para el nombre santísimo de
nuestro Padre celestial, el cual es Yeshua jaMashíax: por cuanto, sólo
él es el Cordero de Dios y, simultáneamente, el sumo sacerdote de
nuestro Padre celestial para levantar a cada hora gloria y honra a su
nombre santísimo y todopoderoso.
Por lo cual, cada vez que todo hombre, mujer, niño y niña de Israel o
de las naciones levantase su oración hacia el cielo, mirando hacia el
templo de Salomón, en Israel, por ejemplo, entonces nuestro Padre
celestial respondería a la oración para contestarla y hacer todo lo
que se le pidiese, en el nombre de Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor
Jesucristo! Así pues, ya sea que los israelitas buscasen la salvación
de sus vidas del poder de las tinieblas del cautiverio eterno, el
nombre santísimo de nuestro Padre celestial tenía que brillar por
ellos desde el corazón y la sangre expiatoria de su Rabino Yeshua
jaMashíax, parado sobre el Sinaí o el templo de Salomón o sobre el
monte santo de Jerusalén.
En otras palabras, cada vez que Moisés miraba hacia la luz que
brillaba sobre el Sinaí, en verdad estaba viendo el nombre santísimo
de nuestro Padre celestial, el cual es Yeshua jaMashíax que habita en
su templo santísimo de carne, huesos inquebrantables y sangre
expiatoria, cómo sacrificio continuo para Israel y para todas las
naciones también, sin duda alguna. O cuando Salomón y los israelitas
oraban hacia el templo levantado para el nombre de Dios, en Israel, a
pesar de la distancia, entonces estaban (o están aún hoy en día), por
ejemplo, orando, por inicio, en el nombre sagrado del Gran Rey Mesías,
nuestro Señor Jesucristo, y lo mismo podemos decir del monte santo de
Jerusalén, de modo definitivo.
Porque es la exaltación del nombre santo de nuestro Padre celestial,
el cual habita en perfecta santidad gloriosa en el corazón y en la
sangre expiatoria del Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor
Jesucristo, lo que le da vida, protección, salud y salvación eterna a
Israel y a la humanidad entera, en la tierra y en el paraíso, para
siempre. Por eso, es bueno exaltar al Señor Jesucristo cada día, para
que el nombre glorioso de nuestro Padre celestial y de su Espíritu
Santo sea infinitamente honrado sobre todo lo alto de nuestras vidas,
para que alumbre nuestras tinieblas así cómo alumbró las tinieblas de
los antiguos y darnos libertad para vivir felices desde ahora y para
siempre en la eternidad.
Por ende, sólo nuestro Rabino Yeshua jaMashíax puede realmente
levantar el nombre santísimo y todopoderoso de nuestro Padre celestial
sobre nuestras vidas, ya sea para los israelitas escapar del pecado y
la muerte eterna del cautiverio o así también del pecado y de la
muerte de sus almas vivientes en la tierra, en el infierno y el lago
de fuego. Entonces es solamente ésta simple exaltación humilde del
nombre santísimo de nuestro Padre celestial, sobre todas las tinieblas
de nuestros problemas, dificultades, enfermedades y amenazas de
muerte, por el corazón y la sangre santísima y expiatoria de nuestro
Señor Jesucristo, lo que alumbra sobre nuestras tinieblas para que
mueran y desaparezcan desde ahora mismo y para siempre en la
eternidad.
Por eso, es muy bueno siempre llevar a nuestro Rabino Yeshua jaMashíax
viviendo en nuestros corazones cada día de nuestras vidas por toda la
tierra, para que el nombre glorioso de nuestro Padre celestial siempre
esté mucho más alto que los problemas, dificultades, enfermedades y
muertes que nos agobian habitualmente, como si fueran normales, cuando
no lo son, sino mentiras eternales. Además, sólo así podremos siempre
vencer a Satanás y a cada uno de sus secuaces, por lo tanto Satanás
huye de nuestras vidas con sus mentiras y trampas mortales del más
allá: ya que, la luz del nombre santísimo del Rabino Yeshua jaMashíax
reina poderosamente brillando grandemente sobre nuestras vidas así
cómo brilló por Moisés sobre el Sinaí, por ejemplo.
Por ello, también toda familia, linaje, pueblo, ciudad, nación o
reino, en el cual el nombre santísimo de nuestro Padre celestial es el
epicentro de su vida, entonces el bienestar del amor, la paz, la
protección y la felicidad de la vida eterna reinaran progresivamente
en la vida de cada uno de sus hijos e hijas, para que vivan
infinitamente felices. Porque la verdad es que tener el nombre
santísimo de nuestro Padre celestial viviendo sobre todo lo alto de
nuestras vidas, por el corazón y la sangre santísima de su unigénito,
nuestro Señor Jesucristo, entonces somos felices grandemente, para
gozar por siempre de las riquezas del Espíritu Santo, de las que están
en los cielos y en la tierra.
Por lo tanto, para que nuestro Padre celestial se sienta feliz con
cada uno de nosotros, entonces tenemos que ver la luz de su nombre
santísimo brillando sobre lo alto del Sinaí desde el corazón y la
sangre expiatoria de su Rabino Yeshua jaMashíax, para que vivamos ya
en la felicidad del Espíritu Santo y de sus huestes angelicales. Y
esto es algo que nuestro Padre celestial ya hizo por amor a cada uno
de nosotros, al levantar él mismo a su Hijo Jesucristo clavado a los
árboles cruzados de Adán y Eva sobre el monte santo de Jerusalén, para
que la luz infinita de su nombre glorioso brille por siempre sobre
nosotros y todo para bien eterno.
Visto que, es ésta luz de su nombre santísimo brillando gloriosamente
sobre todo lo alto de su monte santo, en las afueras de Jerusalén, es
lo que ciega no solamente a Satanás sino también a cada una de sus
tinieblas cómo las que están en los problemas, dificultades,
enfermedades y muertes escondidas de cada día de muchos desafortunados
en nuestros días. Así es cómo cada mentira del paraíso, cómo las que
creyeron por error Adán y Eva, son los problemas, dificultades,
enfermedades y muertes en la tierra y en el más allá también, llenas
de profundas tinieblas de Satanás y de sus ángeles caídos para mal
eterno de muchos desafortunados, de los que no conocen aún en sus
corazones a su Jesucristo.
Por ello, si en estos días levantas el nombre santísimo de nuestro
Padre celestial en tu corazón, el cual habita en el templo glorioso
del reino angelical y de la tierra, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax,
para que su corazón y su sangre expiatoria comiencen a alumbrarte
milagrosamente, para que los males se desaparezcan con Satanás lejos
de ti, entonces eres afortunado. Verdaderamente, eres tan afortunado
cómo los ángeles más gloriosos del reino angelical, y aun mucho más
que todos ellos juntos, por más gloriosos que sean infinitamente; si,
eres tan afortunado cómo Dios mismo o cómo su Hijo amado, nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, por ejemplo, porque el nombre temible y
todopoderoso es muy bueno en nuestras vidas cotidianas y para
siempre.
Además, es eso precisamente lo que tú necesitas hacer en tu vida, hoy
en día, levantar el nombre todopoderoso de nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax más alto que tus preocupaciones, para que la luz de la
verdad y la justicia infinita de su nombre santísimo alumbre tus
tinieblas, haciéndolas así desaparecer por completo con gran poder y
para siempre en la eternidad. Porque la nación o reino que no le
sirvan al nombre santísimo de nuestro Padre celestial, el cual habita
en perfecta santidad desde los primeros días de la eternidad en el
corazón y en la sangre expiatoria del Cordero de Dios, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, entonces perecerá sin duda alguna, para ser
destruida eternamente en el infierno candente y tormentoso.
Porque la verdad es que nuestro Padre celestial entregara en manos de
sus enemigos y hasta del mismo Satanás a cualquier nación, si sus
ciudadanos no levantan su nombre santísimo sobre sus vidas, el cual él
mismo les confía inicialmente desde el corazón y la sangre reparadora
de su Cordero escogido para vivir por siempre protegidos bajo su gran
sacrificio continuo. Por ello, todas las naciones que se olvidan de
exaltar el nombre santísimo de su Dios y Creador de sus vidas, por
medio de su Hijo Jesucristo, entonces sus nombres son borrados para
jamás volver a ser mencionados en la tierra ni menos en el cielo, cómo
en La Nueva Jerusalén santa y perfecta del cielo, por ejemplo.
Eventualmente sus pueblos serán borrados de sobre la faz de la tierra,
para no ser recordados jamás; ese es el juicio final de parte de
nuestro Padre celestial para todo hombre, mujer, niño o niña de todas
las familias y naciones que no levante el nombre santísimo de su Dios
y Creador de sus vidas, por medio de su Jesucristo. En la medida en
que, es necesario que el nombre santísimo de nuestro Padre celestial
brille grandemente desde el corazón y la sangre santísima de su Gran
Sacrificio continuo de su Rabino Yeshua jaMashíax, para que los
pecados sean expiados y así todos vivan en pureza infinita del
Espíritu Santo de la nueva felicidad celestial.
Y éste es el Espíritu Santo del amor, la paz, la victoria, la
prosperidad y la protección eterna de sus almas vivientes en la tierra
y en el cielo, desde ahora y para siempre, para que ya no conozcan más
las mentiras de Satanás y de sus malvados, sino sólo la verdad de la
vida eterna con sus ricas bendiciones interminables. Desde ahora y
para siempre, el nombre santísimo de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax,
cómo el Hijo de Dios, cómo el Cordero del sacrificio continuo y cómo
sumo sacerdote de tu alma viviente delante del Padre celestial,
alumbra tu oscuridad, para que ya no haya más oscuridad en tu vida,
sino sólo luz para salud, protección, prosperidad y vida eterna.
Así es nuestro Señor Jesucristo es la luz que alumbra las tinieblas de
tu vida, para dejarlas impotentes y destruirlas para siempre, para que
ningún mal vuelva a enseñorearse en tu vida y en la vida de todos los
tuyos también. Por ende, acuérdate siempre del Rabino Yeshua jaMashíax
cómo tu Señor y salvador de tu vida y alma viviente, para que te
olvides de las mentiras y males terribles de Satanás y de los enemigos
comunes del SEÑOR, para gloria y honra infinita de su nombre
santísimo, el cual te bendice constantemente sobre todo lo alto para
enriquecer tu vida grandemente.
No te olvides nunca de tener a cada hora de tu vida el nombre
santísimo de nuestro Padre celestial reinando sobre todo lo alto de tu
vida, gracias a nuestro Señor Jesucristo, para que seas protegidos de
las cosas que se ven y hasta de las que no (se ven) también, en la
oscuridad de la tierra y del más allá. Levanta ya al Rabino Yeshua
jaMashíax sobre toda tu vida para que sea al fin el salvador de tu
alma viviente y así empieces a brillar cómo oro o piedras preciosas
delante de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo con sus
huestes angelicales, para darle gloria y honra a nuestro Dios eterno
que te enriquece cada vez más cada día. ¡Amén!
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.
LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):
"'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!'
Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y
todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo
dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo
el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá:
'¡Amén!'
"'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
"'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!'
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!
SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".
SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos".
TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano".
CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó".
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da".
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".
SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".
OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".
NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo".
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo".
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ".
Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.
Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver qué clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.
http://www.supercadenacristiana.com/
http:///radiovisioncristiana.com