Juan se encuentra en la calle con su amigo Pedro.
- Hola, ¿cómo estás?
- Bien, muy contento porque me compré una mascota increíble. Es un cocodrilo
y lo tengo en el living de la casa.
Juan responde.
- No lo puedo creer. Eso es imposible. Esos animales no se pueden
domesticar.
- Claro que es verdad. Es super inteligente y ¿sabes? además hace unos
mamones espectaculares.
- No, eso si que no te lo creo.
- Sí, es cierto. Ven conmigo a mi casa y te lo mostraré.
Llegan a la casa y efectivamente ahí estaba el famoso reptil, tranquilamente
descansando sobre la alfombra.
Pedro lo despierta, abre el cierre de su pantalón, saca su herramienta y el
cocodrilo empieza a darle una excelente mamada. De tanto en tanto Pedro
cogía un palo y le pegaba fuertemente en la cabeza al animal.
Juan pregunta:
- ¿Por qué lo golpeas?
- Le pego para que no me empiece a morder el miembro y siga chupando
normalmente.
- ¡Es extraordinario! Ahora sí que te creo.
Pedro dice:
- ¿Te gustaría probar?
Juan lo piensa un poco y responde:
- Bueno, ya, pero ¡A MÍ NO ME PEGUES TAN FUERTE CON EL PALO!