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(IVÁN): LA SANGRE RESUCITADA EN EL TERCER DÍA LUCHA POR NOSOTROS

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valarezo

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Sep 7, 2008, 9:35:54 AM9/7/08
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Sábado, 06 de septiembre, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica


(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


LA SANGRE RESUCITADA EN EL TERCER DÍA LUCHA POR NOSOTROS:

Dado que, nuestra lucha no es contra sangre ni carne humana o fiera,
sino contra soberanías, contra leyes diabólicas, contra ordenanzas de
capítulos divididos y escondidos de nuestros ojos, contra los mandatos
de las mismas tinieblas del anticristo, contra espíritus de profundas
mentiras del paraíso y de sus lugares celestiales también; por tanto,
“la lucha es para recobrar nuestra vida humana”. Además, nuestra lucha
es en contra del mismo espíritu de error de Satanás y de la serpiente
antigua, “la misma lucha de Adán y Eva”, la cual no cesa de atacar a
la vida del hombre, desde el día que comenzó a atacarlo en el paraíso,
para que no sólo obedezca a su Padre celestial, sino mucho más que
esto aún, desdichadamente.

Y esto es simplemente, para que la humanidad entera, y no sólo tú, “no
conozca jamás al Señor Jesucristo”: como el unigénito, como el Árbol
de la vida, como el Cordero Escogido inmolado desde la fundación del
cielo y la tierra, para que no coman de sus frutos, ni beban de su
agua de vida y de salud eterna jamás. Éste odio de muerte va hacia
Jesucristo, sin duda alguna, para hacerles daño a nuestro Padre
celestial y a su Espíritu Santo y hasta los transeúntes no se salvan
aquí nunca. Y así la imagen y la semejanza de Dios y de su Hijo en
cada hombre, mujer, niño y niña de las familias, razas, linajes,
tribus y reinos de la tierra «no se fructifiquen, ni se multipliquen
más» en el paraíso, en la tierra y así también en el nuevo reino
celestial de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo.

Puesto que, sabe perfectamente Satanás que si el hombre, como Adán y
Eva en el paraíso, por ejemplo, come del fruto del Árbol de la vida de
nuestro Señor Jesucristo, entonces la imagen y la semejanza divina de
Dios seria alimentada grandemente, en cada hijo e hija de Dios, en
todos los lugares de la tierra, comenzando con Israel, por ejemplo. Y
esto significa que la tierra “se revertiría en un paraíso”, en vez de
seguir siendo el mundo de las profundas tinieblas de Satanás y de sus
ángeles caídos, como siempre lo ha sido desde los primeros días de la
antigüedad, para mal de cada uno de sus habitantes, ya sean reinos de
hombres o de reinos animales, por ejemplo.

Visto que, los ataques de Satanás comenzaron primeramente con los
ángeles engañados por su nombre inicuo en contra de Dios y de su
Jesucristo en el reino de los cielos, para engañar una tercera parte
de todos ellos, de los cuales creyeron en él, «para exaltar su nombre
inicuo más alto que el nombre de nuestro Señor Jesucristo». Y luego
Satanás engaña a la serpiente del Edén, la amiga de Eva, para luego
poder acercarse con sus mentiras a Adán y así no sólo llenar su vida
con tinieblas, sino también la de sus hijos e hijas en toda la
creación, para mal eterno de muchos inocentes; aparentemente, “Satanás
primero engaña a los animales, para luego engañar al hombre”.

Por eso es que los animales, aparentemente, tienen más poder de
violencia natural que el hombre de la tierra, «aunque al hombre, hoy
en día, le ayuda la tecnología para ser aún mucho más violento que en
el comienzo de las cosas», en el paraíso o en la tierra de nuestros
días, por ejemplo. Por ello, es que los conflictos siempre han tocado
la vida del hombre y han estallado en guerras terribles y de gran
destrucción masiva, para mal eterno de muchos desdichados, sin duda
alguna; porque la historia de la tierra está llena de conflictos,
guerras y de mortandades terribles.

Además, estos males terribles no desaparecen aún ni en el futuro, si
Jesucristo no nos cuida, por culpa de las mentiras pronunciadas en
contra de Dios y de su ley viviente en el paraíso, de las cuales aún
resuenan en la vida del hombre y se multiplican como flor silvestre
por doquier, para seguir engañando a los hijos de Adán. Aparentemente,
Satanás no desea terminar aún lo que comenzó con mentiras en el
paraíso, para destruir el corazón de Adán y así también la vida de
cada uno de sus hijos e hijas de todas las familias de la tierra, para
que nuestro Padre celestial y su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo,
“no reinen sublimes en nuestras vidas jamás”.

En realidad, Satanás es malo en contra de nuestro Padre celestial y de
su vasta creación, comenzando con sus ángeles fieles y así también con
cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, como con Adán
en el paraíso, por ejemplo, “porque tiene poder para gobernar las
profundas tinieblas del más allá”, desafortunadamente. Y esto es un
problema serio para cualquiera, si no tiene “la protección real del
Espíritu del nombre ungido de nuestro Señor Jesucristo”, viviendo ya
en su corazón. Ciertamente que la lucha de Satanás en contra de Dios
comenzó inicialmente porque el hombre iba a entrar al reino de
Jesucristo y de su Espíritu Santo, es decir, “si sólo cree”, para ser
lleno del Espíritu de la vida y de la salud eterna de la vida
celestial de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo, sin duda
alguna.

Dado que, para esto nuestro Padre celestial nos crea en el principio
de las cosas del paraíso, para que vivamos para él, pero
“exclusivamente por medio del Espíritu de la sangre sacrificada” desde
mucho antes de la fundación del mundo, su Hijo unigénito, su Árbol de
la vida, nuestro Gran Rey Mesías de todos los tiempos, ¡el Hijo de
David! Por cuanto, ésta es la vida infinita y sin Satanás, la cual le
agrada mucho al corazón santísimo de nuestro Padre celestial, “quien
es sumamente amante del Espíritu glorioso de Los Diez Mandamientos”,
cumplido en su Jesucristo, en el paraíso, en la tierra y en la nueva
vida infinita del Árbol de la vida, ¡La Nueva Jerusalén Colosal del
cielo!

En donde nuestro Padre celestial será conocido por cada uno de sus
ángeles y así también por cada uno de sus hijos e hijas, de los cuales
no los creo con su palabra como a los ángeles, sino con su corazón y
con sus mismas manos santísimas, como “con los dedos que escribieron
las lajas de la ley divina”. Y así como nuestro Padre celestial
escribió con su mismo dedo las tablas de la ley, así pues también
“escribió la vida cristiana” de cada hombre, mujer, niño y niña, en el
día que creaba a Adán y a Eva en sus manos gloriosas, para que vivan
únicamente para creer en el fruto de su Árbol de la vida, ¡nuestro Rey
Jesucristo!

Incluso, nuestro Padre celestial ha escrito con su misma mano la vida
que debes creer y llevar en tu corazón y por cada paso en la tierra y
así también en el paraíso, para creer, vivir y gozar cada día con su
Jesucristo “las ricas bendiciones de vida y de salud para gloria
eterna de su nombre muy santo”. Porque para esto nos crea nuestro
Padre celestial en su corazón y con sus manos gloriosas, para que no
sólo llevemos su imagen y vivamos conforme a la hermandad de nuestro
Señor Jesucristo en la tierra y en el paraíso, sino que también “le
sirvamos y le adoremos así como los ángeles siempre le han servido a
él en la eternidad”.

Por ello, es de suma importancia que cada uno de nosotros le comience
a servir y a adorar a su nombre muy santo en nuestros corazones y en
nuestras vidas, al creer a la vida santísima y a su sangre sacrificada
sobre los árboles cruzados de Adán y Eva sobre el monte santo de
Jerusalén, «únicamente para cumplir con nuestro Dios». Es decir, para
cumplir con toda verdad y justicia de nuestro Padre celestial en la
tierra y en el paraíso para siempre, para que las tinieblas que viven
en nosotros “entonces mueran y dejen de hacerle daño al mundo en donde
vivimos, por ejemplo”.

En la medida en que, la tierra y así también sus mares sufren cada día
y cada noche y sin parar los embates del mal, “por culpa de nuestros
pecados y de nuestras rebeliones celestiales”, como las del paraíso,
por ejemplo, en contra de nuestro Dios y de su Hijo amado, el Árbol de
la vida, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y cuando nosotros obedecemos a
nuestro Padre celestial, es decir, cuando comenzamos a comer y a beber
del fruto del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, entonces “la
imagen de nuestro Padre celestial se enriquece grandemente en
nosotros” y, por tanto, comenzamos a vivir conforme a la hermandad de
nuestro Salvador Jesucristo, para gloria y alegría infinita de nuestro
Díos.

En vista de que, si el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo está en
nuestros corazones, tal como nuestro Padre celestial desea que sea así
con cada uno de nosotros, en nuestros millares, en todas las naciones
de la tierra, entonces “nuestro Padre celestial comenzaría a ser muy
feliz en el cielo, como nunca antes”. Y esto es real y verdadero, hoy
en día como lo fue en la antigüedad: Nosotros podemos hacer muy feliz
el corazón de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, si tan
sólo creemos en su Hijo Jesucristo, “como el Cordero Escogido con la
sangre santa, sacrificada, resucitada en el Tercer Día para darle vida
infinita a sus hermanos eternamente”. Por cuanto, el Espíritu de su
Hijo amado, el cual cumplió y exaltó cada palabra, cada letra y cada
significado de las tildes de la ley, vive en cada uno de nosotros para
agradar y para alegrar cada día y por siempre el corazón santísimo de
nuestro Padre celestial y de sus huestes angelicales en el reino de
los cielos.

Además, esto es vivir para nuestro Padre celestial infinitamente feliz
con el Espíritu de su ley viviente, la cual no dejo jamás de bendecir
su corazón y su nombre santísimo, aunque vivió entre gente de labios
pecadores y sólo hasta que el Hijo de David nació del vientre virgen
de la hija de David, “para cumplir con Él, infinitamente”. Y éste es,
precisamente, “el cumplimiento milagroso del Espíritu de la ley
celestial”, en la vida del Hijo de David, el Gran Rey Mesías del cielo
y de la tierra, “el cual limpia nuestras sangres de todo pecado con su
misma sangre sacrificada y resucitada en el Tercer Día” y, al mismo
tiempo, derrota toda mentira del enemigo de Dios, Satanás.

Ya que, Satanás fue (y es aún) la primera mentira del reino de los
cielos entre los ángeles, del paraíso entre Adán y Eva y, hoy en día,
es la misma mentira, la cual te ataca a traición, “para hacerte el
mismo daño que le hizo a nuestro Padre celestial”, cuando logro que
Adán y Eva no comiencen de Jesucristo. Y sobre los que no comen del
Árbol de la vida, como Adán y Eva no comieron de Jesucristo en el día
que nuestro Padre celestial los llamó a hacerlo así en sus vidas, pues
entonces los principados, autoridades, gobernantes de las tinieblas
presentes, “obran impunes con sus espíritus de mentiras desde los
lugares del paraíso para devastar toda vida humana”.

De hecho, estos son poderes terribles de principados, autoridades y de
los mismo gobernantes de las tinieblas del más allá, actuando en
nuestros días libremente, para que los espíritus de mentira y de gran
maldad de los lugares celestes “sigan haciendo de las suyas en contra
de la imagen y la hermandad de Dios y de su Hijo” en la humanidad
entera. Visto que, para Satanás no hay amigos entre los hombres,
mujeres, niños y niñas de las familias de la tierra, sino sólo
enemigos de él y de sus mentiras eternas, porque todos ellos llevan en
sí: «La imagen y la hermandad infinita del Hijo, nuestro Salvador
Jesucristo, con el potencial de amar a Dios aún mucho más que los
ángeles fieles».

Y, desde el primer día, Satanás no quería ver al hombre vivir y llevar
en si la imagen y la hermandad de nuestro Señor Jesucristo, es por eso
que se rebelo en contra de Dios y del Espíritu Santo del Árbol de la
vida, por ejemplo, en el cielo, en el paraíso y, hoy en día, en toda
la tierra también. Por eso es que cada mentira que viene en contra de
tu vida y de la de los tuyos, “es porque Satanás está muy enojado
contigo”, para que no llegues jamás a conocer en tu corazón la
voluntad perfecta de nuestro Padre celestial, la cual es creer, para
ser perdonado y vivir infinitamente, en el nombre sagrado de nuestro
Salvador Jesucristo.

Ya que, no solamente Jesucristo es nuestro Salvador celestial para
vivir en paz en la tierra y nuestro seguro regreso ya al paraíso, a
nuestras primeras vidas antiguas, sino que también sólo Él es nuestro
poder sobrenatural para derribar a Satanás. Ni más ni menos que, esto
es de derribar cada día y cada noche y sin prisa alguna a cada
principado y autoridad malvada, gobernantes infames del más allá,
«como los que hacen que los espíritus de mentira se muevan cruelmente
en contra de gentes inocentes, por ejemplo».

Es decir, para que estos malvados dejen de hablar mal en contra del
Espíritu de la sangre sacrificada y resucitada en el Tercer Día de
nuestro Señor Jesucristo, para que toque toda vida humana para bien y
alegría eterna de sus almas infinitas, delante de nuestro Padre
celestial y de su Espíritu Santo, en la tierra y así también en el
paraíso. Puesto que, para nuestro Padre celestial “es alegría infinita
de ver a un pecador arrepentirse de su pecado en contra de la sangre
sacrificada y resucitada en el Tercer Día de nuestro Señor
Jesucristo”, para que sean borrados sus pecados y llenar su vida del
Espíritu de vida eterna de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del
cielo. Sinceramente, cada uno de nosotros tiene que ser lleno del
Espíritu de la vida de La Nueva Jerusalén celestial, si queremos vivir
en ella, y esto es sólo posible en nuestras vidas si confesamos a
Jesucristo, el Hijo de David, con nuestros labios delante de Dios y de
su Espíritu Santo; “eso es todo lo que debemos hacer, para regresar al
paraíso”.

Es más, en el reino celestial los ángeles se alegran con nuestro Padre
celestial, “cuando un pecador acepta en su corazón y así confiesa con
sus labios el nombre glorioso y santísimo de nuestro Señor
Jesucristo”, el Hijo de David, por lo cual la misma tierra, santa y
gloriosa del cielo, prorrumpe en alabanzas y fiestas angelicales
inagotables para nuestro Dios. Y estas fiestas angelicales, “cuando
empiezan entonces no terminan nunca de honrar, alabar, exaltar y
glorificar a nuestro Padre celestial”, porque un alma perdida del
hombre, de la mujer, del niño o de la niña de la tierra, la cual iba
en su camino a la perdición eterna se salva milagrosamente al creer en
su Jesucristo, “como su salvador mesiánico”.

Con toda seguridad, la lucha de Satanás es la misma lucha de siempre,
llena de mentiras y de alevosías, en contra de Adán y Eva en el
paraíso, “para que el Espíritu del evangelio de la sangre santísima,
sacrificada y resucitada en el Tercer Día de nuestro Salvador
Jesucristo para volver a la tierra, “no prospere nunca en el mundo
entero”. Y esta vez, volver a la tierra de nuestros primeros días y de
siempre, llena de vida infinita y por fin entrar al paraíso y delante
de la presencia de nuestro Padre celestial, «para glorificar su nombre
santísimo aun mucho más que antes en nuestras vidas humanas»,
redimidas para su nuevo reino celestial de Su Nueva Jerusalén
Angelical del cielo.

Es por esta razón que el Espíritu de nuestro Salvador Jesucristo, el
Hijo de David, no cesa de luchar en contra de Satanás y de cada uno de
sus principados, autoridades y gobernantes de las tinieblas del más
allá sobre todas las naciones de la tierra y hasta tocar la puerta de
tu corazón. Tocar tu misma vida de hoy en día, no importando jamás en
donde te encuentres, mi estimado hermano y hermana, “para hacerte
libre de las mentiras crueles de la serpiente antigua del Edén”, para
que no mueras jamás sino que veas la vida eterna desde ya y para
siempre en la eternidad. Por cuanto, tú has sido creado en las manos
de Dios “para vivir no la vida de los ángeles sino su misma vida
santísima y sin la mancha mentirosa de Satanás” y, además, sólo con el
Espíritu del Hijo de David viviendo ya en tu corazón hacia la
eternidad venidera.

Si, así es: Nuestro Señor Jesucristo no cesa de luchar por tu vida y
por la de los tuyos en contra de las mentiras y las decepciones de
Satanás y de sus gentes de gran maldad, «para que seas libre, limpio y
justificado por su misma sangre santísima, expiatoria y resucitada en
el Tercer Día», para llenarte de su vida infinitamente. Por lo tanto,
la esperanza de nuestro Padre celestial, hoy en día, es la misma de la
antigüedad, de que seas lleno de su vida eterna, al tan sólo comer y
beber del Árbol de la vida, ¡su Jesucristo! Visto que, es nuestro
Señor Jesucristo, el Árbol de la vida del paraíso, de la tierra y así
también de La Nueva Jerusalén celestial, el que nos llena de vida,
salud, poder y muchas ricas bendiciones de nuestro Padre celestial y
de su Espíritu Santo; y sin Jesucristo “estamos tan muertos como Adán
y Eva”, como palos cruzados y secos infinitamente.

Además, nuestro Señor Jesucristo tuvo que ser clavado con ellos, “para
que su sangre inmolada desde mucho antes de la fundación del mundo
entonces vuelva a darles vida en el polvo de la tierra”, para que no
permanezcan muertos en sus pecados sino libres y llenos de la vida
eterna de Dios y de su salvador celestial, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Entonces fue así que nuestro Señor Jesucristo pudo vencer finalmente a
Satanás y a sus mentiras sobre los cuerpos pecadores, tornados en
árboles secos de Adán y Eva sobre la cima del monte santo de
Jerusalén, en Israel, “para volverles a dar vida eterna
milagrosamente”, como en el día de su creación en el reino de los
cielos, por ejemplo.

De otra manera, Adán y Eva no podían creer jamás en sus corazones en
Jesucristo, ni menos pronunciar o confesar su nombre santo con sus
labios, como todo pecador del mundo lo puede hacer, hoy en día,
perfectamente bien “para librarse de sus pecados”, sino que tenia que
ser con clavos y con sangre santa únicamente, “para ser libres para
Dios infinitamente”. Además, estos eran poderes de gran mentira y de
maldad infinita, la que los tenían a ellos y así también a sus hijos e
hijas en la tierra, amarrados, encadenados, camino al matadero del
infierno eterno del más allá, «para que no conozcan jamás el Espíritu
de la verdad y de la justicia salvadora de Dios y de su Hijo
Jesucristo».

Estos eran poderes del paraíso, poderes no de carne ni de sangre, sino
de principados, de ángeles caídos, autoridades de maldad, gobernantes
del infierno y de sus tinieblas atormentadoras y, conjuntamente,
espíritus de mentiras crueles de las alturas celestiales del paraíso,
“para atacar y desfigurar la imagen de Dios y la semejanza de su Hijo
en la vida de todo hombre”. Nuestro Señor Jesucristo derroto a Satanás
y a cada una de sus fuerzas diabólicas del más allá, para que Adán y
así también cada uno de sus hijos e hijas no vuelvan a ser
encadenados, ni menos transportadas sus vidas por las tinieblas del
infierno hacia la muerte eterna del lago de fuego, sino “para que
vivan para regresar ya al paraíso”.

Fue por esta razón que nuestro Señor Jesucristo le decía a los
antiguos, hebreos y gentiles por igual, en todos los lugares de
Israel: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede entrar al
reino de los cielos y ver a su Dios y Fundador de sus vidas, si no es
por mí únicamente». Y la gente le creía al Señor Jesucristo,
espiritualmente hablando, porque él les hablaba con la autoridad dada
a Él, por nuestro Padre celestial, desde mucho antes de la creación
del cielo y de la tierra, “para bendecir al hombre de toda la tierra y
así él pueda regresar a su primer hogar eterno del paraíso, sin pecado
y sin Satanás”.

Puesto que, cuando Adán y Eva creyeron en las mentiras crueles, no
sólo se condenaron a sí mismos a la muerte eterna del infierno, sino
que “ahora vivían continuamente con el espíritu de error y de las
mentiras de Satanás y de sus ángeles caídos en sus corazones”, por lo
tanto, no podían seguir viviendo con su Dios en el cielo. Además,
nuestro Padre celestial, ni su Hijo amado, ni menos su Espíritu Santo,
ni ninguno de los ángeles del cielo, se hizo enemigo de Adán ni de su
descendencia tampoco, cuando peca, por ejemplo, sino que “simplemente
ahora vivía con las mentiras de Satanás en su corazón”, lo cual no es
compatible para vivir una vida normal en el paraíso.

Y, desde entonces acá, Adán y sus descendientes sufren cada día los
embates del espíritu de las mentiras originales de Adán y Eva en el
corazón y en la sangre de cada uno de sus hijos e hijas, es decir, de
los que “no creen en sus corazones, ni han confesado con sus labios su
salvación eterna”, ¡el Hijo de David! En vista de que, todos los que
creen en sus corazones y así confiesan con sus labios el nombre
milagros y todopoderoso del Gran Rey Mesías del paraíso y de la
tierra, entonces ponen los poderes terribles de Satanás a volar, “para
que caigan abatidos por la verdad y la justicia de la sangre
resucitada de Jesucristo en el infierno”. Entonces es Jesucristo quien
verdaderamente destruye, o es la muerte instantánea, de cada tiniebla
de Satanás en tu vida, por los poderes de su sangre santísima; por esa
razón, “trata al Señor Jesucristo con mucho amor en tu vida” y siente
como Satanás muere y desaparece de tu vida cada día, con cada una de
sus tinieblas hostigadoras.

Es decir, que cada uno de los principados, autoridades y gobernantes
de las tinieblas del más allá van a volar muy lejos de la vida del
hombre, como de regreso al infierno, por ejemplo, “para que ningún
espíritu de mentira de los lugares celestiales del paraíso vuelva a
tocar su vida”, como toco la vida de Adán para maldición y muerte. Por
ello, el fruto del árbol de la vida eterna, nuestro Señor Jesucristo,
sigue siendo tan importante en nuestras vidas terrenales, “para
alimentarnos grandemente”, espiritualmente hablando, como lo fue en su
día tan importante para Adán y Eva, para escapar de las maldiciones y
muertes terribles de las mentiras de Satanás y de la serpiente
antigua, por ejemplo.

Ahora, el que no se refugia en el Espíritu del nombre sagrado y
misterioso del Hijo de Dios, nuestro Salvador Jesucristo, entonces
comenzara a enfermar y hasta finalmente morir, “así como Adán y Eva
murieron para la vida celestial del paraíso”, delante de Dios y de sus
huestes angelicales; y “nuestro Dios no quiere la muerte, sino la vida
para nosotros”. En verdad, nuestro Padre celestial siempre desea una
vida santa y pura, libre de Satanás y de su vida mentirosa para Adán y
para cada uno de sus hijos e hijas de las familias de la humanidad
entera, para que “vivan para Él, su único Dios y Creador de sus vidas
infinitas, pero únicamente por medio de su Jesucristo”.

En vista de que, “sin el Señor Jesucristo no hay verdad ni menos
justicia alguna” para ningún hombre, mujer, niño ni niña de la
humanidad entera, sino sólo ruina, separación y muerte eterna, lejos
de Dios y de la felicidad infinita del nuevo reino celestial, ¡La
Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo! En donde nuestro Padre
celestial será infinitamente feliz con el corazón y con el alma
infinita de cada uno de sus hijos e hijas, “como de los que creen en
sus corazones y así confiesan con sus labios el nombre bendito de su
fruto de vida y de salud eterna”, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Pues seremos infinitamente felices con nuestro Padre celestial y con
su Espíritu Santo, porque seremos ilimitadamente su imagen, “para
vivir conforme a su semejanza celestial”, gracias a la sangre
expiatoria y salvadora de su Hijo, el Árbol de la vida, en las afueras
de Jerusalén, en Israel, para fin del pecado y el comienzo de la
verdadera vida celestial. Además, ya nadie nos podrá engañar con
mentiras terribles y crueles para ofender a nuestro Padre celestial y
al Espíritu de sus Diez Mandamientos, «porque el espíritu de error de
Satanás habrá salido de nuestros corazones, pensamientos y vidas para
jamás volver a pecar», gracias a la presencia santa y constante de
nuestro Salvador Jesucristo. Visto que, todo aquel que cree a la
mentira, pues peca terriblemente a la verdad y a la justicia infinita
del Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos, pecando así mortalmente
su alma eterna delante de Dios y de su Hijo amado, el Hijo de David,
para morir y jamás volver a la vida eterna.

Entonces es muy bueno rechazar a la mentira, como Adán debió haber
rechazado a la mentira de Satanás en su esposa Eva, antes que sea
demasiado tarde para su alma y para las almas de los suyos también,
para generaciones futuras en toda la tierra. Pues sentiremos y
gozaremos la felicidad de una vida sin Satanás en nuestro alrededor
eternamente y para siempre y, por vez primera, podremos ver más allá
de nuestros ojos “todo lo que el espíritu de amor, verdad y justicia
sin igual de Dios y de su Hijo Jesucristo nos entrega cada día en la
tierra y para la eternidad”. Y, sólo entonces entenderemos, lo que
debimos entender siempre, que Satanás no puede prosperar jamás en
nuestras vidas «si tan sólo creemos en nuestros corazones y así
confesamos con nuestros labios su nombre santo y sumamente glorioso»,
para que nuestro Padre celestial se goce cada día de nuestras nuevas
vidas sin Satanás y sin sus mentiras inhumanas, por ejemplo.

En realidad, esto es de gozarse grandemente, sin ver nuestros pecados
jamás, no importando cuanto hayamos pecado delante de Él, para sólo
“vernos santos, limpios e infinitamente glorificados en la verdad y en
la justicia de su Hijo Jesucristo en la tierra y así también en el
paraíso”, para sólo ver bendiciones sin fin en nuestras nuevas vidas
celestiales. Además, con todo lo que nuestro Padre celestial y su
Espíritu Santo han hecho por cada uno de nosotros, comenzando con Adán
y Eva, como los árboles cruzados secos y sin vida y clavados
infinitamente a Jesucristo sobre el monte santo de Jerusalén, en
Israel, “Satanás y sus pecados ya están muertos y terminados en el
lago de fuego, para siempre”.

Es decir, que con nuestro Señor Jesucristo viviendo en nuestros
corazones, ya Satanás no tiene ninguna vida pecadora en ninguno de
nosotros, sino sólo un horrendo juicio espantoso en el más allá, como
en el lago de fuego, “para jamás volvernos a atacar y hacernos daño
como en el comienzo”; y esto es algo que Satanás lo sabe muy bien, con
seguridad. Pero “Satanás seguirá atacando” al hombre, a la mujer, al
niño y a la niña de la tierra, del mismo modo que ataco cobardemente a
Eva y después a Adán “con mentiras”, para que simplemente no obedezcan
a su Padre celestial al no honrar a su Hijo en sus corazones ni con
sus labios, como el único sumo sacerdote celestial.

Es decir, que Satanás repite a cada hora del día el mismo pecado y sus
mentiras crueles, con las cuales no solamente hizo pecar a Eva primero
sino a Adán y así también a cada uno de sus retoños en la tierra,
“para que el nombre del Señor Jesucristo, o el fruto de la vida, no
reine jamás en sus corazones”. En la medida que, si el Espíritu del
nombre bendito de nuestro Señor Jesucristo reina en sus corazones
grandemente, entonces “reinara del mismo modo que reina en el corazón
de nuestro Padre celestial”, para que sólo exista en nosotros y
delante de nosotros cada día de nuestras vidas, ¡sólo verdad y
justicia infinita!

Visto que, es el nacimiento santo del vientre virgen de la hija de
David, su vida cumplidora y exaltadora de la ley, su intercesión por
nosotros delante de Dios como el sumo sacerdote de todos, su sangre
expiatoria como Cordero de Dios, “es lo que nos da verdad y justicia
eterna cada día para derribar a los principados de Satanás”. Para que,
cada uno de los principados, autoridades y gobernantes de las
tinieblas de esta era, sea derrotado en cada uno de sus ataques hacia
nosotros en toda la tierra con sus ángeles caídos de gran mentira del
paraíso y de sus lugares celestes, por ejemplo, “para que ya no nos
haga más daño, como cuando Jesucristo no vivía en nosotros.

Comprobado que, Satanás sólo pudo atacar a Eva y así también a Adán
luego, porque ambos no obedecieron a Dios al no comer del fruto del
Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, comenzando con Adán;
porque era Adán quien debió darle el ejemplo a Eva de comer primero
del fruto del Árbol de la vida, “y no lo hizo jamás”. En verdad, Eva
agarro del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal,
pero fue por culpa de Adán: porque Adán debió haber tomado en sus
manos primeramente del fruto del Árbol de la vida, nuestro Señor
Jesucristo, en obediencia a Dios, “para que entonces Eva siguiese su
ejemplo con todos sus retoños en el paraíso”.

Pero como sabemos ya no lo hizo, sino que Eva tomo luego del fruto
prohibido para dárselo no sólo a Adán, sin que Adán se de cuenta de lo
que había hecho Eva en contra del Señor Jesucristo, y así también a
cada uno de sus retoños, “incluyéndote a ti mismo, mi estimado hermano
y hermana, hoy en día”. Es decir, también que era Adán quien debió
darte de comer del fruto del Árbol de la vida, pero como no lo hizo
así en su día y en su momento, entonces Eva engañada por las mentiras
de Satanás tomo del fruto prohibido para dárselo a Adán y hoy a ti
también, “para que no creas en Jesucristo, desdichadamente, para
siempre”. Pero nuestro Padre celestial fue más sabio que Satanás y
cambio ésta maldición mortal, “con la sangre santísima de David”,
llena de nueva vida y de salud eterna, crucificada, sacrificada para
resucitar en el Tercer Día, en las afueras de Jerusalén, para fin de
ésta terrible maldición del paraíso en la vida de Adán, Eva y sus
retoños por doquier.

Por eso es que nuestro Señor Jesucristo descendió del paraíso, “para
ser clavado a los árboles secos y sin vida de Adán y Eva”, para que
entonces “nuestros progenitores originales, Adán y Eva, nos puedan dar
de comer y de beber de la carne y de la sangre santísima, llena de
vida, del Cordero Escogido por Dios”, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Es
decir, que a pesar de todo el mal que Satanás hizo con sus mentiras
torcidas y crueles en el paraíso, para que Adán no le diera de comer
del fruto de la vida a Eva ni a ninguno de sus descendientes tampoco,
como ti mismo hoy en día en la tierra, pues al fin lo hizo Adán. Es
decir, que “nuestro Señor Jesucristo finalmente hizo que sea así con
Adán en el paraíso, en la tierra y en la nueva Jerusalén Colosal,
dando de la carne y de la sangre sacrificada y resucitada del Hijo de
David a todos sus hijos, cumpliendo infinitamente con la voluntad
inicial de Dios en su vida celestial del paraíso”.

Por cuanto, nuestro Señor Jesucristo descendió del paraíso para ser
clavado a la humanidad entera con su propia sangre santificadora, para
hacer que por fin, después de tantos años de muerto en su pecado
rebelde, “Adán nos dé el fruto del Árbol de la vida”, para que
volvamos a tener vida y fe, para Dios y para su nueva vida colosal. Y
es así como nuestro Dios hace que, por medio del nacimiento virgen, la
vida cumplidora de la ley, y la sangre santa, expiatoria, sacrificada
y resucitada en el Tercer Día de Jesucristo, “en Adán no sólo vuelve
haber sangre viviente con su cuerpo cruzado con el de Eva para recibir
a Dios, sino que por fin da vida eterna a todos”.

En otras palabras, Adán vuelve a vivir “para sólo predicar del amor,
la gracia y de las bondades infinitas del fruto del Árbol de la vida”,
nuestro Señor Jesucristo, viviendo en su corazón inmortal, como su
salvador eterno y como su sumo sacerdote celestial también, sino que,
además “a cada día da del fruto de la vida a todos sus retoños
inagotablemente”. Es decir, también, de que lo que nuestro Padre
celestial quiso que Adán hiciese con los suyos en el paraíso, a pesar
de la infamia de Satanás, Adán lo pudo hacer finalmente todo
perfectamente, pero clavado al Árbol de la vida, y esta vez “con la
sangre expiatoria, sacrificada, salvadora y resucitada en el Tercer
Día de nuestro Señor Jesucristo”. Ésta si es verdaderamente “tu gloria
eterna para tu corazón, para tu alma y para toda tu vida”, mi estimado
hermano y hermana, hoy en día y en todos los días de tu vida, en la
tierra y así también en la eternidad venidera.

Además, nuestro Padre celestial lo hizo así con Adán y Eva no sólo
para volverles a dar vida eterna, “sino también hacer que Adán mismo
les vuelva a dar vida a cada uno de los suyos, como tú y yo, hoy en
día”, si tan sólo cree en su corazón y confiesa con sus labios: ¡la
verdad de Jesucristo! Por ello, es fundamental, hoy en día y como
siempre lo fue desde el comienzo de la humanidad entera con Adán y Eva
en el paraíso y en la tierra también, de creer en el corazón y así
confesar con los labios “el nombre sagrado y placentero al corazón de
nuestro Dios y a su Espíritu Santo de nuestro Señor Jesucristo”.

Dado que, sólo con nuestra fe, centrada en el Espíritu de la
invocación del nombre milagroso de nuestro Señor Jesucristo, “es que
realmente podemos vencer a cada ataque de los principados y
autoridades de los gobernantes de las tinieblas de nuestros días”,
para que sus espíritus de mentiras y de maldades increíbles no toquen
nuestras vidas ni la de nadie jamás. Entonces tenemos que ser fieles a
nuestro Padre celestial desde hoy en nuestros corazones, “invocando
con nuestros labios el nombre misterioso y sumamente poderoso de su
Hijo, nuestro Señor Jesucristo”, para que Satanás muera en nuestras
vidas y sólo la verdad y su justicia infinita reinen en nuestros
corazones eternas cada día, como en el cielo con los ángeles, por
ejemplo.

Y es, precisamente, esto que Satanás no desea ver en el corazón, de
ninguno de los descendientes de Adán, «ni menos oír de sus labios el
nombre sagrado y misterioso de nuestro Señor Jesucristo», para que no
despierten de sus tinieblas y vivan para ver y conocer a su Dios y
Fundador de sus nuevas vidas infinitamente felices y gloriosas. En
verdad, lo que Satanás sólo desea ver sobre la vida de los hijos de
Dios “es solamente mentiras malvadas en contra de cada uno de ellos”,
para que sus vidas no prosperen delante de Dios y así su voluntad
divina del paraíso no se cumpla jamás. Y la voluntad inicial del
paraíso de nuestro Padre celestial es que todos coman y beban de su
Árbol de la vida, el fruto de la vida eterna, para que no vuelvan a
tener hambre ni mueran de sed jamás; puesto que es verdad y justicia
eterna comer y beber de Jesucristo, para que su imagen se alimente en
nosotros siempre.

Además, esto seria así, desdichadamente, como no se cumplió en la vida
de Adán y Eva, por ejemplo, para bien eterno de la humanidad entera en
todas las naciones de la tierra y del paraíso también, para que “la
verdad y la justicia no reinen jamás en ninguno de ellos”, sino sólo
las potestades mentirosas del mal de Satanás. Ya que, cada vez que
Satanás ve el Espíritu del nombre del Señor Jesucristo instalado por
fe, en el corazón del hombre, la mujer, el niño y la niña, entonces
sabe perfectamente que va a ser honrado con sus labios nuestro Dios,
para deshonra de su vida inicua en toda la creación, es decir, que
“Satanás es humillado grandemente”.

Ahora, “Satanás no quiere ser humillado más”, de lo que ya ha sido
humillado por nuestro Señor Jesucristo, como en el día de la rebelión
angelical en el cielo y sobre los árboles cruzados de Adán y Eva sobre
el monte santo de Jerusalén, para fin devastador de sus mentiras en la
vida de Adán y de su humanidad entera también. Porque la realidad
infinita es que Satanás ya ha sido derrotado grandemente por nuestro
Señor Jesucristo, en la vida de Adán y Eva, «algo que fue sumamente
imposible lograrlo en el paraíso», sobre el monte santo en las afueras
de Jerusalén, en Israel, para fin eterno de su vida inicua en el
hombre de toda la tierra.

Hoy en día, esto sucede solamente en la vida del hombre, cuando el
nombre del Señor Jesucristo es anunciado y, por tanto, “honrado,
exaltado, venerado y glorificado en la tierra así como es honrado,
exaltado, venerado y glorificado grandemente por los ángeles del
cielo, por ejemplo”, desde la antigüedad y hasta nuestros días. Ya
que, el hombre fue creado por nuestro Padre celestial para no sólo
retomar lugares santos del cielo, los cuales abandonaron Lucifer y sus
ángeles caídos, en el día que se rebelaron en contra del nombre de
nuestro Padre celestial, en la vida del Árbol de la vida, al no comer
del Señor Jesucristo, sino para amarle grandemente a Él, ante todo.

Desde entonces, Satanás no quiere ver esto que suceda en el cielo, de
acuerdo al plan de salvación de nuestro Padre celestial para todo
hombre, mujer, niño y niña de la tierra, sino que “él mismo quiere
regresar a la gloria de antes”, pero a su manera y más no a la manera
de Dios ni de su Jesucristo, por ejemplo. Es decir, que Satanás lucha
cada día y cada noche en contra de nuestro Señor Jesucristo con la
ayuda de sus ángeles caídos, “para imponer su voluntad maligna” en el
cielo, en la tierra, en el paraíso y hasta en La Nueva Jerusalén Santa
y Gloriosa del cielo, si fuese posible hacerlo así con sus mentiras y
artimañas de siempre.

Entonces cada vez que una mentira sale de la boca del mentiroso y
malvado, lo sepa o no, “en realidad hace la obra de Satanás en la
tierra en contra de gente inocente”, es decir, que es Satanás quien
está obrando como de costumbre, para mal de muchos desdichados, para
que sigan viviendo ciegos y pobres para siempre. Y es así como Adán
fue atacado con mentiras inicialmente en el paraíso y tú también, mi
estimado hermano y hermana igual, y todo “porque tienes un Dios que te
ama grandemente en el reino de los cielos y en el paraíso”, el Árbol
de la vida, el Hijo de David, quien jamás deja de conquistarte
tampoco, por ninguna razón.

Es por eso que Satanás no deja a un lado la mentira para nada, porque
“es su mejor arma en contra de Dios y de cada uno de sus hijos e
hijas” en el paraíso, en la tierra y en el más allá, también; y, hoy
en día, Satanás te miente a ti, para engañarte y así destruirte al
fin. Porque la verdad es que “tú eres el peor enemigo de Satanás”,
desde mucho antes que fueses concebido en el corazón de nuestro Padre
celestial y formado finalmente en sus manos santas, para que lleves en
tu pecho su nombre bendito, para amar incondicionalmente la vida
celebre de su Hijo, el Árbol de la vida para todos, ¡el Hijo de
David!

Por lo cual, Satanás miente en contra de ti, del mismo modo como
mintió para destruir la vida de tus antepasados uno a uno y hasta que
los destruyo por completo, para que simplemente no creas en tu
corazón, “ni se oiga jamás de tus labios mencionar el nombre estupendo
y milagroso de su Hijo Jesucristo”. Por cuanto, sabe perfectamente
Satanás que nuestro Señor Jesucristo no sólo es el Hijo de Dios, sino
que también “es el único salvador posible de tu vida” en el paraíso,
en Israel y en toda la tierra y hasta aún más allá de la nueva era
venidera de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo, sin duda
alguna.

Entonces Satanás sigue mintiendo en contra de nuestro Señor
Jesucristo, el Hijo de David y de su sangre resucitada del paraíso y
de toda la vasta creación celestial, la tierra y La Nueva Jerusalén
prometida a sus fieles seguidores de las familias de las naciones,
comenzando con Israel, por ejemplo; Satanás miente alevosamente para
matar la obra de Dios, ¡tu vida! Es decir, que la obra de Satanás en
el paraíso sigue tocando tu vida, del mismo modo que toco la vida de
Adán y Eva, para engañarte y por fin destruirte con sus mentiras
crueles, “para que no seas feliz y lleno de la luz del cielo”: sino
infeliz y lleno de tinieblas; mayormente, Satanás seguirá mintiendo
hasta el fin amargo.

Satanás obra para el mal cada día y cada noche y jamás para el bien de
nadie, ni aún para sus más fieles seguidores en la tierra (porque los
hay, aunque no lo creas así aún, gente amante del mal y de Satanás,
maldicientes y metodicamente mentirosos). Tal como obro mentirosamente
para engañar a Eva y después a Adán para destruir sus vidas, las
cuales Dios mismo se las dio a él y a los suyos también en el paraíso,
para posteriormente ser honrado y glorificado por ellos, como su Dios
y Fundador de sus vidas, “pero por medio del fruto del Árbol de la
vida”, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Es decir, que, sin duda alguna, “es Satanás mismo quien no te deja
creer en tu corazón y así confesar con tus labios” el nombre bendito y
salvador de su Hijo amado, el Árbol de la vida eterna, ¡nuestro
Salvador Jesucristo! Visto que, cada vez que el nombre de nuestro
Señor Jesucristo es honrado, exaltado, glorificado y santificado en la
vida del hombre, de la mujer, del niño y de la niña, entonces esto
significa que una tiniebla más muere en la tierra y en el más allá
también, para que haya menos pecado y menos maldad, y Satanás
desaparezca para siempre. Por cierto, esta es la felicidad
inalcanzable de la tierra, la ausencia de Satanás, como de los cielos
y sus nubes, las montañas y sus colinas, los valles con sus árboles y
plantas, naciones, aves y animales por doquier y así también sus mares
y sus ríos con toda su vida acuática, nuestra naturaleza tornada al
fin: «¡en un paraíso terrenal!».

Es decir, también, que cada vez que el nombre de nuestro Salvador
Jesucristo es honrado, así como es honrado en el cielo por los
ángeles, entonces la misma tierra, la cual está llena de tinieblas,
«comienza a convertirse en tierra santa y con cielos gloriosos para
ser convertida en un paraíso terrenal», como el paraíso de Adán y Eva,
por ejemplo. Visto que, cuando el nombre de nuestro Señor Jesucristo
es invocado por nuestros labios no sólo las tinieblas pierden sus
poderes y mueren, sino que los rayos de luz del Árbol de la vida toman
sus lugares, “para que haya más luz en la vida del hombre en toda la
tierra” y los principados y autoridades de Satanás mueran
automáticamente.

Por eso es que con nuestro Señor Jesucristo instalado en nuestros
corazones eternos, no sólo cumplimos con la voluntad santa de nuestro
Padre celestial y de su Espíritu Santo, sino que llegamos a ser
felices en nuestras tierras, “así como los ángeles son infinitamente
felices con nuestro Padre celestial en el reino de los cielos, por
ejemplo”. Porque donde está nuestro Señor Jesucristo entonces están
sus ángeles y su Espíritu Santo, para luchar y alejar a cada uno de
los principados, autoridades y gobernantes de las tinieblas de la
presente era, para que los espíritus inmundos de las mentiras de
Satanás, “como de las mentiras del paraíso y de sus lugares celestes
no toquen nuestras vidas jamás”.

Ciertamente que así viviremos cada día, una vida santa y libre de
Satanás, lo cual ya es una gloria alcanzada por nuestro Padre
celestial en cada uno de nosotros, gracias a la presencia gloriosa de
nuestro Señor Jesucristo en nuestros corazones y en nuestras almas
infinitas, “para que los males y enfermedades de Satanás se alejen de
nuestras vidas eternamente”. Comprobado que la ausencia de nuestro
Señor Jesucristo de nuestros corazones, es en si, la presencia
constante de cada día y de cada noche de los males y de las
enfermedades mortales de los principados y autoridades de los
gobernantes malvados de las tinieblas de nuestros días, para que los
espíritus impuros, llenos de mentiras, “invadan nuestras vidas sin
piedad alguna”.

Por eso es que tenemos que invocar al cielo por ayuda de nuestro Padre
celestial, y esto es sólo posible cuando creemos en nuestros corazones
y confesamos con nuestros labios esos poderes eternos del más allá,
“al invocar el nombre salvador de nuestro Señor Jesucristo”. Visto
que, cada uno de estos poderes sobrenaturales del cielo “obedece
constantemente al nombre sagrado y milagroso del Árbol de la vida”,
nuestro Señor Jesucristo, y es por eso que nuestro Padre celestial nos
llama a invocar su nombre sumamente milagroso cada día, para bien de
nuestras vidas y la de los demás también, en todos los lugares de la
tierra.

Entonces cada mentira de Satanás que sale de algún mentiroso y malvado
del mundo entero, “es, por inicio, para que la gloria del nombre
santísimo y salvador de Jesucristo no sea conocido por los pecadores y
por las pecadoras”, para que no se arrepientan y escapen por fin el
mal de las tinieblas y de la muerte de Satanás, por ejemplo. Y así los
principados y autoridades de los gobernantes de las tinieblas de este
mundo “se enriquecen con más poder alevoso”, para seguir haciéndoles
daño a gentes totalmente inocentes a cualquier mal y ciegas, a la vez,
a sus presencias o acciones malvadas en contra de ellos y de sus
vidas, en muchos lugares de la tierra fatalmente.

Y es, precisamente, esto lo que nuestro Padre celestial envió a su
Hijo a Israel a destruir las obras malvadas de los principados y
autoridades de gran mentira y maldad de la tierra, para que entonces
las tinieblas dejen de ser y “sólo la luz de la vida santa y gloriosa
de su Hijo Jesucristo luzca en la vida del hombre”. Es más, ésta es la
verdadera lucha que siempre lleva a tu corazón pecador hacia angustias
terribles con sus cadenas destructoras entre Satanás y Jesucristo, el
mal y el bien, la maldición y la bendición, la perdición y la
salvación, «para que nuestro Padre celestial no sea honrado en tu
vida, por los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo, por
ejemplo». Porque si la vida del hombre es triunfante en contra de
estas regiones y autoridades de los gobernantes de las tinieblas de
los espíritus inmundos, de la mentira y de la maldad, entonces la vida
de la tierra seria llena de luz y de verdad, por tanto, cambiaría
drásticamente para ser un paraíso terrenal infinitamente, ¡gracias a
nuestra fe viva, en Jesucristo!

Además, es esto lo que nuestro Padre celestial pide de cada uno de
nosotros cada día y cada noche, para vencer a Satanás y a sus
soberanías en muchas regiones del mundo, en donde la mentira y la
maldad abundan y reinan impunes en religiones falsas: «para matar,
robar y destruir toda vida humana de Dios y de su Jesucristo». Por lo
tanto, nuestro Padre celestial sólo desea ver vida angelical y de su
Árbol de la vida en todos los lugares de la tierra, y para esto tiene
que derribar a cada uno de los principados y autoridades de gran
maldad, como de los que gobiernan los espíritus de mentira y de gran
decepción eterna en la vida del pecador.

Porque la verdad es que cada hombre o mujer que nace en el mundo, nace
realmente entre las mentiras y las decepciones crueles de principados
y autoridades, gobernantes de las tinieblas de los espíritus inmundos
de mentiras: «para matar, robar y destruir su vida humana, para acabar
con el evangelio santo de Jesucristo, el cual empezó con Adán en el
paraíso». Y por eso es que tenemos que hablar siempre del Espíritu de
amor de la verdad y de la justicia infinita y verdadera de su Hijo,
nuestro Salvador Jesucristo, “para que la tierra deje de ser de las
tinieblas de Satanás” y se convierta en un paraíso celestial, lleno de
la vida del Árbol de la vida, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Y posteriormente nuestro Padre celestial no sólo vivirá en el cielo,
como en sus lugares muy santos y gloriosos del más allá, sino que
también la misma tierra, con nuevos cielos infinitos, “podría
convertirse entonces en su nuevo hogar celeste”, como siempre lo deseo
que sea así en la antigüedad, pero sin Satanás y sin el hombre
mentiroso de siempre. Es decir, vivir sin la presencia terrible de
cada día y de cada noche de los principados y de las autoridades
crueles, gobernantes de la maldad de nuestros días, que ordenan a sus
espíritus inmundos a mentir siempre en contra de Dios y de su
Jesucristo, “para que el hombre siga viviendo en su ceguera espiritual
de siempre”.

Cuando nuestro Padre celestial “nos ha dado la muerte” de estas
soberanías y autoridades crueles, malvadas, de gobernantes de grandes
mentiras de las profundas tinieblas de Satanás en la tierra y en el
más allá también, “con la misma vida de la sangre sacrificada y
resucitada en el Tercer Día para luz y vida eterna de nuestro Señor
Jesucristo”. Además, constituido en ley es, que sólo nuestro Señor
Jesucristo es la muerte del ángel de la muerte, por lo tanto, “sólo él
es la muerte final de cada principado, autoridad y de los gobernantes
de las tinieblas de Satanás” en esta vida y en el más allá también,
como en el infierno y en el lago de fuego, por ejemplo.

En vista de que, fue nuestro Señor Jesucristo quien le declara
abiertamente esa gran verdad celestial y terrenal para futuras
generaciones venideras, como en la eternidad, por ejemplo, al ángel de
la muerte, cuando le dijo: ¡Muerte! ¡Yo soy tu muerte! (Y esto es algo
que nadie lo sabía en aquel día, ninguno de los profetas hablo jamás
de esta gran verdad celestial, de que el Gran Rey Mesías es la muerte
eterna de Satanás, por ejemplo, desde los días de la antigüedad del
hombre en el paraíso y hasta la manifestación del Hijo de David en
Israel, por ejemplo. Es decir, que la muerte de cada una de las
potestades de Satanás y de sus ángeles caídos, realmente “está en
nuestras manos y sólo con la invocación del nombre sagrado de nuestro
Salvador Jesucristo”, sin duda alguna.)

Ya que, solamente la verdad y la justicia del Espíritu de amor entre
nuestro Padre celestial y su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, “nos
puede hacer libres del espíritu de error y de las mentiras de Satanás
en la sangre de Adán y Eva”, desde el paraíso y hasta siempre en la
tierra y en el más allá, también, para siempre. Para que entonces
podamos entrar a la vida eterna felices, no más con el espíritu de
error y de mentiras de Satanás, sino “con el Espíritu de la verdad y
de la justicia infinita de nuestro Padre celestial y de su Hijo”,
nuestro único árbol de la vida posible en el paraíso, en la tierra y
así también en la eternidad.

Es por eso que “nuestra lucha no es contra espíritu de hombre pecador,
sino contra el espíritu de mentira y de gran maldad de Satanás y de
sus secuaces”, para librarnos de las profundas tinieblas, como de las
tinieblas del infierno y del lago de la muerte infinita, la muerte
segura de la muerte, pero solamente con Jesucristo en nuestras vidas.
Es decir, que cada vez que somos atacados por cualquiera, “no estamos
siendo atacados por el mentiroso directamente”, sino por el mismo
espíritu de error y de mentiras de Satanás y de la serpiente antigua,
el cual ataca inicialmente a la mujer, para luego atacar a Adán y así
no sólo destruir su vida con mentiras sino también la de sus hijos.

Además, cuando el espíritu de error y de grandes mentiras ataca a
alguien, es porque Satanás sabe perfectamente que “nuestro Padre
celestial está a punto de bendecir grandemente a alguien, familia,
pueblo o naciones, por ejemplo” y, entonces Satanás se interpone para
que esto no suceda nunca para bien de nadie, ni menos para ninguna
nación o religión, por ejemplo. Ya que, cuando las gentes o naciones
despierten de sus tinieblas eternas y mortales del pecado del paraíso,
pues entonces será para alabar y honrar por siempre y para siempre el
nombre bendito de nuestro Padre celestial y de su Hijo en todos
nosotros. Ahora, lo que Satanás hace, es que él inmediatamente se
mueve con sus engaños de siempre, para engañar a muchos y así
“perturbar la bendición de Dios” sobre alguien, familia, pueblo o
naciones, para que, de este modo, sus tinieblas no sean destruidas y
la luz de la verdad de Dios y de su Hijo no brille más en nadie.

Pero Satanás siempre pierde con nuestro Padre celestial, porque con el
Señor Jesucristo y con su sangre bendita e infinitamente gloriosa y
todopoderosa sobre los poderes del pecado, la mentira, la maldad y sus
muchas tinieblas de siempre, entonces “lo vence victoriosamente, como
de costumbre”. Es decir, que cada vez que alguien ataca tu vida con
mentiras, en verdad, “es Satanás quien está actuando en todo esto”,
para que la bendición de nuestro Padre celestial y de su Espíritu
Santo, por medio del espíritu del nombre sagrado y misterioso de su
Hijo, nuestro Árbol de la vida, no llegue a ti nunca y así mueras
ciego.

Comprobado que sin la bendición de nuestro Padre celestial en la vida
del hombre, de la mujer, del niño o de la niña, por medio de su Hijo,
nuestro Señor Jesucristo, entonces “el corazón y el alma mueren
irremisiblemente en el espíritu de error de las mentiras de Satanás,
en el paraíso, en la tierra y finalmente en el infierno”. Por eso es
que el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo no puede faltar jamás en
nuestras vidas, “para que Satanás no gane terreno nunca en nuestras
vidas ni en la vida de nadie”, como gano terreno en contra de Adán,
para destruir nuestras vidas y toda vida humana en la tierra y así
también en el paraíso, por ejemplo.

Es decir, también, que cada vez que algún problema, conflicto o
dificultad de alguna clase, espiritual o material, enfermedad o
amenaza de muerte, amenaza tu vida, entonces “esto significa que los
principados y autoridades de los gobernantes de las tinieblas están
obrando en contra de tu vida para mal”, para que los espíritus de
mentira reinen abusivamente siempre en tu vida. Y es aquí cuando
tienes que invocar el nombre que es sobre todo nombre, de los que
están en los cielos, en la tierra y en el más allá también, nuestro
Señor Jesucristo, lleno de poderes y autoridades, “el cual gobierna
todos los dominios sobrenaturales de nuestro Padre celestial y de su
Espíritu Santo, para bendecir tu vida grandemente desde ya”.

Y así las mentiras de Satanás, las cuales son conflictos, problemas
terribles, amenazas de muerte y enfermedades espantosas y hasta
rebeldes, de principados y autoridades terribles, gobernantes de la
mentira y de la maldad de Satanás para destruir tu vida humana, son
entonces subyugadas para siempre por el Espíritu Santo, “para ser
lanzadas a sus lugares eternos del abismo”, ¡el infierno! Entonces no
es bueno jamás que te dejes engañar por ningún mentiroso, “porque es
Satanás actuando en contra de tu vida y de tus muchas bendiciones
terrenales y celestiales también”, para que jamás seas feliz, sino que
vivas cada día en la necesidad de muchas cosas en tu vida y en la vida
de los tuyos también.

Y, además, nuestro Padre celestial no es un Dios pobre, ni su Espíritu
Santo, ni ninguno de sus ángeles, ni el Árbol de la vida tampoco, ni
mucho menos los que siguen los pasos del Gran Rey Mesías, el Hijo de
David, pero Satanás si lo es, sin duda alguna; Satanás no tiene nada,
y lo que tiene es robado. Entonces los que obedecen a nuestro Padre
celestial, por medio de las riquezas de la sangre santísima y
sobrenatural, llena de vida y de salud de la tierra y del paraíso,
como de La Nueva Jerusalén Gloriosa del cielo, pues entonces “te
bendice grandemente por obedecer a su llamado santo y justo, para que
salgas de la pobreza del pecado”. Comprobado que la pobreza no es de
Dios, ni de su Jesucristo, ni menos de su Espíritu Santo, sino por la
falta de obediencia del espíritu humano del hombre hacia su Hacedor,
es decir, “por la falta de conocimiento del corazón del hombre hacia
su Dios y de su palabra viva”, la ley cumplida en su Hijo amado,
¡nuestro Señor Jesucristo!

Dado que, la verdad es que nuestro Padre celestial te ha dado a ti y a
los tuyos también, cada uno de los frutos de vida, salud, prosperidad,
poder, sabiduría y así muchas más bendiciones del paraíso, tal como se
las dio inicialmente a Adán y a Eva, “para que conozcan que él es un
Dios santo y sumamente rico”. Y todo esto Dios hizo con Adán y Eva,
así pues también contigo y con cada uno de los tuyos y hasta con tus
mismas amistades, “para que dejen de ser pobres por culpa del pecado”
y sean infinitamente ricos en todo en el paraíso, en la tierra y en la
nueva vida eterna de La Nueva Jerusalén Colosal del cielo.

Pero es Satanás quien se interpone entre tu vida y las bendiciones del
Árbol de tu vida, para que no disfrutes jamás de la buena vida
celestial, sino que “vivas angustiado y necesitado del espíritu de la
paz y del amor eterno”, el cual siempre trae a tu vida, de parte de
nuestro Padre celestial y de su Hijo, bendiciones sin fin. Es Satanás
quien está entre tú y el Árbol de la vida, Jesucristo, el Hijo de
David, así como lo estuvo entre Adán y el fruto de la vida eterna,
para que no lo veas nunca, para que te alejes de Él y de su paraíso
celestial y de sus huestes angelicales, tristemente para siempre. Es
la mentira de Satanás, el pecado original, la cual crea en tu vida
problemas, dificultades, la necesidad de muchas cosas, enfermedades y
hasta la misma muerte, por medio de los poderes de los principados y
autoridades de las tinieblas de este mundo pecador, “pero la
invocación de Jesucristo te libra de todo mal, en un momento de fe y
oración”.

Ciertamente que Satanás te miente a ti y a los demás, para que no
conozcan la verdad y la justicia del cielo, «el cual es el amor eterno
y sin igual de nuestro Padre celestial y de su Hijo, nuestro Salvador
Jesucristo», para vivir cada día libres de los males y del poder de la
muerte del más allá, el infierno. Por eso es que nuestro Padre
celestial nos entrega poderes sobrenaturales en la vida de su Hijo
Jesucristo, para que no suframos jamás los males de Satanás ni del
ángel de la muerte en la tierra, ni menos en el fuego eterno del
infierno; y estos son poderes reales que están contigo siempre, “pero
únicamente con Jesucristo en tu vida”.

Entonces cuando sientas algún problema, enfermedad o dificultad de
alguna clase, ya sea en tu vida o en la vida de los tuyos, familiares
o amistades de siempre, pues “esto significa rápidamente que Satanás
está actuando en contra de tu vida y de la de tu hogar”, para que
caigas en alguna trampa ya tendida en su maldad diabólica hacia ti.
Porque es Satanás quien ataca a la familia para destruirla, poniendo
al padre contra el hijo y a la madre contra la hija, por ejemplo, para
que todos mueran perdidos en sus tinieblas y sin Jesucristo en sus
vidas. Entonces no puedes confiarte de nadie jamás, sino sólo del Hijo
de nuestro Padre celestial, nuestro Señor Jesucristo, “para que su
Espíritu Santísimo te proteja de cada maldad de Satanás a cada hora
del día y hasta siempre”, para que no mueras jamás en las tinieblas
del mal, sino que vivas enfocado en la luz de la vida eterna.

Aquí es cuando tienes que comenzar a confiar en tu Padre celestial,
invocando el nombre sagrado y salvador de su Árbol de la vida, nuestro
Señor Jesucristo, para que, con el poder del Espíritu de su justicia
infinita, “obre en tu vida y en la vida de los tuyos grandemente”, así
como obra siempre en sus hijos de toda la tierra. En la media en que,
es la presencia santa, la cual tú mismo invocas con el nombre sagrado
y ungido de poderes y autoridades sobrenaturales de nuestro Señor
Jesucristo, “lo que desciende del cielo al instante para socorrerte y
hacer maravillas y milagros a tu favor”, y así Satanás huye de tu vida
con sus tinieblas malvadas, para no volver jamás.

Palpablemente, esta es la justicia verdadera, la cual conquista por
nosotros Jesucristo sobre los árboles cruzados de Adán y Eva sobre el
monte santo de Jerusalén, “para que comience a obrar en tu vida
milagrosamente” y así Satanás y sus artimañas clásicas sean derrotados
de una vez y para siempre, en tu vida y en la de los demás también. En
la medida en que, es la victoria sublime de la sangre santísima,
crucificada, sacrificada y resucitada en el Tercer Día de nuestro
Señor Jesucristo sobre los cuerpos secos y sin vida de Adán y Eva
sobre el monte santo de Jerusalén, “la que nos da la justicia
verdadera hoy y siempre en la eternidad”, de modo definitivo.

Además, esta justicia verdadera está llena de victorias sin fin en
contra de Satanás, es decir, que “Satanás ya no nos puede hacer más
daño con ninguna de las mentiras y maldades de siempre” en la tierra,
en el paraíso y así también para siempre en la eternidad de la nueva
vida infinita de La Nueva Jerusalén celestial del más allá. Y sólo
entonces serás infinitamente libre y limpio de los males de Satanás y
de sus ángeles caídos en tu vida y en la vida de los demás, “para que
ya no sufras ninguno mal de los males escondidos de Satanás”, sino que
te goces cada día de la paz y de las bendiciones eternas de Dios y de
su Jesucristo.

En realidad, así se manifiesta el Espíritu de amor eterno de nuestro
Padre celestial en la vida de cada uno de nosotros, «únicamente sí le
obedecemos a Él, por medio de la invocación sagrada del nombre bendito
de su Hijo amado», nuestro Salvador Jesucristo; y éste amor de nuestro
Padre celestial, en sí, «está lleno de muchas bendiciones sin fin».
Visto que, es el Espíritu de la verdad y de la justicia infinita de la
sangre sacrificada y resucitada en el Tercer Día de nuestro Señor
Jesucristo la que en si te hace libre de Satanás a cualquier hora del
día: «limpiándote y, a la vez, alejándote de sus mentiras, para que
sientas a Dios en tu vida profundamente».

Es la libertad de tu corazón del espíritu de las mentiras de Satanás
lo que te hace feliz hoy mismo, si sólo pudieras entender esto, por
medio de Jesucristo, entonces conocerías la felicidad profundamente en
tu vida, «como sí ya vivieses en el paraíso y disfrutando cada día del
fruto de su tierra santa y de sus cielos gloriosos». Ciertamente que
nuestro Padre celestial nos concibió en su corazón y nos formo con su
mente en sus manos sagradas, «para que disfrutemos grandemente cada
día de nuestras vidas de los frutos del Árbol de la vida», los frutos
de la tierra santa y de sus cielos gloriosos e infinitamente llenos de
la vida angelical, fieles al nombre bendito y salvador, ¡Jesucristo!

Es más, nuestros corazones y todo nuestro ser humano, espiritual y
corporal, añora cada día de los frutos de los árboles y de las plantas
de la tierra santa del paraíso y de La Nueva Jerusalén bendita del
cielo, «para gozarnos por siempre en las grandezas de las palabras de
nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo». Palabras santísimas,
llenas de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Infinito, «las
cuales nos hablan a cada momento de su Hijo, para que despertemos de
las mentiras de Satanás hacia la luz de la verdad y de la justicia
celestial de su nueva vida eternal», porque con mentiras no
regresaremos al cielo jamás, pero sí con la verdad de Jesucristo.

Porque la verdad es también que cada vez que una mentira invade tu
vida, venga de donde venga, “realmente es Satanás que está más cerca
de ti que nunca antes” en vez de Dios, para que, cada vez que des un
paso hacia delante, entonces lo des hacia atrás o que al fin tropieces
con algo y caigas mal. Satanás es malo y mentiroso contigo, pero sólo
nuestro Padre celestial es fiel y verdadero hacia ti, “por medio del
fruto del Árbol de la verdad eterna, su Hijo amado”, ¡nuestro Salvador
Jesucristo!

Además, Satanás se esconde de ti, como un cobarde, para que no sólo no
lo veas y atacarte con el fin de robarte, matarte y destruirte a como
de lugar, sino también “para que no te des cuenta jamás de ninguna de
sus mentiras o artimañas antiguas, por ejemplo”. Porque si tú eres
ciego hacia él y sus ángeles caídos y no lo ves nunca llegar ni salir
de tu vida, entonces “muy bien te puede seguir haciendo daño
impunemente y hasta destruirte por completo de sobre la faz de la
tierra”, para que caigas muerto en sus brazos y en el infierno
tormentoso del más allá.

Además, es por eso que Satanás no cesa de atacarte, con la ayuda de
sus principados y autoridades de los gobernantes crueles de las
tinieblas de nuestros días, para que los espíritus de mentiras y de
artimañas terribles perturben tu vida cada día y hasta empujarte
violentamente hacia una muerte segura en el infierno. Es decir, que
Satanás usara todas las mentiras y artimañas habidas y por haber, para
atacar tu vida sobre toda la faz de la tierra para matarte con
problemas y enfermedades increíbles y hasta rebeldes, “si no has
confiado en el Espíritu salvador de nuestro Señor Jesucristo, como
Dios manda, inicialmente a Adán ha creer en él, por ejemplo”.

Así es, Satanás usa solamente mentiras y artimañas para atacar a Dios,
a Jesucristo, a sus ángeles y, por supuesto, a cada hombre, mujer,
niño y niña de la humanidad entera; es más, “no hay mentira o artimaña
que Satanás y sus gentes no conozcan o usen”, para destruir
progresivamente la vida humana en toda la tierra. Mentiras y artimañas
que duran toda la vida, con las cuales te ha estado atacando
cobardemente desde la distancia, desde lo escondido, desde donde no lo
puedes ver nunca y así terminar con tu vida y con la vida de los tuyos
también, en la tierra y en el mismo infierno tormentoso e inhumano del
más allá, por ejemplo.

Satanás es cruel e inhumano, porque odia a muerte el amor antiguo
entre Dios y su Jesucristo, manifestado en cada hombre, mujer, niño y
niña de todas las familias de las naciones de la tierra; por eso es
que “necesitamos a Jesucristo constantemente”, desde nuestros primeros
pasos de vida en el paraíso, sin duda alguna. Nuestro Señor Jesucristo
es tan vital para nuestras vidas celestiales y terrenales, “como el
agua y así también cada uno de los frutos de la tierra es vital para
alimentar toda vida humana”, en el paraíso, en la tierra y así también
será en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa
del cielo, por ejemplo.

Y si Jesucristo viene a ti, pues viene como Dios se lo manifestó a
Adán primeramente, para que él coma con su esposa y con sus hijos
todos los días de su vida de él, “como de su pan y agua de vida y de
salud, par que no tengas hambre ni sed jamás”, en esta vida ni en la
venidera tampoco. Por eso es que todo pecador y pecadora de la tierra
que no solamente peca y ofende a Dios y a su ley santa, no sólo morirá
por su pecado, sino más bien morirá de hambre y de sed, “porque pudo
haber comido y bebido del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo,
para no sufrir hambre ni sed jamás”.

Comprobado que “nuestra lucha es constante en contra regiones y
soberanías de las alturas de gran mentira y maldades incomparables”,
para destruir la vida del hombre y de su humanidad entera en la tierra
y así también en el más allá, como en el paraíso o como en La Nueva
Jerusalén celestial, por ejemplo, ¡la nueva vida eterna de Dios! Para
que nuestro Padre celestial y su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo,
jamás sean glorificados en nuestras vidas humanas, para gloria y para
honra infinita de su nombre santísimo y sumamente exaltado en el reino
de los cielos por sus ángeles, arcángeles, serafines, querubines y
demás seres muy santos de la eternidad.

Por eso es que “nuestro Señor Jesucristo y su nombre santísimo en
nuestros labios jamás deben faltar”, para que Satanás ni ninguno de
sus seguidores malvados no se salga con las suyas en tu vida ni en la
vida de los tuyos jamás, sino que sea derrotado cada vez “con la
invocación del hombre salvador de Jesucristo”, sin duda alguna. Es
más, la sangre santa, crucificada, sacrificada y resucitada en el
Tercer Día de nuestro Señor Jesucristo sigue su lucha incansable por
ti y por los tuyos, para que los conflictos mueran y los problemas
dejen de ser, “para que haya sólo paz, vida, salud y felicidad
infinita, sin la presencia de Satanás en tu vida, hoy y para siempre.

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo
dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá:
‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.

SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.

CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó”.

QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.

SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.

SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.

OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.

NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.

DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.


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http://radioalerta.com

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