(Oramos por la paz de Israel y de todas nuestras naciones hermanas del
Oriente Medio. Le pedimos a nuestro Padre celestial que tenga
misericordia de sus familias israelíes y árabes de toda la región en
conflicto, puesto que todos son descendientes directos del mismo padre
Abraham, en el nombre santo de su Hijo amado, ¡nuestro Señor
Jesucristo!, para que el Espíritu de su amor eterno y de su Jesucristo
reine sublime en sus vidas para siempre. Esperamos también que todos
los bandos se sienten a la mesa de la paz y la concordia de nuestro
Padre celestial por amor a Jesucristo, para que la violencia cese de
todos lados y así ya no haya más bajas fatales, como de las que hemos
oído que han acontecido en el intercambio bélico de Israel y de sus
oponentes de siempre. Estos conflictos difíciles sólo nuestro Salvador
Jesucristo las puede resolver con justicia eterna, por eso es
necesario que Él pronto regrese a su tierra natal, cuanto antes mejor,
para bien eterno de todos nosotros en toda la tierra, la humanidad
entera. Lloramos y lamentamos por los fallecidos de la franja de Gaza
y de Israel también: pero, a la vez, nos alegramos porque nuestro
Señor Jesucristo se los llevó a su morada eterna del paraíso, para
jamás volver a sufrir la violencia de Satanás ni de ninguno de sus
enemigos eternos, para siempre en la nueva eternidad celestial. La
salvación de nuestro Padre celestial es para todos nosotros, ya seamos
hebreos o gentiles de todas las familias de las naciones de la
humanidad entera. Además, nuestro Señor Jesucristo murió y resucito en
el tercer día para darnos todo perdón de pecados, salud, paz,
felicidad, prosperidad y una vida eterna, llena de bendiciones sin fin
en la tierra, en el paraíso y para la nueva eternidad venidera de La
Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo. Viviremos todos juntos no
en la carne, huesos y sangre conflictiva y violenta de Adán y Eva,
sino en la carne, huesos, sangre y vida santísima, cumplidora del
Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos del Hijo de Dios, el Hijo de
David, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Todos, pues demos gracias a
nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado, para
que después del perdón de nuestros pecados, entonces nos llene de su
Espíritu Santo y sus muchas y ricas bendiciones sin fin de los frutos
gloriosos de amor y paz de su árbol de la vida eterna, su Hijo amado,
¡nuestro Señor Jesucristo!
Le damos gracias también a nuestro Padre celestial, porque el
accidente aéreo sobre el río Hudson, Nueva York, EE.UU., no tuvo un
fin fatal, sino todo lo contrario; todo fue un final feliz, pues todos
los ciento cincuenta pasajeros se salvaron de una muerte segura en las
aguas heladas y rígidas del Hudson, para volver a vivir una vez más.
Sea que vivamos en la tierra o en el paraíso o en La Nueva Jerusalén
celestial, para nuestro Dios vivimos, por medio de su árbol de la vida
eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo! Damos gracias, pues al SEÑOR el
Todopoderoso por un buen piloto, adiestrado y despierto, supo hacer lo
correcto cuando la situación crítica se le presento, sin previo aviso
y, además, con tantas vidas preciosas en sus manos las puso a salvo
sobre la tierra y sin más problemas que lamentar después. Todos
estamos alegres en la tierra y en el cielo también con nuestro Padre
celestial, su Hijo amado, su Espíritu Santo y sus huestes angelicales,
porque ninguna vida humana se perdió, sino sólo el avión siniestrado.
Y todos están alegres y contentos en el cielo, porque cada vez que una
alma se salva, entonces el corazón santísimo de nuestro Padre
celestial se alegra mucho y, por tanto, los ángeles también; pues
ellos prorrumpen en cantos y alabanzas de alegría y de glorias a Dios
por todo lo bueno.)
(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
NUESTRO DIOS FORMA A ISRAEL PARA BENDICIÓN ETERNA:
Nuestro Padre celestial le decía al profeta Isaías, por ejemplo, para
que le hablase a Israel por Él: Sólo yo soy tu Dios, y no hay nadie
como yo en la tierra ni en el cielo para siempre. Ahora bien, escucha,
Jacobo, siervo del Altísimo, hijo de Abraham, hijo de Isaac e Hijo de
Dios para la nueva eternidad celestial; y tú mismo, Israel, a quien
escogí por mi propia voluntad soberana, desde el comienzo de las cosas
en el reino angelical, desde mucho antes que los ángeles sean creados
por la palabra del Espíritu Santo de la Ley viviente.
Sí, tú mismo, Israel, eres infinitamente la niña de los ojos del Dios
Altísimo, ¡el Dios Todopoderoso!, creador del cielo y la tierra, para
conocer y hablar de su gloria infinita en todas las naciones y así
también para siempre en la nueva vida inmortal de La Nueva Jerusalén
santa y gloriosa del cielo. Así pues, ha dicho nuestro Padre
celestial, tu Hacedor, el que te formo desde el vientre y el que te
ayudara por siempre en todas tus cosas de cada día también: No temas,
siervo del Altísimo; y tú, Jerusalén, la ciudad escogida para
establecer el reino sempiterno para las naciones y para la eternidad.
Sólo yo soy tu Salvador, y fuera de mí no tienes a otro igual jamás.
Pues ¿Quién hay en los cielos y en la tierra igual al Hijo de Dios?
¿Quién jamás nació del vientre virgen de la hija de Sion? ¿Sabían esto
todos ustedes?, Que ¡el Hijo de David es el Hijo de la Sion celestial,
en donde todos moraremos en perfecta santidad! Y viviremos en el nuevo
reino de Dios, porque ya no estaremos vestidos de la carne, ni de la
sangre, ni de los huesos de Adán y Eva, sino de la misma carne, sangre
y huesos santos del Rey de reyes y Señor de señores, el Eterno, ¡el
Santo de Israel!, porque resucitaremos a la nueva vida eterna del
cielo.
La misma tierra devolverá a sus muertos a la vida, para que vivan en
la gloria y la paz eterna de su Hacedor celestial; los océanos, los
mares y los ríos devolverán a sus muertos también para que sean una
sola familia celestial de naciones eternas. Todos los que habitan en
el polvo de la muerte volverán a vivir, para jamás morir; Dios mismo
los levantara de sus tumbas escondidas en el olvido eterno, para que
vean cara a cara a aquel que estuvo muerto por ellos por tres días,
pero ahora vive por los siglos de los siglos, ¡el Ungido del SEÑOR!
Por eso, ¿Quién vivió palabra por palabra, letra por letra, tilde por
tilde y significado por significado el Espíritu Santo de la Ley
viviente, sino sólo yo, el Santo de Israel, el hijo de David?, les
aseguraba Dios mismo a los hebreos por medio de su profeta Isaías.
Por todo ello, nuestro Padre celestial ha escogido a Jerusalén como su
nueva morada eterna, porque en ella descenderá del cielo y se
establecerá para la eternidad su “antiguo Trono Celestial”, para
juzgar a las naciones con la justicia infinita del Espíritu bendito,
de la sangre del pacto eterno de su Cordero Escogido, su Hijo amado,
¡el Hijo de David! Pues en ella se ha derramado la sangre de sus
siervos y de sus siervas, los profetas, desde la antigüedad y hasta
aún en nuestros días, para que nuestro Salvador celestial, entonces en
su día y sin más demora alguna, pues entonces descienda a su morada
eterna de entre los hijos de Abraham, de Isaac, de Jacobo y de las
naciones.
En la ciudad del Gran Rey Mesías de todos los tiempos se derramo su
propia sangre, santísima para dar vida eterna a todos sus hijos e
hijas de todas las familias de la tierra, para perdón de sus vidas,
salud y salvación eterna de sus almas vivientes en esta vida y en la
venidera también, eternamente y para siempre. Nuestro Padre celestial
volverá a crear los cielos y la tierra, he aquí todo es hecho nuevo,
para que Israel y las naciones vivan juntos felices y alegres por
siempre con el árbol de la vida eterna, el Hijo de Sion, ¡nuestro
Salvador Jesucristo!
Pero Satanás tenía un plan salvaje, haciendo que sus seguidores
infames intenten con la existencia de Israel y así terminar para
siempre con la venida del Gran Rey Mesías a Israel y su sangre
expiatoria, para salvar a la humanidad entera del poder del pecado y
de su muerte eterna en el infierno. Satanás escogió a Balaam hijo de
Beor para esta gran obra malvada. En el acto, Balaam fue llamado por
Balac, rey de los moabitas, por dirección de Satanás para maldecir a
Israel, pero el Hijo de David se le interpuso en el camino, para que
su asna no siguiera por el camino perverso de su amo para llevar a
cabo su gran maldad en contra del pueblo del SEÑOR.
A buena hora, el Hijo de David, como el Ángel del SEÑOR, hizo que la
asna le hablara a su amo Balaam para reclamarle porque le había pegado
tres veces con un palo, y la asna le dijo a Balaam: No soy yo quien te
ha servido fielmente todos estos tiempos. Yo jamás te he causado
ningún problema. ¿Por qué me pegas entonces? No te pego porque me has
servido todos estos años, sino porque te has parado en el camino en el
que iba con gran urgencia a encontrarme con Balac, rey de los
moabitas.
En ese l momento, el Hijo de David abrió los ojos de Balaam para que
se de cuenta de que había sido Él quien había hecho que la asna se
parara en su camino perverso, haciendo que se eche al suelo delante de
su presencia sagrada, para salvar su vida y la de su amo. Entonces
Balaam le dijo al Hijo de David: Ahora me doy cuenta de que he pecado
en contra de ti y de Dios, si quieres me regreso a mi tierra, y nos
olvidamos de los moabitas.
Y el Hijo de David le dijo a Balaam: Tendrás que seguir tu camino a
Moab para encontrarte con Balac, y sólo dirás lo que yo te diga cuando
estés delante de Él y de los suyos. Entonces Balaam se subió a su asna
y resumió su camino perverso para encontrarse con Balac, y la ira del
SEÑOR se encendió grandemente en contra de Él y de Balac también;
puesto que nuestro Padre celestial odia a los que odian a Israel, y
ama a los que lo aman, desde la antigüedad y hasta nuestros días. Por
eso, no hay condena que valga jamás en contra de Israel para nuestro
Padre celestial, para su Espíritu Santo, para sus huestes angelicales
y para su Hijo amado, ¡el Hijo de David!
Y cuando Jesucristo moría sobre los árboles cruzados de Adán y Eva
sobre la cima santa en las afueras de Jerusalén, entonces él no
condeno a Israel, cuando tenia todas las razones para hacerlo así,
sino que pidió al Padre celestial perdón por ellos y por la humanidad
entera también, cuando dijo: Padre, perdónalos porque no saben lo que
hacen.
Ahora, cuando Balaam llego a Moab, entonces allí entendió de que Balac
quería maldecir a Israel grandemente y hasta destruirlo enteramente de
sobre la faz de la tierra; Balac, en si, quería llevar acabo la
voluntad terrible de sus ídolos y de Satanás, sin darse cuenta jamás
de que se estaba haciendo un gran mal a si mismo y a su pueblo
también. Entonces Balaam le dijo a Balac: Yo no diré nada que no venga
de Dios. Así que no pienses que yo voy a hacer lo que tú quieras que
yo haga o diga en contra de tus enemigos, sino que yo mismo bendeciré
al que Dios bendiga, y maldeciré al que Él maldiga.
¡Por qué! ¿Cómo he de maldecir a quien Dios no maldice? O ¿Cómo he de
condenar a quien Dios no condena?, le decía Balaam a Balac y su gente.
Por cierto, está de Dios maldecir o de bendecir, para que el hombre
viva o muera; por lo tanto, el hombre solo puede bendecir lo que Dios
ha bendecido, o maldecir lo que Dios ya ha maldecido.
Pero nosotros, como hombres, no estamos llamados a maldecir a nadie,
por ninguna razón, sino a bendecir todo lo que Dios ha creado con su
palabra y con sus manos santas, para que toda su creación sea llena de
su gloria infinita en la tierra y en los cielos, eternamente y para
siempre. Porque escrito está, cuando le dijo Dios mismo a Abraham, por
ejemplo: Todo aquel que te bendiga, bendito será; y todo aquel que te
maldiga, maldito será.
Entonces lo que Dios ha bendecido, ya nadie lo puede maldecir jamás,
por ninguna razón, porque no hay maldición, ni obra de Satanás, como
brujería o hechicería, que valga en contra de Israel y de sus siervos
y de sus siervas en todos los lugares de la tierra. Hoy en día, todo
esto es verdad aún: todo lo bueno será siempre para los que son buenos
para con el pueblo de Dios, y todo lo malo será para los que son malos
para con todos sus siervos y sus siervas de todas las familias de las
naciones de la humanidad entera.
Porque la verdad es que para nuestro Padre celestial, para su Hijo
Jesucristo, para su Espíritu Santo y para sus ángeles fieles no hay
hebreos o gentiles, grandes o pequeños, pues para Él todos son iguales
ante su presencia santa. Pero grandemente bendecidos aún mucho más que
los ángeles del cielo serán todos ellos por siempre, si sólo el nombre
de su Hijo Jesucristo habita en sus corazones para darle gracias a Él,
por todo y en todo, en la tierra y en el cielo cada día y para siempre
en la eternidad celestial. Es por eso que el nombre del Señor
Jesucristo es muy importante que esté instalado en su lugar correcto
de nuestros corazones, para que todo sea bendición y luz cada día y
cada noche y para siempre en nuestra nueva vida infinita y celestial
del nuevo reino de Dios y de su Jesucristo.
Porque así como fue con los antiguos, pues lo es hoy en día también en
Israel y en las naciones del mundo entero: el que bendice a Israel,
será bendito, y el que lo maldiga, será maldito; en otras palabras, el
que bendice a Israel se bendice a sí mismo, y el que maldice a Israel
se maldice a sí mismo. Históricamente, Dios mismo ya ha bendecido
grandemente a Israel y a sus tierras, con el Espíritu Santo no
solamente de su nombre, palabra y Ley viviente, sino también con la
misma sangre de su Jesucristo, su Cordero Escogido, el Hijo de David,
¡el Santo de Israel!, para fin del pecado y para bendición de toda la
tierra también, para la eternidad.
Hoy en día, Israel tiene muchos problemas, pero todos ya están
resueltos infinitamente en la invocación delante de nuestro Padre
celestial de su Hijo amado, nuestro Salvador Jesucristo, ¡el Santo de
Israel y de la humanidad entera! Fue por esta razón que nuestro Padre
celestial le dijo a Balaam: No vayas a hacer nada de lo que te pida
Balac ni ninguno de sus hombres o aliados, sino sólo harás lo que yo
te diga que tienes que hacer para con Israel.
Puesto que, Balac está decidido a maldecir a Israel, pero no podrá
jamás, porque ya es bendito por Dios mismo desde la fundación del
reino angelical, para vivir en eterna paz y seguridad celestial en el
nuevo reino sempiterno, guiado por siempre por su Gran Rey Mesías, el
Hijo de David, ¡el Santo de Israel! Sí, nuestro Padre celestial forma
a Israel desde el vientre para ponerle fin al pecado y a Satanás y así
por fin empezar una nueva vida eterna en La Nueva Jerusalén santa y
gloriosa del cielo, tu nueva ciudad y mi nueva ciudad celestial para
todas nuestras familias eternas para la nueva eternidad venidera.
En dirección al cielo todos nosotros vamos, de una manera u otra, en
donde todo es paz, gloria, gozo, alegría y santidad infinita delante
de nuestro Padre celestial, sus huestes angelicales, sus pueblos
eternos, comenzando con Israel y su Árbol de la vida eterna, el
Cristo, ¡el Gran Rey Mesías de todos los tiempos!, ¡El Hijo de David!
Allí nos volveremos a encontrar para jamás separarnos no solamente de
nuestros antepasados sino de nuestro Padre celestial, de su Espíritu
Santo, de sus huestes angelicales y de su fruto del árbol de la vida
eterna, el Hijo de David, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Así pues, todos hemos sido creados por las manos santísimas de nuestro
Padre celestial y con los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo,
para vivir juntos en la eternidad con Israel y con su árbol de la vida
eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo! El nombre del SEÑOR viene desde
lejos a nosotros, de donde descendió el Espíritu Santo, para continuar
bendiciendo nuestras vidas cada día y cada noche, gracias a la
invocación del nombre del Señor Jesucristo, la cual comenzó no sólo en
el paraíso, con Adán y Eva, sino también en la misma tierra de Israel
para bien de la humanidad entera.
(JESUCRISTO SE LE APARECE AL APÓSTOL PABLO. Lean otra vez éste ultimo
libro sobre como nuestro Padre celestial le pudo dar vida y salud en
abundancia a un hombre totalmente ciego, el cual sólo quería hacerle
el mal a todos los que invocaban el nombre santísimo del Señor
Jesucristo para perdón de pecados y salvación eterna de las almas
preciosas de muchos en Israel y fuera de Israel también. Nuestro Padre
celestial bendecirá grandemente toda tu vida, como jamás hayas sido
bendecido en todos los días de tu existencia, como desde el día en que
naciste y hasta el día de hoy, si tan sólo le permites al Espíritu
Santo de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo te toque
milagrosamente, en un momento de fe y de oración. Da un paso de fe en
la tierra hacia tu Padre celestial que está en los cielos, en el
nombre del Señor Jesucristo, y Él mismo hará un paso más gigante aún
hacia la eternidad y sin vacilar jamás, para ti y para cada uno de los
tuyos también. ¡Muchas bendiciones para todos, en todos los lugares,
en el nombre santísimo de nuestro Señor Jesucristo!)
(Carta del cielo):
JESUCRISTO SE LE APARECE AL APÓSTOL PABLO:
Todo aquel que busque a su Padre celestial y su Hijo amado, el Santo
de Israel, a través de la Escritura y su Ley viva, entonces caminara
en la luz de milagros y prodigios, “destinado a ver cara a cara el Rey
de su nueva vida saludable y de la luz eterna y celestial del nuevo
reino angelical”, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Es decir, que aunque
el hombre esté entre las tinieblas más profundas del mundo y del
infierno, como en doctrinas falsas de religiones peligrosas y malas,
leyendo la Escritura y la Ley, entonces, de una manera u otra, “se le
aparecerá el dador de la vida y la salud eterna”, el Hijo de David,
¡el Salvador de Israel y las naciones!
Pablo, oponente de los seguidores de la secta de Jesucristo de
Nazaret, iba en su camino con sus hombres hacia Damasco, para seguir
haciendo su obra rebelde en contra de nuestro Padre celestial y de su
evangelio de salvación eterna para con Israel y la humanidad entera,
sin darse cuenta jamás de que luchaba en contra del Hijo de David.
Pero nuestro Padre celestial tenía «un gran plan» de perdón,
bendición, salud y salvación para Pablo y los suyos; pues nuestro
Padre celestial quería hacer de las tinieblas de Pablo luz para Israel
y los gentiles juntamente.
Esta misma luz de salvación y de libertad eterna, sin duda alguna, es
la misma que se le apareció en el camino de Moisés, como el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, para “empezar a liberar
a Israel” del poder de las tinieblas y de Satanás. De pronto, la misma
voz de la luz que le hablo a Moisés sobre el Sinaí, le empezó a hablar
a Pablo para abrir sus ojos de las tinieblas para que vea con la luz
del árbol de la vida, el Hijo de David, ¡nuestro Señor Jesucristo!, y
no sea más engañado por Satanás y sus palabras torcidas de siempre.
Entonces el apóstol Pablo le habla a la aparición celestial,
preguntándole: “¿Quién eres, Señor, te ruego que me lo digas?” Y el
Señor le contesta, diciéndole: “Yo soy Jesucristo, a quien tú
persigues desde tus días de juventud y hasta el día de hoy”. Y Pablo
caído sobre la tierra oía diligentemente las palabras del mismo Dios
de Israel, así mismo como le había hablado a sus apóstoles y
discípulos, cuando ministraba la palabra del evangelio eterno del
perdón y de la salvación infinita para alcanzar la vida eterna y sus
muchas bendiciones sin fin para Israel y todos los demás en el mundo
entero.
Entonces el Señor Jesucristo le volvió a hablar a Pablo para decirle
que ya no tenía que vivir para las tinieblas de Satanás sino para la
luz del unigénito de Dios y de su Espíritu Santo, ¡el Hijo de David! Y
luego le dijo, ordenándole: “Levántate y ponte sobre tus pies, Pablo,
porque te he aparecido para esto: para formarte en ministro y testigo
fiel de las cosas que has visto de mí y de aquellas en que me
apareceré a ti a partir de este momento y en todas partes.
Yo te libraré del pueblo hebreo y de los gentiles también las veces
que sean necesarias, a los cuales ahora yo te envío para abrir sus
ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de
Satanás a Dios, y así reciban perdón y una herencia entre los
santificados por la fe viviente en mí”. Porque la verdad es que nadie
puede perdonar pecados para los hebreos ni para los gentiles, desde la
antigüedad y hasta nuestros días, a no ser que sea el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo, el Hijo de David, ¡el Santo de Israel!
En otros términos, sólo el Hijo de David puede liberar a Israel de
todos sus pecados y tinieblas así como tuvo que hacerlo en Egipto, por
el desierto y grandemente sobre el monte santo y su cruz en las
afueras de Jerusalén, en Israel, para fin del pecado y el comienzo de
la nueva vida eterna de la Ley viviente. Y cuando Pablo oyó la voz del
Hijo de David, entonces ya no podía seguir el espíritu de error y
rebelde hacia su Dios manifestándose terriblemente e inhumanamente en
su corazón, sino todo lo contrario.
Pablo cambio poderosamente, en un momento de luz y milagro celestial,
cuando menos lo pensó, para oír la voz del Hijo de Dios y así saber
perfectamente en su corazón de que era el mismo Dios del cielo y la
tierra quien le hablaba para sanarlo y liberarlo de sus tinieblas con
la luz de la salvación eterna del cielo. Y Pablo cambia poderosamente
de las tinieblas a la luz viviente del árbol de la vida, en el acto,
porque su corazón oyó claramente al Hijo de Dios y lo reconoció al
instante como tal; es decir, que Pablo ya no podía seguir dudando de
la palabra de Jesucristo, sino que ahora la entendía y la amaba, como
Gamaliel, por ejemplo.
En realidad, Pablo era un servidor de Dios según el orden de la secta
farisaica en aquellos días; él amaba al SEÑOR con todo su corazón,
como cualquier otro hebreo, sin duda alguna, pero nuestro Padre
celestial necesitaba más de Él. Nuestro Padre celestial necesitaba
cambiarlo a él, pero únicamente por medio del poder del milagro de su
palabra y de su nombre milagroso, y esto era que tenía que tener un
encuentro personal con el Hijo de David, y hablar con él cara a cara,
así como los profetas de la antigüedad o como sus apóstoles recientes
lo hicieron, por ejemplo.
Dado que, es el encuentro personal entre el Hijo de Dios y el hombre
lo que hace que el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la
niña cambie drásticamente de las tinieblas a la luz de y del poder de
Satanás al poder celestial de su Dios y único Fundador de sus nuevas
vidas eternas. Ciertamente, nuestro Padre celestial sabia
perfectamente que Pablo le amaba a él con todo su corazón, con toda su
alma, con toda su vida y con todas sus fuerzas también, pero sin el
Hijo de David en su vida de nada le valía a él todo su trabajo y todo
su servicio a su Dios; Pablo estaba lejos de Dios.
Es más, el anhelo de Pablo era genuino y de gran celo espiritual para
sólo servir al Dios de sus padres, como Abraham, como Isaac, como
Jacob y como los demás patriarcas de Israel, pero, aún así, se
encontraba lejos de Dios, sin el conocimiento sobrenatural del Hijo de
David para con su vida eterna. Entusiásticamente, el corazón de Pablo
luchaba constantemente por estar con su Dios y con su Ley viviente a
la par, pero, aún así, se encontraba tan lejos de Dios, lo cual lo
hacia sentir mucho miedo de la vida y de la vida de los suyos también;
por eso, Pablo perseguía a los cristianos, porque estaba
peligrosamente lejos de su Dios.
En verdad, Pablo era sumamente celoso/fervoroso de que al Dios del
cielo y de la tierra se le sirviese constantemente y de acuerdo a las
líneas de las palabras santas de las Sagradas Escrituras; y nadie
menos de esto, podía entonces servirle al SEÑOR verdaderamente cada
día de su vida por la tierra y para siempre en la eternidad. Por eso,
para Pablo la Escritura eran muy importantes cada día de su vida, como
lo primordial o como lo más grande de su corazón; ciertamente que
Pablo conocía la vida religiosa y todos los dichos de los profetas de
la antigüedad, cuando hablaban de la venida del Mesías a Israel.
Estas eran Escrituras Santísimas, por las cuales Pablo había sido
educado profundamente en su juventud y, también, bajo la disciplina
del rabán (maestro, profesor) de los fariseos y presidente del
Sanedrín, Gamaliel, uno de los grandes educadores de las Sagradas
Escrituras y del Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos en sus días
de la vida antigua de Israel. Y por sus profundos estudios de la
Escritura y del Espíritu Santo de la ley, entonces el Rabán Gamaliel
no solamente conocía la vida y las palabras de los profetas de la
antigüedad, sino que también tenia un poderoso acercamiento espiritual
al Mesías, como ningún otro rabino de sus días en todo Israel, salvo
los creyentes de Jesucristo de Nazaret.
Por ello, Gamaliel le inculco a Pablo a que respetara y los tratara
con moderación a los seguidores de Jesucristo, cuando en su corazón
ardía el celo profundo de Dios y de su promesa santa de la antigüedad
de darle a Israel un Salvador eterno, según el orden de Melquisedec,
para muerte del pecado y vida eterna para todo Israel. Ciertamente que
ésta era la promesa vida eterna de Dios para con Israel y para con la
humanidad entera también, la cual había aprendido mucho por medio de
la Escritura y sus profetas con la ayuda inteligente de Gamaliel quien
también sentía y amaba en su corazón al Hijo de David, como el Gran
Rey Mesías para todos los tiempos.
Aquí podemos ver claramente que todo aquel que estudie la Escritura y
sus profetas no solamente se enriquece del Espíritu Santo de Los Diez
Mandamientos para alcanzar grandes bendiciones, sino que se encuentra
cara a cara con el Hijo de David, el Ungido de Dios para salvar a
Israel de todos sus pecados y a la humanidad entera también. En la
medida en que, un verdadero estudió constante de la Escritura, los
profetas y la Ley, entonces lleva al hombre, a la mujer, al niño y a
la niña a los pies del árbol de la vida eterna, nuestro Señor
Jesucristo, el Hijo de David, el Santo de Israel, para perdón, salud,
bendición y vida eterna de su alma viviente.
En aquellos días, Pablo había oído mucho de Jesucristo y de sus muchas
señales entre los hebreos y los gentiles, para sanarlos y librarlos de
los enemigos eternos de Dios, como los diablos de siempre, por
ejemplo, pero no le conocía aún en su corazón ni menos en persona,
como cualquier pecador de toda la tierra del ayer y de siempre. Pablo
había caminado y estudiado con Gamaliel y sus discípulos, pero aún no
había obtenido un corazón tan cerca al Espíritu de la Escritura, de
los profetas, ni de la ley, para finalmente encontrarse a los pies del
árbol de la vida eterna y así por fin recibir la bendición de perdón,
vida, salud y prosperidad infinita para su alma viviente.
A Pablo le faltaba ese algo, lo que a su Rabán Gamaliel le sobraba, y
esto era: respetar, honrar, amar la Escritura, a los profetas y el
Espíritu Santo de la ley, para despertar de sus tinieblas y ver la luz
de la vida eterna, a Jesucristo, y así por fin seguir oyendo su voz
aún más allá de la eternidad. Entonces Pablo ciego, pues caminaba por
las ciudades, aldeas y pueblos de Israel buscando siempre a los
creyentes de Jesucristo para acusarlos, arrestarlos y encarcelarlos,
para que de esta manera la palabra del evangelio de Jesucristo dejara
de ser predicada a los hebreos y hasta a los gentiles también; Pablo
era tinieblas mortales para Israel y más no luz salvadora.
Pablo estaba más ciego que nunca y su luz era las tinieblas de
Satanás, en vez de la luz que Moisés conocía perfectamente en su
corazón para liberar a Israel de sus tinieblas, a Jesucristo; y Pablo
hacia todo lo que podía para deshonrar, destruir el camino, la verdad
y la vida eterna de Jesucristo en todo Israel. El desprecio de Pablo
por Jesucristo lo había convertido en un malvado para los seguidores
de Jesucristo en Israel y en otros países, desdichadamente; es más,
cuando los cristianos lo veían, entonces sabían perfectamente que sus
vidas estaban en peligro o que iban a terminar con cárcel o con gran
violencia, como los que ya habían caído ante él violentamente.
Entonces cuando mataban a los cristianos, Pablo daba su voto en contra
de ellos, creyendo en su corazón que estaba haciendo la obra de Dios,
sin darse cuenta de que estaba haciendo algo terrible en su vida, la
voluntad malvada de Satanás para mal de su vida y de todo Israel
también, para siempre. Y aunque Pablo hacia todas estas cosas
terribles cada día de su vida en contra de la gran obra del Señor
Jesucristo y de sus seguidores en Israel, pero las enseñanzas de
Gamaliel siempre regresaban a él, cuando le decía, por ejemplo, que no
tratara mal a los cristianos; porque si ellos no son de Dios, entonces
su trabajo moriría pronto.
Pero si son de Dios, entonces, el Rabán Gamaliel le aseguraba a Pablo,
diciéndole, por más cosas malas que se les hagan, ellos siempre
seguirían haciendo sus buenas obras para darle gloria y honra a Dios
en las vidas de muchos en Israel y en toda la tierra también: Pues
entonces, esto es obra poderosa de Dios y no de hombres. Es decir, que
todos los que pelen en contra de los seguidores de Jesucristo sea en
Israel o en otros países, entonces se iban a encontrar, tarde o
temprano, peleando con el mismo Dios del cielo y de la tierra, no sólo
para mal de sus vidas sino también para mal de la vida de los suyos en
el mundo entero.
Ya que, éste es el Dios de sus antepasados, por lo que, resultaría en
que la ira de Dios se podría muy bien encender en contra de él y de
todos sus partidarios también, para castigarlos severamente por culpa
de sus cegueras espirituales y maldades en contra de los cristianos. Y
aunque Pablo no cesaba de pensar en las buenas instrucciones de las
palabras de Gamaliel, pues, aún así, seguía persiguiendo a los
seguidores de Jesucristo en todos los lugares de Israel, sin descansar
ni por un solo día para ponerle fin al conocimiento del nombre
maravilloso y sumamente glorioso de la paz y bendición eterna de
Israel para la eternidad.
Pues Pablo en su fervor de parar a como de lugar la enseñanza de la
palabra, nacimiento sobrenatural, vida gloriosa y culta, crucifixión,
muerte, resurrección y ascensión al cielo del Señor Jesucristo,
entonces perseguía a los cristianos hasta en las ciudades extranjeras,
sin piedad alguna por ellos ni por sus familias. Porque así como Pablo
quería ponerle fin a la doctrina del Señor Jesucristo en Israel,
consecuentemente también en las comunidades hebreas en otras ciudades
del extranjero igual, ya sean cercanas o lejanas; para Pablo no había
fronteras para derramar su furor en contra del Hijo de David y sus
creyentes en todo el mundo.
Pablo enfurecido en contra de Jesucristo y de sus seguidores, entonces
iba camino a Damasco con autorización y comisión de los principales
sacerdotes de Jerusalén, para volver a maltratar, atacar, humillar a
los cristianos a como dé lugar, como ya la tenia de costumbre en su
diario vivir en Israel. De un momento a otro, una luz más brillante
que el sol se le apareció a él y a sus colaboradores; todos fueron
cegados por la luz deslumbrante y sumamente poderosa; por sí, Pablo
había llegado en definitiva a la hora de su encuentro personal con el
dador de la vida, el árbol de la vida, ¡el Hijo de David!
Aquí, se encontraba Pablo con sus hombres frente a Jesucristo,
hablándole con su voz santa y potente, pero con su ceguera espiritual
de sus ojos no lo podía ver, sino que permanecía ciego aún, aún cuando
hablaba con el Señor; la luz brillaba poderosa sobre la cara de Pablo
y sus ojos, pero no lo veía todavía, sino sólo lo escuchaba. En sí,
ésta era la misma luz que Moisés vio sobre el Sinaí, cuando la zarza
ardía entre llamas, pero dañaba nada en su derredor; así pues le
hablaba esta gran luz brillando sobre sus ojos y su corazón, para
cambiarlo de ser un malvado en contra de los cristianos a ser uno más
de ellos, sus verdaderos hermanos eternos.
Pues en esta ocasión la luz del fuego antiguo no le hizo ningún daño a
ninguno de los de Pablo ni a sus animales de carga tampoco, sino que
simplemente cayeron desmayados todos al suelo sin poder pararse ante
la presencia sagrada de la manifestación celestial. Ninguno de ellos
fue quemado, dañado o herido, en esta ocasión también, por el fuego ni
por su luz; sino que todos ellos quedaron postrados y humillados sobre
el suelo ante la presencia divina del Hijo de Dios, ¡el Hijo de
David!
Todos atónitos habían visto la gloria de Israel en un instante de
milagros, maravillas y prodigios, así como los antiguos la vieron con
sus ojos y hacerlos libres de sus enemigos con el fin de servir y
glorificar aquel que vive por los siglos de los siglos, ¡el
Todopoderoso! En realidad, nuestro Señor Jesucristo había descendido
del cielo con poder y autoridad para hablar con Pablo cara a cara y
sin más rodeos; nuestro Padre celestial había decidido ponerle punto
final a la vida pecadora y violenta de Pablo para darles un respiro de
tranquilidad a sus siervos fieles, a los cristianos en Israel y de
todos los países también.
El Señor Jesucristo quería que ese amor de Dios en su corazón sea
centrado en Él, así como su Rabino Gamaliel se lo había enseñado con
gran amor y fervor en su corazón hebreo, cada vez que le enseñaba del
Espíritu Santo de los Diez Mandamientos, por ejemplo, para que sea un
verdadero siervo fiel del Dios de sus progenitores. Visto que,
Gamaliel era un erudito ferviente del Espíritu Santo de la Ley de Dios
y de Moisés, por lo tanto, él estaba enseñando siempre del Espíritu
del Gran Rey Mesías, el Hijo de David, a todos sus estudiantes,
incluyendo a Pablo, cada vez que abría la Escritura, para que sean
verdaderos servidores fieles del Dios de sus antepasados.
Entonces fue ésta enseñanza del Espíritu Santo de la Ley viviente lo
que hizo, en sí, el corazón de Pablo y su sabiduría y celo hacia su
Dios lo llevara a cometer crímenes terribles a gentes que sólo habían
aprendido a amar a su Dios y Fundador de sus vidas, de acuerdo a la
promesa dada a los antiguos patriarcas. Pablo pensaba constantemente
en las enseñanzas de Gamaliel y, por tanto, sólo quería hacer la
voluntad de su Padre celestial, y para él esto era atacar, sin tregua
alguna, a los seguidores de la secta de los de Jesucristo de Nazaret,
persiguiéndoles aún en las sinagogas y haciéndoles que ellos mismos
blasfemen su único nombre misterioso y sanador de sus vidas.
Y el Señor Jesucristo le habla a Pablo en su lengua hebrea en la que
nació en Belén, en Israel, y le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues? ¡Duro te es luchar en vano contra el aguijón que te
atormenta y no te deja vivir en paz! Aquí Pablo reconoció la voz de su
Pastor celestial por vez primera, así como Moisés y los patriarcas de
Israel la habían oído y reconocido en sus corazones para bendición de
sus vidas y la de todo Israel también. Al que busca diligentemente a
través del Espíritu Santo de la Escritura y de su Ley viviente a su
Creador, pues, en un día cualquiera, se encontrara frente a frente con
su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Aquí es cuando Pablo por fin se da cuenta de que ha estado luchando en
contra de su Dios y Creador de su vida, y le pregunto humildemente:
¿Señor, dime quien eres, te lo pido por favor que no me lo ocultes
más? Y el Señor Jesucristo le respondió, diciéndole, así como a sus
discípulos se lo había manifestado en todo Israel: “Yo soy Jesucristo,
a quien persigues cada día de tu vida, cada vez que insultas, atacas y
humillas a los que me aman en espíritu y en verdad, para que se
cumplan la Escritura, expresada por los profetas y la Ley.
Ahora, levántate y ponte sobre tus pies, le decía claramente nuestro
Señor Jesucristo a Pablo y sus hombres, porque te he aparecido para
esto: para convertirte en ministro y testigo de las cosas que has
visto de mí y de aquellas en que me apareceré a ti en los días
venideros. Yo mismo te librare de los hebreos y de los gentiles, a
quienes te envió a predicarles las buenas nuevas del reino de los
cielos, para que salgan de sus tinieblas y entren en la luz que has
visto en mi hoy y con todos tus siervos también.
Para que todos ellos dejen de servir a Satanás y empiecen a servirle
al Dios de tus antepasados, porque yo soy el Dios de Abraham, el Dios
de Isaac y el Dios de Jacob. Y cuando tú les hables de mí, entonces
ellos pasaran de las tinieblas a la luz del paraíso, para que sus
pecados les sean perdonados y así reciban su porción de una herencia
santa entre los santificados por la fe de que es en creer en mi nombre
salvador y eterno en sus corazones. Así es, cualquiera que busca
diligentemente a través del Espíritu Santo de la Escritura y de su Ley
viviente a su Creador, pues, de un momento a otro, se encontrara
frente a frente con su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Y, a partir de entonces, Pablo paró de perseguir a los creyentes de
Jesucristo, para ahora convertirse a Dios y a su evangelio eterno,
creyendo en su corazón y confesando con sus labios el nombre santo y
todopoderoso del Hijo de David, no sólo en Damasco sino en todo el
resto de Israel. Dado que, “es necesario que nuestro Padre celestial
sea grandemente glorificado en todo Israel”, y sólo por los poderes
sobrenaturales que actúan grandemente en el alma del hombre, de la
mujer, del niño y de la niña cuando creen en sus corazones para perdón
y confiesan con sus labios para salvación y salud eterna a su Hijo
amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Pues entonces, esta vez Pablo no solamente les predicaba de lo que
había aprendido de Gamaliel a sus hermanos los hebreos sino que a los
gentiles lo mismo, para que abandonen el mundo de Satanás y comiencen
a vivir en el mundo bendito de nuestro Padre celestial, el cual sólo
es posible en sus vidas, por medio de Jesucristo. Y por haber
obedecido Pablo a la luz más brillante que el sol, la cual se le
apareció a él y a sus servidores en su camino a Damasco, el árbol de
la vida, el Hijo de David, así como Moisés obedecido a la misma luz
sobre el Sinaí, ahora los hebreos religiosos querían callarlo, cuanto
antes mejor, quitándole la vida.
Ahora, Pablo sabía y sentía perfectamente lo que es vivir en carne
propia el ser perseguido, atacado, ofendido por la fe de lo que es
creer en la verdad y en la justicia salvadora del Hijo de Dios, el
Hijo de David, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y nuestro Padre celestial
siempre le fue fiel a Pablo, porque él mismo lo había llamado para que
sea testigo fiel de su Hijo amado, no solamente a sus hermanos los
hebreos, sino también a los gentiles, para que su evangelio de perdón,
salud, bendición y de sanidad infinita apague a cada tiniebla en
Israel y en toda la tierra también. Seriamente, el que busca
diligentemente a través del Espíritu Santo de la Escritura y de su Ley
viva a su Hacedor, pues, en cualquier momento, se encontrara cara a
cara con su Hijo amado, ¡el Hijo de David!
Por ello, nuestro Padre celestial siempre socorrió a Pablo, cuando era
injustamente acorralado por los enemigos de la verdad única, el camino
sobrenatural y milagroso, la vida eterna y la justicia santísima de la
sangre viviente de su Hijo amado, el fruto del árbol de la vida
eterna, para Israel y para las naciones de la humanidad entera. Y al
sentir Pablo el respaldo incondicional de nuestro Padre celestial,
entonces pudo predicar su evangelio salvador a grandes y pequeños, sin
hacer jamás nada ajeno de lo que los profetas y Moisés aclaran en la
Escritura, de cómo el Santo de Israel iba a padecer por culpa del
pecado sobre el monte santo de Jerusalén y su cruz (Isaías 53:12).
Porque el Señor Jesucristo había de padecer, y por ser el primero de
la resurrección de los muertos en el tercer día, entonces había de
anunciar luz a los hebreos y a los gentiles también, en todas las
naciones de la tierra, ésta gran verdad celestial y salvadora para
Israel y para la humanidad entera. Porque sólo el Hijo de David es el
primero y ultimó, el comienzo y el fin de cada hombre, mujer, niño y
niña de todas las familias de las naciones del mundo entero,
comenzando con Israel, para gloria y para honra de nuestro Padre
celestial que está en los cielos.
Por eso, Pablo llevo el evangelio de la salvación de Israel y de las
naciones por toda la tierra y con gran amor, como sucede hoy en día
por el poder de la Escritura, para que ellas se cumplan, de acuerdo a
la voluntad santa de nuestro Padre celestial, la cual sólo es posible
en el unigénito, ¡nuestro salvador Jesucristo! Jesucristo también se
te aparecerá a ti, como se le apareció a Moisés, a Abraham y así
sucesivamente a millares y millares más, si tan sólo crees en tu
corazón y deseas con tu alma viviente honrar y exaltar el Espíritu
Santo de los Diez Mandamientos en todos los días de tu vida y para
siempre en la eternidad venidera.
Es decir, que todo aquel que busca al Gran Rey Mesías de todo corazón
por medio de la Escritura, los dichos de los profetas y así se llena
del Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos, entonces, el día menos
pensado, se va a encontrar en su casa, en su trabajo o en camino a
algún lugar cara a cara con Jesucristo. Jesucristo, el Hijo de David,
el único salvador posible para su vida y para la vida de los suyos
también, sean familiares y amistades en sus tierras o en tierras
lejanas también; Jesucristo la luz más brillante que el sol viviendo
en tu corazón en todos los días de tu vida por la tierra y así también
para la eternidad venidera. ¡Amén!
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.
LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):
“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo
dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá:
‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!
SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.
SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.
CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó”.
QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.
SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.
SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.
OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.
NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.
DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.
Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.
http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?playertype=wm%20%20///
http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx