La cruz Tau, siguiendo una tradición antiquísima la encontramos entre
los símbolos religiosos de la que hace una referencia Ezequiel 9:4:
“El Señor le

dijo: Atraviesa por el medio de la ciudad de Jerusalén y marca una
Tau
en la frente de los hombres que lloran y gimen por todas las
abominaciones que se cometen en medio de ella.
Después escuché que les decía a los otros:
Atravesar la ciudad tras él y matar. Y no tengáis piedad de ninguno,
viejos, y jóvenes, muchacha niños y mujeres; ir matándolos hasta
exterminarlos. Pero no tocar a ninguno que lleve la cruz Tau”
La cruz TAU representa la marca de los elegidos por Dios, es su firma
más personal. Y no sólo aparece aquí como su signo predilecto ya que
en el Apocalipsis de San Juan, también aparecen marcados por la TAU
los elegidos para la salvación el día del Juicio Final. Allí se
especifica que la TAU es la marca del “Verdadero y Viviente Dios
Altísimo”.
Y casi al final, en el Apocalipsis de San Juan, capítulo 7,
versículos
del 2 al 3, leemos:
“Después de esto vi cuatro ángeles, cada uno de ellos en pie sobre
uno
de los cuatro ángulos de la tierra. Sujetaban a los cuatro vientos de
la tierra, para que dejaran de soplar sobre la tierra y el mar, y no
se moviera ni una hoja de un árbol. Luego vi aparecer otro ángel por
levante, por donde sale el sol. Era portador del gran sello del Dios
vivo, y gritó a gran voz a los cuatro ángeles que habían recibido el
poder de dañar la tierra y el mar: ¡Esperad! No hagáis daño a la
tierra ni al mar ni a los árboles hasta que no hayamos sellado en la
frente a los siervos de nuestro Dios.”
El uso de la Tau dentro del simbolismo cristiano es signo de
Salvación, no de martirio, y tiene una evidente vinculación con
escuelas iniciáticas y corrientes filosóficas pre-cristianas.
Algunas Órdenes cristianas utilizaron la cruz TAU, la primera de
ellas, la Orden de Antonio el Ermitaño o de San Antón (que padeció su
martirio en una cruz “T”), dedicada al servicio de los leprosos y
todo
tipo de marginados; San Antonio Abad vivió en los siglos III y IV. La
orden de los caballeros del hospital de San Antonio, conocida
comúnmente como los “hospitalarios” o la “orden de los antonianos” es
fundada aproximadamente en el 1095 y canónicamente unida a la Orden
de
Malta en el año 1777 por el Papa Pio VI. Los monjes de esta orden
vestían unos negros hábitos con una cruz TAU en medio. En el Camino
de
Santiago se encuentran numerosos restos de esta orden, por ejemplo en
Castrojeriz el camino atraviesa las ruinas del hospital de San Antón.

La razón de la vinculación de la TAU con San Antón, es porque según
cuenta Santiago de la Vorágine, en la Leyenda Aurea, el bastón que
siempre llevaba San Antón, tenía esta forma, en la imagen podremos
ver
una réplica del siglo XV.
San Francisco la convertiría en su señal y firma. Con ella marcaba
paredes, sanaba heridas, probablemente se vio muy influido por la
doctrina de los antonianos y además por la alocución en la que el
Papa
exhortó a los presentes en el Concilio de Letrán de 1215. Allí éste
describió la lamentable situación de los Santos Lugares, que por
aquel
tiempo volvían a estar en manos de los sarracenos, haciendo mención
de
la profecía de Ezequiel, por la que los marcados por la TAU, serían
los elegidos.
Podemos encontrar la cruz TAU a lo largo y ancho de la geografía de
las posesiones templarias, siempre representada con absoluta
discreción, cuando no oculta.
Los Templarios evidentemente habían captado el uso que de la cruz Tau
dieron anteriores cultos y así lo tomaron, considerándolo también
como
suyo. Era evidente que el simbolismo de la cruz los trasladaba a la
tradición primordial como el símbolo del conocimiento de las
tradiciones arcanas.
Estas tradiciones llegaron principalmente de Oriente, siendo la
representación del Dios único y unificador, Dios de todas las
culturas
y credos, y que la Orden en su afán ecuménico incorporaba en su
bagaje
simbólico.
El Caduceos de Hermes era una consecuencia de la cruz de TAU dónde
estaba la serpiente de Bronce sostenida. También podemos verla
representada en el cuerpo humano como representación de las 33
vértebras de la columna mas los dos huesos de la clavícula. Muchas
observaciones nos llevan hacia el Kundalini. Esa energía vital,
simbolizada por el fuego que regenera y eleva la materia a otro
estado
de manifestación.
Su simbología, se remonta a cuando el hombre, en su búsqueda de lo
superior y trascendente, observa la bóveda celeste, estudiando las
revoluciones que anual y cíclicamente realizan los astros, sus
posiciones y la influencia que operan en la naturaleza, e identifica
una constelación de estrellas en el horizonte equinoccial, la que
conocemos como Tauro, iniciando su era astrológica en el año 4619 ac
aproximadamente. Por tanto su culto y símbolo queda asociado en
origen
a lo celeste y sus fenómenos, como el rayo o la tempestad. Así el
hombre de las primeras civilizaciones conocidas, tiene a la
representación del toro como una de sus predilectas, tanto desde el
punto de vista profano, como para un uso sacro e incluso mágico.
Es por ello que tanto el símbolo como la representación animal en sí,
siempre se asociaría o relacionaría a la deidad de mayor importancia,
como Zeus griego, Júpiter romano, Mithra asiático, Osiris
egipcio... ,
hasta llegar a Jesucristo, al que también llegaría a identificársele
mediante una cruz. Obviamente tras oficializarse su culto y pasar a
ser la religión del Imperio.
La cruz TAU, es por tanto la cruz primitiva y visto su probable
origen
primigenio es razonable que la encontremos en uno de los primeros
cultos debidamente registrado por la historia: Babilonia. Donde se le
rendía culto al dios TAMMUZ: la TAU quedaría como representación de
éste Hijo de Dios babilónico. Los sacerdotes de Mithra, el Sol-Dios
de
los persas, hacían el signo de esa TAU o de la Cruz, sobre la frente
de sus iniciados. Era un signo que representaba una guía de senderos,
como monumento de ciencias y artes.
Podemos observar la continuidad del hilo iniciático si tenemos en
cuenta la influencia de la tradición Zoroástrica y persa que llegó a
Jerusalén con Zorobabel y los demás que fueron liberados por Ciro con
el propósito y los recursos materiales para construir el segundo
templo, porque según las profecías allí predicaría el Mesías
(Jesús).
Es importante destacar que la Tau fue usada por los sacerdotes
Esenios
en sus bendiciones sanadoras y sus escuelas iniciáticas en las
cavernas del Mar Muerto.

Otro capítulo importante en el uso de la cruz TAU, sería en los
cultos
egipcios, y sobre todo en el culto táurico de APIS.
En las creencias egipcias, la cruz vive dentro de círculo de dios y
al
salirse de Él forma la TAU egipcia o cruz ankhada, ésta es portada
por
numerosas deidades del panteón egipcio, y excepcionalmente
representada con el toro Apis, entre cuyos cuernos se incluye el
disco
solar, símbolo a su vez de la de Deidad Suprema. Un epílogo a éste
culto sería la asimilación del toro Apis tras su muerte, por Osiris,
dando lugar a Serapis, que no era otro que Apis hecho hombre. Su
culto
se extendió por todo el mundo greco-romano, solía representársele con
la cruz TAU en el pecho.
También se ha encontrado la inscripción de la letra Tau en la Gran
Pirámide. Sus medidas resumen la regla con la que se construyó la
obra
así como diversa medidas terrestres y celestes, que profundizaremos
al
estudiar la “cuadratura del círculo” y el “octógono”. Sus
proporciones se repiten en la arquitectura y diseño empleado en la
construcción de las catedrales. Es la expresión de la ley de la
creación, el principio del equilibrio.
Es importante destacar la revolución monoteísta del Faraón Akenaton,
que impulsaba la creencia en un Dios único e impersonal simbolizado
por la cruz Ansata (la Tau con el Disco solar).

Sabemos que en Egipto, Moisés era un iniciado en estas tradiciones y
que se llevó esos conocimientos con los que fundó los principios de
la
nueva religión del pueblo hebreo; se ha querido ver en ella la vara
de
Aarón que Moisés convirtió en serpiente, por ello también la podemos
encontrar bajo la definición de cruz egipcia. Estos hechos los
podemos
leer en el libro del éxodo 7, versículos del 8 al 13:
“El Señor dijo a Moisés y a Aarón: “Cuando os hable el faraón y os
diga: Haced algún prodigio, tú dirás a Aarón: Toma tu bastón y échalo
delante del faraón. El bastón se convertirá en serpiente.” Moisés y
Aarón fueron ante el faraón e hicieron como el Señor les había
ordenado. Aarón tiró su bastón delante del faraón y de sus siervos, y
se convirtió en serpiente. El faraón llamó también a los sabios y
encantadores, y ellos, los magos de Egipto, hicieron lo mismo con sus
encantamientos. Tiró cada uno su bastón y se convirtieron en
serpientes; pero la serpiente que había salido del bastón de Aarón se
comió a las otras serpientes. El corazón del faraón se endureció y no
les escuchó, tal y como había dicho el Señor.”
En la mitología escandinava, el Dios del rayo, Thor, aparece con un
martillo de doble cabeza que se relaciona con esta TAU.
La cruz Tau, es un símbolo que en masonería aparece velado en su
forma
geométrica como dos escuadras juntas o ángulos de 90º (que suman
180º,
igual que la suma de los ángulos interiores de un triangulo),
simbólicamente comparable al mallete del Venerable Maestro y los
Vigilantes de la Logia, y al mazo con el que dieron muerte a Hiram
Abí
golpeándolo en la frente.
Tres dobles escuadras decoran el Mandil de los Ex. Venerables
Maestros, sumados sus ángulos totalizan 540º, una vuelta y media al
círculo. Originariamente eran los únicos cualificados para ingresar a
la Orden del Santo Real Arco, donde se encuentran estas dobles
escuadras unidas en su base, formando esta unión una cuarta doble
escuadra, totalizando 720º, equivalente a dos circunferencias.
Importantes conclusiones podemos sacar teniendo en cuenta que el
círculo es otra forma geométrica de la Tetractis pitagórica, además
de
ser símbolo de Dios.

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