El diseño de la cruz latina estaba vinculado, por sus proporciones,
simbólicamente con el cubo, con el hombre perfecto. La piedra cubica
es uno de los primeros símbolos que estudiamos en masonería, se
profundiza su simbolismo al volverla a estudiar en el 13º grado como
la piedra cubica de ágata en la que Henoch gravara la Palabra
Perdida,
la piedra angular del Templo, que está colocada en una de las
esquinas
del Templo, en los cimientos, distinta a la piedra “Clave de la
Bóveda” que da por finalizada la Obra y es colocada “desde arriba”,
no
hay que confundirlas pues significan distintos principios místicos.
La
Piedra Cubica es por su forma uno de los “Sólidos Platónicos” y a la
vez incluye los demás.
Dice Fulcanelli: “Con raras excepciones el plano de las iglesias
góticas adopta la forma de una cruz tendida en el suelo” (que plegada
sobre sí misma forma un cubo). Sigue Fulcanelli refiriéndose a la
cruz
interpretándola como el jeroglífico alquímico del crisol. “Es en el
crisol donde la materia prima, como el propio Cristo, sufre su
Pasión;
es en el crisol donde muere para resucitar después, purificada,
espiritualizada, trasformada” … “Y es así como el plano del edificio
cristiano nos revela las cualidades de la materia prima, y su
preparación, por el signo de la cruz; lo cual, para los alquimistas,
tiene por resultado la obtención de la primera piedra, piedra angular
de la Gran Obra Filosofal. Sobre esta piedra edificó Jesús su Iglesia
(Mateo 16,18); y los francmasones medievales siguieron simbólicamente
el ejemplo Divino. Pero, antes de ser tallada para servir de base a
la
obra de arte gótica, y también a la obra de arte filosófica, dábase a
menudo a la piedra bruta, impura, material y grosera, la imagen del
diablo”
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