(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)
YESHUA (JESUCRISTO) VIENE CÓMO EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA:
El pan de Dios es aquel que desciende del cielo y le da vida al mundo.
Pues el mundo vive progresivamente hambriento y sediento del Espíritu
Santo de nuestro Padre celestial y, la única manera, en la cual
nuestro Dios le puede dar de comer de Él y de su vida santísima, para
satisfacer su hambre y sed de su santidad infinita, entonces tiene que
entregarle milagrosamente a su unigénito, ¡nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax!
Ahora, nuestro Señor Jesucristo llega al mundo nuevamente por medio de
los poderes sobrenaturales del Espíritu Santo que entra milagrosamente
en el vientre virgen de la hija de David, para que a los nueve meses
nos dé esa carne, huesos inquebrantables, sangre santa y expiatoria
del unigénito, para que sea nuestro Cordero del pan divino y sumo
sacerdote eterno juntamente. Para que de esta manera el mundo entero
ya no tenga más hambre y sed de su santidad y de su vida eterna llena
de bendiciones sin fin y sobrenaturales, e inmortalmente así pueda
seguir existiendo con sus diversas vidas normales de reinos de
hombres, animales y vegetales según sus géneros, en nuestros días y
para siempre.
Porque de otra manera, no es posible para nuestro Padre celestial
darle vida al mundo entero con todos sus habitantes humanos, animales
y orgánicos, por ejemplo, sin las bendiciones de cada hora de su árbol
de la vida eterna, su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Dado que,
sólo nuestro Señor Jesucristo, con la ayuda idónea del Espíritu Santo
de nuestro Padre celestial, es la vida de cada hombre, mujer, niño y
niña de la humanidad entera, y así también él mismo es quien le da
vida a todo reino animal y biológico en la tierra y en el reino
angelical, sin duda alguna.
Por lo tanto, la vida que está en el cielo con sus ángeles y seres muy
santos y especiales así pues también tiene que estar en toda la
tierra, para que cada uno de sus habitantes y sus diferentes reinos
del mundo animal y biológico, puedan seguir existiendo saludablemente
delante de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo. De otro
modo, toda vida es totalmente imposible sin la bendición del cielo, ya
sea para el hombre y para los animales, incluyendo los volátiles y
hasta los peces que están en los lagos, ríos y mares, por ejemplo.
Entonces nuestro Padre celestial nos da de comer y beber de su pan del
cielo cada día así cómo le da de comer a sus ángeles por inicio,
porque nos ama mucho, mucho más de todo lo que podamos pensar o
imaginar en nuestros corazones, en nuestras mentes y espíritu humano.
El amor de nuestro Padre celestial no cambia jamás ni varia en ninguna
forma, sino que es fiel y constante para con cada uno de nosotros de
todas las razas, familias, linajes, pueblos, ciudades y reinos de la
tierra, para Él mismo seguir amándonos grandemente con sus más ricas
bendiciones de paz, salud, prosperidad, protección y felicidad para la
eternidad.
Además, éste pan del cielo es su mismo Rabino Yeshua jaMashíax, para
que creamos en él en nuestros corazones, confesando así su nombre
santísimo, el cual sacia grandemente nuestra hambre y sed de nuestros
cuerpos y espíritu humano, para vivir una vida normal y creciente
siempre hacia Él y todo lo bueno que es Él para con nosotros
infinitamente. Porque el amor antiguo y único, el cual nuestro Padre
celestial siente por cada uno de nosotros, hoy en día, es igual al que
Él sentía inicialmente cuando creaba en sus manos santas a Adán y Eva,
por ejemplo, para que en un día como hoy seamos convertidos en sus
hijos e hijas al comer de su pan celestial.
Por cuanto, es el comer y beber del fruto del cielo lo que, hoy en
día, no solamente nos da vida cada día de nuestras vidas por toda la
tierra para seguir amando a nuestro Padre celestial, sino que también
nos da vida para seguir viviendo nuestras nuevas vidas infinitas, las
cuales se encuentran en nuestro Señor Jesucristo únicamente. Y cuando
uno come y bebe del pan celestial, entonces nuevos horizontes se abren
grandemente cómo el mismo universo para cada uno de nosotros, para
vivir nuevas glorias de paz, prosperidad y de amor infinito jamás
vividos por nuestro espíritu humano en la tierra ni el paraíso: porque
nuestro cuerpo y espíritu humano no conocían a nuestro Señor
Jesucristo todavía.
Además, estas son grandezas y glorias jamás conocidas por nosotros,
las cuales las comenzaremos a vivir y a explorar al instante, porque
el pan del cielo nos da las fuerzas más que necesarias para hacerlo
así cada día de nuestras vidas por toda la tierra y hasta aún más allá
de la nueva eternidad venidera, por ejemplo. Por ello, comiendo y
bebiendo del pan celestial, entonces nosotros viviremos una vida muy
sana delante de nuestro Padre celestial, totalmente libre de Satanás y
de cada una de sus malvadas artimañas mortales, para sólo conocer todo
lo bueno que nuestro Padre celestial tiene guardado para nosotros,
desde mucho antes de la creación del cielo y la tierra.
Porque la verdad es también que nuestra ceguera espiritual está
vigente cada día de nuestras vidas por toda la tierra, porque las
mentiras de Satanás reinan en nuestros corazones y en nuestras vidas
con su espíritu de error, pero con el Señor Jesucristo cómo el pan del
cielo, entonces podemos ver más allá de cualquier universo terrenal y
celestial. Es más, con el pan del cielo alimentando nuestro cuerpo y
espíritu humano cada día de nuestras vidas, entonces no solamente
podremos ver más allá de cualquier universo por más inmenso que sea,
sino que veremos por siempre más allá que el mismo Satanás y sus
secuaces, porque veremos las cosas cómo Dios mismo las ve desde la
eternidad.
En verdad, con el pan del cielo nutriendo nuestro cuerpo y espíritu
humano, entonces ya no seremos los mismos de siempre sino totalmente
diferentes a lo que éramos antes, porque ahora nuestro Señor
Jesucristo estará viviendo en nosotros con su Espíritu Santo y cada
uno de sus dones sobrenaturales, para crecer en nuestras vidas
materiales e espirituales y sin limite alguno. Por ello, una vida
terrenal, la cual se nutre del pan divino, por medio de la oración y
fe, es una vida totalmente liberada de Satanás y de sus muchos males
terribles escondidos en la tierra y en el más allá, también, sin duda
alguna, para poder entonces nosotros ver con los ojos del alma muchas
cosas nunca antes vistas.
E aquí en donde nacen los nuevos descubrimientos de nuestras vidas,
cosas y detalles escondidos de nuestros ojos cegados por el pecado de
Adán y Eva desde el paraíso, para mejorar grandemente nuestro modo de
vivir y así también la de los demás, por toda la tierra y para muchas
generaciones venideras también. Y nosotros seguiremos descubriendo
muchas cosas más aún, aún mucho más fantásticas que las anteriores,
porque nuestro Padre celestial nos da del pan todopoderoso, para tener
las fuerzas más que suficientes para hacerlo así y, además, porque
hemos sido transformados a ser cómo Él mismo o su Jesucristo de pies a
cabeza, para siempre.
Porque cuando comemos y bebemos del pan divino, entonces la carne
muerta de Adán y Eva, cómo sus huesos quebrados y sangre sumamente
enferma y lista para morir en cualquier momento, serán cambiadas por
la carne sagrada, huesos inquebrantables y sangre santísima y llena de
vida eterna para perpetuamente ser cómo el árbol de la vida, ¡nuestro
Señor Jesucristo! Por esta razón, el pan celestial desciende
continuamente para nosotros comer y beber de él, cómo los antiguos del
desierto que salieron de Egipto para entrar a la tierra prometida,
pues ellos comían y bebían cotidianamente y hasta que al fin entraron
en la tierra del unigénito, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para
alimentarnos todos infinitamente de leche y miel redentora.
Visto que, nuestro Señor Jesucristo en sí es la tierra prometida
misma, por la cual los hebreos salieron de Egipto de noche y con
grandes apuros para encontrarse con él cara a cara, para que les dé de
comer del pan del cielo, primeramente en el desierto el maná y luego
en la tierra prometida leche y miel para vida eterna. Así pues,
nuestro Señor Jesucristo es también La Nueva Jerusalén santa y
gloriosa del cielo, en donde todos seguiremos comiendo y bebiendo de
la leche y miel de la Cena del SEÑOR, sino que seguiremos amando y
glorificando por siempre el nombre santísimo de nuestro Padre
celestial, para que su Espíritu Santo nos siga enriqueciendo
grandemente nuestras vidas celestiales.
Porque la verdad es también que nuestro Señor Jesucristo nos enriquece
con el Espíritu Santo de nuestro Padre celestial a cada hora, si tan
sólo comemos y bebemos de él, cada vez que partimos un pedazo de pan o
bebemos alguna bebida, bendiciéndolo siempre así todo delante de
nuestro Padre celestial, en su nombre santísimo y todopoderoso para
nuestro enriquecimiento espiritual. Por eso es bueno que el hombre
coma y beba del pan de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo,
el cual es su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, para que no
solamente escape del poder terrible del pecado de cada día, sino que
también entre desde ahora a vivir las riquezas de la vida eterna, para
la eternidad celestial.
Porque la verdad es que nosotros no somos de aquí abajo (la tierra)
sino de arriba (el mundo santo del reino angelical), por eso nuestro
Padre celestial envía a su Hijo amado al mundo para que nos dé de
comer y beber del pan celestial, cuanto antes mejor, para al fin
retornar a nuestras vidas celestiales para seguir viviendo la
eternidad. Y sin éste pan del cielo, entonces ninguno de nosotros
podrá jamás escapar el mundo malvado del pecado para regresar a su
primera vida celestial, para seguir viviendo en el seno santo de
nuestro Padre celestial y comer y beber del fruto de la vida eterna,
para ya no sufrir más las mentiras de Satanás, sino vivir la verdad de
Jesucristo.
Porque la verdad es que nuestro Señor Jesucristo nos da todo de sí
mismo a cada hora, pero también nos da de la gloria sagrada del reino
angelical, la cual nuestro Padre celestial le entrega personalmente
para que descienda a nosotros y así le comencemos a conocer a Él cara
a cara, por medio de la verdad de su Hijo Jesucristo. Visto que,
nuestro Señor Jesucristo les manifesta a sus discípulos, asegurándoles
que todo aquel que le ve a él, entonces está viendo al Padre celestial
que está en el cielo, porque el Padre y él son una sola unión, en la
tierra y así también en el reino angelical eternamente y para siempre,
para vivir por siempre la felicidad infinita.
Además, es precisamente a ésta unión eterna y sin igual, por la cual
nuestro Padre celestial envía a su Jesucristo al mundo cómo el pan de
vida, para que todo aquel que crea en él en su corazón y así confiese
con sus labios su nombre salvador, entonces pueda regresar a ésta
unión sagrada como hijo e hija de Dios. Y es en ésta unión santa y
sumamente sagrada, en la que ya no podremos jamás volver a sufrir las
mentiras de Satanás ni ninguno de sus males de siempre, porque
viviremos perpetuamente protegidos por el Espíritu Santo así como los
ángeles son protegidos de las artimañas de Satanás, en el reino
celestial, en estos tiempos.
En la medida en que, cada vez que sufres algún problema, dificultad,
enfermedad o amenaza de muerte, en tu vida o en la vida de cualquiera
de los tuyos, en sí, es porque todo tu ser, alma, cuerpo y espíritu
humano, está sufriendo hambre y sed de las bendiciones espirituales
del pan protector del cielo, ¡nuestro Rabino Yeshua jaMashíax! Y es
ésta hambre y sed la que te enferma y te está matando, desmenuzándote
poco a poco, y hasta que por fin desapareces de sobre la faz de la
tierra, para volver a ser polvo del mundo a no ser que comas del pan
de vida celestial, para redimir tu vida terrenal de estos males
terribles del más allá.
Hoy en día, si comes del pan divino, el cual nuestro Padre celestial
te da fielmente por medio de su Hijo Jesucristo, entonces todo tu
cuerpo seguirá con grandes bendiciones el curso de la vida de todo
hombre para regresar al polvo de donde saliste en el día de tu
creación, más el pan celestial seguirá vivo en tu alma infinitamente.
Porque la manifestación de cada uno de todos estos brotes de
problemas, dificultades, enfermedades y hasta muerte, en realidad, es
porque Satanás tiene sus mentiras en ti, para hacerte algún daño
terrible en tu vida o en la de los tuyos, ya sean familiares o
amistades, por ejemplo.
Y Satanás tiene su influencia en tu vida para hacerte daño, porque te
odia de la misma manera o con el mismo fervor mortal, que odia a
nuestro Padre celestial y a su Rabino Yeshua jaMashíax, porque de
ellos salimos nosotros para vivir el Espíritu Santo del amor eterno,
en la tierra y así también en la eternidad celestial. Entonces todo
problema, dificultad, enfermedad y hasta amenaza de muerte, en
realidad, están destinados no tanto a herirte a ti o a los tuyos, sino
a nuestro Padre celestial, porque Satanás quiere seguir golpeando el
cuerpo santo del Señor Jesucristo cómo lo hizo sobre los árboles
cruzados de Adán y Eva en el paraíso o en las afueras de Jerusalén.
Porque la verdad es que Adán y Eva formaban la cruz de nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax o de la humanidad entera en el paraíso inicialmente,
en el día que Eva sale horizontalmente de la quita costilla de Adán
para ser la madre de muchos hijos, pero Satanás les quito el pan del
cielo con sus mentiras para que no se multipliquen. Y luego ésta cruz
el mundo la ve cuando los hebreos morían mordidos de las serpientes
venenosas del desierto, por haberse rebelado en contra de Dios y de
Moisés, y nuestro Padre celestial le dijo a Moisés: Hazte una
serpiente de bronce y clávala sobre tu palo, para que se forme la cruz
y todo aquel que la vea vivirá.
(El palo es vertical porque sale de la tierra cómo árbol, la serpiente
camina horizontal siempre; el palo es Adán, Eva es la serpiente
horizontal, porque sale de la quinta costilla de Adán, formando así,
en ambos casos, la cruz de Jesucristo. Y nuestro Padre celestial tenia
que derramar de todo su Espíritu Santo de amor eterno por Adán, Eva y
cada uno de sus hijos e hijas de Israel y de todas las naciones del
mundo entero, para que escapen de las mentiras de Satanás hacia la
verdad infinita de su Hijo Jesucristo para regresar al paraíso desde
ya y para siempre.)
Además, en Israel, nuestro Padre celestial hizo que los hebreos
levanten la cruz sobre lo alto del monte santo de Jerusalén, pero esta
vez eran los árboles muertos de Adán y Eva que recibían con clavos a
su gran verdad eterna, su Rabino Yeshua jaMashíax, para que sufra
nuestros pecados y muerte infernal, para resucitar triunfantemente en
el tercer día. En todos estos casos anteriores Satanás golpea a
nuestro Señor Jesucristo sobre nuestros cuerpos humanos para hacerle
daño, por causa de nosotros haberle creído a sus mentiras y a sus
pecados mortales, pero nuestro Padre celestial lo golpea a Satanás de
vuelta y con sus mismas palabras y obras malvadas, para derrotarlo
eternamente y para siempre.
A diario nuestro Padre celestial golpea a Satanás y a cada uno de sus
secuaces con sus mismos males de las que te causan a ti o a los tuyos
(porque las escritura dice: Caerán en sus maldades), cada vez que
invocas el nombre sagrado del pan del cielo, por ejemplo, para sanar
tus males y así darle gloria a Dios. Así es, Satanás es herido
gravemente cada vez que tú sanas de cualquier mal que él te haya
causado en tu vida o en la vida de los tuyos, por medio del pan
celestial, el cual nuestro Padre celestial te entrega a ti con mucho
amor porque amas en tu corazón a su árbol de la vida, ¡nuestro Señor
Jesucristo!
Además, nuestro Padre celestial no nos suelta inicialmente de entre su
corazón y manos santísimas para sufrir los males terribles del pecado
de Adán y Eva, sino para que seamos totalmente libres de todo mal de
las mentiras y maldades de Satanás, y esto es para vivir la vida que
Él mismo escoge para nosotros gozar infinitamente en su Jesucristo. Y
ésta vida santísima existe, hoy en día, para cada uno de nosotros, de
entre todos los hombres, mujeres, niños y niñas de todas las familias
de las naciones, para disfrutarla desde hora, sí tan sólo creemos en
nuestros corazones y confesamos con nuestros labios el nombre sagrado
de su Rabino Yeshua jaMashíax cómo nuestro salvador eterno y
celestial.
Comprobado que, sólo en creer con nuestros corazones y confesar con
nuestros labios el nombre santísimo de nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax, hoy en día, es que tenemos las soluciones a nuestros
problemas, dificultades, enfermedades y muertes en la tierra y en el
más allá, también, cómo en el infierno o el lago de fuego, por
ejemplo, para no sufrir nunca más. Porque la verdad es que nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax cuando fue crucificado sobre los árboles
cruzados de Adán y Eva sobre todo lo alto del monte santo de
Jerusalén, entonces él mismo toma en su cuerpo todos nuestros
problemas, dificultades, enfermedades y muertes terribles para
llevárselas al infierno y así dejarlas en su lugar del castigo eterno,
para siempre.
Y resucita al tercer día nuestro salvador Jesucristo, después de estar
momentáneamente con los antiguos en Hades, para luego levantarse
triunfante, feliz y gozo, lleno de vida y salud eterna de cada hombre,
mujer, niño y niña de Israel y las naciones, para que jamás el pecado
y su sufrir los lleve abajo, sino al cielo a su lugar de origen. Y
éste salvador nuestro es nuestro Señor Jesucristo, el pan santísimo
que sufrió nuestros pecados llevándose en su cuerpo y alma santísima
nuestros problemas, dificultades, enfermedades y hasta muertes
terribles a su lugar eterno del Hades, para que jamás nos vuelvan a
molestar, para siempre en la tierra, en el paraíso y en La Nueva
Jerusalén gloriosa del cielo.
Visto que, todo sufrimiento y hasta muertes tempranas, realmente se
originan en nuestras vidas por falta del pan del cielo, cómo desde el
momento que nacemos en el mundo del vientre de nuestras madres ya
estamos llorando a gritos por el pan del cielo, para no morir nunca
sino seguir viviendo la felicidad eterna de nuestro Dios y de su
Jesucristo. Verdaderamente, el creer en el corazón y confesar con
nuestros labios el nombre santísimo de nuestro Señor Jesucristo, para
nuestro Padre celestial y su Espíritu Santo, en sí, ya es una oración
bien recibida sobre el altar sagrado del cielo, para que sólo perdón,
consuelo, protección, prosperidad y salud comiencen a tomar lugar en
nuestras vidas cada día y para siempre.
Y hasta me atrevería a decir que con tan sólo creer en el corazón y
confesar el nombre santísimo de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, cómo
el unigénito, por ejemplo, para nuestro Padre celestial y sus huestes
angelicales en el reino angelical y sobre su altar santísimo ya es una
oración eterna, la cual jamás podrá ser borrada ni menos olvidada.
Dado que, para nuestro Padre celestial cada oración es muy importante,
pero nunca tan importante cómo la exaltación y glorificación del
nombre santísimo de su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor
Jesucristo, para que entonces Él sólo vea nuestra vida celestial y
eterna llena de santidad y perfección delante de su presencia
santísima, en la tierra y en el cielo eternamente.
Por cuanto, la única verdad, justicia y santidad infinita que puede
entrar, hoy en día, a la misma presencia santísima de nuestro Padre
celestial es la de su Rabino Yeshua jaMashíax, no solamente porque él
es nuestro Cordero de la sangre expiatoria, ni porque es el sumo
sacerdote e Hijo de Dios, sino porque su verdad, justicia y santidad
son incomparables. Además, es precisamente ésta verdad, justicia y
santidad que se cumple en cada uno de nuestros corazones y espíritu
humano con el pan del cielo, para nosotros entrar legalmente desde ya
a la presencia santísima de nuestro Padre celestial y así quedarnos
infinitamente entre huestes de ángeles, para vivir la vida eterna
llena de felicidad, poder y gloria inimitable.
Entonces es ésta vida, la cual verdaderamente todo tu corazón, alma,
cuerpo y espíritu humano conocen muy bien (y más no la de Adán y Eva),
porque salieron de ella desde el seno santo de nuestro Padre
celestial, para vivir felices en el Espíritu Santo de comer y beber
por siempre del fruto del árbol de la vida, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Visto que, la vida que nosotros vivimos en la tierra, ciertamente que
la seguiremos viviendo en el reino angelical cómo en el paraíso o La
Nueva Jerusalén santa y perfecta del cielo, pero con grandes milagros,
maravillas y bendiciones independientes de Satanás, para seguir
creciendo siempre felices en la paz, prosperidad y seguridad de
nuestro Padre celestial y su Hijo Jesucristo.
Puesto que, nuestro Padre celestial nos crea en sus manos santísimas
para que llevemos perpetuamente su imagen y seamos conforme su
semejanza celestial, para crecer cada día hacia nuevos horizontes de
glorias infinitas, las cuales nuestro Padre celestial desea
disfrutarlas únicamente a través de cada uno de nosotros con la ayuda
idónea de su Jesucristo y de su Espíritu Santo. Por eso, es bueno
siempre invocar el nombre santísimo de nuestro Señor Jesucristo
delante de nuestro Padre celestial, porque no solamente es nuestro pan
del cielo de cada día, sino también porque nos protege de todas las
mentiras de Satanás, para vivir perpetuamente protegidos en la verdad
y la santidad celestial de nuestras nuevas vidas santas e
infinitamente benditas.
Y es precisamente ésta protección santísima de nuestro Padre celestial
hacia nosotros por medio de su fruto de vida, lo que nos quita la
ceguera espiritual para entonces nosotros poder ver lo que antes no
veíamos; porque en pleno conocimiento de la verdad y la justicia
viviremos infinitamente en el Espíritu Santo para ver, amar y servir a
nuestro Dios perpetuamente. Por ello, es la verdad la que nos hace
libres, libres para ya no ser ciegos por Satanás, sino videntes por
nuestro Padre celestial que está en el cielo, gracias a nuestro Señor
Jesucristo y su Espíritu Santo, el cual es el pan del cielo que se nos
da cada día para por siempre crecer cada vez más y más.
Entonces cada vez que sientas que algún problema, dificultad,
enfermedad o amenaza de muerte te está rodeando o ya casi cómo tocando
tu vida, y (lo) sabes porque (lo) sientes, pues esto significa que
Satanás te está atacando con sus mentiras y engaños crueles, sino que
también parte de tu corazón, cuerpo y espíritu humano está sufriendo
hambre y sed de Jesucristo. Por ello, cuando comienzas a alimentar el
hambre y la sed de los problemas de tu corazón, alma, cuerpo y
espíritu humano con el pan del cielo de nuestro Padre celestial y de
su Espíritu Santo, entonces el sufrir que estaba vivo y haciéndote
daño, pues entonces comienzan a desaparecer sin que te descuentas de
nada, en muchos casos.
Comprobado que, hay poder vivo y sobrenaturalmente activo, en sólo
comer y beber del fruto del pan del cielo, nuestro Señor Jesucristo,
para bien eterno de nuestras vidas, en la tierra y en el paraíso,
porque sólo él tiene las soluciones a nuestros problemas, enfermedades
y demás, y esto es para nosotros, para nuestros familiares y hasta
para nuestras amistades también. Esto significa que Satanás huye de
ti, derrotado con cada uno de sus problemas, dificultades,
enfermedades y hasta muertes escondidas, porque cuando el pan del
cielo toma lugar en tu vida entonces ningún mal puede prosperar jamás
en ti o en los tuyos, y esto es por más fuerte o rebelde que sea ese
mal del más allá.
Puesto que, todo mal se origina en el más allá, ya sean problemas,
dificultades, enfermedades y hasta muertes terribles, por ejemplo,
cómo el principio de la mentira en la vida del hombre y de la mujer
comienza en el paraíso, y los ángeles caídos y su rebelión al nombre
santísimo del Rabino Yeshua jaMashíax también nace primeramente en el
cielo. Y todos estos males de la rebelión inicial a nuestro Señor
Jesucristo se riegan sobre toda la tierra y su universo, es decir,
después de haber tocado el reino angelical de la peor manera posible,
entonces el hombre se contamina gravemente de estos males antiguos y
escondidos cada día de su vida y sin que sé de cuenta de nada
siempre.
Por eso, nuestro Padre celestial nos da de su Espíritu Santo en
grandes cantidades y sin medida alguna, y todo empieza en el día de la
creación del cielo y la tierra (gen. 1:3) cuando ordena a su Espíritu
Santo que se riegue sobre toda la tierra, para subyugar a todas
tinieblas, y luego nos da su maná, pan del cielo cotidiano. Y éste es
el pan del cielo que desciende a tu vida cada día, para que escapes
los males terribles de las primeras mentiras que Adán y Eva creyeron
en sus corazones en contra de su Jesucristo, el pan de vida, para que
mueran y no vivan más para siempre en la nueva eternidad celestial de
nuestro Padre celestial.
Pero nuestro Padre celestial es misericordioso con cada uno de
nosotros, porque sea que llueve o no desde el cielo desciende
fielmente el pan vivo y saludable, para perdonarnos, sanarnos,
bendecirnos, protegernos, prosperarnos y darnos vida en abundancia en
todos los lugares de la tierra y así también en el nuevo reino
angelical, para gozar la felicidad eterna infinitamente. En la medida
en que, es la buena alimentación de nuestro corazón y espíritu humano
lo que comienza a obrar grandemente maravillas, para que los
problemas, dificultades, enfermedades y hasta muertes escondidas de ti
y de los tuyos, comiencen a desaparecer poco a poco y hasta que ya no
vuelves a sentir nada de nada en todo tu ser.
Efectivamente, es bueno siempre comer y beber del fruto del árbol de
la vida, el pan del paraíso, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que
Satanás y sus secuaces ya no puedan hacer ningunos de sus males con
tanta soltura cómo lo han hecho siempre escondidos, especialmente
cuando nuestro cuerpo y espíritu humano sufren de hambre y sed del pan
celestial. Porque la verdad es que todo hombre y mujer por igual, cómo
Adán y Eva, por ejemplo, descienden del paraíso inicialmente para
nacer del vientre de sus madres, llorando descontroladamente por la
necesidad inmediata de comer y beber del pan vivo, nuestro Rabino
Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, el salvador de Israel y de
las naciones del mundo entero.
Porque así fue inicialmente, Adán y Eva descienden del cielo en
llantos interminables, cómo los bebes cuando nacen en el mundo
llorando por el pan del cielo—porque el llanto se produce
inmediatamente en los recién nacidos por falta del pan divino y de la
salud eterna, y no terminan de llorar en todas sus días de vida hasta
encontrar a Jesucristo. Entonces cuando los hombres nacen en el mundo,
a pesar de que son recién nacidos, pues comienzan a llorar
descontroladamente por el pan vivo, porque sienten que se están
muriendo de hambre y sed cada día de sus vidas del amor de Dios y de
su unigénito, y esto es hambre y sed por la palabra bendita del
evangelio eterno.
En otras palabras, cuando el hombre o la mujer nacen en el mundo del
vientre de sus madres, lo primero que ellos desean oír es la palabra
bendita del evangelio sagrado de bendición, salud, protección y vida
eterna, y esto es verdad para cada hombre, mujer, niño y niña de la
humanidad entera, es decir, pan salvador, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Así es, cuando yo nací o cualquier otra persona del vientre de
nuestras madres, por ejemplo, entonces nosotros nacimos pidiendo
inicialmente antes que nada que nos den de comer y beber del fruto del
árbol vivo, para calmar milagrosamente nuestra hambre y sed del
Espíritu Santo del amor eterno entre nuestro Padre celestial y su
unigénito, el Rabino Yeshua jaMashíax.
Además, ésta hambre y sed (o llanto) por el pan redentor no se va
nunca de nuestras vidas, la cual la confundimos con cosas que no
tienen nada que ver con el Espíritu Santo del amor eterno entre
nuestro Dios y su unigénito, por lo cual lo tratamos de calmar con
cosas que no tienen efecto alguno a nuestras necesidades divinas. Y
esto es frustrante para cualquiera, en todos los tiempos de la vida
terrenal del hombre, porque tratamos de calmar el hambre y la sed (o
llanto) de nuestras almas vivientes para con nuestro Padre celestial y
su pan divino, nuestro Señor Jesucristo, con lo que no es de Dios ni
de la vida santa del reino angelical, por ejemplo.
E aquí del por qué muchas gentes viven vidas totalmente anormales o
contrarias a todo sentido lógico a la voluntad santísima de nuestro
Padre celestial y de su Espíritu Santo de los mandamientos
glorificados grandemente para nuestras vidas terrenales, vidas
terrenales de las cuales deberían ser sometidas cuanto antes mejor a
Jesucristo para alimentarlas con su comida y bebida salvadora. Por
ello, nuestro Padre celestial nos da sin medida el pan vivo cada día,
para que no suframos más los males terribles de las mentiras de
Satanás y de la serpiente antigua del Jardín del Edén, porque nuestra
hambre y sed son los resultados constantes de haberle creído a Satanás
sus mentiras para mal eterno en contra del Rabino Yeshua jaMashíax.
Además, Satanás es pobreza espiritual, pobreza por falta de todas las
cosas buenas del Espíritu Santo y de amor eterno entre nuestro Padre
celestial y su Hijo Jesucristo, para que ya no vivamos más sino que
nos muramos de hambre y sed del pan del cielo en la tierra o en el
infierno, para no ver la vida jamás. Por eso, es bueno comer y beber
del pan verdadero cada día de nuestras vidas, para que las mentiras de
Satanás y de la serpiente antigua ya no tengan ningún poder alguno en
nuestras vidas y así podamos disfrutar una vida más sana y libre de
Satanás a cada hora e infinitamente en la eternidad venidera del nuevo
reino angelical.
Puesto que, todo aquel que come del pan celestial, entonces es
liberado eternamente del poder terrible de las mentiras crueles que
Adán y Eva creyeron en contra del árbol de la vida, el Rabino Yeshua
jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para que abandonen sus vidas
celestiales por unas vidas terrenales y así sufrir y morir eternamente
de hambre y sed de Dios. Porque esa es el arma escondida de Satanás en
contra de ángeles y así también de hombres, mujeres, niños y niñas de
todas las razas, familias, pueblos, ciudades y reinos de la tierra, de
hacerlos sufrir hambre y sed del pan salvador, para que mueran para
siempre cuanto antes mejor para él y su reino malvado e infernal.
Entonces para que todo hombre, mujer, niño y niña de todas las
naciones, no sufran más el hambre y la sed del pan divino, pues, sin
duda tienen que creer en sus corazones y confesar con sus labios del
pan que trae protección y salud divina a cada hora, nuestro Señor
Jesucristo, para empezar a gozar desde ya la vida enriquecida. Porque
ésta es la única manera por la cual nosotros vamos a escapar el poder
de la mentira mortal y maldita eternamente en la tierra y en el más
allá también, creyendo en nuestros corazones y confesando con nuestros
labios del pan saciable, nuestro Señor Jesucristo, para que toda
verdad y justicia sean cumplidas por fin en nuestras vidas para
siempre.
Ya que, cuando el hombre, la mujer, el niño y niña de todas las
naciones sufren hambre y sed de Dios y de su Jesucristo, entonces
están sufriendo los males de las mentiras terribles de Satanás y de la
serpiente antigua; pero cuando comen del pan divino, entonces todo
cambia para bien eterno, porque la verdad y la justicia reinan
postreramente. Y sólo así podremos regresar a nuestras vidas normales
del más allá, cómo el paraíso o La Nueva Jerusalén santa y gloriosa
del cielo, en donde hombres y ángeles siguen comiendo y bebiendo de la
célebre Cena del SEÑOR para salud eterna, para no volver a tener
hambre y sed de Dios jamás, ¡gracias a nuestro Señor Jesucristo!
Entonces siempre recuerda que cuando naciste en el mundo del vientre
de tu madre, naciste llorando por el pan salvador de tu alma viviente
(y no cesas de llorar aún), porque te hace falta ese pan saciable, el
cual es el Espíritu Santo del amor eterno de nuestro Padre celestial y
de su Rabino Yeshua jaMashíax en tu vida y para siempre. Por tanto, en
tu ultimo día en la tierra, no salgas llorando de este mundo sino
riendo de alegría y gozo en tu corazón y en tu alma viviente, porque
deberás estar lleno del mismo Espíritu Santo que trajo al Mesías al
mundo entero y así también lo resucita en el tercer día para darte
vida eterna para la eternidad.
Anda ya, ¡qué esperas! Come y bebe del fruto del árbol de la vida que
te da de su pan salvador a cada hora nuestro SEÑOR, para que te
levantes al cielo desde ya, para seguir viviendo tu vida eterna llena
de bendiciones sin fin con todos los tuyos delante de nuestro Padre
celestial y de su Rabino Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor Jesucristo!
Con el pan del cielo en tu vientre alimentando a cada hora todo tu
cuerpo, alma y espíritu humano, entonces tus problemas, dificultades,
enfermedades y hasta muertes no existen más para ti, sino mueren con
Satanás y su infierno eterno del más allá, en donde todos tus pecados
irán a parar para siempre en su castigo eterno, pero sin ti.
Porque todo el mal que Satanás siempre trae a tu vida está en el
infierno ya, más tú estarás desde ahora viviendo tu nueva vida
gloriosa del pan divino, nuestro Señor Jesucristo, aunque aún estés
viviendo en la tierra, en verdad estás vivo para la felicidad eterna
en el cielo con Dios y sus ángeles. Pues ésta es la vida gloriosa, por
la cual nuestro Padre celestial te crea inicialmente en su corazón y
con sus manos santísimas, para vivirla desde ya o cuanto antes mejor,
siempre comiendo de las bendiciones milagrosas y de su amor infinito,
por medio del pan del perdón y la felicidad sin igual del cielo,
¡nuestro Señor Jesucristo!
Esto es vivir la felicidad sin limite en la tierra y así también en La
Nueva Jerusalén gloriosa del cielo, en donde viviremos libremente para
hacer todo lo que deseemos hacer con nuestras nuevas vidas infinitas,
pero siempre para gloria y honra eterna de nuestro Padre celestial y
por su árbol de la vida, ¡el pan nuestro de cada día! ¡Amén!
(Cartas del cielo):
CONDOLENCIAS A ESPAÑOLAS DESAPARECIDAS EN MÉJICO. Nuestras
condolencias son para las familias de las cuatro jóvenes que se
ahogaron en Méjico, cuando cruzaban en bote un río agitado por lluvias
copiosas y sorprendentemente abundantes. Estas jóvenes están en la
presencia santísima de nuestro Padre celestial, por todo lo que
nuestro Señor Jesucristo hizo por ellas sobre la cima santa de
Jerusalén, en Israel, para bien eterno de sus almas vivientes para la
nueva eternidad celestial. Ellas gozan con los ángeles a cada hora de
la rica presencia santísima de nuestro Padre celestial, porque nuestro
Señor Jesucristo se las presenta cómo sus hijas legitimas, gracias a
la sangre salvadora del holocausto continuo del cielo, para que
continúen sus nuevas vidas infinitas en sus nuevas moradas eternas, de
La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo. ¡Amén!)
YESHUA (JESUCRISTO) DICE: DENLES USTEDES DE COMER:
La gente seguía a nuestro Señor Jesucristo por donde él iba predicando
el evangelio eterno de perdón, salud del cuerpo y salvación infinita
del alma viviente de cada hombre, mujer, niño y niña de todo Israel y
de las naciones. Al ver nuestro Rabino Yeshua jaMashíax de cómo las
multitudes se agolpaban de entre los pueblos y aldeas de Israel, para
seguirlo por donde sea que él fuera haciendo milagros y echando a los
demonios al infierno, entonces él sentía misericordia por ellos,
porque el día atardecía y no había dónde beber agua ni comer nada de
nada.
En momentos, nuestro Señor Jesucristo se encontraba cómo de costumbre
con multitudes de gentes, hebreas y gentiles, que no tenían ningún
rumbo propio sino sólo el de él para seguirlo paso a paso a donde
fuera, consiguientemente, sentía misericordia por ellos y sano a cada
uno de los que estaban enfermos, para que regresaran a sus hogares
sanos, gozos y felices. Pero aunque nuestro Señor Jesucristo los
sanaba uno a uno con los poderes sobrenaturales del nombre santo de
nuestro Padre celestial, el cual habita en perfecta santidad y gloria
infinita en su corazón y por toda su sangre santísima y salvadora del
alma viviente del hombre, pues aún más le seguían para ver en dónde
terminaba su camino.
Y el cansancio, el hambre y la sed de todas estas gentes era tan
grande ya, que los discípulos le decían al Señor Jesucristo: ¿Por qué
no despides a estas gentes?, para que regresen a sus hogares y así
puedan descansar, comer y beber. Puesto que vemos que muy pronto,
aunque ya sanaste a todos los enfermos de entre todos ellos, en
cualquier momento van a comenzar a desmayarse por el camino, y
entonces que haremos con ellos postrados en la tierra; nuestros
enemigos nos culparían de cualquier desgracia que les pase—Señor, no
es bueno que sigamos así con ellos. Entonces nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax les contesta, diciéndoles así: Denles ustedes de comer y
beber. Anden, que esperan, denles de comer y beber.
(Aquí, nuestro Señor Jesucristo les estaba manifestando a sus
discípulos que él mismo ya les había dado poderes y autoridades
sobrenaturales, no sólo para salvar el alma viviente del hombre, sino
también para sanarlos, liberarlos del enemigo y alimentarlos con
alimentos del cielo en todos los lugares de Israel y hasta en los
lugares más recónditos de la tierra. Efectivamente, nuestro Señor
Jesucristo insistía en que la multitud no tenía por qué irse de él,
devuelta a sus tierras para comer, beber y descansar— (nuestro Señor
Jesucristo quería que se quedaran con él, porque no había ninguna
necesidad de alejarse de él y de sus santas enseñanzas, para redimir a
Israel y las naciones de su hambre y sed espiritual.)
Además, los discípulos, en vez de darse cuenta de lo que nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax les enseñaba, entonces le respondieron para
asegurarle, de que en estas tierras secas y áridas no hay manera de
darles agua de beber ni comida para comer, porque no hay ríos ni lagos
ni menos árboles ni plantas ni mucho menos animales para alimentarlos.
Tampoco hay tiendas cercanas ni haciendas para comprar comida ni
aguas, para satisfacer a tanta gente; es más si hubiera tiendas o
haciendas para comprar comida y bebida para todos ellos, son tantos,
que no podríamos jamás satisfacerlos.
Esto es imposible, no podemos alimentar a tanta gente en todas estas
tierras muertas. Y aunque hubiera comida y bebida para comprar, de
dónde vamos a sacar tanta plata para adquirir todos estos alimentos;
no podemos hacer nada por ellos; no tenemos plata para tantos gastos
Señor Jesucristo, le decían a él sus discípulos. Pero nuestro Señor
Jesucristo insistía en quedarse con todos ellos, a pesar de todo y la
poca fe de sus discípulos.
Al oír estas palabras del Rabino Yeshua jaMashíax, entonces sin
esperar más los discípulos acomodaban a todas las gentes con sus niños
y niñas por grupos pequeños, por todos los lados del lugar; y la gente
sentada por doquier con sus hijos cubría la hierba de la tierra, por
lo cual sólo se veía mucha gente y nada de tierra. Y las muchedumbres
sentadas en grupos no decían ni una sola palabra, sino que sus miradas
estaban centradas en el rostro del Rabino Yeshua jaMashíax, para ver
que iba a decir o hacer en el nombre santísimo de nuestro Padre
celestial, ya que los había hecho sentarse en muchos grupos por todos
lados de tierras sin señal de vida alguna.
Al momento, los discípulos le dicen al Señor Jesucristo, las gentes
están sentadas en sus grupos pequeños, y esperan en silencio y con
gran reverencia en ti, para ver que vas a hacer ésta vez por ellos;
además, estamos seguros que esta vez van a hacer todo lo que les
ordenes para bien de sus vidas, sin duda alguna. Entonces nuestro
Señor Jesucristo les pregunta a sus discípulos: ¿cuántos panes y peces
dicen que tienen en sus canastas?
Cinco panes y dos peces, le contestaron sus discípulos. Mirando al
cielo, nuestro Señor Jesucristo los bendijo delante de nuestro Padre
celestial, dándole las gracias por lo que había de hacer en aquel
momento por tanta gente, para gloria y honra eterna de su nombre
grandioso e infinitamente todopoderoso en el cielo y por toda la
tierra y para toda la eternidad venidera.
Y mientras daba gracias a nuestro Padre celestial que está en el cielo
por los alimentos, entonces nuestro Señor Jesucristo les dice a sus
discípulos: Ahora cojan estos panes con sus peces y repártanselos a
las multitudes, sin que nadie se quede sin su porción. Inmediatamente
los discípulos cogieron los panes y los peces, partiéndolos en
pedacillos se los repartían a las multitudes según sus grupos de cien,
de cincuenta y de diez.
Los discípulos terminaron de repartir los pedazos de comida por todos
lados y así aún sobraba para seguir dándoles panes y peces a las
gentes hambrientas y sedientas—aquí, y hasta los animales comieron
también colmando así sus estómagos vacíos y paladares sedientos. Sin
duda alguna, esto fue la gloria de nuestro Padre celestial manifestada
a través de su Rabino Yeshua jaMashíax que alimentaba a tanta gente
con tan solo unos cuantos panecillos y pescadillos.
Pero la gente nunca se da cuenta de nada, sino que seguían comiendo en
grandes cantidades y hasta no poder más, y, aún así, sobro mucho en
las canastas de los discípulos del Señor Jesucristo, y de todo lo que
sobro se lo guardaron para comérselos después ellos mismos. Ya que los
alimentos estuvieron abundantes y muy ricos, por cierto, cómo una
comida de la cual jamás habían participado todos ellos hasta aquel día
en tierras sin vida alguna y lejanas a sus hogares de siempre.
En realidad, la gloria de nuestro Padre celestial manifestada a través
de su Rabino Yeshua jaMashíax fue tan maravillosa que ni aún los
discípulos entendieron nada de todo lo que ocurrió con tanta gente
hambrienta y sedienta en momentos milagrosos, en tierras áridas y sin
lugar en dónde comprar pan ni agua para satisfacerlos a todos y hasta
sus animales también. Atónitos los discípulos, solo les quedaban
obedecer exactamente lo que nuestro Señor Jesucristo les había
ordenado hacer, para que la gloria de nuestro Padre celestial se
manifestara grandemente en todos los presentes y así el Espíritu Santo
del Evangelio eterno llegase a más corazones y almas de Israel, para
perdón, salud, prosperidad, protección y salvación divina de las
naciones.
Justamente, éste es el evangelio eterno y con poderes sobrenaturales,
el cual nuestro Padre celestial nos entrega a nosotros, tal cual cómo
se los entrega inicialmente a sus hijos de la antigüedad, por ejemplo,
cómo los que atravesaron el desierto para entrar a tierra escogida por
Dios mismo, para alimentarnos grandemente cada día que tengamos hambre
y sed de vida eterna. En la medida en que, el interés primordial de
nuestro Padre celestial de enviar inicialmente a su Hijo amado al
mundo, no era, en realidad, para darle de comer ni de beber a nadie
del fruto de la tierra, sino todo lo contrario, y esto es del fruto de
vida y de salud infinita de la vida eterna del cielo.
Además, esto era en sí de darles de comer y beber del fruto del árbol
de la vida, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, porque sólo él es el
fruto de la vida, es decir, que en él hay perdón, salud, protección, y
vida llena de gracia y de misericordia sin fin para cada hombre,
mujer, niño y niña de la humanidad entera. En la medida en que, sólo
éste fruto de vida, en sí le da vida, salud, protección, prosperidad y
felicidad infinita al hombre en la tierra y así también en el nuevo
reino angelical, cómo La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo,
en donde todos comen siempre de las manos de Dios, cómo los ángeles,
sin duda alguna.
Además, ésta verdad jamás cambia desde los primeros días de vida del
hombre en el paraíso y hasta en nuestros días, por ejemplo, en toda la
tierra, porque el hombre sigue sintiendo hambre y sed de Dios y de su
Hijo amado, aunque lo nieguen así, dado que sólo ellos tienen en sí
nuestras vidas y nuestro alimento espiritual. Por lo tanto, nuestro
Padre celestial sigue llamando a cada hombre, mujer, niño y niña de
todas las familias de las naciones, para comer y beber de su fruto de
vida, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que cada uno de ellos
crezca al fin a la estatura real de su Dios y Fundador de sus nuevas
vidas infinitas del cielo.
Porque la verdad es que cada uno de nosotros, en nuestros millares, de
todas las razas, familias, pueblos, ciudades y reinos del mundo tiene
que crecer, por inicio, a la estatura de nuestro Padre celestial con
la ayuda idónea de su Espíritu Santo, por medio de la vida gloriosa y
sumamente santa de su unigénito, ¡nuestro Señor y salvador Jesucristo!
Puesto que, es necesario que cada uno de nosotros crezca día a día
hacia la estatura de nuestro Padre celestial, por la cual nos crea
inicialmente en sus manos santas, para que llevemos su imagen y
conforme a su semejanza celestial servirle eternamente a su nombre
santísimo, en la tierra y así también al fin en La Nueva Jerusalén del
cielo.
Puesto que, nuestro verdadero hogar no está jamás en la tierra en que
vivimos hoy en día, sino en la tierra santa y gloriosa del más allá,
La Nueva Jerusalén del cielo, de donde nuestro Señor Jesucristo
desciende inicialmente algunas veces para levantarnos a ella en
nuestro día o en un futuro no muy lejano a todos sus redimidos. Por lo
tanto, nuestro Padre celestial nos llama para comer y beber del fruto
de la tierra santa del nuevo reino angelical, para regresar a ella con
la carne sagrada, huesos inquebrantables, y sangre sumamente santa y
gloriosa de su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro árbol de la vida
eterna, para vivir la felicidad celestial, de una vez para siempre.
Y esto seria para retomar nuestras vidas celestiales del paraíso y así
seguir viviendo nuestras vidas infinitas con Él y sus huestes
angelicales, en la nueva eternidad venidera, en donde ya no sufriremos
más hambres y sed en nuestros cuerpos glorificados, glorificados
eternamente y para siempre por la sangre santísima de la vida gloriosa
de nuestro salvador Jesucristo. Porque nuestra carne pecadora, huesos
quebrados con nuestra sangre enferma, de los cuales heredamos
inicialmente de Adán, ya no serán de nuestro cuerpo humano, sino sólo
para el infierno: visto que, recibimos directamente de nuestro Señor
Jesucristo su misma carne sagrada, sus huesos inquebrantables, y su
sangre santísima y llena de vida eterna, para vivir al fin la
felicidad infinita.
Y éste cuerpo santísimo lo heredamos de él mismo, desde el mismo día
en que fue crucificado sobre los árboles cruzado de Adán y Eva sobre
la cima de la roca eterna en las afueras de Jerusalén, para derramar
su sangre santísima y salvadora, para bien eterno de todos nosotros en
Israel y en las naciones, para la eternidad. Aquí, nuestro Padre
celestial nos entrega todo su amor santísimo junto con la vida y el
cuerpo aprobado y glorificado de su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro
Señor Jesucristo, para que cada uno de nosotros sea hecho igual que
él, en sus manos santísimas de su Espíritu Santo, para ya no morir más
sino vivir perpetuamente para la felicidad celestial.
Pues para ésta felicidad celestial nuestro Padre celestial nos crea
inicialmente en sus manos santísimas en sus lugares santos del reino
de los cielos, y con la ayuda idónea del Espíritu Santo de su gran
nombre y de sus Diez Mandamientos, para que vivamos al fin convertidos
cada uno de nosotros en su Rabino Yeshua jaMashíax, para su reino
angelical. Porque, de otro modo, no solamente no podemos comer y beber
del fruto de la tierra santa del nuevo reino de los cielos, cómo en el
paraíso con Adán y Eva, por ejemplo, sino que también no podemos vivir
en ella jamás.
Además, nuestro Padre celestial no desea que ninguno de nosotros se
pierda en su pecado y en su maldad eterna de no convertirse, en un
momento de fe y de oración, en la carne, en los huesos
inquebrantables, y en la sangre santísima llena de salud eterna de su
Hijo Jesucristo, sino que lo hagamos ya, y cuanto antes mejor. Y sólo
así cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las
naciones podrá también convertirse para el SEÑOR, en un momento de fe
y de invocación del nombre santísimo de su Hijo amado, en uno más de
sus hijos legítimos y ciudadanos de una vida mejor y sumamente
gloriosa de su nuevo reino angelical del cielo.
Por eso, nuestro Padre celestial bendice nuestros alimentos y nuestras
aguas cada vez que las levantemos hacia Él, en oración y fe, en el
nombre sagrado de nuestro salvador, su Rabino Yeshua jaMashíax, para
que nos perdone nuestros pecados y sane nuestros cuerpos grandemente,
con poderes y autoridades sobrenaturales del árbol de la vida del
paraíso, ¡nuestro Señor Jesucristo! Por esta razón, también nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax nos enseña a orar delante de nuestro Padre
celestial, para que nuestras oraciones sean oídas siempre por Él—no
importando jamás el día ni la hora ni menos en donde nos encontremos
en toda la tierra.
Y les dijo a sus discípulos, oren siempre así, diciendo: Padre nuestro
que estás en el cielo: Santificado sea tu nombre, venga tu nuevo reino
angelical al mundo, sea hecha tu voluntad, como en el cielo con tus
ángeles y así también en la tierra con todo hombre, mujer, niño y niña
de todas las familias de las naciones. El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy con todas tus bendiciones infinitas de la eternidad.
Perdona nuestros pecados así como nosotros perdonamos a los que pecan
en contra de nosotros, para ser sanados de todos nuestros males,
problemas, enfermedades y hasta dificultades del más allá también. Y
no nos metas en tentación jamás, más bien libéranos siempre de todo
mal del enemigo y de su infierno mortal e infinitamente violento.
Porque tuyo es el poder, el reino de los cielos, la salvación, la
protección, la sanidad, las riquezas y la gloria eterna de amarte, por
los siglos de los siglos. Amén.
(En sí, ésta oración, aunque es corta, en verdad contiene poderes y
autoridades sobrenaturales y sumamente maravillosas para el corazón,
el alma, el cuerpo, vida y el espíritu humano de cada hombre, mujer,
niño y niña de toda la tierra. Por eso, debe ser repetida siempre
delante de nuestro Padre celestial, para que los pecados se vayan con
sus demonios a sus lugares eternos del infierno, y así los problemas,
enfermedades y hasta dificultades escondidas sean suprimidos
eternamente; es decir, que hay mucho poder en ésta oración corta
delante de nuestro Padre celestial, en el nombre de su Jesucristo.)
Además, quizás sea ésta la oración más usada por nuestro Rabino Yeshua
jaMashíax delante de nuestro Padre celestial no solamente para pedir
la bendición de los cinco panes y dos peces que se multiplicaron para
alimentar a más de cuatro mil personas y sus animales también, por
ejemplo, sino que la uso siempre para muchas cosas más o todas. Por
eso, nuestro Señor Jesucristo nos deja su oración para que después que
sufra nuestros pecados y sea levantado en el tercer día al cielo,
entonces nosotros la sigamos usando fielmente a cada hora, para
bienestar de nuestras vidas y la de los nuestros también, incluyendo a
nuestras amistades, para que escapen sus pecados y entren a la vida
eterna ya.
Sinceramente, ésta oración le da tanta gloria a nuestro Padre
celestial a través de los tiempos, que mucha gente no solamente a
colmado su hambre y sed, sino que también escaparon sus pecados, para
liberarse de problemas, enfermedades y hasta dificultades terribles y
escondidas del mal eterno y así entrar postreramente al fin a la
gloria infinita del cielo. Por eso, debemos darle gracias a nuestro
Padre celestial que nuestro Señor Jesucristo nos revela, sin reserva
alguna, su oración más intima entre él y nuestro Creador y Fundador de
nuestras vidas terrenales y celestiales con todas sus bendiciones
eternas y sumamente gloriosas de nuestro Padre celestial, ¡el
Todopoderoso!
Y ésta es, por cierto, la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén
gloriosa y santísima del cielo, en donde seguiremos sirviéndole a
nuestro Padre celestial por medio de la oración sobrenatural de su
Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, para alcanzar nuevas bendiciones
sin fin con sus santidades sumamente gloriosas para su nuevo reino
angelical y para su Espíritu Santo. Porque ésta oración, la cual
nuestro Rabino Yeshua jaMashíax nos entrega con tanto amor y fidelidad
en su corazón consagrado, lleno de la santidad infinita del nombre
santísimo de nuestro Padre celestial, para bendición de los ángeles
del cielo y para perdón, salud, prosperidad, protección y salvación
eterna de Israel y las naciones—pues entonces usémosla continuamente y
sin reserva alguna.
Por esta razón, todos pueden usar ésta sagrada oración y todopoderosa
a cada hora del día, para que nuestro Padre celestial oiga y conteste
sus oraciones, peticiones, ruegos, mediaciones y necesidades
personales de los suyos y hasta de sus amistades también en todos los
lugares de la tierra para paz, prosperidad, protección y liberación
del pecado y la muerte eterna. Por ello, todo aquel que desee volver a
nacer no del espíritu de Adán y Eva, por ejemplo, sino del mismo
Espíritu Santo que trae al mundo a nuestro Rabino Yeshua jaMashíax con
el nombre santo de nuestro Padre celestial y el cumplimiento y
glorificación sobrenatural de Los Diez Mandamientos, entonces tiene
que hacer siempre la oración del Señor Jesucristo.
En vista de que, ésta oración de nuestro Señor Jesucristo, no
solamente abre las puertas del cielo y de su Nueva Jerusalén
celestial, sino que también abre sus ventanas de par en par para que
las lluvias de bendiciones sin fin lluevan sobre nosotros, en todos
los lugares de la tierra, para que no nos falte ningún bien jamás.
Consiguientemente, con ésta oración, después de habernos bendecidos
grandemente en todo lo que necesitemos de nuestro Padre celestial y de
sus riquezas celestiales de su árbol de la vida y de su reino
angelical, entonces podemos usarla igual para con los nuestros y hasta
para con nuestras amistades, para que sean bendecidos y protegidos a
cada hora del día.
Y así todos serán saciados sus almas vivientes del hambre de las cosas
santísimas de nuestro Padre celestial y de su árbol de la vida del
paraíso y, además, también colmaran la sed de sus paladares, para que
jamás les falte ningún bien del deseo de sus corazones, en la tierra y
en la eternidad, eternamente y para siempre. Por esta razón, nuestro
Rabino Yeshua jaMashíax, cómo el Hijo de Dios, les decía a sus
discípulos de aquellos días y de siempre: denle de comer y beber a las
multitudes, para que ninguno muera jamás de hambre y sed en esta vida
y en la venidera del nuevo reino angelical de nuestro Padre celestial
y de sus huestes angelicales.
Por eso, ésta es la oración que tiene poderes y autoridades
sobrenaturales para glorificar el nombre santísimo de nuestro Padre
celestial, para que nos bendiga el pan cotidiano, nos libere de
nuestros pecados y de la muerte segura del mal eterno, para llenarnos
al fin de salud, porque sólo de Él es el reino, el poder y la gloria
eterna. Por eso, no esperen más y comiencen a comer y beber del fruto
de la vida de nuestro Padre celestial, el cual Él mismo nos los
concede en la vida y sangre santísima de su Rabino Yeshua jaMashíax,
para que nuestros corazones, cuerpos y espíritu humano sean llenos de
todas las cosas que necesitemos cada día y con grandes abundancias
también.
Comamos y bebamos de nuestro fruto del árbol de la vida eterna,
nuestro Señor Jesucristo, levantado desde los árboles cruzados de Adán
y Eva sobre la cima del monte santo de Jerusalén, en Israel, para
perdón y regresar a la vida eterna desde ya. Porque de otra manera, si
no comemos y bebemos de las manos de nuestro Padre celestial su fruto
de vida eterna, el cual Él mismo se lo brinda inicialmente a Adán y a
Eva sobre todo lo alto del paraíso, entonces moriremos con toda
seguridad para descender al fin al mal eterno del infierno, para no
ver la vida eterna jamás.
Por ello, en estos días, Él mismo le brinda, de igual modo, a cada uno
de nosotros de todas las razas, familias, linajes, pueblos, ciudades y
reinos de la tierra, para escapar el pecado y su muerte eterna en el
infierno, para por fin levantarnos al paraíso. Pero, esta vez nos
levantaremos a la vida eterna del paraíso con la misma vida gloriosa
de pies a cabeza de su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor
Jesucristo, para no morir jamás, sino sólo para vivir la felicidad
infinita, amando y sirviendo por siempre a nuestro Padre celestial y a
su nombre santísimo, por los siglos de los siglos. ¡Amén!!
El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.
¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!
Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.
LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):
“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo
dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá:
‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’
LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS
Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las
naciones!
SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS
Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:
PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.
SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.
CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y
lo santificó”.
QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.
SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.
SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.
OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.
NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.
DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.
Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.
Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:
ORACIÓN DEL PERDÓN
Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.
Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:
NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.
¡CONFÍA EN JESÚS HOY!
MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.
YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.
- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.
Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):
Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.
QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.
¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____?
¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?
Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:
Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.
Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.
Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.
El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.
El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.
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