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_Gant 390_Alquimia Ciencia Espiritual    

 

Queridos fraternos, prosiguiendo con la recopilación de documentos alquímicos, aquí podrás deleitaros con otra joya de la Alquimia.

                                         ShakespeareHood para todo el mundo

 

 

 

LA ALQUIMIA,

CIENCIA ESPIRITUAL

 

 

por  José Antonio Puche Riart

 

 

 

INDICE

 

1. Introducción

2. Los Hijos de la Ciencia

3. La búsqueda

4. La inteligencia mineral

5. El proceso químico

6. El proceso físico

7. Las energías sutiles

8. La materia ¿a que es sensible?

9. La energía espiritual

10.  El laboratorio y las energías sutiles

11.  La evolución del alquimista

 

 

 

 

1 – INTRODUCCION

 

Saludos cordiales:

 

Este  texto  lo  redactamos  a  primeros  de  abril  de  2.002.    El  motivo  de  su  redacción  es  una  petición particular para exposición de este conocimiento.

 

El texto lo dedicamos a nuestra hija Silvia, y nuestros amigos alquimistas Omar Exoslius, Flordete, Leo Rubens y Sergio Fritz

 

El autor de esta composición: J. A. Puche Riart

 

 

 

 

2.-LOS HIJOS DE LA CIENCIA

 

En los textos alquímicos suele aparecer una referencia permanente: Los hijos de la Ciencia. Muchos nos hemos  preguntado con frecuencia a quienes  se referían  los  antiguos Filósofos  cuando  hablaban  de ellos, e incluso muchas veces nos sentimos identificados con ellos al proceder a la lectura del texto.  Pero ¿quiénes  son  estos  hijos  de  la  Ciencia?  ¿Para  quién  escriben  los  alquimistas?.    Preguntas  de  difícil contestación.   No escribieron para ellos mismos, para vanagloriarse de haber alcanzado el Precioso Don de Dios, tampoco para el común de los mortales, incapaz de percibir la realidad expresada en sus líneas.

Buenos  textos,  mucho  trabajo,  un  solo  objeto:  Transmitir  la  verdadera  Ciencia  con  Conciencia,  la Alquimia, a aquellos que puedan comprenderla.

 

Los  textos  están  dirigidos  solamente  a  aquellos  hombres  que  han  alcanzado  el  nivel  de  conciencia requerido por la Alquimia. Su misión es introducirlos en la práctica , y sólo aquellos que superen el nivel tendrán la posibilidad de acceder al conocimiento y practicar con éxito el verdadero Arte de la Alquimia.

 

Sabiendo claramente para quienes escribieron los Filósofos, nos queda saber que requisitos cumplen los hijos  de  la  Ciencia  y  comenzar  a  penetrar  un  poco  más  en  los  misteriosos  arcanos  de  esta  Filosofía Natural.    Los  autores  no  son  muy  explícitos  al  respecto  y  mucho  hay  que  rebuscar  en  la  literatura alquímica, entre cientos de polvorientos legajos y olvidados manuscritos de las más nutridas bibliotecas. Por suerte ahora existen abundantes reproducciones en Internet de los manuales más conocidos de nuestro Arte, antiguos y modernos.

 

El  perfil  del  buscador  del  Arte  es  el  clásico,  igual  que  en  el  pasado,  una  constante  universal, independiente del nivel de estudios de la persona. El Trevisano, Pontano, Cyliani, y muchos otros pasaron un duro calvario rebuscando, investigando, una gran fuerza atractiva producida por la Alquimia les supera y les arrastra haciéndoles luchar contra viento y marea, consume sus existencias en la squeda de una Ciencia que acaba conviertiéndose en realidad en sus manos, tras os de duras y penosas squedas.

 

Muchos de los buscadores fracasan, y no llegan a buen puerto, al no ser capaces de realizar una correcta interpretación de los textos.  Otros  mueren atacados por los ácidos, los vapores mercuriales, las explosiones y los incendios en los laboratorios, otros son asesinados por sus contemporáneos en busca del vil metal, y los hay de los que terceros se benefician de sus descubrimientos, tal es el caso de Cyliani, al que su patrón intentó asesinar, sobreviviendo a duras penas.

 

En la actualidad los aficionados a la Alquimia son mucho más numerosos de lo que cabría suponer en un mundo tan masificado, globalizado, comercializado, y dominado por las ateas leyes del comercio.   Las ediciones de las obras de Alquimia son más abundantes que nunca, y denotan el resurgir de una Ciencia muchas  veces  declarada  extinguida,  por  aquellos  que  no  han  sido  capaces  de  comprenderla  en  su  más completa amplitud: La Vanidad.

 

No hace falta retrotraernos en el tiempo para estudiar el prototipo del Filósofo y del hijo de la Ciencia para llegar a conocer su personalidad y saber que es lo que los distingue de los demás.  Los tenemos entre nuestros  contemporáneos  y  viven  con  nosotros.  Son  personas  como  nosotros,  con  sus  defectos,  sus problemas y sus historias.

 

 

3 LA BUSQUEDA

 

A lo largo de nuestra existencia nos dedicamos, además de los estudios oficiales, a estudiar e investigar muchas  cosas  relativas  a  las  ciencias  llamadas  esotéricas:        A  nuestros  diecisiete  años  uno  de  los profesores de Preuniversitario (que es médico) nos recomendó la lectura de un conocido libro de Lobsang Rampa, el Tercer Ojo (publicado por Ediciones Troquel, de Buenos Aires, Argentina).  Como estudiantes díscolos,  como  éramos,  no  hicimos  caso  durante  varios  años,  cayendo  al  final  en  nuestras  manos.   La lectura del libro nos hizo comprar todos los libros que podíamos encontrar del autor, conforme se iban publicando y nos aficionó a conocer otros aspectos del ser humano, pensamos que podrían llegar a estar a nuestro alcance.

 

Pero las lecturas de autores como Annie Besant, Helena Petrovna Blatvaski, Dion Fortune, Silo, y muchos otros nos dejaban completamente   insatisfechos.   Apenas cubrían las necesidades espirituales que sentíamos en aquellas épocas.

 

Cuando cayó en nuestras manos el primer libro de Fulcanelli, “El misterio de las Catedrales” (publicado por  Plaza  y  Janés,  Madrid,  España),  nos  sobrecogió  la  cantidad  de  secretos  que  encerraba,  la  amplia cultura  del  alquimista,  que  en  un  ambiente  centrado  en  la  Edad  Media  definía  los  misterios  de  la Alquimia, tan oscuramente que a duras penas entendíamos la verdad en sus palabras.

 

Verdaderamente,  aún  faltaban  muchos  años  para  que  pudiésemos  ser  capaces  de  comprenderlo.  Las enseñanzas de Eugène Canseliet nos parecieron tan buenas cómo las de Fulcanelli, y tras arduos años de estudio nos permitieron ver las neas generales de la vía del antimonio, la que el Sr. Canseliet enseña en sus libros.

 

Pasaron los os, y nace la época dorada de la Alquimia, se publican muchísimos libros hasta entonces inencontrables, y después   se fueron incorporando a Internet, de modo que la información corre fluida clara y cristalina.

 

Una extraña serie de circunstancias nos hicieron conocer al alquimista español Simón H. y conocer su Obra, llegando a ser uno de sus alumnos, de ese modo pudimos saber el verdadero principio de las as húmedas, especialmente el de la Universal, y gracias a él conocimos a los más interesantes alquimistas del mundo contemporáneo, procedentes de diversos países.

 

Conviene aclarar que la vía de Simón H. no coincide con las de Ireneo Filaleteo, Nicolás Flamel, ni con ninguna otra, no obstante las neas generales de su operativa  son extraordinariamente similares a las de las  vías  medas,  a  pesar  de  que  esa  vía  es  una  de  las  más  secas  del  Arte.    En  la  actualidad  no continuamos con Simón H. aunque lo consideremos un buen amigo, al no  coincidir con sus puntos de vista particulares sobre la Alquimia. Reconocemos que nadie mo él puede enseñar la parte filosófica, la más difícil de enseñar, y rige los patrones de conducta e inspiración de los verdaderos alquimistas.

 

Nuestras ideas se han asentado, y poco a poco se han ido deslindando los distintos procedimientos que siguen los alquimistas para conseguir la Piedra Filosofal.  El contacto con otros alquimistas, y el trabajo personal nos han llevado a una visión de la Alquimia más clara y objetiva que hace unos pocos años.

 

También debemos agradecer a nuestro buen amigo O