LAS OCHO ETAPAS DE LA ALQUIMIA INTERIOR

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Aon

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Mar 9, 2008, 6:38:48 PM3/9/08
to Alquimia auto Transformadora

LAS OCHO ETAPAS DE LA ALQUIMIA INTERIOR

Durante la práctica de la alquimia interior de la iluminación
espiri¬tual por medio de la meditación, el adepto recorre ocho etapas
de de¬sarrollo.

l. Conservación de la esencia
<<Cuando el aceite se gasta, la lámpara se apaga>>, dice un viejo
re¬frán taoísta que quiere decir <<cuando el semen se agota, termina la
vida>>. Por consiguiente, el primer paso en el camino hacia la
longevi¬dad física y la inmortalidad espiritual consiste en conservar
el semen, ya sea mediante un estricto celibato o por el <<cultivo
dual>>, es decir, las relaciones sexuales sin eyaculación.

2. Restauración de la esencia
El semen se conserva y se acumula a fin de devolverlo a su estado
original de pureza y potencia. Esta etapa es especialmente importante
para aquellos adeptos que antes se habían pasado la vida derrochando
su semen en relaciones sexuales incontroladas. El semen se restaura
mediante los Elixires Externos de la dieta, las hierbas medicinales y
el ejercicio, en combinación con los Elixires Internos de la
respiración, la meditación y la disciplina sexual.

3. Transmutación de la esencia
La transmutación de la esencia en energía sólo puede efectuarse
después de conseguir la conservación y la restauración de la esencia¬
semen. Hasta entonces, la esencia no es lo bastante pura ni potente
para ser transmutada en energía. Esta etapa de transmutación exige una
perfecta quietud de mente, aliento y cuerpo que únicamente se consigue
mediante la meditación. La respiración desempeña aquí un papel muy
importante, pues actúa como un suave fuelle que atiza los fuegos
internos de la alquimia interior.

4. Cultivo de la energía
Una vez ha aprendido a transmutar la esencia en energía, el adepto se
halla ya a punto para <<cultivar la energía>>, lo cual significa que ha
de acumular una copiosa reserva de vitalidad a partir de fuen¬tes
externas e internas para así poder restaurar su yuan Qi o <<vitalidad
original>>. El hombre está animado por la misma energía cósmica que
impregna el universo y todo lo que contiene, y puede acrecentar y
re¬novar sus propias reservas de esta energía si aprende a conectarse
a la gran <<batería>> cósmica con la mente y el aliento durante la
meditación profunda. Esta etapa es indispensable para el éxito de las
subsiguien¬tes fases del cultivo espiritual, ya que dichas fases
exigen enormes can¬tidades de energía.

5. Transmutación de la energía
En esta etapa, la atención se traslada del Campo del Elixir inferior,
bajo el ombligo, al Campo del Elixir central, en el plexo solar, donde
el calor de los fuegos de la transmutación de esencia en energía se
eleva para catalizar la transmutación de la energía en espíritu en los
centros superiores. En esta etapa, el adepto se adentra en el nebuloso
reino del espíritu puro, un reino tan fantástico que, en comparación,
la alquimia de la esencia y la energía parece un juego de niños. La
transmutación de la energía en espíritu conlleva la apertura de
ciertos canales de energía sutiles que conectan los Campos del Elixir
inferior y central con los centros de energía situados en el cerebro.
Los adep¬tos deben aprender a dirigir su energía vital hacia esos
canales, a acu¬mularla y concentrarla allí y, finalmente, a hacerla
llegar hasta los cen¬tros de energía de la cabeza, donde se produce la
transmutación en espíritu.

6. Cultivo del espíritu
El Clásico del Emperador Amarillo declara: <<Cultivar el espíritu es la
más alta tarea>>. El espíritu es la chispa divina de fulgor cósmico que
todas las almas humanas reciben en el momento de la concepción, y
forma la luz resplandeciente de la conciencia humana. Al cultivar el
espíritu, el adepto expande su conciencia y refuerza sus lazos
espiri¬tuales con los poderes cósmicos del Tao. Los adeptos que
alcanzan este nivel son aquellos que han fijado su último objetivo en
la inmor¬talidad, por medio del indestructible <<cuerpo de diamante>> de
espíritu puro, que sirve como vehículo para transportar la conciencia
más allá de la muerte. Si cultivan la salud y la longevidad físicas es
sólo con el fin de obtener suficiente energía y suficiente tiempo para
completar las últimas etapas de la alquimia interior y forjarse así un
cuerpo ¬espíritu indestructible.

7. Transmutación del espíritu
Un antiguo adepto conocido como <<Maestro del Ministerio Celes¬tial>>
dejó escrito que <<cuando el espíritu del conocimiento cesa, en¬tonces
nace la gran sabiduría>>. El espíritu humano corriente reside en el
limitado reino del conocimiento ordinario y se ve atado por pala¬bras,
hechos y fantasías. La verdadera sabiduría cósmica trasciende todo el
conocimiento humano arbitrario con una directa y abruma¬dora
percepción del Tao. Tal percepción y sabiduría sólo pueden ob¬tenerse
transmutando el espíritu ordinario en espíritu cósmico, un proceso
largo y difícil en cuyo transcurso el adepto gradualmente se desprende
de una capa de ilusión tras otra y desecha el conocimiento ordinario
hasta que llega a descubrir la perla preciosa del espíritu ori¬ginal.

Esta perla preciosa del espíritu original es el tesoro oculto que
todos los practicantes avanzados de la meditación buscan en el
inte¬rior de ellos mismos. En el momento en que la hallan, el espíritu
ordi¬nario se transmuta y se funde con ella en una reacción espontánea
que suele traducirse a los idiomas occidentales como <<iluminación>>,
<<trascendencia>> o <<liberación>>. En chino, esta reacción se denomina wu
dao -<<realizar el Camino>>- y puede ocurrir en cualquier momento y
lugar, no sólo durante la meditación. Hay historias de adeptos que
percibieron por primera vez el Camino en un brillante destello de
in¬tuición mientras estaban cortando leña, trabajando en el huerto o
en cuclillas para defecar. Estos adeptos, tras haber superado la sexta
etapa, viven en un estado permanente de quietud y vacío,
indepen¬dientemente de lo que pueda estar haciendo su cuerpo físico.

8. Transmutación del espíritu cósmico puro en Vacío
Los taoístas se refieren a esta etapa como el <<retorno a la Fuente>>.
Visto que un adepto que ya ha logrado el puro espíritu cósmico ca¬rece
de ego, de identidad personal y de deseos mundanos que lo aten a la
vida sobre la Tierra, en el momento en que él mismo lo decida puede
abandonar su cuerpo material y saltar al gran Vacío cósmico del que
proviene su perla preciosa del espíritu original. De esta ma¬nera
obtiene la inmortalidad espiritual, aunque también puede optar por
renacer en este mundo cuando él así lo elija, si es eso lo que desea.
Antes de morir, estos adeptos se preparan para el salto final
proyectando su cuerpo-espíritu más allá de los confines de su cuerpo
físico durante la meditación profunda, a fin de no sentir ningún temor
y estar bien preparados cuando llegue el último instante.

Todo el mundo es dueño de elegir cómo ha de vivir su vida. Pode¬mos
optar por disipar los Tres Tesoros de esencia, energía y espíritu
durante una breve vida de desenfrenados excesos sensuales, pero en tal
caso tendremos que enfrentarnos a una muerte prematura seguida de una
completa extinción personal. También podemos optar por un tipo de vida
más moderado y cultivar los Tres Tesoros de forma que podamos
disfrutar de una vida larga y sana en este mundo, dejando el <<más
allá>> y la <<otra vida>> en manos del destino. O bien podemos hacer
acopio de fuerzas, fortificar nuestra mente y disciplinar nuestra vida
para alcanzar el más alto objetivo de forjarnos un cuerpo-espíritu
indestructible que pueda sostener intacta nuestra conciencia en el
Vacío tras la muerte de nuestro cuerpo físico.
Las religiones occidentales prometen la salvación y la inmortalidad
espiritual para cualquiera a cambio de unos sencillos votos, una fe
in¬condicional, el rezo de oraciones y la observación de ciertos
rituales.
Pero tanto el taoísmo como el budismo enseñan que cada hombre y mujer
en particular deben ganarse la salvación y la inmortalidad espiri¬tual
a través de sus esfuerzos en esta vida, del mismo modo en que los
hombres y mujeres ordinarios deben en último término ganarse la salud
física y la longevidad por medio de su propio esfuerzo indivi¬dual. El
cultivo de la inmortalidad espiritual exige toda una vida de duro
trabajo, autodisciplina y un poco de suerte, sin ninguna garantía de
alcanzar los resultados deseados, lo cual explica que sea tan
redu¬cido el número de quienes optan por dedicar su vida a este
ca¬mino.
Este libro se centra principalmente en el camino de la salud física y
la longevidad corpórea, un camino que cualquiera puede seguir por sus
propias fuerzas si cuenta con la suficiente disciplina y resolución.
El camino de la inmortalidad espiritual exige no sólo una vida de
ar¬duos esfuerzos, sino también la instrucción personal de un maestro
iluminado que ya haya alcanzado ese estado. Tales maestros no son
fá¬ciles de encontrar, y aún resulta más difícil ser aceptado como
discí¬pulo suyo. A pesar de ello, y tras presentar unas cuentas
técnicas bá¬sicas de meditación de gran beneficio práctico para los
adeptos co¬rrientes a la salud y la longevidad, concluiremos este
libro con una nota adecuadamente cósmica y dedicaremos unas breves
palabras a lo que experimentan los <<astronautas cósmicos>> del Tao en
su búsqueda de la inmortalidad espiritual.

...... D. Reid (Tao - Larga Vida)

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