El Número De Oro

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Jorge E. Morales H.

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May 23, 2012, 5:22:34 PM5/23/12
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Perdona Danny, por no tener la información requerida; pero a cambio, se te remite el libro de Vicente Viana Martínez, acerca el Número De Oro, el cual es muy ilustrativo, por la cantidad de información gráfica que contiene acerca del misterioso número de oro φ = 1,618033989. Cordiales saludos:
 
Jorge E. Morales H.
Página Web: www.ashram.net.ve
Sitio Para Chatear: http://ashram.net.ve/ocultismo/ 
 
----- Original Message -----
Sent: Wednesday, May 23, 2012 1:53 PM
Subject: Pedido de Libro

Hola Jorge, sea esta la oportunidad para agradecerte por la maravillosa labor que durante tanto tiempo has venido desarrollando al compartir toda la informacion que permanente envias.

Te agradezco, si es posible, nos compartas el libro de Matila Gika " El Numero de Oro"

Desde Colombia,fratarnal saludo.
 
Danny

La menor parte de lo que ignoramos, es mayor de todo cuanto sabemos.

LA IRA
LA COMUNICACIÓN COMPRENSIVA
La ira Cartas de amor
 
Hay una mujer francesa que fue guardando todas las cartas de amor que le enviaba su esposo. Antes de casarse, él le había escrito unas preciosas cartas de amor. Cada vez que ella recibía una carta suya, saboreaba cada una de sus frases -cada una de sus palabras- porque eran muy dulces, comprensivas y estaban llenas de amor. Siempre que recibía una carta de él, se ponía muy contenta y la guardaba en una caja de galletas. Una mañana; mientras ordenaba el armario, descubrió la antigua caja de galletas en la que guardaba todas las cartas de su esposo. Hacía mucho tiempo, que no las había visto. La caja de galletas le recordó una de las épocas más maravillosas de su vida; cuando ella y su esposo eran jóvenes, se amaban y creían que no podrían vivir el uno sin el otro. Pero en los últimos años, tanto ella como su esposo habían sufrido mucho. Ya no disfrutaban estando juntos, conversando, ni escribiéndose cartas. El día antes de encontrar la caja, su esposo le había dicho que tenía que viajar por negocios. Ya no disfrutaba estando en casa; y quizá buscaba encontrar un poco de felicidad o de placer, en sus viajes. Ella lo sabía. Cuando su marido le dijo que tenía que ir a Nueva York para una reunión de negocios, ella le respondió: «Si tienes que trabajar, por favor, hazlo». Ya se había acostumbrado a ello, era algo muy corriente.
 
Cuando en lugar de volver a casa como estaba planeado, él le telefoneó diciendo: «He de quedarme dos días más porque me quedan aún varias cosas por hacer», ella lo aceptó sin rechistar; porque aunque él estuviera en casa, ella no era feliz. Después de colgar el teléfono, empezó a ordenar el armario y descubrió la caja. Era una caja de galletas Lu, una marca muy famosa en Francia. Sintió curiosidad porque hacía mucho tiempo que no la había abierto. Dejó el trapo de quitar el polvo, abrió la caja y percibió el aroma de algo que le resultó muy familiar. Sacó una de las cartas y se quedó allí plantada, leyéndola. ¡Qué dulce era! Su lenguaje estaba lleno de comprensión y amor. Se sintió refrescada, como un trozo de tierra seca que por fin hubiera recibido la lluvia. Abrió otra carta para leerla, porque eran maravillosas. Al final, dejó la caja sobre la mesa, se sentó y leyó, una tras otra, las cuarenta y seis o cuarenta y siete cartas que había. Las semillas de su felicidad pasada seguían estando allí. Habían estado enterradas bajo muchas capas de sufrimiento, pero seguían allí. Mientras leía las cartas que su esposo le escribió cuando era joven; y estaba muy enamorado, sintió que se iban regando las semillas de felicidad que había en ella. Cuando haces algo parecido, riegas las semillas de felicidad que yacen en el fondo de tu conciencia. Últimamente su esposo no se había expresado con esa clase de lenguaje en absoluto; pero ahora, al leer las cartas, volvía a oírle hablar de aquella forma tan dulce. La felicidad había sido una realidad para ellos. ¿Por qué ahora vivían en una especie de infierno? Apenas recordaba la última vez que le había hablado de aquel modo, pero había sido una realidad para ellos. Su esposo era capaz de hablarle con aquel lenguaje.
 
Durante la hora y media que estuvo leyendo aquellas cartas, regó las semillas de felicidad que había en ella. Comprendió que los dos habían sido torpes porque no habían regado las semillas de felicidad que había en ellos, sino las semillas de sufrimiento. Después de leer las cartas, sintió el deseo de sentarse para escribirle una carta y contarle lo feliz que había sido en aquella época, al principio de su relación. Le escribió que deseaba que volvieran a descubrir y recrear la felicidad de aquellos años dorados. Ahora, podía volver a llamarle «querido mío» con absoluta honestidad y sinceridad. Tardó cuarenta y cinco minutos en escribirle aquella carta. Era una auténtica carta de amor, dirigida al encantador joven que le había escrito las cartas, que guardaba en una caja. Leerlas todas y escribirle otra le llevó tres horas. Fue un tiempo de práctica, pero ella no sabía que estaba practicando. Después de escribirle la carta, se sintió muy ligera por dentro. Aún no se la había mandado, él no la había leído aún, pero ella ya se sentía mucho mejor; porque las semillas de felicidad se habían despertado de nuevo, habían sido regadas. Subió a la planta de arriba y dejó la carta sobre el escritorio de su esposo. Y durante el resto del día se sintió feliz, porque las cartas habían regado las semillas positivas, que había en ella. Mientras leía las cartas y escribía a su esposo, descubrió algunas cosas. Ninguno de los dos, había tenido suficiente destreza. Ninguno de los dos, había sabido conservar la felicidad que se merecían. Con sus palabras y con sus acciones, habían creado un infierno para ambos. Los dos aceptaban vivir como una familia, como un matrimonio, pero habían dejado de ser felices. Después de comprenderlo, ella confió en que si los dos intentaban practicar, podían volver a ser felices. Se llenó de esperanza y dejó de sufrir como lo había hecho en los últimos años. Cuando su esposo volvió a casa, subió al piso de arriba y vio la carta sobre el escritorio. En la carta, ella había escrito: «Soy en parte responsable de nuestro sufrimiento, de que no tengamos la felicidad que ambos merecemos. Empecemos de nuevo para restablecer la comunicación entre nosotros. Hagamos que la paz, la armonía y la felicidad vuelvan a ser una realidad».
 
 
El Número De Oro (Vicente Viana Martínez).pdf
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