Oración
preparatoria
Dulcísimo Jesús sacramentado, que
habiendo amado a los tuyo los amaste hasta el fin, según expresión del
Evangelio, dirige una mirada de misericordia sobre mí, pobre pecador que,
movido por los impulsos de tu gracia, vengo a visitar los monumentos, donde, en
el día de hoy y en memoria de la institución de la Eucaristía, sacramento de tu
amor, coloca la iglesia tan augusto sacramento, para que sea por los fieles
adorado.
Concédeme, Señor, que de estas visitas
saque yo los frutos apetecidos y la gracia necesaria para que enamorado de tan
augusto sacramento, manantial de verdadera vida, le reciba siempre y sobre
todo a la hora de la muerte, con las disposiciones debidas para que produzca en
mi alma frutos de vida eterna. Amén.
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Primera Estación
¡Amabilísimo Jesús, que permitiste a
Juan, tu discípulo amado, reclinar su cabeza sobre tu pecho, para que
aprendiera por los latidos de tu corazón el gran amor que nos tienes!
Concédeme, Señor, que al hospedar en mi pecho al sacramento, que oculto en este
sagrario he venido hoy a adorar, sienta inflamado mi corazón con las llamas de
tu amor, purifiquen mis culpas y satisfagan de algún modo por mi pasada
tibieza.
Amén.
Padre
Nuestro, Ave María, Gloria.
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Segunda Estación
¡Divino Maestro de las almas, que al
encontrarte con las santas mujeres que lloraban tu desdichada suerte en la
Pasión, les dijiste que lloraran por sí mismas y por sus hijos, enseñándonos a
todos con estas palabras cuánto nos conviene llorar nuestros pecados por los
cuales Tú padecías!
Dame, Señor lágrimas inagotables con que
yo lave mis faltas, y luz suficiente para que llegue a comprender tus
enseñanzas. Amén.
Padre
Nuestro, Ave María, Gloria.
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Tercera estación
¡Jesús misericordioso, que premias a la
Verónica la caridad que tuvo contigo, dejando impreso en su manto tu rostro!
Imprime en mi alma la imagen de tu amor, que encerrado se encuentra en el
sagrario, donde se oculta a mis miradas la sagrada Eucaristía, y concédeme que
al unirse contigo mi alma cuando te reciba en la comunión quede en ella
grabadas tus perfecciones, y que no se borren mientras viva.
Amén.
Padre
Nuestro, Ave María, Gloria.
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Cuarta Estación
¡Bondadísimo Jesús, que permitiste al Cirineo ayudarte a llevar la cruz, camino
del Calvario! Señor que eres pan de los fuertes, dale fuerzas a mi alma por
medio de tu alimento eucarístico que aquí adoro, a poder llevar la cruz pesada
de mis pecados hasta la cima del monte de la penitencia, donde purificada
por completo pueda volar a gozar de tu presencia.
Amén.
Padre
Nuestro, Ave María, Gloria.
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Quinta Estación
¡Jesús Mío, que antes de morir quisiste
preparar y fortalecer el corazón de tu apóstoles, dándoles tu alimento Divino!
Concédeme, Señor, ya que tu bondad y misericordia me permitan aunque indigno,
alimentar de tan celestial maná, el que mi alma adquiera tal virtud y fuerza
que sepa rechazar siempre los ataques de sus enemigos y sufrir resignada
las penas y contratiempos de esta vida.
Amén.
Padre
Nuestro, Ave María, Gloria.
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Sexta Estación
¡Benignísimo Jesús, que, con el deseo de
permanecer entre nosotros, das facultad a los sacerdotes para que
conviertan el pan en tu cuerpo, y en tu sangre el vino! Concede luz
a los ojos de mi fe para que adore siempre reverente tan consolador misterio y
agradecimiento a mi alma para que, encendida en tu amor, no te abandone nunca
mi memoria en la soledad del sagrario.
Amen.
Padre
Nuestro, Ave María, Gloria.
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Séptima Estación
¡Oh Jesús, encerrado por mi amor en el
estrecho recinto del Sagrario! No permitas Señor, que mi alma, se disipe
saliendo al exterior, sino que encerrada en los límites de su deber , sepa
imitar tu vida oculta de Nazareth, evitando de este modo los miles peligros que
el mundo ofrece a los que a él se entregan.
Concédeme, Señor, la guarda de mis
sentidos para tener siempre pura y tranquila mi conciencia y que mi corazón sea
en todo tiempo, y sobre todo a la hora de muerte, digno de recibirte y
sagrario agradable a tu amor.
Amén.
Padre
Nuestro, Ave María, Gloria